Que poquito nos va a durar

Una de las cosas de las que guardo peor recuerdo de la época de acoso y derribo que la prensa tuvo contra Fernando Torres cuando el “niño” tenía la desfachatez de vestir la camiseta rojiblanca, la misma prensa por cierto que ahora lo adora como si fuese “su niño” de toda la vida, era el efecto que esa acción constante de desgasté provocó en la afición. No caló definitivamente (pero casi lo hace) la idea de que era malo, sobrevalorado, fallón, torpe, mimado, teatrero,.. (todo eso decían los plumillas que ahora elogian sus “defectos”) pero si cuajó subrepticiamente la verdad absoluta de que Fernando Torres se iría y que cuando lo hiciese sería porque el Atlético de Madrid se había quedado “pequeño”. Recuerdo como un puñal clavado en la espalda cuando tras terminar un partido cualquiera en el Calderón en el que Fernando Torres había vuelto a salirse (porque a pesar de lo que los perversos periodistas quieren inventar lo que el “niño” hace en Anfield también lo hacía hace años en el Calderón) la primera frase de mi amigo Jorge al encontrarnos en el post partido era siempre: “que poquito nos va a durar”.

Desde que el fútbol es fútbol existen equipos modestos de bajo presupuesto y aspiraciones modestas que tradicionalmente se comportan como viveros de los “grandes” y son conscientes de que cuando un jugador despunta desaparece del club de inmediato. Son conscientes de ello hasta el punto de que lo asumen como una ley natural y como algo bueno para el jugador y para el club que ingresará un dinero que no tiene, es decir como parte necesaria de la viabilidad del propio club. El Atlético de Madrid nunca ha sido uno de esos equipos y no lo ha sido por una razón evidente incluso para el envenenado cerebro de los periodistas deportivos de este país. El Atleti podrá estar en manos de torpes negligentes y llevar muchos años haciendo el ridículo sobre el césped pero incluso hoy el Atleti no es un modesto al uso (tercer equipo del país en seguidores y trofeos), no es de presupuesto bajo (tercer o cuarto mayor presupuesto del país) y no tiene aspiraciones modestas (estamos jodidos por no entrar entre los mejores 8 equipos de Europa y estuvimos entre los 16 sintiendo que era nuestro sitio). Aun así parece que inconscientemente asumimos que Forlán aceptará “lógicamente” lo que le ofrezca el Manchester City (un grande de Europa como todo el mundo sabe) y mi amigo Jorge dice ahora del Kun lo mismo que decía de Fernando Torres hace años; “que poquito nos va a durar”.

¿Es culpa de la prensa, de la afición, del club, de los jugadores,…?

La prensa es una enfermedad congénita que lamentablemente tiene que sufrir el Atlético de Madrid si o si. Una especie de alopecia o diabetes genética de la que no podemos librarnos aunque viviríamos mucho más sanos y guapos si no existiese. Si no existiese esta prensa interesada y rupestre que tenemos la desgracia de sufrir me refiero. Con una prensa que hiciese honor a su profesión en lugar de ridiculizarla la cosa sería diferente. El espacio que este pseudo-periodismo cutre y amarillo ha reservado a nuestro equipo es el de una fuente inagotable de escándalos, “friqueces”, tragedias y disgustos. Existan o no. Somos por así decirlo el bufón que utilizan para el verdadero “cliente”, los aficionados a Madrid y Barça. Asumido que Sabrina Salerno enseñaba los pechos cada vez que grababa un video-clip, ¿a quién le podía interesar sus facultades vocales?. Eso es el Atlético de Madrid, una especie de Sabrina Salerno, cantante, que sólo interesa cuando se le sale un pecho. En este escenario construido por televisiones y asociaciones corruptas los grandes jugadores evidentemente sólo pueden estar en el atleti para generar polémica o para marcharse.

La afición, otrora auténtica, de gran personalidad e inconformista, abraza desde los paseos por “el infierno” ese nuevo talante que se publicita desde los tabloides y que recoge para nosotros lo peor de cada casa. Si Torres se tiene que ir aplaudimos. Si el Kun se tiene que marchar lo entendemos. Si está “confirmado” que el Atlético Yaundé se llevará a Forlán la temporada que viene lo asumimos con rigor espartano sin tan siquiera plantearnos donde coño está Yaundé. Con una afición de buenas tragaderas todo es mucho más fácil.

El club, y con El Club me refiero a las personas incapaces que hoy lo tienen secuestrado, ha quedado ya meridianamente demostrado que actualmente es el principal enemigo del Atlético de Madrid como concepto así que en esto no van a hacer un excepción. Es un tema en el que ni siquiera reparan y cuando lo hacen es para repetir alguno de los “dequelatiguillos” de nuestro simpático presidente. Todo eso de que el atleti es un club “comprador” pero siempre matizado con la guinda de que “los jugadores juegan donde ellos quieren”. Le bastaría a cerezo (o al que mueve los hilos) leerse la historia del club para comprobar que la mayoría de grandes figuras de este equipo lo han sido fundamentalmente en este club. Es decir, que los mejores momentos de su carrera los ha pasado en el Atleti. Es decir, que debían querer jugar aquí. Habría que plantearle también al afamado productor y al inédito veterinario sin son capaces de describirnos cuales son las razones por las que los jugadores no quieren jugar en el atleti.

Aun así, y aunque me duela decirlo, este tipo de jugadores que sueñan con el vecino dejando ensuciar su propia casa no valen para mi equipo. Para mi equipo sólo valen jugadores convencidos de que son capaces de hacer cosas grandes (con la acepción más amplia del término) en el sitio donde están y gracias a su esfuerzo. Si el Kun (aconsejado por algún politoxicómano o no) está convencido de que aquí está perdiendo el tiempo no debería tan siquiera salir a jugar el domingo. Lo mismo digo para el resto de lumbreras que se pasean con mi escudo al pecho se llamen como se llamen. Si Agüero se va en junio diciendo que ama al atleti pero que con esta estructura, estos entrenadores y este presidente es imposible hacer nada entenderé su opción pero si se va “amando” al atleti “para siempre” pero como única solución para “crecer” y abrazado del presidente pensaré que es un mentiroso. Puede que profesional pero mentiroso. Sería además el segundo caso en tres años. No me gusta señalar pero Gerard lleva toda la vida en el Liverpool (rechazando suculentas ofertas) y el Liverpool hace más años que el Atlético de Madrid que no gana la liga.

Si vamos a fichar presuntas estrellas que vienen a un equipo trampolín para sus carreras es preferible, desde mi punto de vista, que no vengan porque dan más tormento que beneficio. A lo mejor somos nosotros los que estamos perdiendo el tiempo con ellos.

