Decapitaciones
Etiquetas:
Celta,
Liga 2014/2015,
Simeone
No me gustan los eufemismos y tampoco soy partidario
de abrazar esa doctrina de verdulera, tan propia de los medios de comunicación
de referencia, donde la derrota del equipo propio se asume siempre en modo
tragedia, siempre en clave de imperdonable error propio (nunca acierto del
contrario) y en la que indefectiblemente
se necesita encontrar un culpable al que decapitar para quedarnos tranquilos.
El Atlético de Madrid ha perdido en Balaidos un partido que en ningún momento
mereció ganar. Así de simple. Lo digo como lo siento y como lo creo, pero he visto
el suficiente fútbol y he sufrido partidos suficientes del Atleti como para
saber acotar la importancia de una derrota, por dolorosa que esta sea. A
todo el mundo le gusta ser el rey de la galaxia pero personalmente sé de dónde
vengo y a dónde voy. Plantearse un análisis en términos de cortar cabezas, teniendo encima como protagonista al equipo de
Simeone, no sólo me parece de una injusticia intolerable sino que me da
vergüenza escucharlo viniendo de alguien que se dice colchonero. No me parece
además que sea una actitud coherente con lo
que intentamos representar en este lado del mundo. Si no sabemos perder mal sabremos ganar y poco a poco acabaremos
pareciéndonos peligrosamente a eso que tanto odiamos.
Aclarado lo anterior, creo que el Atleti pierde
contra el Celta por tres razones fundamentales que mezcladas en una determinada
proporción, que no tengo clara y que por supuesto es debatible, hacen que la escuadra colchonera pareciese
por primera vez en muchos años un equipo perdido en el campo, sin rumbo, sin plan
y sin alma. Todo parte para mí de un repentino ataque de entrenador que coloca
en el campo un once de circunstancias con un auténtico desbarajuste en la zona
de creación y ataque. Dije antes del partido (está escrito) que no me gustaba
la dupla Torres-Mandzukic y el tiempo me ha dado la razón. Creo que los dos
delanteros se anulan, creo que el equipo pierde equilibrio y creo que Torres no
está tan bien como creemos. Los primeros 45 minutos en Vigo fueron una broma.
El Atleti parecía un tipo disfrazado en una fiesta que no era de disfraces y a
la que no estaba invitado. Algo insólito en un equipo que podrá jugar bien o
mal pero que nunca pierde la estabilidad ni el plan trazado. Raro. Para mí es
un error de Simeone (reconocido por él mismo) que trató de arreglar sobre la
marcha pero sin éxito. Pero el Atleti tuvo además la mala suerte de toparse con
un gran Celta de Vigo que, imitando la forma en la que el Barça nos derroto
hace un par de semanas y sin perder su personalidad, entendió mejor la forma de
afrontar el encuentro para terminar haciendo un gran partido. Mucho mérito el
del equipo gallego a cuya victoria no pongo un pero. Pero sería un cínico si no
hablase también de ese tercer factor, el desempeño arbitral, que sin duda fue
influyente. El primer gol viene precedido de una mano tan evidente que duele y
posteriormente el colegiado se traga un penalti también de libro. Son dos
errores mayúsculos que sin duda podían haber cambiado el sino del encuentro pero
yo tiendo a distinguir entre árbitros malos y árbitros “buenos” que ayudan al
sistema. En este caso creo sinceramente que estamos hablando del primer caso.
El árbitro es muy malo, sin más. No veo otra cosa. Mala suerte.





