Lo del palco si, lo del césped no (At. Madrid 4 - Levante 1)




Me contaban hace una semana en Valencia el caso del Levante. Un equipo que tras su conversión en sociedad anónima deportiva fue maltratado por sus “legítimos” dueños hasta llevarlo de forma imparable hasta una situación insostenible con una deuda asfixiante que lo acercaba de forma lamentable a su desaparición. ¿Les suena? Supongo que si porque es el pan nuestro de cada día en esto del fútbol profesional que se inventaron hace años. Sin embargo el Levante se diferencia de sus colegas de “fiesta” en que su modesta, poco numerosa pero fiel parroquia son ahora los dueños del club. En un ejercicio sin precedentes en nuestra liga un grupo inversor se hace con las acciones que dejan los “legítimos” dueños del pufo y tras algunas argucias legales consiguen que el mayor porcentaje de acciones del club estén en posesión del propio club, de sus socios. De sus legítimos dueños. ¿Les suena? La nueva gerencia, que no está compuesta por sauditas ni indios ni magnates del petróleo, no prometía fichajes de renombre ni presentaciones espectaculares, ni títulos que nunca habían tenido. Lo que prometían era gestión. Nada más. Creían en el club y su viabilidad y prometían que a través de una gestión digna y honesta conseguirían dos cosas: eliminar la deuda y recuperar la dignidad histórica del club. Ahí tienen al Levante con una deuda menguante, una afición más cerca que nunca de su equipo y siendo el equipo revelación. ¿Les suena? Lamentablemente no. Aquí seguimos creyendo en la fe de AS y MARCA.

Dicho esto, tenía mucha ganas de ver la propuesta deportiva del equipo valenciano por aquello de que se rumorea con el nombre de Luis García para ocupar el solicitado banquillo colchonero pero mi decepción ha sido mayúscula. Si esa es la opción que se busca para el Atleti yo me bajo. Si después de diez años no hemos aprendido que lo que puede valer para Albacete, Osasuna o Mallorca no vale para este equipo y si después de diez años de sopor en el Calderón no hemos desechado para siempre el concepto de fútbol rocoso y virulento que no lleva a ningún sitio (a no ser que los árbitros protejan tu opción como bien saben nuestros vecinos) es que no hemos aprendido nada. No he visto jugar al Levante esta temporada más que contra el Atleti así que no puedo (ni quiero) extrapolar categóricamente y por ello es fácil que esté equivocado pero si esta, la que hemos visto esta tarde en el Levante, es la propuesta que buscan en la dirección deportiva fantasma que dirige nuestro club, dan ganas de echarse a llorar. El problema es que ya no me quedan lágrimas.

El partido comenzaba con un Atleti retocado por las ausencias que a pesar de las carencias trataba de llevar la manija del partido desde el primer minuto, propuesta loable que el Lenvante contrarrestó con patadas, codazos, amenazas, desmanes y esa forma tan jovial de llevar las cosas al límite para cortar el ritmo que se ha puesto de moda. Ya saben, lo que hace el engrudo Mourinho con la aquiescencia del gremio colegial pero con la diferencia de que el trencilla de hoy, malo de solemnidad, sabía que en ninguno de los banquillos había iluminado portugués alguno y por tanto los desmanes viriles del Levante tuvieron alguna que otra tarjeta de premio. Aun así el objetivo estaba cumplido. No había ritmo, ni circulación ni posibilidad de crecer. Afortunadamente para los madrileños la enésima falta al Kun en el borde del área era lanzada de forma magistral por Elías abriendo el marcador y aliviando las conciencias. El brasileño ha estado mejor de lo que acostumbra pero me sigue pareciendo un jugador mediocre, de aporte muy pobre al que no le veo el sitio en este equipo. Seguro que Cerezo tiene razón (porque habría de dudarlo) y algo debe tener Elías pero sigo sin verlo. En la banda contraria Juanfran se mostraba mucho más, participaba de forma más vertical, se le veía con más presencia pero no termina de romper y aunque no completó un mal partido sigue generando dudas su precio y la forma en la que lleguo. Una pena. Si Juanfran fuese un canterano, alguien que ha venido gratis o a buen precio en verano, nos parecería un buen jugador pero así, más la ayuda del entrenador, avanza con una nube de duda sobre la cabeza difícil de quitar.

