¡FELIZ NAVIDAD!

Bendito sufrimiento

At. Madrid 3 - Levante 2

Tengo serias dificultades para deslizar los dedos por las teclas del ordenador porque todavía me tiemblan. Ese es el efecto que me ha dejado el Atleti-Levante de hace un rato. Por circunstancias de esas fechas tan señaladas en las que nos encontramos, no he podido acudir al Calderón y he tenido que ver el partido en un lugar público, precisamente en tierras levantinas. Reconozco que me dan tradicionalmente mucho miedo los partidos pre-navideños y me temo que ese complejo va a seguir vivo en mi interior, al menos otro año más. Son partidos raros en los que el equipo, al igual que yo, estamos tradicionalmente fuera de sitio. El Atleti hoy no ha sido ese equipo robusto, rocoso, impenetrable y mandón al que estamos acostumbrados. Lo ha pasado mal, ha mostrado destellos de zonas oscuras de las que ahora podemos hablar pero prefiero quedarme con otra cosa. Con esa forma de irse a por el partido sin reservar un átomo de esfuerzo. Con la cara de Godin tras marcar el primer gol. Una cara que me parece una fotografía excelente de lo que es ese equipo y de lo que es ese vestuario. Me quedo con el derroche físico brutal e inconsciente que más tarde pagarían. Y me quedo con el resultado. Una victoria, la enésima, que nos mantiene en lo más alto de la tabla justo antes de acabar el año y brindar por lo que dejamos atrás. El partido ha sido tenso y he tenido que masticar más nervios y tensión de lo que estaba previsto pero el sufrimiento sabe mucho mejor cuando vale para algo. Bendito sufrimiento. Bendito año 2013.

El partido empezó con sorpresa. El Levante de Caparrós salía al campo con un nivel de intensidad muy superior a los colchoneros, y eso son palabras mayores, lo que les permitió dominar con creces los primeros segundos. El equipo granota llevó la iniciativa, asustó con una primer acercamiento y silenció al estadio con un gran gol. No habían pasado ni dos minutos. El Atleti, poco acostumbrado a nadar en estas aguas, se quedó aturdido. Raro, muy raro, en el equipo de Simeone pero la realidad es que los rojiblancos parecían sonados y el Levante un equipo con las ideas muy claras. Se habían cambiado los papeles. Durante diez minutos ese fue el guión del partido y en el aparecían con inusitada intensidad muestras de nerviosismo, imprecisión y errores en una zaga, la colchonera, que llevaba meses rozando la excelencia. Gran trabajo de los de Caparrós que sin embargo, tengo la duda que si orientados por su entrenador o no, decidieron defender demasiado atrás echando el guante al equipo madrileño. Y ese fue su error. El Atleti, aupado en un orgullo y una ambición que no estaba aquí hace poco pero que ha venido con su entrenador, se fue a por el partido y aunque aparecieron signos evidentes de ansiedad, malo, junto a varias imprecisiones que podían haber resultado en un efecto letal, malo, desarrollaron un derroche físico y emocional fabuloso. Poco a poco fueron cerrando al equipo rival a base de empeño y fuerza y empezaron a sucederse jugadas de ataque, fundamentalmente a balón parado. Sinceramente es muy difícil no sentir empatía con el equipo que se vio en esos minutos. Muy difícil no sentirse colchonero en esos momentos, independientemente de lo que ponga en el marcador. A pesar de un Villa que cada partido que pasa está más cerca de ser una rémora que un jugador fundamental y a pesar de un Tiago que en estos partidos de entrega y derroche físico se pierde para aparecer vulnerable y fallón. Pero ahí estaban los demás, especialmente oh rey Arda Turan y sobre todos un Juanfran soberbio. Suyo fue el pase a la cabeza de Godin que el uruguayo  remató con el corazón para hacer el 1-1. El Atleti siguió empujando y Villa pudo haber dado la vuelta al partido antes del descanso pero los levantinos se fueron vivos al vestuario.

