El nuevo traje del emperador



Guido y Luiggi Farabutto eran básicamente dos tramposos muy inteligente, pero eso es algo que el Emperador no sabía. El Emperador era déspota, poderoso y lo tenía todo pero quería todavía más así que no podía soportar la tentación de ser el dueño de eso que aquel par de supuestos sastres estaba vendiendo.

Al parecer la pareja tenía una tela cómoda y sofisticada que no sólo tenía un tacto tan suave que daba la sensación de no tener nada encima sino que, siempre según los creadores, era invisible para los necios, los bobos y los que no tuviesen la capacidad mental y preparación suficientes como para verlo. Los modistos aceptaron el encargo del nuevo traje para el Emperador y lo hicieron. El monarca, al verse sin nada encima (porque todo era una burda mentira), dudó un instante de si estaba siendo víctima de una tomadura de pelo o no pero su soberbia era mayor que cualquier cosa y no podía permitir generar la duda de que fuese necio o tonto o incapaz así que creyó ver la tela. Igual que sus súbditos, igual que sus palmeros, igual que toda la corte. Salió de esa guisa por la calle y toda la gente, incapaz de llevar la contraria al Emperador, vitorearon su figura celebrando la magnificencia del nuevo traje…

La liga española siempre ha tenido los mismos emperadores pero desde hace años también tiene un nuevo traje igualmente pergeñado por inteligentes sastres que al igual que los Farabutto básicamente son tipos inteligentes. También tramposos. “La liga de las Estrellas”, reza la publicidad del traje. “La mejor liga del mundo”.

Algún necio podría pensar que la mejor liga del mundo es aquella que se supone más disputada, o más bonita de ver o más emocionante por estar equilibrada,… pero resulta que no es así. Ya no es ni siquiera una liga sino una serie de partidos preparatorios de los dos que juegan para las dos grandes finales. Un escaparate publicitario para dos animales y las sobras que recojan sus liendres. Así será también en el futuro mientras los dos elegidos, los autoerigidos representantes de las dos Españas, reciban 100 millones de euros más (el 350%) que el siguiente en la lista, ocurra lo que ocurra en ella. No lo puede ser mientras el Real Madrid, eliminado en octavos de la Champions League, gane 200 millones de Euros más (más de 400 en total) que el Inter de Milán, campeón de dicha competición. Algún necio podría tener la sensación de que las supuestas estrellas o no están o tienden peligrosamente a estar todas en el mismo sitio. Es como si Bill Gates se monta una casa en mitad de Kinshasa y decimos que las rentas más altas del mundo están en la República Democrática del Congo. Aun así, los necios que no quieren serlo están convencidos no sólo de ver la Liga de las Estrellas sino de incluso pertenecer a ella. Sin sospechar que la supuesta Liga es exclusivamente el trampolín trucado desde el que los dos elegidos se lanzan al mundo, los necios que pretenden no serlo se apuntan así al carro de la excelencia pagando religiosamente a las televisiones y plataformas filantrópicas que mueven esta competición tan sana y divertida.

Algún tonto podría pensar que si Mourinho dice que un entrenador rival se ha dejado ganar está rompiendo el código ético entre profesionales e insultando a un colega pero resulta que no es así. Hay que saber ver el traje. El que incita a la violencia es el que se defiende de la afrenta y merece la horca por ello. De la misma forma Pepe no es un psicópata vestido de jugador de fútbol sino un “excelente” jugador, fogoso y entregado al que le provocan. Figo no lesionó a nadie sino que el jugador lesionado lo hizo en un lance fortuito del juego. El Real Madrid no fichó a Zidane o Ronaldo o Beckham o Cristiano desestabilizando a sus equipos de origen sino que los jugadores siempre quieren jugar en los grandes. Makelele es sin embargo un repugnante esquirol. Sólo un tonto incapaz de ver el traje puede pensar que aplaudir las macarradas, desprecios y marrullerías de esa suerte de El Vaquilla engreído que arrastra su estupidez por los campos vestido con el 9 del Real Madrid es nocivo para la educación de los miles de niños que siguen el fútbol porque en realidad es todo lo contrario. Es un ejemplo moderno de ganador.