El Atleti volvió a la tradicional caraja post-gol a favor que lo hace dedicarse a defender en la frontal del área, algo que habíamos abandonado en los últimos partidos pero que como Raúl García ha vuelto en la tarde de hoy. Seguramente que no sea casualidad. La labor del navarro no es que sea intrascendente sino que es incluso perjudicial. No está donde tiene que estar y donde si está no hace nada con lo que provoca el desconcierto de sus compañeros. Sinceramente creo que Raúl García no puede ser tan malo como parece y probablemente todo sea un problema de cabeza y autoestima provocado por asignarle una expectativas y un rol que nunca debería haber sido el suyo. Lo que está claro es que es un problema enquistado. A su lado un Mario Suárez que cada vez es mejor pero que paradójicamente al filo de la primera parte tuvo un error que provocaba un claro penalty en contra que transformaba Caicedo poniendo el run-run en la grada.

Poco duro sin embargo el run-run porque Agüero sigue estando con nosotros y a base de fuerza, fe y calidad volvió a ponernos por delante al poco de reanudarse el partido tras un tiro lejano recogiendo el propio rechace de una una jugada previa suya. A partir de ahí el partido entró en un terreno más apacible donde el Levante, esta vez si, trató de jugar al fútbol pero en el que el Atleti consigió arrebatarle el balón y ser mejor. Hubo alguna llegada de peligro de los blaugranas pero el gol parecía más fácil del lado madrileño como así ocurrió en el minuto 70 tras otro claro penalty en la misma área que transforma de nuevo Agüero.

Con el partido resuelto tiempo para las anécdotas como la salida de Forlán (anécdota sin gracia), la salida del canterano Noguera (muy esperanzadora) o el gol en propia puerta de Munúa.

Seguimos a las puertas (traseras) de la Europa de los pobres. Como decía un compañero con esa ironía que los periodistas nos son capaces de entender: “grande este Atleti sexto”.

Mundo al revés (RCD Español 2 - At. Madrid 2)




El mundo está revuelto. Mientras se suceden extrañas guerras con extraños combatientes y extraños ganadores y vencidos, mientras la economía se mete por los poros de la razón para pudrirlo todo y el mar se infecta de cosas que todavía nadie conoce, en la liga española aparecen fenómenos extraños dignos de poltergeist. Por un lado el “señorial” Real Madrid jugando como el Racing (Guti dixit), planteando un partido rastrero, ruin y chavacano o lo que es más bochornoso, celebrando con éxtasis un empate en casa pero por el otro el Atlético de Madrid saliendo a ganar, haciendo un generoso y encomiable derroche físico, tratando de jugar al fútbol y llevando la voz cantante. Sólo hay dos cosas que permanecen inalterables: la podredumbre de la prensa oficial capaz de tragar toda la mierda que haga falta con tal de que el equipo de “las mocitas madrileñas” parezca lo que no es y el indescifrable talento de Quique Sánchez Flores.

Entretenido partido con demasiados errores, periodos de correcalle y bastante mala suerte pero que en general mostró esa cara del equipo que ha surgido en las ultimas jornadas y que es bastante más potable de lo que se recordaba por este lado del mundo. Desde que a Quique le de por cambiar todo menos el doble pivote parece que las cosas con Tiago y Mario Suárez tienden a parecerse más a un un centro del campo decente y aunque se intuye que el estilo que trata de imponer tiene poco que ver con el toque y la elaboración una cosa es no abusar del balón y otra despreciarlo. El Atleti espera (aunque hoy más presionante y en ocasiones más arriba) y sale en vertical pero ya no parece ser alérgico a esa cosa redonda que se mueve por el césped. El Atleti juega, para cuando hay que parar, tiene el balón cuando lo tiene que tener y lo lanza en largo cuando lo tiene que largar. No hace falta hacer lo que el Barcelona para jugar al fútbol.

