La especulación mató la estrella del fútbol (Sevilla - At. Madrid)

Decía Paolo Coelho que sólo una cosa vuelve un sueño imposible y no es otra que el miedo a fracasar. Hay que ser decididamente estúpido, no enterarse de la película o definitivamente estar en otro plano de la realidad para cambiar cualquier cosa en una orquesta que funciona a la perfección y que encima da resultados, pero eso es algo a lo que los aficionados colchoneros estamos ya desgraciadamente acostumbrados después de muchas temporadas de estupidez constante.

Los primeros 20 minutos del atlético de Madrid ayer en Sevilla fueron un sueño para este humilde aficionado. Durante esos 20 minutos vi un equipo que saltó con mentalidad agresiva a un estadio tradicionalmente hostil. Un equipo sólido y contundente que salió a dominar el encuentro en todas sus facetas y lo consiguió. Un equipo que propuso el ritmo que mejor le quedaba y lo ejecutó a la perfección. Un equipo que secó las armas del equipo rival sin dilapidar las propias. Un equipo que decidió tener el balón con criterio, es decir sin utilizarlo para inofensivos juegos artificiales de los que humedecen los paños menores de los periodistas mediocres ni para mandarlo de un puntapié a 70 metros. Es decir, para jugar al fútbol. Un equipo en definitiva convencido de que el partido se podía ganar simple y llanamente exponiendo la mejor opción futbolística que la conjunción de los once jugadores que saltaron al campo podían dar. Los primeros 20 minutos del atlético de Madrid ayer más que un sueño fueron un espejismo. Un espejismo porque todo lo descrito arriba se topa de bruces con el extravagante código deontológico que profesa ese revolucionario del fútbol-roca llamado Javier Aguirre.

Durante esos 20 minutos no vimos al Sevilla y por fin vimos al Atlético de Madrid. Durante ese tiempo mis correligionarios colchoneros musitaban frases del tipo: ¡qué bueno es Forlán! ¡Qué peligro tiene el Kun! ¡Simao cada día está mejor! ¡Otro gran pase de Raul García! ¡Ojo con Camacho! ¡Maxi siempre aparece!

En toda reunión de amigos donde en el momento álgido de la velada, en una encendida, apasionada e interesantísima conversación sobre cualquier cosa que hace que la vida sea gracias a Dios algo más que dormir, comer y cagar, siempre tiene que aparecer un aburrido y triste aguafiestas que no sabe aportar nada pero que en lugar de intentar cultivar su seco intelecto prefiere esconder su flagrante mediocridad y su patética tristeza rompiendo la reunión de la forma más fea y torpe. Esa figura, traspasando la velada al mundo del fútbol, la suele ejercer frecuentemente y con más o menos gracia el entrenador. Nuestro equipo es un excelente ejemplo de ello y nuestro particular y aburrido entrenador el paradigma de cómo romper las reuniones.

El Atlético de Madrid tras el gol, como ABSOLUTAMENTE SIEMPRE que va por delante del marcador, volvió a recular hasta su área para convertirse en otra patética versión de su versión más patética. Hay equipos que reculan juntando las líneas, adelantando la defensa y presionando con vigor la salida del equipo contrario. Nosotros regalamos el balón y ponemos nueve jugadores en la frontal del área donde cualquier falta, rechace o acierto del equipo contrario es una ocasión manifiesta de gol mientras confiamos en la suerte y en que ninguno de nuestros NUEVE Defensas cometa un solo error.

Diez minutos antes éramos un equipazo. Diez minutos después una escuadra mediocre defendiendo el resultado con métodos mediocres. Los mismos correligionarios de antes ahora repetían frases como: ¿Qué hace Forlán defendiendo en nuestra área? ¿Cómo va a hacer ninguna jugada el Kun a 100 metros de la portería y él sólo contra todos? ¿Dónde está Simao? ¡Otro patadón de Raúl García! ¡Otro patadón de Camacho! ¡Menuda temporada de asco que lleva Maxi!

Así se aguantó mal que bien la primera parte pero como ocurre y ha ocurrido el 99% de las veces (como todos a excepción de Aguirre sabemos y sabíamos) el Sevilla empató. Con nuestro equipo roto y desubicado gracias a la magnífica gestión de nuestro erudito entrenador, un equipo contrario con ganas y un estadio entregado solo un milagro podía salvarnos de la derrota pero el milagro existe, va vestido de rojiblanco y se apellida Agüero. Primero, en la única jugada medianamente trenzada de nuestro equipo en muchos minutos, decide engañar a toda la experimentada defensa sevillista y marcar un gol imposible. Después vuelve a estar en el centro de la pomada y su nariz se hace receptora de la enésima muestra de violencia estúpida y gratuita de un jugador del Sevilla en un campo de fútbol. El Sevilla es un equipo que despierta en mí sentimientos contradictorios. Por un lado la sana envidia del juego en los años de Juande y por otro la repulsión de la torpe soberbia del nuevo rico que en cualquier momento puede volver a ser pobre. Sólo hay algo peor que no saber perder y es no saber ganar.

1-2 y un jugador más. La cosa se ponía bien para tener el balón y dejar pasar el tiempo pero Aguirre, fiel a su ofuscación, volvió a colocar a los 9 jugadores en la frontal del área para dotar de innecesaria emoción un partido que ya no la tenía.

Recuerdo cuando el atlético de Madrid era un equipo orgulloso y señor que vendía cara su camiseta y peleaba contra cualquier cosa que atentará contra su nombre. Lo recuerdo ahora más que nunca viendo tipos como Cléber Santana vistiendo nuestra camiseta en calidad de extranjero o viendo las cobardes decisiones y patéticas excusas de nuestro protegido entrenador. Me acuerdo también de Eduardo Chillida cuando decía que un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. Pero claro, estamos en Champions...

Maldita especulación.

2 comments

Billie 26 mar. 2008 19:50:00

He vuelto. Después de unos días de descanso ya estoy en el tajo pero del Atleti no sé nada, salvo que ganó y nos cosieron a patadas. Eso sí, era fundamental esta victoria, a ver que pasa en Villarreal. Saludos.

JOSÉ I. FERNÁNDEZ 28 mar. 2008 20:57:00

Peor es la especulacion urbanistica, Ennio.
Creo que el equipo no anduvo tan mal como lo pintas. No se echo atras nada mas marcar el 0-1, aguanto todavia diez minutos a buen nivel. La primera media hora fue excelente, luego si vino el reculamiento...
Perdon por la falta de tildes, mi ordenador las ha vendido, desconozco el motivo.

Un saludo