Diez años



En Los Renglones Torcidos de Dios del señor Luca de Tena (y recomiendo saltar al siguiente párrafo si alguien tiene intención de leer el libro) la protagonista de la novela se pasa cientos de páginas investigando un extraño crimen dentro de un internado psiquiátrico para descubrir al final que su razonada verdad era mentira y que la verdadera realidad consistía en que ella misma no era una detective como creía ser sino otra enferma psiquiátrica del propio internado.

Así es como me sentí yo poco después de asumir la enésima derrota del Atleti en el antiguo derbi madrileño. Una vez disipada la adrenalina que este tipo de partidos provocan en mi cuerpo y extinguidos los sentimientos encontrados que sufro al ser semiconsciente de la insultante mediocridad de mi equipo pero ser también incapaz de frenar el deseo incontrolable de derrotar con honor ese concepto que detesto con todas mis fuerzas y que tan bien representa el Real Madrid y sus circunstancias, me tope con otra realidad. Con la realidad, probablemente. Tras miles de batallas dialécticas en internet, miles de sinsabores defendiendo el honor colchonero que mis antepasados me inculcaron, después de cientos de artículos intentando descubrir y desgranar la esencia de lo que significa el Atlético de Madrid como idea, el sábado después de las diez, en el Calderón, me tope con algunos indicios que me hicieron sospechar que la realidad no es la que yo quiero ver sino la que los demás, la cuerda mayoría, ve.
En 1996, en ese mismo campo, vi como un equipo humilde condenado a descender como el Albacete se veía superado por las circunstancias y a sus jugadores les temblaba las piernas de miedo ante el ambiente que provocaba el campeón de liga en el Calderón. Me pareció normal en esas circunstancias y con un equipo pequeño frente a uno grande pero la cara de aquellos jugadores del Albacete era la misma cara que vi en los jugadores del Atleti el sábado pasado con la diferencia de que estos estaban en su campo, la gente estaba con ellos y que se suponía que el Atleti no es el Albacete. La cara de los jugadores del Atleti era la misma cara de los jugadores del Atleti (cualesquiera) que se han enfrentado al Madrid (cualesquiera y dondequiera) en la última década. Es la cara del miedo, de la humillación, de la mediocridad del que se sabe inferior.
El sábado también vi como las arrogancias, los desplantes, los gestos vehementes, los desprecios y las infinitas faltas violentas de los madridistas (muchas de las cuales debieron ser firmadas con tarjetas en un mundo con árbitros honrados) eran asumidas y soportadas con rigor castrense por tipos humildes y cercanos a la cobardía que se saben inferiores y van vestidos de rojo y blanco. Ni una presión al árbitro, ni una palabra más alta que la otra, sabedores de que cualquiera de estos gestos sería despreciado y reprobado no sólo por la infinita opinión pública monocolor sino también por el presidente y el consejero delegado de su propio club. Vi como ante las repetidas y exageradas acciones de pérdida de tiempo por parte del rival ni un solo jugador colchonero se acercó al trencilla para recriminar la trampa como estoy seguro hubiese ocurrido al contrario. Nadie. Cuando terminó el partido vi también como los jugadores blancos levantaban los brazos al cielo alegres y extenuados, festejando el resultado como si hubiesen derrotado a un equipo grande mientras que los sonrientes miembros del equipo “grande” tenían la ingenua desfachatez de ir al centro del campo a aplaudir con el candor del que cree que no ha pasado nada o que simplemente ha pasado lo que tenía que pasar. Entonces sospeché algo que corroboré pocos minutos después.
Pocos minutos después, en una de esas jabonosas y mamporreras entrevistas que cualquier emisora del régimen realiza a diario, un presunto periodista le pregunto a Casillas, tipo que nos había destrozado con sus paradas, la razón de que siempre se le diera tan bien el Atleti. Las palabras de Casillas tocaron mi corazón atlético más que las palabras de cualquier jugador del Atleti de la última década. Dijo algo así como que a él de pequeño le habían ensañado lo que significaba un derbi, lo que era el Atleti, lo especial que era para los aficionados un Madrid-Atleti y que eso le hacía fácilmente concentrarse, prepararse y motivarse para esa clase de partidos. Me sentí identificado. Entonces me di cuenta de que lo que sentía Casillas en sus carnes para mi equipo no lo sentía ni un solo jugador del Atlético de Madrid, ni un solo trabajador del club de los que tienen poder y por supuesto no lo siente el Consejero delegado cuyo padre era del Athletic de Bilbao y al que de pequeño no le gustaba el fútbol (desconozco si le gusta ahora de mayor). Casillas, tratándonos como el rival de altura que cree que somos y haciéndonos perder el partido, tenía más respeto y cariño por el Atlético de Madrid que cualquiera de los que hoy están cerca de ese escudo.
Pero es que cuando Casillas era pequeño sus amigos del Atleti (y mucho más sus padres) todavía eran aficionados de un club grande que se creía y se sentía grande. Cuando Casillas tenía 11 años el Atleti le ganó al Madrid la Copa del Rey en el Bernabéu y supongo que en su cole se lo recordarían. Cuando Casillas tenía 15 años el Atleti ganó la liga y la copa y en Madrid, dónde él vivía, salían colchoneros de debajo de las piedras. Cuando De Gea tenía 11 años el Atleti estaba en segunda y ese año no logró ascender. Cuando tenía 15 años el Atleti hacía el ridículo quedando en el puesto décimo primero con el archiconocido Ferrando en el banquillo. Cuando Domínguez tenía 15 años el Atleti hacía el mismo ridículo sólo que esta vez quedando el décimo. De Gea y Domínguez, seguramente más atléticos que nadie y nuestros máximos estandartes de colchonerismo en el banquillo, no recuerdan haber visto ganar al Atleti un Derbi en su vida.
Es fácil de entender. Casillas veía en su día a día que lo que le contaban del Atleti era verdad. De Gea y Domínguez no. Ellos vivieron agarrados a una leyenda mágica a la que nunca pudieron ponerle cara y ojos. Es más fácil estar convencido que tener fe. Es muy difícil convencer a nadie de algo que tú no has visto pero mucho más cuando los que lo han visto no sólo no están sino que se procura que no se acerquen y se sustituyen por “profesionales” ajenos al sentimiento atlético. Imaginen como debe sentir el Atleti Forlán, Perea o Elías si se lo tiene que contar Amorrortu, Pitarch, Cerezo o Calamidad o tienen que leerlo en AS y MARCA. Casillas nació en 1981 y De Gea y Domínguez 10 años después. Diez años de estulticia, sequía, tristeza y mediocridad. Diez años sin ganar al Madrid. Diez años para convertir una realidad en leyenda y una leyenda en esperpento. Diez años de nuevo-gilismo en estado puro (sin las zafias formas de un Gil padre enfrentado con el mundo, con la prensa mentirosa comiendo de la mano y con la administración cómplice calladita) que han transformado la entidad definitivamente en otra cosa. Un equipo menor, por y para gente menor en el que sobramos los nostálgicos que como a Casillas o a mí una vez nos contaron y vimos lo que era y significaba un derbi. Que una vez vimos y sentimos lo que era el Atlético de Madrid.

