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OTRO SORBO DE MENTIRAS (Real Murcia - At. Madrid)

Decía un filósofo francés del siglo XVIII conocido como el Barón de Holbach que hay hombres cuya conducta es una mentira continua. Ese es precisamente el caso de la persona que desgraciadamente ocupa, en la peor acepción del término, el banquillo de nuestro equipo. Al menos lo es desde el fatídico día en el que decidió dar una rueda de prensa para confirma que, para desgracia del fútbol y de la salud de los colchoneros, sería entrenador del atlético de Madrid. Desde entonces ha dicho pocas verdades y ha cumplido menos promesas pero su conducta, su actitud, sus acciones, sus decisiones, sus palabras, sus hechos han sido una constante mentira.

El esperpento que llevamos viviendo durante toda una temporada y los primeros partidos de la siguiente no es más el resultado de un ayudante de lazarillo ciego que a base de triquiñuelas de fariseo resabiado se busca el pan no dejando ver a los que pueden ver y engañando con sucias mentiras a los que si pueden hacerlo. Su fastuosa y dañina labor se traduce en una permanente mentira disfrazada de excusa constante, envuelta en discursos fatuos que encantan y embelesan a los habitantes de ese universo ramplón en el que se siente importante y del que nunca saldrá (ni saldremos) por mucho que así nos lo quiera hacer creer algún abraza farolas con el título de periodista, ganado probablemente en una academia en la que te regalaban la guitarra al inscribirte.

El partido contra el Real Murcia debería ser el epígrafe de una pesada broma que ya dura demasiado pero me temo que no pasará de ser otra muesca en el revolver de este pseudo matón de barrio que a modo de trilero de la verdad pretende hacerse un hueco dentro de un deporte que desprecia. De la misma manera que no puedo entender un director de cine al que no le guste el cine ni un piloto de avión que deteste volar no puedo entender que existan entrenadores de fútbol a los que no les gusta el fútbol. Me parecería simpático si lo leyese en un reportaje sobre un equipo de la liga de Myanmar pero tengo la desgracia de tener alguien exactamente así entrenando en mi propio equipo. Entiéndase lo de entrenar como un eufemismo, lógicamente. Un tipo miedoso y cobarde que piensa que el principal defecto de este deporte es la pelota no puede ser nunca un entrenador de fútbol. Ni en primera división ni en la liga del ayuntamiento.

Lo que ha ocurrido contra el Real Murcia es exactamente lo mismo que ha ocurrido otras tantas veces la temporada pasada dentro y fuera del Calderón. Metemos un gol en los primeros minutos de la primera mitad e inmediatamente se acaba el partido para nuestro entrenador. Podría incluso entender (aunque no deja de parecerme una actitud mezquina teniendo un presupuesto que es diez veces el del rival) que reculasen y se juntasen las líneas para salir mordiendo al contra ataque pero no, no es eso lo que piden desde el banquillo. Desde ese insólito lugar lo que se pide es parar el juego, dar patadones, perder tiempo, achicar balones, dar patadones, ralentizar el ritmo (o si puede ser romperlo), dar patadas, dejar la delantera allí donde está y que el resto se ponga detrás del balón además de defender, dar patadones, defender, defender y seguir dando patadones. Supongo que no se les dirá también a los jugadores que muestren el miedo en sus rostros porque eso no hace falta. Sale automáticamente. Los jugadores del Real Murcia, un recién ascendido de segunda división, al ver al otrora todo poderoso atlético de Madrid achicando balones en estado de pánico se crece, porque así funciona la psique humana, entienden que al fútbol se juega con una pelota, que si te dan el balón es más fácil meter un gol y claro, acaban haciendo justicia. Bueno casi, porque para hacer justicia deberían haber ganado el partido.

Es exactamente lo mismo que otras tantas veces el año pasado y aunque no he escuchado las declaraciones post partido de nuestro Juan "conmiedo” particular me imagino que serán las de siempre: “hemos jugado mal”, “nos confiamos tras el 1-0”, “tuvimos un despiste defensivo”… Es decir, como si fuese todo debido a un virus que pulula por el aire, algo que los jugadores han decidido hacer por si mismos o en cualquier caso un fenómeno completamente ajeno a su triste figura.

Cobarde.

El problema es que esta vez ha cantado demasiado. Esta vez no puede decir que es un problema de actitud de los jugadores porque, digo yo, ¿qué actitud transmite un tipo cuyo primer cambio es quitar al que ha metido el gol en el único remate a puerta del partido tras una jugada individual? ¿Qué actitud transmite un tipo cuyo segundo cambio es quitar a un medio centro defensivo por otro medio centro más defensivo todavía? ¿Qué actitud transmite un tipo cuyo tercer cambio es quitar al único delantero que queda en el campo para sacar un delantero “que defiende”?

Todo lo que este señor nos había dicho a principio de temporada sobre tener más el balón, ganar todos los partidos, etc… era simplemente mentira. Otra mentira más como todas las demás. Mentiras y más mentiras que dulcifican las derrotas, nos dan esperanzas para el futuro y nos perfuma los terribles hedores que recibimos cada vez más cerca pero ya lo decía Diderot: engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga.

La verdad son dos puntos sobre nueve, el orgullo perdido y el peor fútbol en 100 años de historia. La mentira es Aguirre.

1 comment

rogersincero 17 sept. 2007 13:09:00

Y lo peor es que el muy cobarde dice que no se explica por qué los jugadores hicieron lo que hicieron: ¿acaso no hicieron lo que él les ordenara? Yo deseé que el Murcia marcara el segundo. Y deseo que perdamos un par de partidos más para que sustituyamos a semejante tipo por algún entrenador con vocación ofensiva.