Pero duró poco ese empate. Al poco de volver al césped un balón colgado al segundo palo es empalado con la zurda de Diego Costa de forma imposible para hacer el segundo. Soberbio gol del hispano-brasileño que es evidente que no tiene límite. Hoy volvió a desesperar a la defensa rival y volvió a ser letal en el área. Ya no hay dudas de que en todo lo bueno que le pasa al Atleti en los últimos tiempos él tiene bastante culpa. Los de Simeone levantaron entonces el pie del acelerador. Era imposible mantener ese nivel mucho más tiempo y enseguida se vio que las reservas estaban tocadas. Que el equipo pagaría en algún momento las consecuencias. El balón seguía en campo levantino y la iniciativa parecía seguir correspondiendo al Atleti pero la chispa no era la misma. Algo completamente comprensible, por otro lado. Estoy convencido de todas formas de que el partido hubiese muerto de seguir con esa dinámica unos minutos más y que lo más probable es que hubiese llegado el tercero de los del Cholo más temprano que tarde pero lo que ocurrió fue algo casi inédito, un fallo de Koke, que propicio una genial cabalgada de XXXX para que de forma valiente se plantara delante de Courtois y resolviese de forma magistral. El Levante empataba y el partido se complicaba de manera importante. Casi insalvable. Los rojiblancos tenían el balón y querían atacar pero ya no tenían velocidad ni frescura ni fuerza. La cara de los jugadores mostraban evidentes signos de agotamiento y las ideas se agolpaban en jugadas demasiado previsibles. La cosa pintaba mal pero los jugadores siguieron buscando recursos donde no los tenían y siguieron mirando hacia delante, una de las premisas de Simeone: nunca girar la mirada. Siempre hay que seguir. Y siguieron. Y lo intentaron por izquierda y por derecha, hasta que llegó el enésimo pase diagonal a la espalda de la defensa valenciana que Juanfran recogió dentro del área. Es cierto que el defensor levantino llega tarde y lanza la pierna pero a mí, incluso viendo la repetición, me cuesta ver que eso sea penalti. Pero lo pitó y Diego Costa lo transformaba aupándose a lo más alto de la tabla de goleadores, aupando a su equipo al primer puesto de la clasificación por el camino. Los últimos minutos fueron de agonía extrema. De esa que no habíamos vivido esta temporada. El levante se fue a por un partido sintiendo que el marcador no hacía justicia a lo que había pasado (y tenía razón) mientras el Atleti se desangraba tirando de las últimas trazas de energía que todavía le quedaban. Pero lo consiguieron. Ganaron el partido y siguen invictos en casa.

El Atleti despedirá el año en lo más alto de la tabla, con un equipo compacto, robusto, unido y convencido de que puedan ganar a cualquiera, algo tan difícil de tener como maravilloso de disfrutar. Disfrutémoslo. Despidamos el 2013 como se merece y recemos para que el 2014 sea lo más parecido posible. Y ustedes disfruten de las fiestas navideñas y tengan una feliz entrada de año. Les deseo lo mejor.  

No ha pasado nada

At. Madrid 2 - Sant Andreu 1

Gracias a la proverbial negligencia de esa colección de burócratas que por alguna razón misteriosa rigen y dirigen los designios del Campeonato de España de fútbol (Copa de SM el Rey), el partido contra el Sant Andreu fue a las 19:30 de la tarde, lo que me impedía por completo acudir al estado. De hecho no pude ver el partido, más allá de algunos minutos del segundo tiempo bastante aburridos en el que se vislumbraba un equipo agotado y metido en su área, el catalán, defendiéndose de un puñado de jugadores profesionales que, cada uno por su cuenta, intentaban dar la vuelta al marcador. Vi el gol y la alegría contagiosa de Hector (me imagino lo que me pasaría a mí si alguna vez metiese un gol con la camiseta del Atleti en partido oficial) y vi el segundo gol, in extremis, que estropeaba el sueño del equipo barcelonés pero no me veo capacitado para tratar de analizar el partido y mucho menos para sacar conclusiones. No lo haré.


Como tradicionalmente hacen los jugadores alemanes cuando pasan una ronda en mundiales o eurocopas, saludamos al rival, nos bajamos las medias, nos vamos al vestuario sin aspavientos y empezamos ya a pensar en el siguiente escollo. Todavía no ha pasado nada.