“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse.” (G. K. Chesterton)

Método para aprobar Mecánica

Hace ya unos años este que escribe tuvo la mala suerte de tener que estudiar (y aprobar) una infernal asignatura de entelequias físicas que se llamaba Mecánica. Era tan sumamente aburrida de estudiar que necesitaba alguna ayuda externa para ponerme a ello y no me refiero a estupefacientes. Lo que hacía era ponerme un cinta de música de un artista del que no revelaré su nombre para no herir susceptibilidades, que consistía en una eterna canción instrumental de casi una hora con los peores tópicos de las guitarras eléctricas de los años setenta. Era tan verdaderamente aburrido que prefería concentrarme en la Mecanica para obviar lo que estaba sonando. Hasta el día de hoy, que he sufrido este bochornoso Mallorca-At. Madrid, no se me ocurría una cosa mas soporífera que escuchar aquella cinta. Llamar partido de fútbol al esperpento que se ha visto hoy en el Ono Stadi del Mallorca es fundamentalmente mentira pero además un insulto para este deporte centenario. La intolerable pesadilla que nos han brindado hoy a los humanos estos dos equipo supuestamente profesionales de este deporte justifica todas y cada una de las campañas anti-fútbol que de vez en cuando emprende algún colectivo casposo de pseudo-intelectuales de tres al cuarto. Es difícil pensar en una forma más estúpida y aburrida de perder dos horas de tu vida.

Me preguntaban esta semana mi opinión al respecto de la posibilidad de que el Atleti pudiese pelear por los puestos de Champions y mi sincera respuesta fue que dependía de como respondiese el equipo frente a equipos que rechazaran el balón y frente a los que hubiese que crear fútbol. Si tengo que sacar conclusiones respecto a lo que hemos visto hoy, en la primera ocasión en la que nos enfrentamos a un equipo de estos con Abel, me temo que lo primero que tenemos que hacer es asegurar los cuarenta y tantos puntos que nos dan la permanencia antes de pensar en otra cosa. Este equipo es incapaz de crear fútbol pero eso no es un problema de Abel o de Agüero o de los centrales. Eso es problema de la nefasta dirección deportiva de las últimas décadas y en concretos de las últimas tres temporadas. Durante todo ese tiempo los inútiles en cuya tarjeta de presentación pone que trabajan en dirección deportiva de este equipo han llenado esta institución de jugadores y entrenadores improvisados sin ningún tipo de criterio hasta llegar a la situación actual, que es una extraña macedonia de estrellas, esperpentos, medianías, ex-futbolistas y fantasmas con la que es muy difícil montar un equipo de fútbol. Como decía Michael Robinson hoy durante la transmisión, el Atlético de Madrid es una casa construida por el tejado. El centro del campo del Atlético de Madrid es una especie de broma macabra que los equipos rivales agradecen cada siete días. Gracias a la estupidez congénita del fracasado de García Pitarch y a la incompetencia supina del lugarteniente Aguirre, mantenido artificialmente demasiado tiempo, el centro del campo del equipo es lo que queda de una sucesión interminable de medios centros defensivos de similares características e idéntica incapacidad para crear fútbol. Maniche es un ex-futbolista, Asunçao es un buen medio centro defensivo de esos que cubren espacio y roban balones lo malo es que a la hora de darle el balón al que la sabe jugar se encuentra con que no hay nadie de esas características y al que ve es, por ejemplo a Raúl García, que es como si necesitas un abogado y te mandan al tipo ese que contacta con Raticulín. Raúl García es de los jugadores más sobrevalorados que han pasado por este equipo en los últimos años (y a su vez más malos). La eterna promesa que tiene unas “buenas características” pero que en la práctica se traduce en un cero a la izquierda (cuando no directamente en un paquete). Si esto es lo mejor que hizo Aguirre prefiero no pensar en que es lo peor. Camacho es otro Asunçao pero más bajito, más joven y blanco y Ever Banega es famoso en el mundo por razones ajenas al balón. Esta equipo Comansi es el encargado de crear fútbol en el Atlético de Madrid t claro, así nos va. A esta colección de troncos súmenle los Cleber Santana (hoy repartiendo patadas en el equipo contrario), Costinhas (no sé ni donde está), Gabi (¿en segunda?), Luccin (¿en el banquillo del Racing?) y entenderán lo difícil que es entender a que pretende jugar el Atlético de Madrid. ¿Cuanto hace que no tenemos un centrocampista vistiendo de rojiblanco que no se nos caiga la cara de vergüenza de decirlo?

Pero aparte de la escasa capacidad de este equipo para crear fútbol lo que ha sido verdaderamente lamentable del partido de hoy ha sido la actitud de unos jugadores que a pesar de salir al campo sabiendo que todos los que luchan por lo mismo que nosotros habían ganado han demostrado un compromiso más bien dudoso con el escudo que les paga. Sin ritmo, sin tensión, sin ganas... y sin fútbol. Era descorazonador ver al equipo jugando andando, caminando para recoger el balón por debajo en el marcador o a ese petulante portero que tenemos en la portería tardando tres veranos en poner el balón en marcha. Empiezo a sospechar que en este equipo hay más de un jugador que sólo decide mancharse las manos cuando las cámaras y los periodistas están delante y eso sólo ocurre contra los equipos grandes.

¿El partido? Sinceramente no merece la pena hablar de el. El Mallorca planteó un cerrojazo anti-fútbol típico de Manzano, al que conocemos bien porque estuvo aquí al ser el tipo de estratega que gusta en las oficinas del Calderón, dejando el balón y la iniciativa a un inoperante e indolente Atleti que no sabía que hacer con el. Pasado el minuto 20 un despeje erróneo de Pablo (probablemente junto a Ufjalusi lo menos malo el Atleti) Heitinga que se queda enganchado en la salida del fuera de juego con lo que el balón llega a Aduriz que bate a Leo de Vaselina. Tras el gol el Mallorca se hizo fuerte en su cerrojazo y el Atleti siguió en su cruenta cruzada contra la diversión y la ilusión y lo hizo además a base de imprecisiones, patadones, errores mil, la penosa incapacidad de los pivotes del centro del campo para utilizar esa cosa redonda que rueda por el césped y mucha falta de personalidad. Lo más destacable, y encima negativo, son las lesiones de A. López (aparentemente un tirón) y sobre todo de Heitinga que tras un fuerte choque de cabezas tuvo que ser retirado y trasladado a un hospital para observación.

