Esperando el día
“las voces me dicen que es una pérdida de tiempo cuando vas a escoger esperando y sin nada que perder”El fútbol, gracias a Dios, no es ni mucho menos una ciencia exacta. A pesar de los millones de cabezas que intentamos analizar cada día este complicado mundo, el número de factores que influyen es tan elevado que lo que acaba ocurriendo en el césped es completamente imprevisible y ahí probablemente radique la gracia de este juego que nos vuelve locos. Otras veces sin embargo, las menos, lo que ocurre en el campo es tan predecible y esperado que no podemos imaginar que se de de otra forma. La noche de hoy en el Calderón es un claro ejemplo de este segundo grupo.
El Atlético de Madrid, desde que se sienta el mismo entrenador mexicano en su banquillo año tras año, no es un equipo de fútbol en el sentido de colectivo anónimo complementado, que aprovecha sus sinergías, que representa una idea y cuyo conjunto vale más que la suma de individualidades. El atleti ni juega, ni representa ninguna idea ni parece en definitiva un equipo de fútbol. El Atlético de Madrid es simplemente una heterodoxa colección de jugadores, algunos de ellos con un talento superlativo, que intenta ganar los partidos con una mezcla de talento natural y las técnicas más básicas y rupestres de este bendito deporte. Si ese grupo de jugadores estrella están acertados el “equipo” da miedo pero si el mismo grupo no está acertado, o simplemente no están, el “equipo” da pena.

“Tengo que pensar que cada día va a ser el último día en el que tenga que esperar para que llegue ese día”
El Atleti salió con Banega en el once titular y a pesar de seguir fuera de punto, de los errores y de que es muy lento para jugar en este equipo lo cierto es que era la única referencia en el campo capaz de crear fútbol. El partido comenzó con una espesa tela de araña tejida en el centro del campo por el Sevilla (con hasta cinco centrocampistas y Kanoute en el banquillo) y un espeso, lento y estático atleti que intentaba tener un balón que no tenía. Así podíamos haber seguido hasta el final del partido, con el cero en el marcador que tan feliz pone a los “entrenadores” de ambos equipos, pero en una de esas medio faltas en las que los jugadores del Sevilla (creo que Navas esta vez) se tiraban al suelo entre aspavientos y método Stanislavsky se acababa el partido. La falta, magistralmente sacada, contó con la desinteresada colaboración de nuestro adulto portero. El balón rodeó una barrera de jugadores colocada de forma bastante original, besando poco después las mallas pero muchos segundos antes de que nuestro portero tocara el suelo. Supongo que al ser de otra generación este hombre va a otro ritmo. Sería injusto juzgar a Coupet por el partido de hoy pero lo cierto es que todavía no he podido ver la razón de este fichaje ni de que juegue de titular los fines de semana.
“Vi que te estabas haciendo viejo, vi que te estabas asustando. Saqué mis brazos para ti pero a nadie le importó.”
A partir de ahí la máxima expresión del anti-fútbol se dio la mano con la desesperación del que quiere pero ni sabe ni puede. El Sevilla se dedicó a acumular hombres en su campo, olvidarse del balón, romper el ritmo, dar patadas e interpretar la Casa de Bernarda Alba, es decir la fotografía típica del peor Sevilla que recordamos por estos lares (nada que ver con el equipazo que entrenaba Juan de Ramos que ganaba jugando al fútbol). El Atlético se dedicó a demostrar todas sus carencias con el balón, su lentitud en la transición, su espesura en el juego, su escasez de recursos como equipo, lo poco que está trabajado y su dramática dependencia de los ataques de genio de sus figuras. Ver como la referencia en el juego colchonero, una y otra vez, era Perea seguro que ha provocado más de una lágrima en los atléticos de corazón. Sinceramente, el resto de partido no merece mayor comentario. En un mundo justo deberían haber perdido los dos equipos, uno por actitud y el otro por juego.
Pero detalles significativos los hubo. Nadie entiende, salvo Aguirre y su intelecto, como un jugador como Maxi sigue siendo titular en este equipo. Quedó también claro que el trabajo a balón parado de este equipo es nulo. Nuestro entrenador se encomienda a lo bien que toca el balón Simao y eso le vale para ganarse la siesta pero claro, cuando Simao no está, las faltas y corners pasan a ser momentos inútiles y de estupor ya que generalmente constituyen una buena jugada de contrataque para el equipo contrario. Banegas estaría cansado y caliente probablemente pero era el único en el campo con la intención de dar un pase hacia adelante y con sentido. Además Luis García, un jugador emergente las última semanas, estaba haciendo uno de sus peores partidos como profesional. Blanco y en botella pero los entrenadores deben beber otra cosa blanca y en botella que no es leche. Con ese genial cambio de nuestro vanguardista entrenador consiguió dos cosas: una que el espesísimo juego de nuestro equipo fuese a partir de ese momento todavía más espeso. Dos que Luis García se convirtiese en el nuevo enemigo del Calderón.
El futuro era incierto hace unas horas pero ahora es ciertamente descorazonador. No es perder un partido, es la sensación que queda. Con una lista de lesionados que crece por momentos, una plantilla coja y tuerta, un banquillo sin confianza y un entrenador sin ideas las expectativas no pueden ser buenas. La salida de nuestro particular via crucis en Octubre dirá mucho de lo que este grupo de jugadores y el que dice dirigirlos pueden hacer. Veremos si queda algo a lo que agarrarse en Noviembre
“No quieren dejarte salir... nunca debería haber chillado”
Waiting for the day (Clark/Priest/Miller)
Dodgy - “Homeground” (A&M/1994)