Casillas y Teixeira, tándem letal (At. Madrid 1 - R. Madrid 2)




La particular y conflictiva historia de nuestro país, los complejos patrios, la peculiar forma de entender el triunfo en el subconsciente colectivo unido al vergonzoso paso que ha practicado nuestro fútbol desde las competiciones de clubes al multimillonario mundo del fútbol televisado para toda la galaxia, han creado un tremendo monstruo llamado Real Madrid. Un monstruo al que ya va a ser muy difícil controlar y que probablemente en un futuro cercano suponga la bandera del último golpe mortal a una cada vez más decadente, insulsa y aburrida liga española que a este paso desaparecerá.

El Real Madrid no sólo es el equipo que tiene el privilegio de no tener que ser Sociedad Anónima a pesar de albergar una deuda más brutal que la que todos los que fueron obligados a convertirse juntos, el que recibe dinero público para hacer sus enjuagues económicos y ampliaciones de patrimonio sin oposición, el que maneja el presupuesto más alto (cuatriplicando el tercer presupuesto de la liga así da escalofríos pensar la diferencia con el resto), el que tiene a los jugadores más caros del mundo (alguno sin jugar) y el que paga los sueldos más altos de la vía láctea, sino que también es el que ha creado una red economico-mediática que llega a todos los poros de la piel de toro y que a modo de Ministerio de la Verdad crea o destruye la realidad a su conveniencia. Un ejercicio de especulación urbana vomitivo es transformado en una magistral operación empresarial, el despilfarro constante de millones en jugadores que van y vienen dejando más pufos que legado es una muestra de poderío, el tipo más elegante que se ha sentado en el banquillo vikingo es una suerte de delincuente mientras que el insultante y mohíno engreído generador constante de violencia que está ahora es el paradigma del señorío. El preciosista y espectacular juego del Barcelona “aburre” (Siro López Dixit) y el catenaccio tacticista posmoderno e industrial que práctica Mourinho (y que trata de imitar muy mal nuestro Quique Sánchez Flores) es para ese eufemismo llamado “opinión pública” muchas veces la transformación en fútbol de la Capilla Sixtina. En ese engrudo casi hasta pasa desapercibido que un genocida como Pepe, que en un país sensato estaría apartado del fútbol y probablemente internado en un centro especializado, pase como un tipo de “pundonor”. Mientras sus brotes psicóticos se diluyen en en la inmensidad de la actualidad un empujón al pobre de Cristiano Ronaldo ocupa las portadas de prensa y telediarios hasta el siguiente hito. No hablemos ya de un agarrón no pitado. El árbitro causante de no expulsar a Pepe no se sabe quien es pero el árbitro culpable de no expulsar a quien osó quitarle la gomina del pelo al señor Ronaldo es conocido más allá de la puerta de Tanhausen.

Y eso lo saben los árbitros.

Probablemente el Madrid hubiese ganado igual de haber en el campo un árbitro decente, digno y con un mínimo de vergüenza y escrúpulos pero la realidad es que ayer no lo hubo y la realidad es que, estando el madrid de por medio, es difícil que exista. En los últimos años el Madrid no ha necesitado al árbitro para ganar pero siempre que la cosa se ponía cercana a estar tensa ahí estaba el trencilla para recordar las reglas del juego. Es paradógico y repugnante sin embargo que quien más se queje de los árbitros sea precisamente el equipo que ha construido una gloriosa leyenda cimentado en ellos. Hoy no puedo estar más de acuerdo con Mourinho, los dos mejores jugadores de Real Madrid en el campo fueron Casillas y el árbitro (por ese orden).

