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¡Un abrazo!

Antimateria

El otro día tuve la gran suerte de asistir en el Foro Gaudeamus a una conferencia con Bernardo Salazar, Ildefonso Martínez y Fernando Sánchez que hablaba sobre la fundación del Atlético de Madrid. En la conferencia salieron muchos datos relevantes, información desconocida para un simple aficionado como yo además de anécdotas por doquier, interesantes y divertidas, que disfruté como un enano. Estas pequeñas historias quedaran ya para siempre (espero) retenidas en mi memoria en un lugar privilegiado pero lo que de verdad me tuvo dando vueltas a la cabeza los días posteriores a la charla fue el espíritu que llevó a la concepción del Atlético de Madrid, el motivo, la chispa que prendió la llama. De esa forma tomé por fin conciencia de algo que en el fondo conocía e intuía pero que por alguna razón me costaba sintetizar o reconocer. Estoy hablando del irrefutable hecho que desde el primer segundo de historia hace ya más de cien años nuestro club ha estado ligado indisolublemente con el fantasma arrogante del Real Madrid y sus circunstancias.

La historia es tan simple como sigue, en el año 1902 el Madrid y el Athletic Club de Bilbao disputaban un partido en Madrid (la final de uno de esos campeonatos estatales de entonces) cuya primera parte terminó con 2-0 a favor de los madrileños pero que en la segunda se transformó en un definitivo 3-2 a favor de los vizcaínos. Aquella segunda parte, pero más concretamente las malas formas y los malos modos que algunos socios del Madrid emplearon, fue lo que provocó la fundación de nuestro atleti. Los estudiantes vascos en la ciudad se sintieron admirados por el pundonor bilbaíno pero también ofendidos y abochornados por el trato y las malas formas empleadas por socios y aficionados al equipo blanco. No sólo estudiantes vascos sino que otros madrileños que andaban por allí se sintieron igual de mal, muchos de ellos siendo incluso socios del propio Madrid que dejaron de serlo para unirse al nuevo equipo. Lo que unió por tanto a esa banda de pioneros para crear un club nuevo y DISTINTO fue precisamente eso, hacer las cosas de otra manera.

Las teorías físicas más modernas explican el universo como una conjunción de materia y antimateria. Cada partícula de materia presentaba su correspondiente partícula de antimateria de características opuestas en un equilibrio perfecto a lo largo y ancho del universo tras el famoso Big-bang. La existencia de la antimateria ha sido demostrada varias veces por métodos muy costosos pero no se alcanza a comprender porque entonces no encontramos antimateria a día de hoy en un universo conocido que está formado exclusivamente por materia.

El Atlético de Madrid, el Atleti como siempre ha sido, es algo así como la antimateria del mal llamado club blanco. Es la vida desde el otro lado, con el signo cambiado, el camino alternativo, la dificultad de lo que es diferente y por tanto difícil. Eso fue, ha sido y tendría que ser el espíritu del equipo. Estamos avocados a vivir con esa particularidad pero eso no significa que tengamos que vivir subyugados a nadie ni avergonzarnos por ello. Más bien al contrario. El problema es confundir un sentimiento tan puro y loable con cosas que no tienen nada que ver como la envidia, el rencor, el sentimiento de inferioridad o la sensación de perdedor.

El Atleti por concepto no se basa en ganar títulos sino en ganarlos “de esta forma”. Tampoco se trata obviamente de perderlos ni de estar por estar. Tenemos un objetivo pero no vale dar por buenos los elementos que vemos en la otra orilla para conseguirlo porque entonces estamos desvirtuando nuestro concepto y al final del día estaríamos animando a otro equipo distinto. No queremos una prensa mentirosa a nuestro favor que hace y deshace que quita y que pone. No lo necesitamos. Lo que necesitamos es vivir al margen y sin necesidad de esta prensa maligna y corrupta que sin embargo no es nueva y que ya a mediados del siglo pasado emprendían campañas mediáticas (en el ABC, por ejemplo) en contra de nuestro equipo porque el seleccionador de entonces había cometido la herejía de llevar a tres jugadores del “indigno” Atleti a la selección. Como Atléticos debemos ignorar este periodismo pendenciero y ruin o situarnos enfrente. No lo necesitamos y no debería ser un obstáculo insalvable. Nunca lo fue.

No necesitamos que nadie nos diga lo que está bien y lo que está mal porque para eso tenemos nuestro propio código de coherencia y honestidad. No necesitamos ser la afición más numerosa ni que el número de aficionados crezca o decrezca en función de los títulos que ganamos porque eso nos convertiría en otro equipo más. La afición al Atleti se concibe como una idea y no como un contrato, como un acto de pura rebeldía y no como una la labor modélica de un ciudadano de bien. La afición debe protestar con todas sus fuerzas cuando los cimientos de este club son profanados o cuando se maltrata el escudo sin razón pero no cuando lo diga el MARCA o el gestor corrupto de turno. Esto lejos de desprestigiarnos, como afirman los actuales “dueños” o sus compinches de la prensa del corazón, nos dignifica y revitaliza como afición. Los atléticos somos capaces de aplaudir a un colchonero que falla un penalti y de pitar a un crack de prestigio infinito que no respeta la camiseta que está sudando. Eso es algo por lo que sacar pecho por mucho que no se entienda en la cera de enfrente, que es donde también están por cierto los plumillas “objetivos” comiendo vulgaridad. Somos del atleti porque no queremos ser del Madrid. Así de simple, así de claro.

Una de las teorías que explica la no existencia de antimateria en el universo aboga por un exceso de materia sobre la antimateria justo en el momento del big-bang pero yo soy más partidario de esa otra teoría que dice simplemente que las leyes físicas que rigen el universo favorecen la supervivencia de la materia frente a la antimateria. Eso sí, la antimateria existe y existirá. Está demostrado.