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Cosas buenas, cosas malas y cobardes (Almería 2 - At. Madrid 2)





Los aficionados a la gimnasia deportiva sabrán que en la disciplina de salto de potro la dificultad de los saltos está categorizada a priori y los hay que tienen un tope de evaluación por debajo del máximo. Es decir, los gimnastas pueden elegir hacer un salto que ejecutado a la perfección nunca será un diez. Así se penaliza a los que no se arriesgan o los que se refugian en lo fácil. Evidentemente esa no es la opción de los gimnastas que luchan por las medallas pero es una opción para deportistas menos cualificados o menos ambiciosos. Este es el problema del Atleti, que está en manos de gente que lo convierte en un gimnasta que sale al campo a ejecutar un salto que ejecutado a la perfección será como mucho un ocho. A pesar de manejar un presupuesto millonario, el tercer o cuarto de la competición, a pesar de pagar sueldos astronómicos, de tener estrellas mundiales en su plantilla, de tener una afición numerosa, una vitrina de trofeos poblada y una historia gloriosa, el Atlético de Madrid está dirigido, dentro y fuera del banquillo, por personas que ponen todo su empeño en convertirlo en un equipo menor. Un equipo mediocre en el que cualquier éxito sea imprevisto, un equipo vulgar sin nada que lo distinga del resto y un equipo condenado a chapotear en la mediocridad.

El Atleti ha empatado hoy en Almería (estadio en el que no ha ganado nunca, dato que viene a sumarse al resto de datos que hacen poner en duda la grandeza de nuestro equipo) y lo ha hecho porque la dirección deportiva que lleva instalada más de una década en esos despachos y esos banquillos han asumido y asumen que el Atleti es un equipo mediocre que tiene que salir al campo a ejecutar un salto de 8. Claro está, si el contrario sale a hacer un salto de 10 y la sale medianamente bien lo normal es que te gane pero si no le sale tan bien no es muy difícil que te empate. Lo llevamos viendo más de una década. Lo vimos con Manzano y con Ferrando, lo vimos muchas veces con Aguirre y lo estamos viendo hasta la extenuación con este estratega de la palabra llamado Quique.

El Atleti ha demostrado esta tarde que cuando quería el balón, lo tenía y lo jugaba pensando en meterlo en la portería era un equipo solvente, peligroso, que no pasaba demasiados apuros y que incluso era capaz de hacer algo parecido al fútbol. También ha demostrado que cuando decide parapetarse en su portería, como su entrenador les dice que hagan cada vez que vamos por delante en el marcador, nos transformamos en un equipo vulgar, mediocre, romo, nervioso, fallón, malo y muy vulnerable. Es tan evidente que escuece, Es tan lamentable que dan ganas de abofetear a todos los que entienden el fútbol de esta miserable y repugnante manera. Es tan triste que ya ni me sorprende que siga ocurriendo.

Mientras el marcador estaba empatado a cero el partido estuvo entretenido sin tirar cohetes. La dupla Tiago y Mario Suárez acerca el fútbol al universo del Atlético de Madrid. El portugués es lo más parecido a un centrocampista de primera división en un equipo con aspiraciones que hemos tenido en la última década. Lleva algunos partidos erigiéndose entre los mejores el partido y siendo el cerebro de un equipo que lleva décadas jugando sin cerebro. Quizás llega tarde, quizás le falle el físico y evidentemente está muy sólo pero es un gran jugador. Mario Suárez aparece demasiado tímido y demasiado ofuscado con su labor defensiva pero equilibra el equipo infinitamente mejor que su compañero navarro. Reyes estuvo muy tápado, Forlán con más voluntad que resultados y solo el Kun estuvo a la altura de las circunstancias. Elías ni está ni francamente (con este entrenador) se le espera. Aunque faltaba intensidad defensiva y había lagunas insalvables en la creación daba gusto hoy ver como los centrales buscaban a Tiago o Mario a la hora de sacar el balón en lugar rifarlo como siempre. El equipo estaba bien colocado y parecía metido en el partido pero debe ser el equipo que defiende más atrás de la primera división y lejos de presionar prefiere esperar al rival. Enfrente todo lo contrario. Un equipo con mucha menos calidad pero mucho más valiente. Los andaluces si que presionaban arriba en lugar de esperar y les hacía ser más verticales. De hecho las mejores ocasiones fueron suyas y sólo un inspiradísimo De Gea evitó el gol en contra.

Pero el Atleti tiene grandes jugadores en su plantilla y los dos mejores hoy se juntaron para abrir el marcador. Balón robado por el Almería que Tiago recupera enseguida evitando el contrataque pero el portugués tiene tanto fútbol que en un segundo vio al kun entrando al área y le puso el balón al pie con un pase magistral. El Kun amaga con el cuerpo y remata con la izquierda haciendo el primero.

Pintaban bien las cosas. Gol a favor, el equipo asentado y buenas sensaciones pero para eso está el entrenador. El Atleti podría haber seguido igual, podría no haber renunciado a su personalidad ni el criterio que tenían pero no, decidió ejercer su vulgaridad y jugar al fútbol moderno. Decidió olvidarse del balón, de mandar y decidió jugar para esperar al contrario todavía más atrás. Por supuesto esto espoleó al rival que a partir de ese momento y hasta que logró el empate al poco de comenzar la segunda parte (Crustat de buen remate en segunda jugada) se hizo dueño del partido y vivió al borde del área Atlética.