La segunda parte fue más de lo mismo. Ni los acertados cambios de Abel (Sinama en la banda derecha por Heitinga y Banega por un desdibujado Camacho) sirvieron para nada. La única jugada centrada del equipo en todo el partido acabó con un tremebundo derechazo de Maxi que casi parte el larguero pero eso fue todo. Al final del partido en una contra mal defendida el Mallorca puso el segundo en el marcador que certificaba con unos segundos de antelación la debacle colchonera.

¿Quien se atreve a soñar después de esto?

Justicia histórica

Decía un jurista romano llamado Ulpiano que la justicia es el hábito de dar a cada cual lo suyo pero no es esa precisamente la impresión que tenemos los aficionados del Atleti. Desde que tengo uso de razón vivo con la sensación de que la historia, el destino, el momento o el árbitro nos debe siempre algo que se nos robó. Durante un gran tramo del partido de hoy tenía esa sensación, la sensación de querer creer en Dios para culparle de que, otra vez, no fuese justo con nosotros pero gracias a Dios (exista o no) hoy ha ocurrido todo lo contrario y se ha hecho justicia. Ha ganado el Atleti merecidamente. Quizás sea el momento de abandonar esa mentalidad y esa capacidad de lamentarnos y empezar a pensar que nosotros también podemos cuando lo hacemos bien.

Reconozco que tengo especial predilección por el Villarreal, por su forma en encarar las competiciones, de plantear el club, de dirigir al equipo, de jugar al fútbol... He visto muchas veces jugar al Villarreal en el Calderón y casi siempre lo ha hecho muy bien o al menos ha sido muy competitivo y por eso entendía que a pesar de las bajas no era el mejor rival para el el partido de hoy, vital para las pobres aspiraciones atléticas que nos quedan. Como además todavía quedaba en me retina y en mi cerebro (y me temo que se quedará para toda la vida) las estupidez que hizo mi equipo el pasado martes en la competición que tanto ansiábamos jugar, teniendo en cuenta las parrafadas de nuestro jugadores, las peleas del vestuario, las explicaciones peregrinas y las tradicionales “frases para gilipollas” con las que nuestro querido presidente nos bendice cada vez que tiene cerca un micrófono, tenía miedo de como podía salir el equipo hoy al césped. Pero ese miedo y esas dudas se disiparon a los 30 segundos de empezar el partido. El equipo tenía intensidad, ganas, mirada de tensión y concentración. Era el atleti del día del Barcelona o del madrid o del Sevilla.... pero no de Oporto. Dejando atrás algo que para mi no tiene (ni tendrá) explicación el atleti tradujo todo lo anterior en llegadas al área castellonense que acabaron con un clarísimo penalty a Agüero por agarrón de dos defensas del “submarino amarillo” cuando apenas se llevaban dos minutos jugados. Todo parecía pintar de maravilla: una tarde primaveral, un estadio lleno cantando desde el primer minuto, el Cholo Simeone dando una vuelta de honor por las afueras del estadio (el que escribe se ha topado con él) y penalty a favor en los primeros minutos. Falsa alarma. El penalty iba a resultar ser una alegoría de lo que sería después fue el partido: un tiro a puerta que para el portero con una soberbia palomita.

Se hablaba estos días del interés del Machester United por llevarse a Diego López a sus filas y me temo que si hoy había en el Calderón algún ojeador de los ingleses en el campo no tendrán ninguna duda de quien es el mejor sustituto para Van der Vaart. El tal Diego López ha sido el verdadero protagonista y héroe de la primera parte (y casi del partido) no sólo parando ese penalty a Forlán sino unas cuantas ocasiones más no sólo al Uruguayo minutos después sino a Maxi tras un rechace, a Simao en otro soberbio tiro, etc, etc... Entre medias del festival ofensivo de los madrileños, en un claro ejemplo de injusticia histórica, el Villarreal se puso por delante en el marcador. Córner sacado de forma penosa por los colchoneros, al más puro estilo Aguirre, provocando un contrataque claro a los de Amarillo. Forlán se da una carrera generosa para tapar el lateral izquierdo pero comete al torpeza, típica de delantero, de no hacer falta en un ataque en el que están en minoría así que un pase de la muerte de Javi Venta acaba en remate de Mati Fernández. 0-1 y segundo jarro de agua fría.

Pero algo está cambiando a la rivera del Manzanares cuando el atleti lejos de echarse atrás siguió jugando como hasta ese momento y tras unos breves minutos en los que el Villarreal se hizo con el balón Raúl García, Asunçao y Maxi (más metido en el mediocampo y el partido de los que es habitual últimamente) lo recuperaron para el Atlético. Raul García, Agüero, Maxi y sobre todo Forlán seguían llegando y rematando a puerta pero ahí estaba el bueno de Diego López para seguir parándolo todo, en ocasiones de forma sobresaliente. El Atleti estaba bien plantado, con ritmo, tenía el balón, jugaba con agilidad, tenía maniatado al rival y llegaba a puerta pero se iba al descanso perdiendo el partido.

La segunda parte comenzó con menos ritmo que la primera y un tempranero cambio de los castellonenses hacía volver al equipo a su dibujo tradicional con dos mediocentros y un mediapunta por delante que por momentos equilibro el partido. El Atleti seguía empujando con criterio pero empezaba a escasear la frescura mientras el árbitro se dedicaba a sacar amarillas a diestro y siniestro de forma desproporcionada en un partido sin violencia. Con ese panorama todo pareció irse al infierno cuando una buena jugada trenzada del Villarreal al borde del área deja sólo a Cani que pone el 0-2 en el marcador. La tragedia se cernía entonces sobre el Vicente Calderón como un buitre ventajista pero cuando los más pesimistas estaban ya recogiendo los bártulos para largarse de allí apareció una jugada de rabia de los madrileños que culmina con un violentísimo disparo de Forlán... que da en el poste. Pero para entonces la injustica ya se había cebado suficiente con el equipo que va de rojo y blanco y por esta vez decidió que el rechace llegase de los pies de Agüero que como un toro se tiro a por el balón para meterlo en la red. 1-2 y un estadio loco de contento. Contento porque, ¡qué coño!, el Atleti estaba siendo mucho mejor y porque el escenario, el ambiente y el olor hacía pensar que la remontada era posible. A partir de ahí el partido entra en una especie de toma y daca (más toma para el atleti que daca para el Villarreal) ciclo que se cierra con la segunda tarjeta amarilla (muy justa) a Javi Venta que en ningún momento ha podido con un Simao inmenso una vez más. Entonces si, el Villarreal se echó descaradamente atrás y el Atleti se fue a tumba abierta a por el partido.