El partido comenzó con brío y con un golpe de suerte que aprovecha Koke, un jugador que sin tenerlo fácil está haciendo una microtemporada digna de consideración. Entrando en un equipo terminal y en una posición que no es la suya el canterano aporta dinamismo, fuerza, alternativas, salidas y un desconocido olfato de gol. Me da que va a ser una apuesta segura en el futuro. Un mal despeje en el área del Español hace que el balón llegue a los pies de Koke para no desprovechar la oportunidad. El gol dejó un tiempo noqueado a un Español espeso y algo perdido mientras mantenía un Atleti serio y ordenado que daba la sensación de poder terminar el partido. Los catalanes encallaban en la red madrileña y las salidas en largo de Reyes, Agüero y Costa eran siempre peligrosas. Sin embargo los colchoneros no culminaron ninguna jugada y eso en el fútbol se suele pagar. Especialmente doloroso fue un buen pase en largo cazado por el Kun que le deja solo delante del portero en carrera pero que la mala suerte y una buen ajuste defensivo españolista hizo que la pelota se marrara. El Atleti simultaneaba jugadas sin terminar con incomprensibles fallos defensivos que sin ser garrafales mermaban la seguridad y creaban incertidumbre. Por ahí se coló Español en las postrimerías el primer tiempo en el que un pase a la espalda de la defensa madrileña es aprovechado por un rápido Osvaldo que se vuelve a ir de Perea (ya lo había hecho varias veces) en cuya pierna da el remate del españolista para despistar a un De Gea que no puede hacer nada para evitar el gol. Con un injusto empate a uno se marchaban los equipos al descanso.

La segunda parte reprodujo en diez minutos lo acontecida en la primera: misma intensidad, mismas virtudes, mismos errores. A los pocos minutos la presión colchonera hace que un pase atrás del Español sea robado por el más listo de la clase, el Kun, para delante del portero hacerle una vaselina prodigiosa. Se ponían bien las cosas para el Atletico pero de nuevo poco después un error en la presión y un desajuste defensivo hace que Osvaldo empate con un gran remate de cabeza que eso si, hay que decirlo, estaba en ajustadísimo fuera de juego y no debería haber valido.

A partir de ahí el partido fue una delicia para el espectador y un tormento para los entrenadores al convertirse en un entregado duelo de ida y vuelta donde sin embargo el equipo madrileño pareció llevar la voz cantante pero sin llegar a poder rematar. Destacar el gran derroche físico de ambos equipos pero especialmente en el lado colchonero puesto que no es algo a lo que estemos precisamente acostumbrados. Destacar también, como no, la enésima “genialidad” del talento de Sánchez Flores que nuevamente se acerco a la invención del balompié haciendo aquello que el resto de la faz de la tierra jamás haría. Primero poniendo a Raúl García en una banda cuando Koke tuvo que abandonar el campo en la primera parte. Incomprensible de todas luces como además demostró el esforzado aporte del navarro que en su línea resto más que sumó. Voluntarioso en la carrera y en la protesta, inútil en todo lo demás. No contento con ello y cuando quedando diez minutos el Atleti necesitaba ese aporte extra para intentar mover el marcador Quique decide retirar el segundo delantero para colocar a Reyes (de los mejores hasta entonces, inédito a partir de ahí) por detrás de Agüero. No si sé el motivo del cambio responde al vanguardista talento de nuestro entrenador o a que el mismo pensaba que un empate era un buen resultado pero no sé tampoco cual de las dos razones me espeluzna más.

Empate que perfectamente podría haber sido una victoria y que nos deja a las puertas de la puerta de atrás de las competiciones europeas. Para algunos el sitio natural de este “nuevo” atlético de madrid. Para mí algo que sigue sin quitarme el sueño.

La Cena




Es difícil encontrar un ser humano que en algún momento no tuviese que pasar por la terrorífica experiencia de tener que organizar/asistir/rechazar una cena con un montón de gente heterogénea involucrada. Reuniones de antiguos amigos con pareja, reuniones familiares, reuniones del colegio, compromisos... cualquier cosa. Una vez me dijo un profesor que las personas puestas en una situación concreta en mitad de un encrucijada con otra gente alrededor tienden a actuar siempre de la misma manera y que según esa particular forma de entender la sociología humana es fácil clasificar fácilmente a la gente por los tipos que aparecen a la hora de organizar por ejemplo una cena.

La figura más reconocible es la del organizador, la persona encargada de decidir, buscar, poner de acuerdo a la gente, llamar y concretar. A veces es uno a veces son varios pero incluso en este caso es un figura reconocible. El organizador puede serlo por poseer unas extraordinarias dotes naturales de mando, por tener algún interés personal en hacerlo, porque directa o indirectamente ha sido elegido por el resto de participantes para tal menester o simplemente (y ocurre mucho) porque a pesar de no tener ninguna gana de desempeñar esa función el paso atrás de los demás y la ilusión de cenar con todos le hace ocupar a regañadientes tan ingrata posición.