Objetivo evidente

At. Madrid 3 - Valencia 0

El cronómetro rondaba el minuto 90 y el marcador señalaba un contundente 3-0. Los signos de cansancio eran evidentes tras librarse esa batalla del segundo tiempo en la que el Atleti había pasado por encima del Valencia, quedándose en lo más alto de la tabla y empatado a puntos con el FC Barcelona. Sería natural que hubiesen aparecido entonces los primeros signos de relajación pero la realidad es que no aparecieron. Los jugadores reclamaban velocidad a los recogepelotas a la hora de devolver el balón y en el banquillo se podía observar la figura de Simeone requiriendo, con pasión, un cuarto gol que hubiese colocado al Atleti en el primer puesto de la clasificación. Una mera anécdota sin valor, cuando todos sabemos que los empates en liga de deciden por el computo particular entre los equipos empatados. Una anécdota que sin embargo está cargada de mensaje y de valor simbólico. El de la ambición desmedida que ha inculcado a equipo y club el entrenador. El de la entrega absoluta a la causa y el del convencimiento pleno de que no hay tiempo para bajar el pistón. Que sólo desde el esfuerzo extremo y el trabajo, sin especulación, llegan los resultados. El periodismo ilustrado vio también la imagen pero ellos, confundidos por ese grano en el culo que les ha salido para alimentar el duopolio mediático, lo interpretaron, como siempre, a su manera. Para los notarios de la realidad la imagen de Simeone era una prueba “inequívoca” de que eso del “partido a partido” es una filfa y que el Cholo quiere ganar la liga. A ver, señores periodistas, ¿Cuándo ha dicho Simeone que no quiera ganar la liga? ¡¡Por supuesto que quieren ganarla!! Es que la pregunta nunca ha sido esa. Las preguntas, cocinadas siempre desde el punto de vista de ese supuesto aficionado “típico” y artificial que ustedes han fabricado, son bastante más sibilinas y únicamente tienen la intención de desestabilizar. A ustedes, señores periodistas de éxito, les importa una mierda analizar con rigor el discurso de Simeone por la simple razón de que no encaja en su guión ya establecido y su colección de platos precocinados que es lo único que saben vender desde hace ya demasiado tiempo. Si ustedes le preguntan a Simeone (o a cualquiera de sus jugadores o a mí) si son candidatos a ganar liga le contestarán (le contestaré) que el reto, a día de hoy, por lógica, es ganar el siguiente partido. Contestar otra cosa sería en el mejor de los casos una estupidez. Pero si ustedes le preguntaran a Simeone (o a cualquiera de sus jugadores o a mí) si quieren ganar la liga, le contestarían (le contestaría) que sí. Sin dudarlo. Si no son capaces de ver la compatibilidad en todo esto es que su problema de capacidad es incluso peor de lo que parece.

El enésimo partido del Atleti en el Calderón resuelto con goleada tuvo sin embargo truco. No fue precisamente fácil. Aterrizaba en el Manzanares un equipo al que hacía varios años que no se ganaba en liga. Ni dentro ni fuera del propio estadio. Lo digo porque últimamente, incluso en el Atleti, tendemos a olvidarnos muy pronto de las cosas. El Valencia es un histórico en horas bajas que atraviesa un episodio de terror, de esos que a nosotros nos son tan familiares. Con una plantilla menguada con respecto a otros cursos pero aun así, objetivamente, una de las mejores de primera división. También con uno de esos entrenadores crecidos, cuya obsesión por correr más de la cuenta y merendarse la cena le han perjudicado convenientemente. Pero el conjunto levantino salió bien al césped. Conscientes del nivel del partido, asumiendo su papel de no favorito, optó por construir el futuro a partir del rigor táctico, la intensidad y sabiendo que dejar pasar el tiempo con 0-0 corría a su favor. Y lo hizo. De hecho durante varios minutos tuvieron el balón y metieron al Atleti muy cerca de su área. Sin profundidad de cara al gol pero jugando bien, ocupando bien el campo y tapando perfectamente al rival. El Atleti consiguió recuperar el balón relativamente rápido pero no era capaz de hincar el diente al bien estructurado equipo che. Un equipo, el valenciano, que acumulaba jugadores en el centro del campo y obligaba a los colchoneros a sobre elaborar las jugadas hasta perderse en filigranas estériles. También fueron muy hábiles de los de Djukic para parar el ritmo del partido cada vez que los colchoneros intentaban acelerar. Apenas hubo ocasiones en toda la primera parte en la que el equipo levantino salió reforzado y los de Simeone no atinaban con la forma de abrir el partido y llevar el juego a su terreno.