Y los goles llegaron, claro. Cuando se pone fe, ganas, pasión... y fútbol, las cosas son más fáciles. Banega salió al campo para demostrar que aparte de ser el rey de la noche, el paladín de la indisciplina o un afamado onanista, también a veces es un jugador de fútbol con calidad en sus botas. Sinama se hacía dueño de la banda cogiendo el sitio de un Heitinga que aunque lento ha estado más que digno. Simao abría por la derecha y el Kun y Forlán creaban una oportunidad tras otra. El empate viene precisamente de las botas del uruguayo a pase de Maxi en una jugada típica de equipo a la desesperada. Una pequeña justicia para un Forlán fallón hoy pero al que no se le puede reprochar nada desde que viste esta camiseta y que este año por cierto se está hinchando a meter goles. El definitivo 3-2 llegó en otro alarde de justicia gracias a la cabeza de un colchonero de pro como Antonio López que ha pasado unos años no precisamente agradables últimamente. El delirio se extendió rápidamente por la grada de un Calderón que pedía la hora porque no veía la hora de poder aplaudir, hoy si, a los suyos.

Los dos últimos partidos en el Calderón han sido los dos partidos más divertidos de la temporada (y probablemente de los últimos tres años) en este estadio. En Sevilla se pudo ganar y perder y frente al Madrid se debió golear. Este Atleti de Abel es definitivamente otro y no lo digo por los 7 puntos del Anglirú que debieron ser al menos 9 en la segunda vuelta comparado con el punto de la primera vuelta que debieron ser cero. Este atleti tiene criterio (bueno o malo pero criterio), fondo, forma y aunque le falta creación y fondo de armario creo que se puede hacer buen papel de aquí al final de la temporada. Dependerá mucho de las veces que al bueno de Abel le vuelvan a entrar ganas de inventar el fútbol.

Lo que no puede ser no puede ser...

...y además es imposible. El Atlético de Madrid ha caído eliminado de la Champions League en una eliminatoria que no ha merecido ganar en ningún momento frente a un equipo que los “expertos” declaraban como inferior en el papel pero que sobre el césped no lo ha sido en ningún momento. En noches así uno tiende a aparcar el juicio intentando buscar culpables de tener que tragar un trance tan doloroso y francamente existen muchos candidatos. Yo honestamente sigo pensando que esto no es más que la guinda a un penoso proyecto deportivo mal parido, mal vestido, peor gestionado, mantenido con vida de forma artificial demasiado tiempo, disfrazado de forma ridícula, mal alimentado y demasiado consentido. Los colchoneros volvemos cabizbajos desde la gloriosa competición europea a la tediosa competición local con la orejas gachas, el ánimo por los suelos y la cruel sensación de que hemos vendido muy pero que muy barata nuestra presencia. Muy barata. La última vez que habíamos estado en esta competición salimos de ella con honor y orgullo en una aciaga noche en el Calderon frente al Ajax en un partido que nunca debíamos haber perdido. Salimos cansados, magullados, heridos en el orgullo y jodidos. Hoy ni eso. ¡Qué lejos queda aquello! ¡Qué lejos queda el atleti!

Jamás he entendido y jamás entenderé esa estupidez de las rotaciones y mucho menos cuando estas afectan de forma dramática a los partidos clave. Es más, se supone que si tiene algún sentido hacerlas es precisamente para que esto no ocurra. Tampoco puedo entender como un deportista profesional de menos de 30 años es incapaz de recuperarse de un partido de fútbol en tres días. La alineación de esta noche presentaba la ausencia de Diego Forlán, probablemente el mejor jugador colchonero en los últimos partidos, por una decisión técnica aparentemente sustentada en el hecho del gran esfuerzo del uruguayo en el partido anterior. Estupideces. Estupideces que insultan la inteligencia del aficionado y que probablemente esconden un espíritu bastante menos valiente de lo que parecía en el responsable de dar los nombres de la alineación titular. El pasado sábado Abel dio un buen repaso táctico a su rival pero dijo una cosa en las declaraciones posteriores que no me gustó un pelo. Al parecer su “táctica” era la de contener al Madrid en la primera parte con un doble pivote defensivo para matarlo en la segunda con un “cambio más ofensivo”. Si es así, me parece una “táctica” de domador de pulgas, del apoderado del Bombero Torero o del Final Fantasy pero no de un entrenador profesional de fútbol. ¿Qué ocurre entonces si te meten un gol nada más empezar? ¿Tienes que cambiar todo lo que has preparado o esperamos a la segunda parte? ¿Cual es el problema de fabricar un equipo que gire en torno al axioma “voy a ganar el partido en cuanto pite el árbitro”? Todo apunta a que la idea de hoy debía de ser un peregrino sucedáneo de algo así de siniestro, cobarde y lamentable. Así nos ha ido. Es de esas gilipolleces que también hacía Aguirre... y así le fue.

Es difícil entender, especialmente después de ver los dos últimos partidos del equipo, como se puede salir a jugarte la clasificación de octavos de una Champions con unas sensaciones tan pobres, un ritmo tan espeso y una propuesta tan rancia. Es difícil de comprender en cualquier caso pero mucho más cuando tienes que ganar para pasar la eliminatoria. Pues bien el equipo, sin Forlán, salió romo, expectante y pasivo, regalando la pelota al Oporto e imprimiendo lentitud a todas las acciones. El equipo estaba bien colocado y defendía bien pero ni hablar del peluquín de eso de atacar, tener el balón, hacer fútbol o crear. Así, sin pena ni gloria tiramos a la basura 25 minutos que fue lo que tardamos en llegar una vez, meter un balón a Simao dentro del área y que el árbitro nos premiase con el tradicional penalty clarísimo no pitado. A partir de ahí el equipo pareció estirarse, el Oporto se asustó y reculó, el equipo tomo la pelota para disfrutar de los mejores minutos del partido que sin ser para enmarcar al menos daban esperanza. Minutos que sirvieron para tomar el control pero no para crear ocasiones, probablemente debido sobre todo al atenazador miedo al contra ataque portugués que dejaba al Kun demasiado vigilado y sólo arriba. Así llegamos al descanso.