Algún incapacitado como yo, que además es aficionado al Atleti, podría pensar que salir al Bernabéu cagado de miedo, dando pelotazos al balón, nerviosos, encerrados en su área e incapaz de jugar al fútbol hasta ir 2-0 en el marcador y con el rival pisando el freno es vergonzoso e indigno del escudo que representan pero resulta que, como ya me han dicho, no estoy capacitado para entender nada. No desde luego para ver el traje. La realidad, como rezaba el editorial matutino del Ministerio de la Verdad al día siguiente aplaudido por los que vitorean al Emperador, es que el Atleti sale reforzado de perder. Debemos ser el equipo más “reforzado” de la liga entonces. Debe ser que no caer goleado es un éxito y que perder contra todos los que están arriba es simplemente una anécdota. Más de una década planificando deportivamente con el orificio rectal y sin ser capaces de traer un solo centrocampista digno es simplemente mala suerte o cosas de la vida o lo que es peor… una ilusión óptica porque en realidad si que se han traído al parecer grandes centrocampistas. La buena prensa (buenísima, en realidad) de jugadores como Asenjo o Raúl García, que demuestran domingo tras domingo en el campo el valor de su fichaje y de su ficha, no tiene nada que ver con que sus representantes engrosen la nómina de periodistas y analistas especializados (a uno y otro lado de la competencia). ¿Cómo podría estar relacionado? Pensar que si Madrid y Barça, con el primer y segundo presupuesto más grande, siempre están primero y segundo (y se les exige que así sea), el Atleti debería por la misma regla de tres ser siempre tercero o cuarto pero resulta que ni ocurre ni se le exige. La inmensa multitud que disfruta con la visión del traje del Emperador, entiende el esfuerzo y tiene una capacidad prodigiosa para chapotear en el optimismo y aceptar la “realidad”.

La historia que Andersen pergeñó en 1837 acaba con la inocente voz de un niño que desprovisto de la estupidez, necedaz y prejuicios de sus mayores acaba gritando con honestidad brutal “pero si va desnudo”. Me temo que ya no quedan niños. O quizás es que el sonido de la multitud es tan atronador que el grito solitario de un niño ya no se puede escuchar.

4 comments

Emilio 16 nov. 2010 12:09:00

Gran blog Don Ennio, permítame invitarle al mío en un tono parecido, un blog del atleti desde un punto de vista diferente.

Si le parece bien añádame:

http://laagoniadelmediapunta.blogspot.com/

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO 16 nov. 2010 15:02:00

Refleja perfectamente lo que pasa en el fútbol español. Una vez más, genial artículo. un abrazo.

Cex 16 nov. 2010 18:30:00

Coincido con todo el artículo y en particular en lo referente a lo de la «Mejor liga del mundo».

Llevo tiempo cavilando una propuesta de hacer oficial lo que ya es un hecho: crear dos competiciones en una. Pero creo que la gente lo consideraría algo utópico (cuando lo utópico es competir por la actual Liga), y la verdad, yo no tengo peso alguno ni para darla a conocer ni para que se me tenga en cuenta. Además, de que a la corriente mayoritaria le parecería una gilipollez, fundamentalmente porque les jodería el negocio. Por eso nunca me he animado a redactarla.

El punto de partida es muy sencillo: el Barça, el Madrid y (sobretodo, diría yo) la prensa «deportiva» han esquilmado el fútbol español. Es hora de hacer algo...

P.D.: Me parece que tú también lees a Rubén Uría, ¿no?

Ennio Sotanaz 21 nov. 2010 9:04:00

Gracias Emilio, apunto la dirección y prometo darme una vuelta en cuanto tenga un rato.

Cex, claro que leo a Rubén Uría. Un gran descubrimiento que no sé lo que durará mientras siga diciendo cosas tan “incómodas”

Un abrazo a todos y perdón por tardar tanto en responder.