Pero la segunda parte fue diferente. Simeone había visto que el Atleti, en su intento desesperado por marcar, había estirado demasiado las líneas y estaban jugando muy separados. Fue la primera receta mágica que hizo cambiar las cosas. La segunda fue la de aplicar un poco más de intensidad. Recurriendo entonces a la marca de la casa, equipo junto y ritmo, los rojiblancos se dedicaron a jugar casi exclusivamente en campo contrario, a abrir el campo por las bandas, a estar mucho más activos arriba y a empezar a llegar con peligro. También empezó el recital de Diego Costa, un jugador superlativo que sin dejar de hacer lo que ya antes hacía bien, incorpora cada día nuevos recursos a su repertorio. Está de dulce y a estas alturas, por méritos propios, es ya un delantero de talla mundial. Tremendo jugador. Y como no, suyo fue el primer gol. Simplemente recogiendo un balón en el centro del campo, llevándolo en eslalon vertical hasta el área y empalándolo para, casi sin ángulo, meterlo en la red (con ayuda del portero rival, para mi gusto).

Todos sabíamos que en cuanto el Valencia, un equipo muy tocado anímicamente y con grandes dudas en sus propias posibilidades, recibiese el primer gol se acababa el partido y así fue. Afortunadamente éste llego avanzada la segunda parte porque de otra manera, estando además como está el Atleti, el resultado podría haber sido de escándalo. Más todavía. Simeone decidió enseguida sustituir a Villa por Raúl García. Solamente a través de ese respeto reverencial que el Cholo tiene por los códigos de vestuario se puede explicar que el navarro no sea titular a estas alturas y si lo sea Villa. El Güaje no está. No creo que sea un tema físico (se le ve bien) sino de chispa. De inspiración. No está. No se va de nadie y no le sale nada. Creo que merece un poco de banquillo y creo además que le vendría bien. En el otro lado está Raúl García. En estado de gracia. Nada más salir aprovechó un rechace en el área para hacer el segundo. El tercer gol vino de nuevo de la mano de Diego Costa que seguía en su empresa personal por demostrarle al mundo lo que es. Primero marró un penalti que pareció haberlo dejado tocado como si su error le privara al Atleti de ganar la Copa de Europa. Es tremenda la ambición que tienen hoy en día los jugadores que llevan la camiseta del Club Atlético de Madrid. Pero el hispano-brasileño siguió intentándolo hasta que llegó un segundo penalti. Simeone dijo que lo lanzara Raúl García pero los jugadores, haciendo gala de esa comunión verdadera, esa fortaleza anímica que les hace ser equipo por encima de jugadores, decidieron que era Diego Costa el que tenía que lanzarlo. Y lo hizo. Y metió el 3-0. Y el equipo salió reforzado.

Suma y sigue. A falta de tres jornadas para terminar la primera vuelta seguimos en lo más alto con las señas de identidad intactas y dando una imagen de poderío y seriedad que me hace sentirme muy orgullosos de mi equipo. Por supuesto que queremos ganar la liga pero el objetivo es evidente: partido a partido.