Sin despertar todavía del asombro que ocasionaba la falta de interés por ganar el partido que parecía transmitir el equipo, los atléticos confiábamos en que la más que probable salida de Forlán produjese un cambio en el panorama.... pero la salida no llegó. El partido comenzó igual que termino en su primera parte, con algo más de parsimonia, algo menos de ritmo y el mismo desasosiego en los aficionados. Después de otros 1o minutos tirados al retrete por fin Abel se decide sacar al “agotado” Forlán pero claro, los cambios en el fútbol de verdad no funcionan igual que en la Play Station. El Uruguayo entró tarde, fuera de punto, perdido y en ningún momento consigo agarrarse al devenir de las cosas. Pasó desapercibido (lo que no ocurre nunca con Forlán) y de hecho a partir de ese momento se vieron los peores momentos del Atlético de Madrid y los mejores del Oporto. Abel eso si terminó de rematar su error con otro de similar calado cuando quita del campo a Maxi, un jugador que si tiene algo es esa capacidad para meter gol en los momentos más inesperados y por lo tanto ideal para hoy, para dejar en el campo a un Sinama que si bien había trabajado bien en defensa o había conseguido irse de su marca una sola vez. A partir de ese momento, cuando faltan 20 minutos para que acabe la eliminatoria, el Oporto toma el control absoluto del partido, del juego y del balón, llegando con claridad muchas veces haciendo que Leo Franco se convierta, como ya ocurriese en la ida, en el héroe del partido. El Atlético de Madrid se veía desbordado, aturdido, incapaz de animarse a si mismo, inútil a la hora de jugar al fútbol y sobre todo sin ningún tipo de capacidad de reacción hasta el punto de acabar el partido con la humillación de defender en tu área. Cuando vimos que la solución que venía desde el banquillo era colocar en el campo a esa estafa llamada Maniche (porque Miguel de las Cuevas es como si no hubiese salido) todos supimos que era mejor irnos a a escondernos debajo de las sábanas. Ni siquiera tuvieron la entereza, el oficio o el cuajo de intentar colgar balones a la desesperada. Prácticamente no ha tirado el equipo una vez puerta en todo el partido lo cual es un dato significativo teniendo en cuenta que se necesitaba marcar en Oporto de todas las maneras. Es lo que suelen traer este tipo de iluminados planteamientos tan valientes.

“Calidad, yo quiero calidad” gritaba a finales de los 80 un grupo llamado Ciudad Jardín y eso es lo que yo hecho fundamentalmente de menos en este equipo: calidad. Lo hecho de menos en jugadores sobrevalorados que cobran fichas por encima de su valor de mercado, lo hecho de menos en prácticamente todas las líneas pero lo hecho de menos fundamentalmente en el centro del campo. Raúl García es un jugador mediocre al que le viene grande todo esto y al que le falta mucho más fútbol del que tiene para pretender jugar en la posición en la que juega, si lo quiere hacer dentro de un equipo con aspiraciones. Maniche es una broma pesada que está durando ya demasiado tiempo. Asunçao es lo que es y cuando resulta que aparece como el que mejor ha tratado el balón te da a entender entre lágrimas como está el panorama. Camacho está más cerca de ser otro Asunçao que de otra cosa y Miguel de la Cuevas es un tipo muy querido por todos pero que nunca ha demostrado nada, sigue sin hacerlo y dudo que lo haga. Sinama directamente es que ni es centrocampista. Este equipo tiene problemas para crear fútbol y los va a seguir teniendo con lo que hay y sobre todo viendo los que dirigen la diligencia que son los verdaderos culpables de esta colección de remiendos.

Otro año más fuera de Europa y otro año más con más pena que gloria. Los optimistas dirán que nos han eliminado de la Champions sin perder un partido y los pesimistas dirán que lo que más hemos hecho ha sido empatar. Chorradas, estamos fuera y punto. Ahora a pensar en poder estar el año que viene (que por cierto es lo único que le preocupa al “caravinagre” que dirige este club en la sombra) pero que tal y como está el panorama parece harto complicado.

Esposa orgullosa

En noches como la de hoy uno tiene dos opciones: llorar, maldecir y tirarse de los pelos lamentándose de perder la oportunidad de tu vida de humillar a tu rival de siempre o pensar en lo que ha ocurrido, de donde vienes, a donde vas,... y sacar pecho. Cualquiera de las dos opciones es lícita pero yo prefiero quedarme con la segunda. Llevaba tantos partidos siguiendo a un equipo que se avergonzaba de salir a jugar al césped, un equipo sin personalidad, temeroso y pesaroso que se movía entre el gol a favor o en contra, especulando con el tiempo, el juego o el resultado, tratando a todos los rivales como si fuesen el vigente campeó de Europa y además haciéndolo con 11 jugadores en el borde del área, que qué quieren que les diga, hoy (y el domingo frente al Barça) he sacado pecho. Me siento como el protagonista de esas películas antiguas en las que un hombre pobre y honrado sufre una tragedia tras otra, robos, ingratitudes, que tiene mala suerte pero que enfrentándose a enemigos y fantasmas con valentía y orgullo consigue acabar sobreponiéndose a todo. Entonces su esposa orgullosa sale a pasear por el pueblo del brazo de su sangrante, sucio, mal vestido pero orgullo marido. Esta noche yo soy esa esposa orgullosa. Hoy he vuelto a sentirme orgulloso de ser del atlético de Madrid.

Todos los atléticos sentimos unos incómodos gusanos paseándose por el fondo del estómago cada vez que nos enfrentamos al Madrid. Es así y el que lo niegue miente. Lo que más teme un colchonero frente al equipo merengue es no dar la cara, sentirse humillado, parecer débil o menor. Mucho más que el resultado. Los últimos partidos contra el eterno rival siempre se caracterizaban por un estúpido gol madridista en los primeros cinco minutos. Es una maldita tradición desde hace años que gracias a Dios hoy se ha roto. Por eso cuando he visto el minuto 5 en la esquina derecha del televisor y en la izquierda el resultado de 0-0 he pensado que hoy podía ser el partido. A partir de ese minuto he tomado conciencia de que el equipo, mi equipo, había salido al campo como debería de salir siempre en todas las competiciones que juega, a ganar el partido. Espero que no sea un espejismo pero parece que este Abel va a resultar que entiende bastante de esto del fútbol. A lo mejor es que veníamos de un periodo negro y nefasto y por eso cualquier acción táctica nos parece un alarde pero lo cierto es que en el día de hoy tácticamente el atleti ha estado fantástico. Sacando la línea defensiva del área (no hacerlo hubiese sido un suicidio frente al madrid como bien debería saber Aguirre pero nunca terminó de aprender), creando un entramado físico en el centro del campo que impedía al madrid jugar y saliendo en vertical cada vez que robábamos el balón en posiciones adelantadas. Con este equipo no se me ocurre una forma mejor de jugarle al Madrid en su Bernaneu y aunque parece fácil no debe serlo. Asunçao, un futbolista que crece en este equipo con los partidos, dominaba la zona ancha escudado por un Camacho al que le falta un poco más de creatividad para ser un jugador muy interesante. Maxi, Simao y Forlán hacían un generoso esfuerzo en la contención que impedía aparecer al Madrid (lo del urguayo es prácticamente de ciencia ficción, ¡qué jugador Dios mío!) y el Kun era letal en cada balón. El Real Madrid no hizo nada como conjunto en toda la primera parte y sus pocas llegadas fueron a través del fútbol directo al área o jugadas a balón parado. Por el contrario el Atleti se encontraba más cómodo según pasaban los minutos y cada vez que se estiraba soltaba el codo. Ya avisó el Kun cuando un excelente balón que le llega de volea es parado en el área y que solamente los felinos reflejos de Casillas (siempre Casillas) impidieron inaugurar marcador. Pero casi mejor que fuese en la siguiente jugada porque fue una maravilla. Un córner mal sacado por los “blancos” lo recoge Ufalusi que se da a Kun a la banda este se lo devuelve de primer toque y el checo vuelve a meter un buen balón a la banda para que la recoja el Kun. Era un contra ataque de 3 contra 2 pero la pelota que mete el Kun a Forlán para dejar sólo al uruguayo no está al alcance de todo el mundo. El rubio charrúa, omnipresente en todas la jugadas todo el partido, define como los ángeles alegrando la noche a la afición rojiblanca. Así acababa la primera parte.