El Atlético de Madrid no obstante perdió por enésima vez contra los madridistas por una concatenación de cosas y para ser justos lo hizo antes de que el árbitro pusiese su granito de arena. Para empezar normalmente los derbis de los últimos años enfrentan a un equipo que se lo juega todo (los blancos) con otro que no se juegan nada (ni la honra, porque a la mitad de los nuestros nadie les ha explicado lo que significa el Madrid para un colchonero). Ayer era otro de esos días y aunque el Atleti pareció salir enchufado el Madrid, que eso si que lo hace siempre y por eso están acostumbrados, salió más enchufado todavía. Si a una magnifica presión en el campo contrario (obra de Mourinho, hay que reconocerlo) se le une el canguelo que tradicionalmente tiene nuestra defensa cuanto enfrente está el Madrid, sobra dar más explicaciones para entender el fracaso. Es lamentable la falta de personalidad de nuestra defensa (no lo esperaba de Godín) pero es algo recurrente que no supera ningún entrenador, ni jugador. Alguien debería mirarlo porque lo mismo el problema está más arriba en lo que se transmite hacia abajo. Por eso, como viene siendo habitual en los derbis, a los diez minutos ya íbamos palmando (pase entre líneas, defensa de porcelana, Benzema que la para y gol). Eso si, el gol viene de un error lamentable de Elías, otro error lamentable de la dirección deportiva transformado en otro error lamentable del “listo” de nuestro entrenador que lo pone de titular para demostrarle al mundo que todos somos gilipollas menos él. Elias no ha hecho nada para jugar de titular en este equipo (y menos en una banda). Koke si. Juanfran no lo sabemos porque Quique no le deja. El marisabidillo de nuestro entrenador dio una ventaja estúpida al colocar a Elías en el once. Un Elías que más allá de los errores, la insultante lentitud y estar siempre fuera de sitio no hizo absolutamente nada.

Pero a pesar del gol el Atleti, con los 9 que tenía en el campo (Forlán y Elías no estaban) ser fueron a por el partido y más por orgullo del tridente Tiago-Kun-Reyes (y ojo, un Mario Suárez que realizó un gran partido) que por otra cosa si hicieron con el control del partido teniendo buenas ocasiones que como siempre Casillas (que tiene la mala costumbre de hacer su mejor partido del año en el Calderón) desbarató. ¿Ansiedad, obcecación, mala suerte? No lo sé pero es frustrante ver como pasa lo mismo año tras años con el portero de la selección.

Es entonces cuando apareció el árbitro. El Madrid de Mourinho es un equipo eminentemente físico que basa su éxito en un rigor táctico grande y derroche físico tremendo, especialmente en la presión. Esto hace que sus jugadores marchen al límite y en ocasiones como la de ayer, que tras el gol perdieron el control y los colchonero se fueron para arriba, el límite estaba más allá. Si fuese al revés, en el minuto 30 el Atleti hubiese tenido siete tarjetas amarillas que hubiesen condicionado su agresiva forma de jugar teniendo que encoger la pierna. En el caso del Madrid no es así sino todo lo contrario. Se crecen ante la impunidad. Ellos pueden jugar al límite (y más allá) sin miedo y sin problemas. Donde no llegaba la anticipación llegaba un empujón, un codazo, una falta,... Así mientras el Atleti se estrellaba con el reglamento virtual teniendo que jugar contra doce, el madrid se envalentonaba en su destrucción y contrataque. Hasta que llegó el segundo en otra lamentable acción defensiva colchonera. Marcelo deja sentado a su rival moviendo la cintura da el pase de la muerte, remata Ozil y marca. Injusto resultado para una partido en el que el Madrid era infinitamente superior... pero no lo había demostrado.

Aun así, en contra de lo que intuyo dirán las crónicas de los expertos, la segunda parte volvió a ser todavía más colchonera espoleado por la explosiva salida de Koke (lamentable que empezase en el banquillo) y la solidaria entrega de un Kun magistral y batallador que sin embargo, como le ocurría a Torres, está gafado con Casillas. Cuando a los diez minutos de la segunda parte marró un mano a mano clarísimo con Casillas la grada supo que no había nada que hacer. Las ocasiones siguieron llegando pero sólo a falta de cinco minutos Agüero consiguió a base de fuerza perforar la portería blanca. Demasiado poco tiempo para la remontada.

Hace tiempo que vivo al margen de la prensa deportiva oficial (y así pienso seguir) así que dudo que mi crónica tenga algo que ver con lo que salga en los papeles, esos que siempre está de alguna forma manchados de merengue. No vean sin embargo en mis palabras un ejercicio de victimismo o fanatismo porque no lo es (echen un vistazo al resto crónicas de derbis, las de este año sin ir más lejos, para comparar). Piensen que a diferencia de la prensa seria yo creo que Mourinho es un mal educado consentido, que el Barça juega infinitamente mejor, que Cristiano Ronaldo es un engreído estúpido y sin gracia, que Pellegrini es un señor y que Florentino es un listo que disfraza el concepto de mafioso. Puede sin embargo que esté equivocado.