En este punto me gustaría puntualizar algo. Una cosa es jugar al contrataque (aunque alguien debería explicar que se entiende por esto) y otra cosa es hacer lo que hace este Atleti. El mítico contrataque colchonero no era esto. No blasfemen. El Atleti mítico no estaba achicando balones en su área y sufriendo como condenados para esperar a dar una puñalada por un fallo del contrario. Eso es de cobardes y el Atleti hasta hace poco nunca lo ha sido. El mítico Atleti del contrataque no defendía en su área ni se pasaba el partido achicando agua y renegando del balón. Así no se pueden ganar ligas.

Especialmente lamentable es ver como luego, con la necesidad de marcar, volvió a adueñarse del balón del partido y del juego con una facilidad pasmosa. Hubo incluso buenos momentos de fútbol (¡incluso de toque!) que lógicamente provocaron ocasiones y jugadas por doquier. En una de ellas el Kun hace otro gol en una gran jugada personal que además tenía opciones de pase a izquierda y derecha lo que supone una gran labor de equipo. De nuevo todo pintaba bien y de nuevo todo se echa a perder por la necedad del tacticismo. De nuevo el Atleti se va a su área a defender, de nuevo el Almería se hace dueño de la situación, de nuevo se empieza a vivir al borde del área madrileña y de nuevo nos empatan. Si, vale, fallo defensivo. Es cierto que Goitom remata demasiado solo pero insisto en lo de siempre: si el balón está en el campo contrario un fallo tuyo es muy difícil que te cueste un gol.

Mis deseos para con el Atleti están lógicamente con un cambio en la dirección que aísle para siempre la dañina enfermedad del gilismo pero le sigue a la par, sino por encima, el deseo de que mi equipo juegue o intente jugar de una puñetera vez como el Atlético de Madrid. Valiente y orgulloso. Estoy harto de mediocres, cobardes e ideólogos que pretender transformar mi equipo en lo que no es.

3 comments

Quique 14 mar. 2011 7:00:00

De acuerdo en casi todo, excepto en que Goitom remató sólo. Había nada más y nada menos que cinco jugadores del Atleti con él y, lo sorprendente, es que sea Goitom el que remate mientras el resto le mira. Un nuevo capítulo de la serie "Mi desastrosa defensa". Y esto es lo peor, que jugar de forma cobarde con la defensa que tenemos nos lleva a,como mínimo, empatar partidos como este.

cristo 14 mar. 2011 20:07:00

Hola Ennio, como ya tengo mis añitos y disfruté viéndolo, trataré de explicar el origen y el fundamento del mítico contrataque del Atleti.
Data desde los inicios de los años 70, el entrenador que lo impuso fue el austriaco Max Merkel y luego, a mi juicio, lo perfecciono Luís Aragonés. Como bien dices, la táctica no se fundamentaba en colocar a nueve tipos delante del portero y a otro de palomero para que pillara algún fallo de la defensa del equipo contrario, esa otra estrategia la llamaron “el cerrojo” y la inventó mucho antes un tal Benito Díaz en la Real Sociedad.
Lo que se llamó la táctica del contrataque del Atleti, básicamente era presionar al contrario formando casi una sola línea donde se mezclaban defensas y centrocampistas para robar el balón y, una vez adquirida su posesión, se ejecutaban a gran velocidad unos movimientos ensayados que consistían en, que con el menor número posible de pases, lanzar la bola al espacio libre de la descolocada zaga contraria por donde entraban en diagonal como bólidos los célebres Ratón Ayala, Becerra, etcétera. Digamos que no era un estilo de juego, más bien un recurso, pero que daba unos resultados espectaculares, especialmente cuando se actuaba como visitante. Además cuando el Atleti se adelantaba en el marcador difícilmente se le remontaban por que con un par de contras se cerraba el partido. Por cierto, como estoy echando de menos esas contras en estos desapacibles tiempos que corren.
Espero haber tenido la suficiente capacidad de síntesis para hacer compresible mi percepción analítica de algo que me tocó vivir y lo disfruté.
Lo que duele, es que al contarlo, hoy sean historias de otra época y de otro club porque aunque conserve el mismo nombre, tenga idénticos colores y lleve el mismo escudo, desgraciadamente ya nada es igual.
De todos modos, debemos sentirnos orgullosos porque el pasado nadie podrá robárnoslo, ni los delincuentes, ni los éticos comunicadores (por cierto, muy bueno tu código deontológico), ni tanto cafre suelto que pulula por ahí.
Un abrazo.

Ennio Sotanaz 15 mar. 2011 9:28:00

¡¡MUCHAS GRACIAS!!
Muchas gracias Cristo porque eso es exactamente lo que he leído y mi padre me ha contado tantas veces pero tiene más valor contado de primera mano. Por mi edad no pude vivir esa época pero a rebufo del latiguillo ese del mítico contrataque del Atleti intenté documentarme y efectivamente es como cuentas. Para empezar, como muy bien dices, era básicamente un recurso y no una filosofía de juego y para seguir era un recurso OFENSIVO y no defensivo como sistemáticamente quieren hacernos entender los entrenadores de medio pelo que aparecen por aquí.
El problema es que los que se sientan en ese banquillo o los que se ponen esa camiseta ni saben dónde están, ni saben lo que representan, ni saben los colores que están llevando. No lo saben porque nadie se lo dice y nadie les exige que lo sepan.
Un abrazo,