En tiempos no tan lejanos cuando el equipo estaba por encima del marcador (y no hacía falta que fuese en el Bernabeu) lo que veíamos los aficionados al atlético de madrid era un equipo temeroso que renunciaba al balón o a jugar y que se jugaba el resultado a saber defenderlo con patadas y artificios paradeportivos. Hoy lo que hemos visto es todo lo contrario. Hoy lo que hemos visto es un equipo valiente, con personalidad, generoso en el esfuerzo, que seguía manteniendo los parámetros que lo había llevado hasta ahí y que tenía en la cabeza la portería contraria y no la propia. Hoy lo que hemos vistos después de mucho tiempo es, por fin, el Atlético de Madrid.

La segunda parte (como todo el partido) ha sido preciosa, más parecido a un partido de toma y daca donde todos querían ganar que a otra cosa. Eso sí, el único que mereció hacerlo fue el que iba de vestido con los colores rojo y blanco. La pocas llegadas merengues fueron a base de pundonor, juego parado y balones colgados al área. Las del atleti venían a base de robar el balón en el centro del campo y llegando a la portería contraria a toda velocidad en jugadas de tiralíneas. Pero por esas cosas que tiene la vida el Madrid empató y lo hizo de la forma en la que históricamente mejor sabe hacer, con un gol ilegal. Esta vez por CLARÍSIMO fuera de juego, otras veces por penalty injusto y casi siempre con algo que esconder. Es así. Ni siquiera los periodistas “serios” se sorprenden y lo asumen como parte de las reglas de juego. Los árbitros se equivocan, si, pero cuando juegan estos dos equipos los errores son siempre para el mismo sitio y eso es estadísticamente imposible. Yo, que soy de ciencias, tengo que buscar la explicación en algo más. Si tiras diez veces el dado y las diez veces sale 6 podemos deducir sin equivocarnos que el dado está trucado.

Pero lo cierto es que Forlán, Sinama y sobre todo el Kun estuvieron delante de Casillas con la claridad suficiente como para perforar la portería rival sin demasiada dificultad pero no ocurrió. Unas veces por el propio Casillas, otras por la mala suerte y casi siempre por enfrentarnos a nuestro destino con más ansiedad que sangre fría. También hubo unos agarrones. manotazos de Sergio Ramos al Kun Agüero que no significaron nada para el árbitro y que pasarán desapercibidos para la prensa “seria”. Para el que no lo ha visto podríamos definirlo como el típico penalty que le pitan al Madrid (y al Barça) pero a ningún equipo más. Que se le va a hacer.

Nos vamos con la sensación de perder dos puntos y la oportunidad de callar a todo un Bernabeu pero lo hacemos con la cabeza muy alta, lo cual es algo que también hace muchos años que no hacíamos. Sinceramente, yo que el día del partido del Oporto había pregonado el fin de este equipo, afronto la vuelta de Champions con más ilusión que nunca. Este si es mi atlético de madrid.

Notarios de la "realidad"

El pasado domingo, una hora antes de asistir a esa píldora de alegría que supuso el fantástico Atlético de Madrid – Barça y que tuve la suerte de presenciar en directo, me encontraba en el paseo de Yeserías camino del Vicente Calderón escuchando la radio a través de mis cascos. Normalmente a esas horas suelo estar en las inmediaciones de la puerta cero intentando aportar mi silenciosa presencia a la protesta que allí se da pero el pasado domingo, por razones que no vienen al caso, no me fue posible. En una de mis habituales búsquedas a través del dial camino al estadio me quedé en la cadena SER al escuchar como un simpático periodista parecía estar en las inmediaciones de la famosa puerta cero a tenor de lo que se escuchaba de fondo (“Cerezo cabrón… fuera del Calderón”). Me puso muy feliz suponer que la prensa “seria” de repente había decidido por fin informar sobre un movimiento civil sin patrocinadores que nació hace ya un tiempo y que está creciendo según pasan las semanas pero me puse muy triste cuando me di cuenta de que la “anécdota” servía simplemente de excusa fácil para que los “divertidos” periodistas del carrusel se descojonasen de risa en un momento de la tarde donde no pasaba nada. El chiste esta vez fue un símil de mucha risa entre el Hit Parece de los 40 principales y uno de los canticos que se escuchan en la protesta: “Enrique Cerezo queremos tu pescuezo”. La risa contagiosa de los simpáticos periodistas se propagó como la rabia entre toda la redacción. El tema de la protesta no es precisamente para reírse pero… el atleti, ese equipo graciosete, ya saben.