Cosas buenas, cosas malas y cobardes (Almería 2 - At. Madrid 2)





Los aficionados a la gimnasia deportiva sabrán que en la disciplina de salto de potro la dificultad de los saltos está categorizada a priori y los hay que tienen un tope de evaluación por debajo del máximo. Es decir, los gimnastas pueden elegir hacer un salto que ejecutado a la perfección nunca será un diez. Así se penaliza a los que no se arriesgan o los que se refugian en lo fácil. Evidentemente esa no es la opción de los gimnastas que luchan por las medallas pero es una opción para deportistas menos cualificados o menos ambiciosos. Este es el problema del Atleti, que está en manos de gente que lo convierte en un gimnasta que sale al campo a ejecutar un salto que ejecutado a la perfección será como mucho un ocho. A pesar de manejar un presupuesto millonario, el tercer o cuarto de la competición, a pesar de pagar sueldos astronómicos, de tener estrellas mundiales en su plantilla, de tener una afición numerosa, una vitrina de trofeos poblada y una historia gloriosa, el Atlético de Madrid está dirigido, dentro y fuera del banquillo, por personas que ponen todo su empeño en convertirlo en un equipo menor. Un equipo mediocre en el que cualquier éxito sea imprevisto, un equipo vulgar sin nada que lo distinga del resto y un equipo condenado a chapotear en la mediocridad.

El Atleti ha empatado hoy en Almería (estadio en el que no ha ganado nunca, dato que viene a sumarse al resto de datos que hacen poner en duda la grandeza de nuestro equipo) y lo ha hecho porque la dirección deportiva que lleva instalada más de una década en esos despachos y esos banquillos han asumido y asumen que el Atleti es un equipo mediocre que tiene que salir al campo a ejecutar un salto de 8. Claro está, si el contrario sale a hacer un salto de 10 y la sale medianamente bien lo normal es que te gane pero si no le sale tan bien no es muy difícil que te empate. Lo llevamos viendo más de una década. Lo vimos con Manzano y con Ferrando, lo vimos muchas veces con Aguirre y lo estamos viendo hasta la extenuación con este estratega de la palabra llamado Quique.

El Atleti ha demostrado esta tarde que cuando quería el balón, lo tenía y lo jugaba pensando en meterlo en la portería era un equipo solvente, peligroso, que no pasaba demasiados apuros y que incluso era capaz de hacer algo parecido al fútbol. También ha demostrado que cuando decide parapetarse en su portería, como su entrenador les dice que hagan cada vez que vamos por delante en el marcador, nos transformamos en un equipo vulgar, mediocre, romo, nervioso, fallón, malo y muy vulnerable. Es tan evidente que escuece, Es tan lamentable que dan ganas de abofetear a todos los que entienden el fútbol de esta miserable y repugnante manera. Es tan triste que ya ni me sorprende que siga ocurriendo.

Mientras el marcador estaba empatado a cero el partido estuvo entretenido sin tirar cohetes. La dupla Tiago y Mario Suárez acerca el fútbol al universo del Atlético de Madrid. El portugués es lo más parecido a un centrocampista de primera división en un equipo con aspiraciones que hemos tenido en la última década. Lleva algunos partidos erigiéndose entre los mejores el partido y siendo el cerebro de un equipo que lleva décadas jugando sin cerebro. Quizás llega tarde, quizás le falle el físico y evidentemente está muy sólo pero es un gran jugador. Mario Suárez aparece demasiado tímido y demasiado ofuscado con su labor defensiva pero equilibra el equipo infinitamente mejor que su compañero navarro. Reyes estuvo muy tápado, Forlán con más voluntad que resultados y solo el Kun estuvo a la altura de las circunstancias. Elías ni está ni francamente (con este entrenador) se le espera. Aunque faltaba intensidad defensiva y había lagunas insalvables en la creación daba gusto hoy ver como los centrales buscaban a Tiago o Mario a la hora de sacar el balón en lugar rifarlo como siempre. El equipo estaba bien colocado y parecía metido en el partido pero debe ser el equipo que defiende más atrás de la primera división y lejos de presionar prefiere esperar al rival. Enfrente todo lo contrario. Un equipo con mucha menos calidad pero mucho más valiente. Los andaluces si que presionaban arriba en lugar de esperar y les hacía ser más verticales. De hecho las mejores ocasiones fueron suyas y sólo un inspiradísimo De Gea evitó el gol en contra.

Pero el Atleti tiene grandes jugadores en su plantilla y los dos mejores hoy se juntaron para abrir el marcador. Balón robado por el Almería que Tiago recupera enseguida evitando el contrataque pero el portugués tiene tanto fútbol que en un segundo vio al kun entrando al área y le puso el balón al pie con un pase magistral. El Kun amaga con el cuerpo y remata con la izquierda haciendo el primero.

Pintaban bien las cosas. Gol a favor, el equipo asentado y buenas sensaciones pero para eso está el entrenador. El Atleti podría haber seguido igual, podría no haber renunciado a su personalidad ni el criterio que tenían pero no, decidió ejercer su vulgaridad y jugar al fútbol moderno. Decidió olvidarse del balón, de mandar y decidió jugar para esperar al contrario todavía más atrás. Por supuesto esto espoleó al rival que a partir de ese momento y hasta que logró el empate al poco de comenzar la segunda parte (Crustat de buen remate en segunda jugada) se hizo dueño del partido y vivió al borde del área Atlética.