La segunda figura esencial es la del comensal a secas. Alguien que en general no mueve un dedo por organizar la cena y se adapta a lo que se esté cociendo. Dentro de esta categoría existen varios tipos muy diferentes que van desde el que no tiene un segundo de tiempo libre y por tanto delega en alguien de su confianza sin poner pegas al que directamente le le da igual la cena pero está metido en ella más por inercia que otra cosa, pasando por ese tipo de ser humano tan común hoy en día que es el que simplemente va donde va Vicente. Es la categoría más numerosa y heterogénea pero a pesar de las distintas motivaciones tienen en común el no dar problemas y en contra de lo que pudiera parecer tienen también una influencia esencial básicamente porque si no van, no hay Cena.

La clave sin embargo está en la tercera categoría, la del tocapelotas, la de los que no hacen nada, no ayudan y no aportan nunca algo positivo pero que se pasan la vida molestando, criticando, valorando y denostando la labor del organizador. Es esa persona que de forma intransigente impone una infinita lista de posibilidades por las que no está dispuesto a pasar pero a la vez es incapaz de decir de forma clara y concreta un sitio donde querer ir o el tipo de comida que quiere tomar. Por supuesto jamás tomará los mandos de la aventura (ese no es el problema) y generalmente nunca practicará su labor destructiva de forma directa y a la cara. Es al que todo lo parece mal y que de forma subrepticia (o no) se pasa la vida criticando desde la montaña al que se mancha los pies en el barro. Este tipo de personaje puede ser desde un pobre desgraciado que busca sin mala intención sus cinco minutos de gloria, un retorcido que básicamente no quiere ir a cenar, no se atreve a decirlo y que además no quiere que nadie cene sin él o lo que es peor, alguien que tiene algún tipo de interés personal en que La Cena no se celebre. Sin ser algo que sume es sin embargo la categoría clave para determinar el éxito de una cena. Si es capaz de permanecer aislado será superable y anecdótico. Si es capaz de influir a los comensales para confundirles, asustarles o desmotivarles, la Cena nunca se llevará a cabo.

Pongámonos en el caso colchonero. La Cena es evidente que se trata de acabar con la actual gestión colchonera, una cena a la que no conozco un sólo colchonero que no quiera asistir. He escuchado miles de versiones de como habría que hacer las cosas para que cambie el actual estatus pero no he escuchado una sola voz (salvo la de los protagonistas y algún mamporrero de la prensa mamporrera) que diga en voz alta que lo mejor para el Atleti es que siga como está. Es por tanto una Cena a la que todos estamos invitados... pero que nadie quiere liderar. Durante años y años se ha gritado desde las catacumbas por un ilustrado, notable, millonario, famoso, genio,... que pudiera ser bandera del movimiento pero ese señor no ha llegado. Se sigue reclamando pero dudo que alguna vez llegue y si llega estoy seguro que “tampoco” será del gusto de todos. De entre los muchos que estamos invitados a la cena por tanto nadie se ha erigido como capacitado para organizarla pero es que probablemente nadie de ellos lo esté o los que lo están no quieren hacerlo. Da igual porque el resultado es el mismo. A base de años y años de discutir sobre el sexo de los ángeles parece sin embargo que toda esa masa amorfa por fin acaba concentrándose sobre algo que no se sabe bien que es, que genera muchas dudas, que tiene fallos probablemente provocados por la falta de experiencia en estas lindes (y también por esa vomitiva labor destructora de los “notarios de la realidad”) pero que surge de la unión de fuerzas y por primera vez hace las veces de asidero y referencia. Sin embargo parece que esa solidificación de lo que antes era etereo provoca en algunos urticaria y un debate que antes no había. Cuando el sabio señala al sol el estúpido mira al dedo.

Lamentablemente me ha tocado estar estas dos semanas fuera de España y no he podido vivir in situ las manifestaciones (me duele especialmente haberme perdido el homenaje a Luis) pero siguiendo desde donde escribo esto la actualidad y leyendo ciertas cosas lo cierto es que dan ganas de llorar.

Señores invitados a la Cena tomen el mando si se ven con fuerzas, aporten restaurantes, propongan día, sugieran el menú, confirmen que van o simplemente esperen sentados a ver si el día, la hora y el menú elegido es de su agrado pero por favor eviten dar por saco. O digan claramente que no quieren asistir para saber de que lado están.

