El objetivo como guía (At. Madrid - Deportivo)

Decía un ensayista francés del siglo XIX conocido como Joseph Joubert que el motivo no existe siempre para ser alcanzado sino para servir de punto de mira. Ayer el atlético de Madrid consiguió por fin, después de doce años, asegurarse la posibilidad de disputar el año que viene la máxima competición europea de clubes que existe en la actualidad. El Atlético de Madrid es el tercer equipo de España en cuanto a potencial económico, seguimiento social, pinchazos en Pay Per View y también el tercer equipo que más ligas tiene. Es decir, al atlético de Madrid ha vuelto al lugar que se supone le corresponde por historia y potencial. Sin embargo ese “meritorio” cuarto puesto parece haber sido desde el principio de temporada el único y exclusivo objetivo de nuestro equipo, presuntamente aceptado diligentemente por todas las versiones oficiales del club así como por la condescendiente y sospechosa prensa deportiva madrileña. En pos de esa “noble” meta se ha sacrificado el discurso histórico, el orgullo, el fútbol, el carácter, la valentía, el espectáculo y hasta la dignidad. Antaño, cuando el atlético de Madrid era un equipo respetable y respetado, el objetivo era siempre ganar las competiciones que jugaba. No lo conseguía siempre, de hecho ni siquiera ocurría en la mayorías de las ocasiones, pero como bien matiza el señor Joubert, el objetivo, a veces, existe no para ser alcanzado sino para que sirva de punto de mira, de guía, de faro y para que ese objetivo en el horizonte condicione todo el camino hasta el, se acabe al final donde se acabe. Por eso ayer me dio vergüenza ver seguidores colchoneros celebrando un cuarto puesto con excesiva euforia desatada. Mi abuelo, colchonero desde principios del siglo XX, me hablaba de los grandes hitos rojiblancos y me enseñó a alegrarme de los éxitos menores pero a solamente celebrar títulos y copas. Desgraciadamente mi abuelo ya no está aquí para transmitir ese espíritu a la gente que se supone quiere este escudo. Desgraciadamente también los personajes que han cogido el testigo de esta preciosa institución tampoco son capaces de transmitirlo porque ni siquiera ellos lo conocen ni les importa. Ellos sólo ven los millones de euros que entrarán en caja por jugar la mal llamada Champions League. Lo que no soy capaz de entender es lo que ven esos que ayer fueron a Neptuno a celebrar quedar cuartos.

Pero en fin, aun con sentimiento agridulce ayer fue un día feliz. Ganamos al Deportivo de la Coruña en un partido pésimo rodeado de un ambiente fabuloso y conseguimos finiquitar de forma digna esta liga soporífera que ha modo de pesadilla no terminaba nunca de terminar. Un estadio lleno de colchoneros eufóricos que como manda el código deontológico atlético, dejaron todos los peros y quejas guardados para mejor ocasión y se dedicaron a animar al equipo de sus amores creando un precioso ambiente que supongo dejaría impresionado a esos pocos periodistas que siguen a nuestro equipo desde el campo y no desde los resúmenes de televisión como hace la mayoría. Esa es la afición del Atleti y no la que MARCA y AS pretenden que sea.

Del partido poco se puede decir porque fue soporífero, como prácticamente todos los que disputamos desde que ese señor de origen eskaldun y acento azteca dirige nuestros designios. El atlético saltó al campo con más corazón que juego (y es que este equipo está donde está por la entrega y el corazón que la han puesto algunos de sus jugadores) intentando desde el primer momento acorralar al Deportivo por ganas, hambre y pasión más que por juego. El equipo apretaba, la grada apretaba más y el Deportivo no parecía estarse jugando nada de forma agónica. La cosa pintaba bien.