En este punto me gustaría puntualizar algo. Una cosa es jugar al contrataque (aunque alguien debería explicar que se entiende por esto) y otra cosa es hacer lo que hace este Atleti. El mítico contrataque colchonero no era esto. No blasfemen. El Atleti mítico no estaba achicando balones en su área y sufriendo como condenados para esperar a dar una puñalada por un fallo del contrario. Eso es de cobardes y el Atleti hasta hace poco nunca lo ha sido. El mítico Atleti del contrataque no defendía en su área ni se pasaba el partido achicando agua y renegando del balón. Así no se pueden ganar ligas.

Especialmente lamentable es ver como luego, con la necesidad de marcar, volvió a adueñarse del balón del partido y del juego con una facilidad pasmosa. Hubo incluso buenos momentos de fútbol (¡incluso de toque!) que lógicamente provocaron ocasiones y jugadas por doquier. En una de ellas el Kun hace otro gol en una gran jugada personal que además tenía opciones de pase a izquierda y derecha lo que supone una gran labor de equipo. De nuevo todo pintaba bien y de nuevo todo se echa a perder por la necedad del tacticismo. De nuevo el Atleti se va a su área a defender, de nuevo el Almería se hace dueño de la situación, de nuevo se empieza a vivir al borde del área madrileña y de nuevo nos empatan. Si, vale, fallo defensivo. Es cierto que Goitom remata demasiado solo pero insisto en lo de siempre: si el balón está en el campo contrario un fallo tuyo es muy difícil que te cueste un gol.

Mis deseos para con el Atleti están lógicamente con un cambio en la dirección que aísle para siempre la dañina enfermedad del gilismo pero le sigue a la par, sino por encima, el deseo de que mi equipo juegue o intente jugar de una puñetera vez como el Atlético de Madrid. Valiente y orgulloso. Estoy harto de mediocres, cobardes e ideólogos que pretender transformar mi equipo en lo que no es.

Código deontológico

“La gente generalmente confunde lo que lee en los periódicos con las noticias”. - Abbott Liebling, periodista estadounidense.

Hace mucho tiempo que este que escribe dejó de tener fe en ese gremio de las ciencias de información que genéricamente llamamos periodismo. Fue un paso traumático ya que uno se formó en la utópica idea de las sociedades libres y democráticas en las cuales el papel de la prensa era algo así como fundamental, pero a su vez fue un paso necesario para no morir de estupidez. Conocidas y teorizadas las terribles consecuencias del uso de la propaganda y los medios de comunicación por regímenes despóticos y dictatoriales uno creció asimilando y conviviendo con el periodista héroe, ese que señalaba los puntos negros de la realidad subrayando las injusticias, amplificando los abusos y matizando la verdad. Ese que derrocaba sistemas corruptos e informaba de las alternativas clandestinas emergentes. Ese que mostraba las vergüenzas de los malos para escarnio público y que servía para hacer una sociedad más culta. Esa época en la que una crónica taurina o futbolística era un homenaje a la lengua castellana. Lamentablemente para casi todos la época dorada del periodismo ha dejado paso a la era de las grandes corporaciones, los potentes grupos económicos, la crónicas mal construidas con tres tópicos, el lenguaje para borregos y el arte del entretenimiento auspiciado en el Panes et Circenses moderno. Es así y no tiene pinta de ir a cambiar (especialmente en el apartado deportivo) pero aunque uno presume de tener callo para según qué cosas lo cierto es que es muy difícil dejar de sorprenderse con el penúltimo ejercicio de hipocresía capciosa, manipulación tendenciosa y falta de escrúpulos protagonizado por el cuarto poder.

Hace apenas un mes que se publicó el “famoso” comunicado de la plataforma de oposición atlética pero en ese escaso margen de tiempo es palpable y visible la forma en la que los grandes medios han manejado la información, la crítica, la opinión y la realidad en torno al club Atlético de Madrid. Teniendo en cuenta que esos “grandes medios” son los que utilizan la inmensa mayoría de la población para informarse y cimentar su “opinión” (léase como eufemismo) a uno se le abren las carnes. Escrupuloso como soy (y como me hacen ser) con la ética de mi profesión (que no es la de periodista, por cierto) me cuesta creer que los profesionales de la información no respondan también a un código ético que les recuerde dónde están, quienes son y cuál es su responsabilidad. Buceando por internet me topé así con el interesante código deontológico de la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) que me he permitido la licencia de enviar, sin resultado palpable, a las redacciones de los principales diarios y emisoras patrias para recordarles las reglas con las que juegan. Sus propias reglas.

Artículo 2. El primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad. Artículo 3 (...) el periodista defenderá siempre el principio de la libertad de investigar y de difundir con honestidad la información (…)

La semana pasada, coincidiendo con la fecha en la que se producía la deliberación y fallo de la Audiencia Provincial en relación con una denuncia interpuesta por accionistas del Atlético de Madrid y en contra de la ampliación de capital perpetrada por los máximos accionistas del club, el diario AS, haciendo un ejercicio de filigrana en cuanto a la “gestión de la información” titulaba la noticia de la siguiente manera: “Fallo de la última causa contra el Atleti”.

¿Es eso difundir con HONESTIDAD la información?

