Orgulloso

At. Madrid 1 - FC Barcelona 1

Llevo ya unos cuantos años viendo fútbol en directo, los suficientes como para ser consciente de esa mutación artificial que ha sufrido la grada. Durante años he vivido partidos al lado, o muy cerca, de aficionados del equipo rival. Tipos de todos los signos, sexos y variedades que uno pueda imaginar. Tipos por los que a veces a veces he sentido empatía y otras me han sacado de mis casillas. Tipos que en cualquier caso siempre tenían el denominador común de sentirse emocionalmente emparentado con unos colores distintos a los míos pero ni más ni menos que yo. Aficionados al Oporto, al Celta, al Athlétic de Bilbao o al Aberdeen. También al Madrid y al Barça. Pero el fútbol, en su trayectoria hacia la galaxia, está cambiando también el color de la grada y mientras que aficionados al Real Burgos o al Elche dejan de tener sentido y desaparecen, el lugar privilegiado del balompié lo pasan a ocupar japoneses sonrientes y aturdidos que se enfundan la casaca blaugrana y vienen al estadio a ver el Baile de los Cisnes. Emocionados hermanos latinoamericanos que hartos de pasar penurias reúnen sus ahorros y los entregan a cambio de sentirse durante dos horas parte del rico y lustroso emperador que siempre gana. Preciosas jovenzuelas con el 10 de Messi a la espalda que se fijan en los peinados y que al inicio del partido preguntan en qué portería marca Neymar. Niños de Mostoles o de Usera que de la mano de un progenitor que ha decidido optar por la opción fácil acuden por primera vez a un estadio de fútbol con una senyera en el cuello, atraídos por el efecto placebo para la psique de ganar siempre o por el edulcorado sabor industrial del alpiste mediático que día tras día bombardea nuestros sentidos. Es injusto generalizar, habrás casos de todo tipo y estoy seguro que en algún sitio existirá alguien del Madrid o del Barça que sienta exactamente lo mismo que siento yo por el Atleti pero que no me engañen, no son legión. No son tendencia. No son la inmensa mayoría de los que ayer estaban en la grada del Calderón. No soy nadie para dar lecciones pero eso, para mí, no es ser aficionado al fútbol. Es otra cosa. Otra cosa que personalmente me parece triste y lamentable. Mi duda es si esa otra cosa acabará devorándolo todo.

La noche era muy calurosa pero ni eso ni la estupidez paleta y caciquil de colocar un partido oficial a las once de la noche hicieron que el ambiente se resintiese en absoluto. Los colchoneros teníamos ganas de encontrarnos para ver fútbol y se notó. Excelente entrada y excelente ambiente de gran altura. Partidazo. El encuentro comenzó aupado en ese colorido y el brutal sonido de una grada que mostraba su mejor versión. En el campo los rojiblancos asimilaban lo que venía de fuera y mostraban una concentración extrema. Un dibujo letal. Aferrados a su típico 4-1-4-1 de los encuentros importantes (sí, señores periodistas, acudan al campo y verán ese o a veces el 4-2-3-1 es el dibujo táctico del equipo y no el 4-4-2 que observan mirando la televisión) el Atleti dejaba jugar en una franja de 30 metros trazada unos pasos fuera del área grande. Un campo minado en el que cualquiera que pasase por ahí encontraría el aliento en el cogote de un par de atletas vestidos de colchonero. Enfrente, disfrazado en esa esperpéntica segunda equipación que por enésima vez trata de mezclar deporte y leyendas políticas, el Barcelona se parapetaba en su fantástico estilo de toque, pero lo hacía de forma estéril. No se sentía cómodo. La exhibición de presión, rigor táctico y ambición defensiva hacía que la mejor plantilla del mundo resultase lenta e inofensiva. Incapaz de hacer daño se limitaba a tratar de no perder el balón porque cada vez que lo hacía el Atleti salía desaforadamente a por la meta contraria. Los madrileños apenas combinaban, nada nuevo, pero ayer no era el día de empezar a hacerlo. A su evidente y denunciada aquí carencia de balón se le sumaba la dificultad de librar esa presión asfixiante que el Barça ejerce en campo contrario cada vez que pierde el balón. Aprendida la lección, los madrileños, cuando lo hacían, combinaban al primer toque, a veces con precipitación, pero siempre siguiendo lo aprendido en el vestuario. Salidas en largo de Miranda a Diego Costa y verticalidad a la hora de robar. El plan del Cholo se vio claro porque el equipo lo interpretó a la perfección.

Con ese guión apareció el primer golazo de Villa con la camiseta rojiblanca. Una oda al contrataque. La presión brutal de la zona medular hace que Koke robe el enésimo balón para sacarlo rápidamente a banda izquierda en la que Arda combina rápidamente con Villa que de primeras devuelve el balón en profundidad a la banda. El resto lo pueden ver en los resúmenes. De hecho deben verlo en los resúmenes porque es precioso. El turco cuelga el balón con la izquierda para que el Guaje empale el balón de volea y con la derecha haga el primero. El estadio a partir de ese momento estuvo en ebullición constante, un estado que maridaba perfectamente con la actitud que sus jugadores mostraban en el campo. Hasta el final de la primera parte el Barça jugó al ritmo que le imponía su rival incapaz de mostrarse como es. El Atlético, voraz como su entrenador, mordía cada vez que tenía ocasión y seguía enchufadísimo. Pudo hacer el 0-2 con otra gran combinación que Villa no acertó a rematar con claridad cuando ya encaraba la portería.