Una hora después del partido estaba en mi casa con la retina todavía encharcada por los goles de Forlán y el Kun Agüero y con muchas ganas de disfrutar, por una vez, de todas las cosas buenas que los periodistas del domingo tenían que decir de mi atleti. Tantas tardes de domingo tragándome desgracias y tragedias como si fuese aceite de ricino quedarían aparcadas por una vez en la que por fin conseguimos ver un Atleti parecido al de nuestros sueños. Puse la tele, abrí mi ordenador y… mi gozo en un pozo. El ecuánime y objetivo diario AS titulaba la crónica en su web de internet con el “acertadísimo” titular de “El Kun hace feliz al madridismo”. Leer aquel titular para un atlético como yo fue como notar una espina de Lubina clavada en la nuez. Algo muy difícil de digerir, ¿Tan difícil es que un periodista “serio” escriba un titular que diga que los goles del Kun hacen feliz a los aficionados del atleti en una noche como esa? Parece que si. En el resto de noticias y de titulares que encontraba en periódicos o emisoras de cualquier color también aparecía con más o menos presencia la idea de un Real Madrid protagonista del encuentro del Calderón y un Atlético de Madrid de fondo. El Atleti, ese equipo comparsa, ya saben.

Viendo con más tristeza que sorpresa que las televisiones no nos daban demasiada bola (de Telemadrid no puedo hablar porque su visionado está prohibido en mi casa desde hace años y así seguirá hasta que la repulsiva y desagradable imagen de Siro López desparezca de ese cuestionado ente) decidí darme una vuelta por el Olimpo de la noche deportiva, desde hace décadas instalado en la cadena SER, donde además de toparme con revisiones remozadas del “Atleti graciosete” y del “Atleti comparsa” (el protagonismo del partido seguía siendo una y otra vez, como no, del Real Madrid) tuve que soportar la lloriquera del llamado Sanedrín blaugrana, un par de tipos (especialmente uno de ellos) permanentemente resentidos con todo lo que no tenga acento catalán, que incluso llegaron a insinuar la vergonzante estupidez de que el Atleti fuese protagonista de una especie de conjura anti-catalana (donde también estaba el Español) que derrotaba al Barça pero no ganaba al Real Madrid. Puedo llegar a tolerar la insultante arrogancia con la que normalmente esta gente escupe sandeces desde su querida Barcelona y hasta me puede resultar gracioso ese forofismo extremo que en ningún momento pretenden esconder (algo que por cierto criticarían ofendidos si fuese de cualquier otro color) pero me repugna que un Gustavito venido a más nos insulte mirándonos por encima del hombro. El atleti, otro de esos equipos florero en la verdadera pelea: Madrid-Barça, ya saben.

La pataleta del espeluznante periodismo catalán (y me quejo yo del madrileño) representada por este par de iluminados se completó con la incuestionable e irrenunciable idea de que el partido básicamente había sido un caos, mal jugado, sin táctica, sin planteamiento, un error constante… como un recurso barato de un equipo indigno como el atleti para sacar al Barça de su Palacio exclusivista o simplemente como una especie de pelea barriobajera dirimida en el barro y por supuesto provocada por un atleti chabacano que no tiene otra forma de enfrentarse contra la elegancia perenne y supina que representa el Barça. Lo malo es que esa idea no fue exclusiva del chovinismo barato que se practica en Barcelona sino que muchas plumillas de relumbrón lo abrazaban con ardor (sin el perfume regionalista) esa misma noche o en días sucesivos. El Atleti, ese equipo casposo sin clase, ya saben.

Es decir, después de un partido en el que la afición colchonera unánimemente volvió a reencontrarse con su equipo y por primera vez en mucho tiempo logró sonreír, los mediáticos notarios de la actualidad llegaron a esas “acertadas” conclusiones. Para unos el Atleti fue un simple peón sin nombre, sin alma y sin corazón lanzado para contribuir en la guerra del Real Madrid, la auténtica, verdadera y única madre del cordero. Para otros el Atleti no fue más que una desagradable, maquiavélica e infecta piedra picuda colocada en mitad de la impoluta y elegante alfombra roja por la que camina el Barcelona protegido por su incompetente guardia de seguridad privada que de vez en cuando deja pasar indigentes molestos. En el mejor de los casos lo que resulta ser el Atleti es un equipo simpático, graciosete y algo grotesco que no suele afectar el devenir de las cosas. Esa es la imagen que se vende de mi equipo incluso después de derrotar al primer clasificado de la liga, metiéndole más goles que nadie, tirándole a puerta más veces que nadie, remontando dos goles que es algo que nadie había hecho, remontando dos veces que es algo que nadie había hecho, secando tácticamente al elogiado centro del campo azulgrana y dando una lección de entrega y pundonor después de alcanzar las cotas más bajas de autoestima tan sólo unos días antes.

Ni los gurús de la profesión, ni los sanedrines, ni Don Quijote “Calamidad” ni su Sancho Panza Cerezo creo que se paren mucho a pensar sobre este ínfimo detalle porque a ellos les da igual pero a mí no. A mí me duele.

Hace tiempo que estoy convencido de que uno de los frentes que los aficionados tenemos que abrir en este empeño de cambiar las cosas es el de exigir el respeto de la prensa pero mientras nosotros mismo sigamos comprando esta papilla venenosa y tragándola como niños buenos tendremos muy poco criterio para quejarnos luego de ella

I want to believe

William Mulder era un agente especial de la CIA de magnífico expediente e incalculable potencial que había decidido dedicar su vida y su talento a la investigación de los expediente X, esos caso de difícil solución archivados en las oscuras esquinas de la inteligencia americana relacionados generalmente con fenómenos paranormales de difícil comprensión científica. Muchos compañeros lo tachaban de lunático y pocos entendían como se podía derrochar tanto potencial en una labor tan absurda pero William Mulder no era desde luego de la misma opinión aunque a veces, cuando se quedaba estancando en sus pesquisas, se le pasaba la idea por la cabeza de si efectivamente estaba perdiendo el tiempo. En esos momentos levantaba la cabeza hacia la pared de su despacho donde colgaba una foto con el lema “I want to believe” (quiero creer). Yo que me he sentido una especie William Mulder muchas veces en este extraño vínculo que me une al Atlético de Madrid he conseguido hoy encontrar la imagen a la que desviar mi atención cuando tenga dudas de fe. Supongo que existirán un montón de explicaciones lógicas para explicar lo que ha ocurrido hoy, con las que además aplacar mi alegría pero que quieren que les diga, lo he pasado tan bien en el estadio y hacía tanto tiempo que no disfrutaba tanto en un partido de fútbol que me dan igual. Y es que el fútbol es esto y no eso que quiere imponer tanto entrenador megalómanos que basa el fútbol precisamente en todo aquello que tiene poco que ver con el o tanto periodista NBA que intenta hacer propaganda de un concepto de deporte-espectáculo que tiene también poco que ver con algo que lleva más de un siglo desatando emociones. 