Un ciudadano informado a través del diario AS, que al igual que el resto de diarios ha venido despreciando en los últimos años cualquier voz discordante respecto al oficialismo atlético e ignorando conscientemente no sólo las sucesivas denuncias interpuestas contra los máximos accionistas (que no contra el “Atleti”) sino también las sentencias y resoluciones judiciales correspondientes (¿Existe algo más real que una sentencia judicial?), no sabría de que fallo están hablando. Al no saberlo, porque nadie informó de ello cuando se produjo, podría interpretarse fácilmente la noticia (que se desarrollaba en apenas un párrafo aséptico y mal descrito) como que “alguien” iba en contra del Atleti denunciándolo. La realidad era exactamente a la inversa: no era “alguien” sino accionistas del Atleti y no era contra el Atleti (que también son ellos) sino contra los máximos accionistas. En el mejor de los casos se trata de un velado y lamentable ejercicio de mal periodismo pero en el peor prefiero ahorrarme los calificativos porque ya estaríamos hablando de otra cosa.

Artículo 5. El periodista debe asumir el principio de que toda persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario y evitar al máximo las posibles consecuencias dañosas derivadas del cumplimiento de sus deberes informativos. Tales criterios son especialmente exigibles cuando la información verse sobre temas sometidos al conocimiento de los Tribunales de Justicia.

La gente que siga con regularidad las soflamas de ese soporte publicitario llamado Radio MARCA conocerá ya las labores periodísticas de Méndez y Duro, dos reconocidos profesionales que tienen tan interiorizado este artículo 5 en su código que ni siquiera una sentencia en firme del tribunal supremo (entre otras cosas) es suficiente para que mínimamente cuestionen públicamente la labor del máximo accionista del Atleti en su parcela administrativa. Sin embargo, cualquier que sobreviviese a la irreproducible intervención que perpetraron la semana pasada desde su púlpito público no podrá abstraerse de la laxitud con la que en este caso se tomaron el mismo artículo. A tenor de una supuesta (y lamentable de ser verdad) agresión del presidente de la asociación de peñas, de la que no dijeron que existiese ninguna denuncia policial real ni cualquier otra prueba al respecto, realizada supuestamente por alguien que no estaba de acuerdo con su postura, los dos periodistas extrapolaron de forma lineal y construyeron toda una soflama en contra de la gente de internet y de los foros atléticos a los que se les acusó gratuitamente (por supuesto sin pruebas) no sólo de la supuesta agresión sino de de fomentar la violencia, llagándoles a comparar incluso con el terrorismo nacionalista. Escuchen si tienen oportunidad la intervención, vuelvan a leerse el artículo 5 y traten de reprimir la vergüenza y las arcadas.

Artículo 13 El compromiso con la búsqueda de la verdad llevará siempre al periodista a informar sólo sobre hechos de los cuales conozca su origen, sin falsificar documentos ni omitir informaciones esenciales, así como a no publicar material informativo falso, engañoso o deformado.

Hace pocos días que los ingenuos que siguen comprando y leyendo eso que se conoce como MARCA se desayunaban con un editorial del tal Inda, personaje que merece por si mismo todo un sesudo tratado de arte y ensayo sobre su labor supuestamente periodística, en el que se podía leer lo siguiente: “No alcanzo a entender cómo el mejor equipo de la pasada temporada en España puede estar a siete puntos del descenso, peor incluso que en la temporada que descendió al infierno por razones internas inconfesables e inmorales que algún día contaré. (…)

Sin entrar a juzgar las valoraciones deportivas de un tipo que dice una cosa y la contraria en escaso margen de tiempo, capaz de poner y quitar entrenadores por pura ojeriza y que ha llevado el arte de la portada y los titulares a niveles subterráneos quedémonos con la frase que reza: “algún día contaré”. ¡Once años después estamos todavía así! ¿Qué necesitamos hacer para que lo cuente? ¿Tiene algo que ver con aquella otra amenaza que tampoco llevó a cabo y que hizo contra nuestro querido MA Gil cuando se fue a llorar a casa del vecino? ¿Podría interpretarse todo esto como “omitir información esencial”?

Artículo 17: El periodista establecerá siempre una clara e inequívoca distinción entre los derechos que narra y lo que puedan ser opiniones, interpretaciones o conjeturas(…)

Pregunten a cualquier aficionado atlético que acude al estadio Vicente Calderón (y a la mayoría de los que no lo hacen) y pregúnteles qué ha sido noticia en el Atleti durante este último mes. Busquen después las noticias y artículos de opinión en AS y MARCA escritos por los periodistas que dicen seguir al Atleti y verá sobre qué informan y opinan. En ningún sitio verán la explicación de esos colores verde y amarillo que tanto se ven ahora en la grada, ni lo que se opina de lo que dice el manifiesto, ni de lo que opinan respecto a la prescripción del delito de apropiación indebida, ni de los gritos antiGil con el marcador a favor…ni siquiera verán la opinión acerca de los informes de auditoría publicados que declaran una situación catastrófica. Nada de eso ha sido noticia. Lo que si verán será en el mejor de los casos crónicas trascendentales que huelen a naftalina sobre Forlán, los fichajes, Lamela, la cantera, el sentimiento colchonero,.. y en el peor sobre la eterna y parece que deseada venta del Kun. Todo ello conjeturas, opiniones e interpretaciones sobre cosas cuya mayoría no han sido noticia.

Como dijo otro insigne y conocido periodista llamado Graham Greene, los medios de comunicación son sólo una palabra que ha venido a significar mal periodismo.