Objetivo intacto

At. Madrid 2 - FC Porto 0

Entiendo que, como un lícito ejercicio de análisis periodístico, se produzca el debate mediático sobre las posibilidades reales de este Atlético de Madrid dentro de las competiciones que disputa. El problema es que no lo veo. Lo que veo es un ejercicio de filibusterismo, rancio y nauseabundo, para tratar de sacar al cuerpo técnico del equipo (y por ende a su entorno y sus aficionados) lejos de su estable zona de confort actual. Obligar a entrenador, jugadores y aficionados a posicionarse respecto a objetivos concretos, que en cualquier caso no dejarían de ser un ejercicio de adivinación esotérica, es una trampa mortal para desguazar al que no tiene porque ser desguazado. Al que hace su trabajo sin meterse con nadie. Si el objetivo fijado es bajo será un cobarde o un hipócrita. Si el objetivo fijado es alto sería un fantoche, un fracasado cuando no lo consiga y sobre todo ya no tendrá sentido quejarse por el camino de una competición injusta y adulterada, fabricada por y para dos. Es fácil deducir, por las portadas, los tratamientos y el ejercicio diario de su profesión, que algunos de estos notarios de la realidad, los más poderosos, piensan que el aficionado al fútbol en imbécil y probablemente también muchos de nosotros, con nuestra forma de asimilar el alpiste o nuestro quehacer diario, les damos la razón, pero eso no cambia la repugnante realidad. Cuando en tiempos no tan pretéritos el ínclito presidente colchonero hablaba de que el objetivo del Atleti en Champions era “hacer un buen papel” no recuerdo asistir a ningún debate, nocturno o diurno, respecto a qué narices significaba eso. Será porque todos teníamos muy claro que eso significaba algo así como “hacer lo que se pueda en una competición que nos viene grande y no es para nosotros” y que eso coincidía con el papel que el Establishment ha concedido formalmente al Club Atlético de Madrid. Por eso resulta ahora mucho más chocante que los líderes de la información deportiva, lo que quiera que eso signifique, se tiren de los pelos cuando escuchan a Simeone decir que el objetivo es competir. Intentar ganar todos los partidos de uno en uno. ¿Existe alguna duda de qué significa eso?  Hay que ser muy retorcido y muy rufián o extremadamente estúpido para no querer entenderlo. Pero afortunadamente el Cholo y su mundo vive en una cápsula acorazada frente a majaderos y manipuladores y podemos decir con orgullo que finalizada la fase de grupos el objetivo sigue intacto.

Era una pena ver un Calderón semi vacío en el último partido de la primera fase de la Champions jugándose un Atleti-Oporto, pero la realidad era que el único equipo que se jugaba algo era el portugués, así que bendita pena. La gélida noche tampoco acompañaba demasiado por lo que es fácil entender que el partido comenzara un poco frío a pesar del nutrido grupo de aficionados lusos que estaban en el campo, principalmente en el fondo norte, pero también repartidos por todo el estadio. Simeone sabía que el Oporto se jugaba la vida y que necesitaba ganar para pasar a la siguiente fase de la competición así que los de Fonseca tenían que abandonar su tradicional forma de jugar, compacto atrás para salir a la contra, y tener que llevar la iniciativa del juego. El argentino preparó al Atleti para ello y se lo puso "fácil" al rival. Cediendo el balón, defendiendo en formación de 4-1-4-1 fuera del área, muy juntos y esperando al rival. Y así, simplemente con un ajuste táctico, desarbolo a un equipo, el portugués, que se siente muy incómodo con el balón. Incomprensible, viendo los jugadores que tiene, pero cierto. El remozado Atleti, con toda la defensa cambiada y Óliver torres escorado en banda en línea de tres cuartos, se limitó básicamente a repetir los mecanismos que los jugadores tienen interiorizados para defender y con eso le bastó. Los dragoes pudieron ponerse por delante en el marcador, con balón colgado al área que remataron al larguero en uno de los varios errores defensivos que tuvieron los rojiblancos (aunque de los pocos que normalmente tiene Miranda), pero la diosa fortuna normalmente su junta con los que ganan y ahora está con el Atleti. De hecho creo que algo tuvo que ver también cuando poco después vimos a Raúl García girarse tras recibir el balón en un saque de banda y sacarse un zurdazo, casi sin ángulo, que se cuela por la escuadra del Oporto haciendo carambola con los postes. El gol es espectacular y encumbra a un Raúl García que, merecidamente, escuchó corear su nombre al mismo estadio que hace poco lo pitaba, pero para mí el portero tiene bastante culpa también.