Pero el gol tardaba en llegar. El Kun se quedó sólo delante del portero pero no pudo con Aguate. Nada que reprochar a esa bendición del cielo para con el fútbol que se llama Agüero. Un pedazo de jugador a la altura de los mejores y sin duda uno de los mejores futbolistas que ha pisado ese bendito césped del Vicente Calderón. La gente seguía animando sin descanso, las ocasiones claras se resistían pero no parecía que los nervios hiciesen mella en nadie dentro o fuera del césped. Ni los tímidos estiramientos del Deportivo ni las noticias que llegaban desde Sevilla parecían afectar a un equipo concentrado y una afición entregada. Así que a punto de irnos al descanso, en los segundos de descuento, como una especie de justicia divina hacia ese otro excelente jugador que a lo largo de la temporada ha dado reiteradas muestras no sólo de la calidad futbolística que atesora sino de los kilos de entrega y profesionalidad que generosamente aporta en estos tiempos en los que nadie da nada por nada, Forlán decidió meter el gol que nos aseguraba la Champions. Me alegra que fuese precisamente él.

Fin del partido. La segunda parte fue otra insoportable dosis de miedosa “aguirrina”, de esa que tenemos la desgracia de tener que aguantar cada vez que nuestro equipo va por delante en el marcador. Con esta “droga” de dudoso efecto lo único que conseguimos aparte del aburrimiento tradicional fue invitar al Deportivo a estropear la fiesta, cosa que por cierto casi consiguen a escasos segundos del final. Podía haber ocurrido pero no ocurrió. Los dioses aztecas seguían estando de nuestro lado.

¿Y ahora qué? Los sufridos colchoneros bajábamos las escaleras cantado y contentos comentando si al final la directiva se atrevería a poner un poco de coherencia fichando algún centrocampista que sepa dar los balones hacia delante y un entrenador que entienda que eso es lo que nos hace falta permitiendo así que el señor Aguirre desarrolle sus vetustos conceptos futbolísticos en alguna otra parte alejada del manzanares pero enseguida sintonizábamos la radio y la televisión para deglutir con estupor la melaza de esta estirpe de manipuladores que pueblan las ondas y los diarios siempre a favor del mejicano. Veremos lo que pasa en los próximos días pero de momento hay que empezar ya a pensar en el año que viene. ¿Seguiremos apostando por no jugar al fútbol? ¿Seguiremos apostando por la mediocridad? ¿Seguiremos apostando por el servilismo a hacía el gran poder y por aceptar con una sonrisa el puesto que ese monstruo llamado “prensa deportiva” tiene reservado para nosotros? ¿Seguiremos apostando por aspirar a ser los cuartos de una liga mediocre? Ardo en deseos de saberlo.

2 comments

cris 13 may. 2008 0:53:00

El cuarto, oscuro.

Opaco, sin brillo. Así es este Atleti, un club que los únicos destellos que ofrece es la calidad individual de algunos de sus jugadores. Ayer nos volvieron a dar un baño de colocación, estrategia y sentido del juego, y lo peor, es que la lección corrió a cargo de un equipo muy inferior técnicamente y que en su banquillo no tiene a ninguna lumbrera.

Pero más que al partido hay que mirar a la temporada. En el Annus horribilis del Valencia, Sevilla, Barça y Zaragoza sólo hemos sido capaces de lograr, y por los pelos, una discreta cuarta posición y con un juego que está por debajo de lo mínimo exigible a cualquier equipo de segunda división.

Si los planteamientos son los mismos, mejor renunciar desde ya a La Champions porque para hacer el ridículo con el Depor ya tenemos bastante. Así que el cuarto de la clasificación, muy oscurito y su futuro negro, muy negro, como los sobacos de un grillo.

Billie 16 may. 2008 9:23:00

La afición colchonera ya no sabe lo que era el Atleti, la directiva tampoco y los jugadores, aún menos. Síntoma de mediocridad es la euforia desatada ante lo esperable o esperado. Me llama la atención que, en cualquier encuesta de principio de temporada, la afición siempre confía en el éxito de su equipo y cuando se consique un resultado inferior al soñado, aún así, está contenta igual. Eso explica bastante la situación social del club y porqué los que nos malpresiden no dejen de hacerlo nunca. Esta es la nueva idiosincrasia del atleti y no va conmigo. Saludos.