Calidad sin barreras (At. Madrid 3 - Villarreal 1)





Decía un escritor británico llamado John Ruskin que la calidad nunca es un accidente sino que siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia. Siempre que los entrenadores habituales que se sientan en el banquillo de Calderón han renegado de la calidad y la de la realidad de los jugadores que tenían para refugiarse en el abrigo de un tacticismo mal entendido (es decir, casi siempre) intentando cambiar la curva natural de las cosas para adaptarla a su propia y particular forma de entender la vida nos ha ido muy mal. Hoy el Atleti ha salido a ganar y ha ganado. Hoy ha salido a ser protagonista y lo ha sido. Hoy ha salido a dominar el partido y el resultado y ha conseguido las dos cosas. A veces las cosas son tan lineales y evidentes que duele pensar no sean como tienen que ser. A veces también las soluciones llegan demasiado tarde.

Aunque la objetividad es una de la cosas más difíciles que existen a la hora de hablar de eventos deportivos y especialmente cuando eres de alguna manera aficionado (el que diga lo contrario miente) uno trata siempre de ser lo más objetivo posible. A pesar de la deriva derrotista en la que está el club como institución y especialmente en el apartado deportivo, en los dos últimos partidos ya dije que veía al equipo con una actitud renovada mucho más positiva y que deportivamente también lo veía bastante mejor. Hoy, si quiero ser honesto tengo que escribir lo mismo. Teniendo en frente como estaba uno de los mejores equipos y que mejor juegan de la liga española (otras veces hubiese sido razón suficiente para salir con miedo gracias a cualquiera de nuestros valientes entrenadores) el Atleti salió al campo a ganar el partido y a ser el dueño del mismo. Entre furia, triangulaciones y buen juego apareció a los cinco minutos una diagonal de Reyes que desde el borde del área coloca el balón en la escuadra. Golazo del de Utrera que venía mereciendo desde hace tiempo.

El equipo lejos de echarse atrás siguió jugando de forma muy parecida dejando la actitud intacta lo que fue una gran noticia para el espectador y el espectáculo. Tiago (partidazo del portugues que cada vez tiene más peso) era el cerebro de un equipo que Mario Suárez compensaba en la tarea táctica. El ex del Mallorca sin grandes aspavientos hizo una labor infinitamente más útil, efectiva y cercana al fútbol que lo que pueda hacer el error de Raúl García. Hasta la primera media hora el Atleti jugaba más tiempo en campo contrario y llegaba con fluidez a la portería contraria. Filipe Luis parecía más suelto y dinámico que otras veces, Elías también (aunque lo sigo viendo perdido) y arriba Forlán por fin parecía volver a jugar para nuestro equipo. El Atleti debería haber rematado en esta fase pero no fue así. Por eso, acabando ya los primeros 45 minutos, el Villarreal (que poco a poco se estiraba cada vez más) cobró una falta al borde del área que supuso el empate tras gol de Rossi. El Villarreal es un equipo magnífico que durante años ha forjado un concepto de equipo y de club basado en el fútbol, la buena gestión y la inteligencia. Es una delicia ver su propuesta futbolista y perfil de los jugadores que conforman su plantilla. Ahora bien, creo que el empate era injusto para los méritos de uno y otro al acabar el primer tiempo. El Atleti había planteado mejor el partido, había expuesto más y había dado más. Sólo quizás un falta de autoconfianza había lastrado el resultado en la parte final.

Pero la segunda parte puso cada cosa en su sitio. Los colchoneros volvieron al campo con la misma actitud y el mismo rigor con el que habían empezado el partido pero subieron las revoluciones un par de vueltas y se hizo la luz. Tiago se hizo definitivamente el dueño del centro del campo y un genial Reyes fue la pieza del engranaje que tantas veces echamos en falta en este equipo. Ese jugador capaz de conectar un centro del campo digno con una delantera brillante.

Las ocasiones llegaban, el equipo se estiraba, Kun y Forlán se dejaban ver por todos los sitios y el balón era prácticamente colchonero. Los de Castellón daban mucho miedo cuando salían vertical al área contraria pero el partido tenía un único dueño y era de color rojo y blanco. Así que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Filipe Luis (en probablemente su mejor partido como rojiblanco) hace una jugada soberbia desde la izquierda hasta el área para meter un gran pase vertical al Kun que defino de vaselina con la maestría que sólo jugadores como él pueden hacer. Golazo del Kun pero golazo del Atleti.

Entonces el Villarreal quiso estirarse un ápice en el campo (demasiado tímido el Villarreal para lo que nos tienen acostumbrados) pero le fue imposible teniendo enfrente un equipo enchufado y anímicamente muy fuerte para entonces. De hecho en lugar de presenciar la reacción levantina lo que vimos fue por fin un nuevo gol del uruguayo Forlán (a pase de Reyes, como no). Desde ahí al final del partido lo único que se pudo presenciar fueron las despedidas en loor de multitudes de Mario Suárez, Elias y el Kun (por Asunçao, Koke y Juanfran) y más ocasiones madrileñas (algunas muy claras como una marrada por Juanfran con toda la portería para él tras pase de Forlán).

La lectura del partido es que cuando el entrenador no hace experimentos propios del cine de autor, los jugadores salen al campo a ganar, la actitud es la de sumar en torno al balón y la suerte no es esquiva, incluso un equipo tan desequilibrado y lamentablemente diseñado como este tiene peligro cuando en sus filas existen jugadores muy buenos que no están constreñidos a un rigor táctico que no funciona. El problema es que quizás ahora ya sea demasiado tarde.