El ambiente era precioso antes de comenzar el partido pero mi problema es que esta temporada ya había visto el estadio lleno y la gente entregada otras veces y no tenía buen recuerdo. Sin ir más lejos hace cinco días frente al Oporto en ese lamentable espectáculo que dimos al mundo. Por eso era reacio a eso de las siete de la tarde a chillar, airear la bufanda o hacerme ilusiones aunque rápidamente todos vimos que las cosas eran diferentes. Durante la semana se daba por seguro que Abel decidiría reforzar el centro del campo a base de sacrificar alguno de los hombres de banda (Simao con mucha probabilidad) pero el de Velada decidió dar un golpe en la mesa manteniendo el mismo equipo (sacando a Heitinga en lugar de esa broma pesada en forma de ser humano llamada Seitaridis) y el mismo esquema. Bueno, el mismo esquema no porque parecía otro equipo. Forlán se metía en el centro (sin perder la cara a la portería), Maxi y Simao se fogueaban en la contención, el Kun se dejaba la vida para no dejar jugar desde atrás, Asunçao barría su zona mientras secaba a Xavi... y todo eso con una concentración colectiva notable, sensación de peligro, una defensa torpe pero cerca del resto del equipo... por fin un equipo sobre el terreno de juego. El todopoderoso Barça no sabía ni podía jugar al este atleti y las ocasiones llegaban de lado rojiblanco hasta el punto de que ya en los primeros minutos el colegiado inauguraba su nefasta labor arbitral (como casi siempre con el Barça de por medio) anulando un gol legal a Heitinga.

Pero todo lo bonito que tiene el fútbol lo tiene de injusto y así con injusticia se adelantó el barça en el marcador. Un nuevo fallo de Pablo (el más flojo de la defensa), un rechace de mala suerte y Henry lanza un disparo desde la esquina del área que se cuela por la escuadra. Jarro de agua fría. El equipo se quedo algo tocado en lo anímico pero no bajó los brazos ni se escondió lo cual fue no sólo una novedad sino un anticipo de lo que vendría después. Se sucedieron unos cuantos intercambios de golpes hasta que un inédito hasta ese momento Messi recogió un balón a pocos metros del área, que es justo donde este chico no debe recibir, para demostrar al Calderón entero lo buen jugador que es. Se fue en velocidad sorteando rivales en pocos metros cruzando el balón a la salida de Leo Franco. 0-2 en el marcador y un panorama más que desolador. El Atleti de Aguirre muy pocas veces fue capaz de remontar un gol y creo que nunca consiguió hacerlo con más de uno. Si a eso el uníamos el estado anímico y físico de la plantilla parece fácil entender que la grada se preparase para otra noche de horror a la rivera del Manzanares pero había dos cosas en el ambiente que nos hacía resistirnos a ello. El primero que lo que estábamos viendo era injusto y segundo que los jugadores no parecían dispuestos a bajar los brazos. Así que sin tiempo de acomodar en el salón a los habituales fantasmas Forlán agarró un zurdazo desde su Uruguay natal que el bueno de Valdés se come con patatas. 1-2 y la esperanza contenía a la euforia.

Durante el descanso se respiraba un ambiente raro en los últimos partidos. Normalmente a estas alturas y con ese resultado la afición estaba cabeceando mientras enumeraba errores y jugadores sobrevalorados pero hoy no, hoy la gente decidía abrazar como suyo el famoso lema de Obama, yes we can... y pudimos. Comenzó la segunda parte con la misma tensión, colocación y velocidad que la primera y el espectáculo para el espectador no se resintió un sólo átomo. Antes que nada me gustaría destacar la labor de entrenador de Abel que hoy si supo leer el partido sin renunciar a su idea del fútbol. Adelanto la defensa y presionó arriba pero además alecciono a Simao para cerrar el centro del campo, bloquear a Alvés y abrir su banda en ataque obligando al brasileño a defender (gran partido de Simao). Coloco a Forlán cerca del centro del campo para tapar la salida pero sin sacrificarlo en ataque (gran partido del Uruguayo) y sobre todo organizó un buen entramado en el centro que impedía la construcción blaugrana (era curioso como el balón siempre tenía que salir de los pies de Puyol) en el que tuvo mucho que ver un jugador como Conseiçao que lleva varios partidos dando a entender que su fichaje no fue el tradicional error de todos los años. Igual que el martes Abel pareció un aficionado jugando en la liga de los mayores hoy ha dado un mensaje de personalidad y criterio. Al Cesar lo que es del Cesar. Y así, con todos esos parámetros más la presión arriba llegó un error en la defensa del Barcelona que el Kun (otro que ha hecho un gran partido) aprovechaba para empatar el partido.

Llegados a ese punto todos sabíamos que cualquier cosa era posible y así ocurrió. Jugadas de gol, errores, emoción, goles, alegrías, disgustos,... fútbol en una palabra. Con un atlético lanzado y mereciendo mucho más, el balón llega al lateral derecho colchonero desde donde se mete un balón al área pequeña para que Forlán, a escasos dos metros de la línea de gol, remate el balón fuera. Mientras el uruguayo todavía se lamentaba en la portería del equipo catalán, Heitinga se queda enganchado al tirar el fuera de juego y el balón llega franco a Gudhjonsen que con muchos metros por delante y sólo leo Franco enfrente cede el balón generosamente a Henry para que este ponga el 2-3 en el marcador. La injusticia del fútbol que dirán muchos. Pero este irreconocible atleti no tiró la toalla. A pesar de los pesares (2-3, el Barça y apenas 15 minutos por delante) decidió morir matando y se fue a por el partido. Y lo consiguió. Primero tras un penalty que no tiene duda para nadie pero que el inefable del árbitro se negaba a pitar y que Forlán aprovechó para transformar en gol con mucha sangre fría a pesar de la rabia del gol marrado y de los nervios que provoca el tardar tanto en ejecutar la pena máxima gracias a la estupidez congénita de la profesión de árbitro de fútbol. Después con una fusión de juego y pundonor que dio con el Kun Agüero (un jugador que debería estar siempre en el campo) dentro del área y al que ni siquiera un desacertado Puyol consiguió quitarle el balón en su carrera desenfrenada hacía el gol. 4-3 y la euforia desatada en el Calderón.

A veces se me olvida lo mucho que me hace disfrutar el fútbol. Es cierto que se me olvida porque cada vez son menos las tardes y las noches en las que verdaderamente me divierto viendo este bendito deporte pero ay amigo cuando ocurre. Hoy he disfrutado como un enano desde el primer minuto al último. Es de esos partidos que acabo agotado como si también hubiese estado jugando sobre el césped pero me gustaría acabar con un apunte: podríamos haber perdido y de hecho hemos estado cerca de hacerlo pero perder así duele mucho menos.