El equipo tripeiro, hasta entonces demasiado reservón para mi gusto, estiró un poco las líneas y trató de ir un poco más a por el partido pero tampoco fue una cosa exagerada. Más bien todo lo contrario. No daba la sensación de ser un equipo jugándose la vida. Aun así, dominaron la pelota y el partido y tuvieron varias oportunidades de marcar. Primero con un remate al larguero, después desperdiciando un penalti absurdo de Aranzubia (de serlo, porque en el campo resultó tan raro que no puedo saber si fue o no fue) que él mismo se encargó de neutralizar (ayudado en parte por lo mal que lo tiro Josué) y finalmente con otro tiro al poste  tras rebotar el balón en Alderweireld. La sensación es que el Oporto no había hecho mucho para merecer más pero si repaso lo que acabo de escribir veo que dice tres tiros al poste  y un penalti fallado, así que lo mismo mi percepción no es muy correcta.

Y entonces apareció Oliver. Puesto en el disparadero por periodistas lumbrera, de esos que se pasan la vida quitándose la pelusilla del ombligo mientras buscan la siguiente bomba demagógica a la que agarrarse, salió muy nervioso al campo, impreciso y nervioso. Falto de confianza. No me extraña. Pero el canterano, sin hacer un gran partido, se repuso al ambiente viciado (buen síntoma) y aportó en el equilibrio táctico (su principal talón de Aquiles) dejando tiempo de paso para alguna genialidad como el pase a la espalda que habilita a Diego Costa para que el hispano-brasileño hiciera ese segundo gol con el que los equipos se marchaban al descanso.

La segunda parte fue soporífera. Un frío cada vez más pesado en la grada, un Atleti con menos tensión que un banco del Retiro y un Oporto que poco a poco se daba cuenta de que no era equipo de Champions. Los lusos no estuvieron a la altura en ningún momento y deberían entender como un fracaso no clasificarse en un grupo en el que el Zenit pasa de ronda con seis puntos.


Lo dicho, objetivo intacto. El lunes sabremos quién es el siguiente rival que puede variar entre cocos como el Manchester City, históricos como el Milán o supuestas peritas en dulce como Olympiakos, pero yo en esto, una vez más, estoy con nuestro entrenador Don Diego Pablo Simeone: “toque quién toque no nos creemos mejor que nadie”. Tampoco peor, añadiría.        

Monólogo

Sant Andreu 0 - At. Madrid 4

Ocurrió lo que tenía que pasar. Lo que dictaría la lógica, si es que la lógica tuviese algo que ver o imperase en esto del fútbol. Lo que todo el mundo imaginaba que ocurriría pero también lo que no siempre ocurre. En el Atleti, precisamente, desde la vuelta a la primera división éramos grandes expertos en desafiar a la lógica y en alimentar con realidades los sueños de los equipos modestos que tenían la suerte, en el doble sentido del término, de enfrentarse contra el equipo madrileño. No hace falta echar la vista muy atrás para comprobarlo. La actual etapa gloriosa y envidiable del conjuntó colchonero comenzó sobre las cenizas de la enésima humillación sufrida en el campeonato de España de manos de un Albacete, que entonces militaba en segunda B. Tiempos de entradores pequeños que pensaban en pequeño, puestos ahí por una dirigencia indirigente que atendiendo a las necesidades de perfil bajo que manejaban, dilapidaban la historia, ensuciaban su esencia y destrozaban el espíritu rojiblanco. Pero esos tiempos, que ahora nos parecen tan lejanos, han quedado atrás afortunadamente. Tirando de lo que quedaba de esa centenaria esencia y a base de trabajo, el Cholo Simeone ha conseguido devolvernos con creces todo lo que se había perdido en el camino, para enseñarnos en el campo una máquina de competir. Una apisonadora imparable e incómoda que no hace rehenes ni especula con la profesionalidad. Tenga a quién tenga delante. Sea la competición que sea.