La segunda parte fue distinta, menos disputada y algo más aburrida por varios factores. El primero el gran desgaste físico sufrido en la primera parte que obligó a los del Cholo a tener que bajar el pistón. El Barça, con algo más de mordiente e intensidad, retomó algo las riendas del partido y obligó al Atleti poco a poco a jugar unos metros más atrás ya en la frontal del área y ahí sí, empezaron los problemas. Cesc sustituyó a Messi y dio mucha más fluidez al juego. Los de Martino seguían sin hacer ocasiones claras pero estaban más cerca y el Atleti robaba menos, muy atrás y cuando lo hacía perdía con demasiada facilidad el esférico. El partido era otro. Courtois tuvo que empezar a mostrar lo gran portero que es. Diego Costa y Villa estaban demasiado lejos. Turán y Koke empezaron a mostrar signos de cansancio. También apareció el árbitro para sumarse a la fiesta blaugrana. Hoy leerán que perdonó la segunda tarjeta amarilla a Busquets (o no, porque las Vedettes de la prensa chusca son capaces de inventar cualquier cosa) pero para mí eso no deja de ser una error de apreciación. Algo humano. Lo que no es humano es la actitud del colegiado con uno y otro equipo en esos minutos claves. Deslumbrado por el poder mediático del poderío Madrid/Barça el trencilla regañaba a unos y conversaba con otros. Las tarjetas de unos eran los “aquí no pasa nada” de otros. Las marrullerías de uno eran reprimidas para unos y sonreídas para otros. Eso no es casual. Eso no es un error humano. Eso es otra cosa. Con ese cocktail sobre la mesa empató el Barça. Enésima jugada trenzada en la frontal, basculación del equipo a la derecha, cambio de juego a la izquierda, llegada de Neymar al segundo palo y gol de cabeza. Desde mi punto de vista el balón viene demasiado bombeado como para que Juanfran no pueda defender de cerca a su marca. Error defensivo. También creo que Courtois tuvo tiempo de cerrar mejor el palo.

A partir de ahí Simeone cambió jugadores para ganar el partido pero no había fuerzas y la sensación era de que si seguían pasando minutos lo más probable es que el Barça volviese a marcar. Salió Óliver pero se vio superado por las circunstancias. Prácticamente no dio un pase bien y perdió todos los balones que tuvo. Es normal. Es un jugador en construcción y el partido era de altura. Quizás esto sirva sin embargo para tranquilizar a tanto histérico que reclama cargar al muchacho con la responsabilidad del juego del equipo.


Empate a uno que deja la final muy complicada (hay que ganar en Barcelona) pero deja también una gran sensación de equipo. Un equipo que da todo lo que tiene con generosidad y grandeza. Competitivo, ambicioso y serio. Un equipo del que sentirse orgulloso. Yo lo hago.

4 comments

cdelrui 22 ago. 2013 11:29:00

Pues si, D. Ennio, es para sentirse orgulloso.
Este equipo, con sus carencias, es un equipo honesto, sacrificado y muy competitivo, algo que hacía mucho que no se estilaba por estos lares.
Lástima, que a los de arriba no les de la gana retocarlo con las pocas, pero importantes, piezas que hacen falta.
Domar y dominar como hicieron anoche a uno de los mejores equipo del mundo no es nada fácil y aunque la eliminatoria está complicada (mucho menos complicada de lo que una legión de agoreros predecía), no dudo que el Cholo saldrá a competirla, dejándo al margen la especulación.

Buenos dias.

@rvpastrana 22 ago. 2013 12:39:00

Muy buen artículo, como de costumbre Ennio. Y totalmente acertado (lo comprobé en vivo, y toda la grada estaba encendida) en el doble rasero regañina/conversación que adoptó Undiano casi todo el partido.

Tim Siglo XXI Duncan 22 ago. 2013 13:29:00

Genial crónica, aunque yo el cansancio del Atleti le vi aparecer con el gol del Barça. Y perfecto sobre el arbitraje, lo de Busquets es una anécdota, no otro no.

magerit 23 ago. 2013 3:57:00

Orgulloso del equipo y de participar en este foro, una crónica para enmarcar.

Lección táctica del Cholo, un medio campo de oro, (Chavin Iniesta, Messi, Busquet), completamente anulado y superado, por el trabajo y el rigor táctico de los "Cholines".

No estoy de acuerdo con Tim Siglo XXI Duncan, y no lo digo por lo de Busquet, que también, sino por la doble vara de medir las faltas, las tarjetas y las advertencias, que usó para cada equipo.

En cuanto al partido de vuelta, pienso que está tan difícil o tan fácil como estaba la final de copa cuando fuimos a jugarla en campo contrario.

Saludos