El reino del revés (Getafe 1 - At. Madrid 1)





Hace pocos días que lamentablemente falleció María Elena Walsh, cantante y compositora argentina mítica en su país que aquí a casi nadie le dirá nada su nombre pero con cuyas canciones muchos hemos crecido sin saberlo. El brujito de bulubú, El gato que pesca, la vaca estudiosa,...Una de aquellas canciones era el reino del revés. La letra de esa canción dice cosas como “en el reino del revés nadie baila con los pies. Un ladrón es vigilante y otro es juez... y que dos más dos son tres”. Eso es el Atlético de Madrid hoy en día. Un equipo donde juegan los malos y se sientan los buenos. Donde los mediocentros juegan en la banda y los mediapuntas de mediocentros. Dónde los ladrones son los buenos y los que dan gratis la vida por su equipo los malos. Dónde callan los que saben y hablan los que deberían callar. Lo dicho, el reino del revés.

El equipo volvió a saltar al campo con una actitud bastante potable, actitud que lamentablemente no han tenido a lo largo de la temporada, pero a veces lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Tratar de mantener la seguridad defensiva del equipo con una defensa de cuatro en la que aparecen Valera, Perea y el actual Antonio López (Quique y su poderío sabrán por qué lo hace) es como pretender construir un rascacielos sobre una golosina. Estúpido. El primer balón que tuvo el Getafe lo metió en largo y el Atleti lo defendió penosamente (no se presiona al que pasa, hueco entre líneas, Godín lento, lenta la ayuda,..) para que el balón acabé en los pies de Manu del Moral que recorta, tira a portería y el balón se cuela en la portería tras dar en la espalda de Godín. No parece que tuviese ningún reparo por celebrar por todo lo alto eso de marcar a su antiguo equipo y la verdad es que hace bien. Personalmente me parece una estupidez demagógica eso de no celebrar los goles.

El partido se ponía cuesta arriba. A la incapacidad manifiesta de jugar al fútbol de un equipo mal diseñado, mal estructurado y mal entrenado se le sumaba lo que había en el campo. Una defensa compuesta por paquetes y desquiciados, un centro del campo con un Tiago sobre explotado (y también desquiciado) acompañado de un Raúl García que si ya de por si es lo que es (muy malo) ahora mismo está para mandarlo a una cura de sueño, unos supuestos interiores que se pierden entre lo que su entrenador les dice que hagan y lo que entienden que tienen que hacer y una delantera muy buena pero profundamente desquiciada también. El Atleti, con todo, se hizo con el partido y más por voluntad que por juego consiguió llevar el balón a campo contrario y encimar la portería rival pero la gran virtud de este equipo durante los últimos años, ser letal arriba, este año también se ha apagado. El dominio se fue diluyendo con el tiempo y mediada la media hora el partido ya era un triste ejercicio de centrocampismo esteril, aburrido e inútil. De hecho estuvo más cerca el Getafe de aumentar el marcador en una nueva jugada penósamente defendida en que el balón acaba en un pase al segundo palo que Gavilán remata al larguero. Sólo Reyes, casi en el 45, consiguió poner el miedo en la grada rival con un remate desde fuera del área.

La segunda parte comenzó incluso peor que como acabó la primera cuando los getafenses decidieron ponerse a jugar y quedarse con el balón. Cuesta creer que tipos como Parejo (sin hacer un gran partido está a años luz de la mayoría de jugadores similares que tenemos en nuestro equipo y que hemos fichado en los últimos años) sean más caros que Elias o Salvio pero sinceramente este ya es un tema tan evidente que es absurdo comentarlo como si fuera simplemente el resultado de la patente negligencia del tal Pitarch.Al igual que había ocurrido en la primera parte con el Atleti el dominio de los azules también se difuminó y de nuevo el partido se fue a esa aburrido lugar de la tierra de nadie.

Los cambios de Quique ayudaron a enderezar el partido. Sobre todo con la salida de Mario Suárez por Raúl García. Personalmente creo que quitar a Raúl García del campo sin sacar a nadie en sustitución hubiese bastado para mejorar el juego pero Mario Suárez no lo hizo nada mal. Quizás sea sólo una errónea percepción basada en la comparación con el que estaba pero esa es la sensación que me queda. Elias salió en esa posición en la que nunca ha jugado pero en la que Quique, que es más listo que nadie, se empeña en ponerlo y como suele ser habitual no hizo nada. Desaparecido en la creación, torpe en defensa y perdido en la combinación. Pero claro, estamos en el reino del revés y como tal, pasado el minuto 80 un gran pase de Forlán y un gran desmarque de Elías hacen que el brasileño realice un gran remate de cabeza que suponía el empate.

Faltaba tiempo para ganar el partido y el Atleti fue a por el. De hecho, confirmando la estancia en el reino del revés, Quique decidió prescindir de uno de los dos medio centros y colocó a Elías en el centro (¡¡es-cán-da-lo!!) pero era demasiado tarde y el cansancio, las prisas y la falta de costumbre hicieron que el marcador se quedara como estaba (aunque el Getafe pudo decidir en un gran remate de Parejo y mejor parada de De Gea).

El final de temporada va a ser muy largo.