Definanse.

Insisto, La Cena es acabar de una vez con este tipo de gestión en el Atlético de Madrid y no otra cosa. Nada más. Nada menos. Al menos esa es la Cena a la que a mí me han invitado.

Out in the Space (At. Madrid 3 - R. Sociedad 0)



Por razones que no vienen al caso (y desde luego no por placer) estoy escribiendo esto desde algún lugar a las afueras de París. Me ha pillado fuera y no he visto el partido así que me parece sensato hacer comentarios sobre el mismo (y es una pena porque parece que ha sido de los buenos).

Tampoco he podido vivir (y bien que me duele) ni el homenaje a Luis ni la manifestación pre-partido así que ardo en deseos de saber que es lo que ha ocurrido. Lamentablemente para estas cosas no puedo recurrir a la prensa oficial así que tendré que esperar un poco más...

Doble cita






Si hay una persona en el universo colchonero que represente la esencia de lo que significa el Atlético de Madrid, ya saben, esa curiosa forma de ir a contracorriente, de no elegir la opción fácil, del orgullo, del resultar incómodo por defender lo que crees, de creerse ganador viajando en la cabeza o en el furgón de cola, de mirar a los ojos, de hablar a la cara… ese es Luis Aragonés.

Este Domingo los atléticos proscritos dan un homenaje al atlético proscrito por excelencia y yo no me lo quiero perder.


 

A renglón seguido, nunca mejor dicho, está convocada también la primera manifestación de “Atléticos por el Cambio” que espero supongo en inicio de algo grande.

Atlético, el Atleti te necesita.

Entrega gratuita y corazón (Osasuna 2 - At. Madrid 3)




Diego Costa apareció en el universo colchonero por la puerta de atrás. Tras varias cesiones y casi sin querer esté año se quedó en el Calderón con muy pocas posibilidades de jugar pero las lesiones de los dos de arriba hizo que saliese en el once inicial cuando nadie lo esperaba y el brasileño respondió con entrega y goles. Costa no es un excelente jugador, no tiene una técnica depurada ni posee un instinto depredador. Eso lo ve cualquiera pero también cualquiera ve lo gran profesional que es. El extraño brasileño respondió el reto mejor de lo esperado y yo entonces lo dije y lo mantuve en los tiempos oscuros, Diego Costa es un jugador muy aprovechable para este equipo porque tiene algo que escasea MUCHO en él: entrega gratuita y corazón. Pero Quique es Quique (ya saben, tiene que inventar la rueda todos los domingos) y en el mejor momento de Costa lo condenó al ostracismo para el resto de la temporada, reservándole únicamente los minutos de la basura en los peores momentos. Mientras Forlán se agotaba entre mohínes y el infinito intelecto de Quique se perdía buscando la cuadratura del círculo Diego Costa se sentaba en silencio en el banquillo. Hoy el Atleti ha ganado en Pamplona después de una década y lo ha hecho a pesar de Quique y gracias a la entrega gratuita y el corazón de un jugador como Diego Costa.

El bueno de Quique es tan mal entrenador como cualquier otro de los que hemos tenido en la última década atroz, de esos que tiene a bien fichar el inútil profesional de M. A. Gil. Es del corte de entrenador caduco, casposo, anclado en el fútbol espeso y áspero que se imponía a finales de los 90 y que ha desaparecido de los equipos de elite en todo el mundo a excepción de Atlético de Madrid y Valencia. Tiene tan poco fútbol y tan poca capacidad para dirigir un equipo con necesidad de mandar en el campo como los anteriores pero Quique es listo y además tiene muy buena prensa, dos características que lo hacen el entrenador ideal para el Atlético de Madrid de Miguel Angel Gil Marín. Listo para vender humo y burras de leche además de obedecer al amo sin que parezca que te estás bajando los calzoncillos y el talento verbal unido al pasado madridista que lo hace el amigo de los periodistas que jamás traicionarán a un compañero. Quique también tiene suerte.