El partido de esta tarde contra el histórico Sant Andreu, equipo centenario de uno de los últimos barrios que todavía siguen siendo Barcelona con más de cien años de historia y el tercero de la Ciudad Condal tras Barça y Español, ha sido un monólogo colchonero. De principio a fin. Aburrido por lo monotemático y desequilibrado. Sin historia, sin trama y sin ver en ningún momento que existiese una sola posibilidad de que el equipo catalán pudiera hacer algo. El Atleti no dio opción en ningún momento. La alineación del Cholo estaba plagada de cambios pero seguía resultando imponente a ojos de un segunda B y no de segunda B. Era esperanzador para los atléticos ver a Óliver junto a Arda en la zona de tres cuartos, algo con lo que muchos hemos soñado, así como tener la oportunidad de ver a poco habituales como Aranzubia o Manquillo. La salida de ambos equipos dejó claro lo que pasaría el resto del partido. El Atleti dominando, ocupando muy bien todo el campo sin bajar en ningún momento la intensidad que lo caracteriza, mientras el equipo “cuatribarrado” corría detrás del balón. A los pocos minutos Raúl García ya estuvo a punto de marcar con un remate desde dentro del área que un defensor consigue sacar a córner. Poco tiempo después un gran pase desde la izquierda de Filipe Luis y un despiste garrafal del lateral izquierdo del equipo barcelonés, defendiendo por detrás y a muchos metros a su marca, hacía que el propio navarro rematase de primera, poniendo el primero en el marcador. Sin abandonar las inmediaciones del área del equipo catalán en ningún momento, el Atleti siguió insistiendo para que pocos minutos después un pase de Koke a la banda, mientras salía de su portería el equipo rival, es recogido por Manquillo que con clase da el pase de la muerte a Arda para que ponga el 0-2 en el marcador. Llevábamos 20 minutos de partido y ya estaban resueltos el partido y la eliminatoria.

Y así hasta el final del partido. El Atleti bajó un poco el listón de la presión pero siguió dominando el encuentro y el juego lo que le bastó para que el rival no inquietase en ningún momento. Me gustaría destacar el partido de Manquillo que sin ser el mejor del equipo me ha parecido bastante bueno y deja muestras de lo que ya intuíamos. Que es un excelente lateral con una pinta estupenda. Desde mi punto de vista debería jugar más. El resto del equipo rindió a gran altura destacando por encima de todos el turco Arda Turan que hoy volvió a demostrar que no sólo es un jugador soberbio sino que además es especial. De esos que hace lo que otros no hacen en el momento en el que nadie lo imagina. Como punto negativo el flojo rendimiento de Óliver. Muy voluntarioso pero perdido y desacertado. Especialmente durante el balance defensivo en el que siempre aparecía blando y descolocado. No me gusta el cariz que está tomando este tema.

La segunda parte fue incluso más aburrida que la primera, con un Atleti cada vez más cómodo sobre el campo y un Sant Andreu que se apagaba como un fósforo gastado. Escenario que se vio amplificado cuando a los diez minutos de la reanudación Arda, otra vez, acaba en gol una obra de arte iniciada por él mismo, que tras taconazo de Adrián, conducción del propio Arda y otro taconazo de Raúl García, recoge el balón dentro del área para girar dentro del área como un Derviche poseído por la iluminación y hacer el tercero. Los cambios de Simeone pusieron a Diego Costa y Villa en el campo (reservar jugadores es de cobardes) para que éste último cerrase la goleada de la tarde con un cuarto gol que se fabrica por tesón, fe y el detalle de la blandísima defensa catalana que no atina a parar al delantero colchonero.


Eliminatoria resuelta. A pensar en otra cosa. Eso sí, se me hace muy difícil encontrar algo dentro de mi cuerpo que me anime a acudir al Calderón a morirme de frío en lo que será el partido de vuelta. El Campeonato de España, la Copa del Rey, es un torneo precioso y prestigioso (el más antiguo que se disputa) pero está en manos de burócratas incompetentes. Esa estirpe de personajes de traje y sonrisa falsa que, no sé sabe bien por qué, dominan la Federación Española de fútbol para fabricar aberraciones cutres y paletas con las giras de la selección española o para maltratar y destrozar una competición como esta. Uno echa un vistazo a la Copa inglesa, por ejemplo, y no alcanza a comprender por qué no podemos hacer aquí algo parecido. Pero es lo que hay y mientras Cristiano Ronaldo gane el Balón de Oro o cambie regularmente de peinado parece que todo está bien.