La enésima alineación estúpida del incomprendido entrenador, esta vez en el Sadar, volvía a llevar la contraria a todo el mundo, algo que debe provocar el éxtasis en el ex madridista. Su enésimo ejercicio de entrenador colocaba a Raúl García, un jugador acabado para el Atleti, en la banda derecha, supongo que para reforzar esa banda de los todo poderosos Cejudo y Camuñas. Bien, todas las jugadas de peligro de Osasuna llegaron por esa banda ocupada por un García inútil y un López que no está para jugar de titular. A esto sumenle la absoluta necesidad de los madrileños de olvidarse del balón y de intentar jugar al fútbol (marca de la casa de Quique), la necesidad de defender con 9 jugadores a diez metros del área (marca de la casa de Quique) y un animoso rival que suele animarse más en su campo. De esa manera entenderán lo que fue la primera parte. El Osasuna, un equipo de tradición vertical, pareció por momentos la Naranja Mecánica si lo comparamos con este lamentable Atleti cobarde, alérgico al balón, de Quique y MA Gil. Los navarros fueron protagonistas en lo bueno y en lo malo. Los madrileños se limitaron a estar durante la primera parte.

A los quince minutos una de las miles de veces que los de Pamplona entraron por la derecha hacen que De Gea se tenga que emplear por tres veces con dos remates clarísimos desde el área que el madrileño saca de forma magistral. Porterazo. El Osasuna sigue jugando y el Atleti viendo jugar. A los 30 ya no perdonan y una gran jugada por la derecha de Osasuna (tras el enésimo olvido de Raúl García en la presión y la enésima llegada tarde de Antonio López) acaba en gol de Sola. Osasuna sigue jugando y el Atleti sigue viendo jugar. Aunque Quique siga revisando los vídeos del mundial de Francia para preparar sus partidos resulta que hoy por hoy hasta equipos como el Osasuna prefieren el balón incluso por delante en el marcador. Tener el balón no significa jugar como el Barça (hay que ser estúpido para pensar así) es preferir que no lo tenga el rival en tu campo, es intentar hacer algo con el y sobre todo es no despreciarlo.

Pero el fútbol es injusto y cuando estaba a punto de terminar el primer tiempo, cuando el Osasuna estaba en un fase de mayor tranquilidad, una diagonal de Diego Costa provoca un pase a la defensa navarra (mal colocada) que acaba en empate tras una magistral resolución del brasileño.

El gol debió espolear a los madrileños en el baquillo (no creo que fuese Quique que normalmente tiene el efecto contrario) porque la segunda parte fue otra cosa más parecido a un partido de fútbol con dos equipos. Los rojiblancos aumentaron un punto la presión y se fueron más arriba a ejercerla lo que desarboló a un Osasuna que resultó que cuando se les presionaba con intensidad no eran tan buenos creando fútbol. A los 15 minutos Reyes (sigue sin gustarme cuando juega de segunda punta) marró una clara oportunidad en boca de gol tras pase desde la izquierda pero dos minutos después un excelente pase de Raúl García (al Cesar lo que es del Cesar) de nuevo a la espalda de Costa hacía que éste pusiese el segundo en el marcador tras otra buena definición.

Con ello se iniciaban los mejores minutos de un Atleti desconocido. Intenso, tirando la presión en campo contrario, vertical, rápido y si repudiar el balón. La dupla Tiago/Mario Suárez parece que se consolida y otro gran pase del último de nuevo deja a Costa delante del portero para que el brasileño no falle. Hat-trick de un jugador que no sólo había metido tres goles sino que había vuelto loca a la defensa navarra, tirado mil diagonales y sido el primer ariete de la línea de presión. Gran partido del brasileño. En pleno acoso llegó también un dudoso penalty a Reyes que el utrerano decide lanzar y falla. Es fácil hablar a toro pasado pero parecía natural que lo hubiese lanzado el triunfador de la noche. No fue así y el error marcaba el final del buen juego Atlético y el inicio de los minutos de sufrimiento hasta el final. Sufrimiento que se amplificó con el absurdo (y claro) penalty de Tiago que marcaba Nekounman reduciendo distancias. De ahí al final el partido se convirtió en un acoso Navarro con más intención que resultados. Tan sólo los típicos errores en defensa de los madrileños pusieron algo de emoción.

La mediocre liga española hace que el Atleti siga aspirando a los puestos de la Europa de garrafón de los que todavía estamos alejados. Eso dice bastante del nivel de esta liga y también dice mucho del Atlético de Madrid, un equipo acabado, desestructurado y que necesita una renovación total en todos sus estamentos.