Competitividad

FC Porto 1 - At. Madrid 2


El Diccionario de la Real Academia de la lengua castellana tiene dos acepciones para la palabra competitividad. La primera dice: capacidad de competir. La segunda, más elegante, dice: rivalidad para la consecución de un fin. Sinceramente, hoy creo que la mejor definición que existe a mi alrededor para retratar ese concepto es decir Atlético de Madrid. El equipo de Simeone, porque evidentemente es el equipo de Simeone, es un maquina. Un engranaje de apariencia simple pero tremendamente complejo que entrelaza con trazo de filigrana ambición, estilo, fuerza, táctica, emoción, solidaridad, físico y poderosa mentalidad ganadora. El Atlético de Madrid del cholo Simeone es una masa densa  prácticamente irrompible que se adapta a cualquier ambiente, a cualquier contratiempo y a cualquier situación. Mira siempre a la cara. Mira siempre hacia delante. Juega bien y juega mal. Crece y se estira para volver a contraerse hasta espacios en los que es incluso imposible bailar un chotis. Suda y sufre. Pega y recibe. Pero nunca tuerce la cara. Nunca pierde el norte. Nunca olvida que existe un fin que conseguir y que eso se hace compitiendo. El Atlético de Madrid es un equipo excelente. Empático y envidiable. Y tengo la suerte de que sea el mío.

Por mucho que algún analista lumbrera tirara de soberbia e ignorancia, el partido de Oporto era tremendamente difícil. El más complicado que deparaba la fase de grupos. Jamás habíamos ganado en Oporto en Champions y jamás habíamos metido un solo gol. Por algo será. Y lo vimos de hecho nada más comenzar el partido. El equipo tripeiro es otro ejemplo histórico de competitividad. Un equipo que ficha muy bien y que siempre construye conjuntos compactos, de estilo reconocible y peligrosos. La primera media hora fue una pesadilla para los colchoneros. El equipo luso nos pasó por encima. Saltó con un marcha más  y un nivel de intensidad exagerado, que hacía que ganasen todos los balones, todos los rechazes y todas las pelotas divididas. Dominaban el balón y dominaban el ritmo frente a un Atleti, desconocido en lo que a tensión se refiere, que no se encontraba. Abriendo mucho el campo y defendiendo muy arriba, los portugueses sacaron todas las costuras de los madrileños. Los dos mediocentros bloqueados, especialmente un Tiago demasiado lento, Arda sin posibilidad de conexión, Raúl García perdido en la banda, Villa desparecido, lo cual empieza a ser norma de la casa desgraciadamente y arriba un Baptistao que ponía mucha voluntad pero que sigue sin gustarme. Lo veo muy verde, escaso de calidad y de recursos. Con ese panorama el Oporto empezó a rondar la portería de Courtois cada vez con más peligro hasta que pasado un cuarto de hora Jackson Martínez remató una falta lateral a la red. Un 1-0 justo que ponía el partido todavía más difícil. 

La dinámica no varió demasiado tras el gol. Los portuenses retrasaron algo la línea pero seguían dominando todas las fases frente a un rival que se veía incapaz de encontrarse. Pasada la media hora, quizás debido a la ligera bajada de intensidad del Oporto, los mediocentros colchoneros aparecieron por fin para tener el balón y distribuirlo con criterio por primera vez en el partido. La cosa empezaba a cambiar y nos íbamos al descanso con la sensación de que había mucho margen de mejora. Pero la vuelta al campo del equipo dejó claro que las charlas de Simeone en el descanso no sólo tienen un efecto estupefaciente en la moral de los jugadores sino que el sentido táctico de nuestro entrenador es excelso. Consciente del problema, el Cholo retiró a un inexistente Villa para ganar un centrocampista más con el Cebolla. Los centrales, que hasta entonces había ganado siempre a nuestra delantera, perdieron la referencia y ahora tenían que recibir un equipo más abierto, reforzado en el medio campo, que llegaba en superioridad y que era menos previsible. Y funcionó. Se igualó el nivel de intensidad, se recuperó el balón y así el Atleti pasaba a dominar. Al igual que había ocurrido con el 1-0, el empate apareció de jugada a balón parado, esta vez de soberbio remate de cabeza de Godin.

El empate era un excelente resultado para los colchoneros pero la mentalidad de este equipo no pasa por especular con estas cosas. Con un nuevo centrocampista (un sorprendentemente ausente Koke que salía por Leo) Jugando mucho más junto, más solidario y de forma más inteligente, el Atleti recibió, ahora sin despeinarse, el nuevo arreón del equipo luso. Un Oporto que se quiso ir arriba pero que apenas inquieto más allá de balones bombeados y faltas. El Atleti sin embargo estuvo a punto de marcar el segundo con un gran pase de Arda que Raúl García no acertó a conectar en boca de gol y que encima provocó una lesión preocupante del navarro. Pero la sorpresa estaba a punto de llegar de la mano de una de las parcelas preferidas de nuestro entrenador: la pizarra. Pase de Gabi al corazón del área para que Arda, completamente solo y probablemente en fuera de juego por centímetros, empotrase el balón en la red. Gol, victoria y subidón de adrenalina.

El Atleti sigue contando los partidos por victorias y a su imperial andadura en liga se suma este prometedor arranque en Champions que deja el tercer clasificado a 5 puntos en la segunda jornada. Seguimos soñando. Como acabo de escribir en twitter, somos claros candidatos a ganar... el próximo partido. #PartidoAPartido #InCholoWeTrust.


2 comments

cdelrui 2 oct. 2013 11:12:00

Asi es, D. Ennio. Este equipo compite, no da nada por perdido. Es la mejor definición del milagro que el Cholo (we trust) ha conseguido.
Lo de ayer es otro ejemplo de que el Atleti está de dulce, fruto del trabajo intenso que lleva.
Veremos donde nos lleva la temporada, pero por ahora no quepo en mi de orgullo.

Buenos dias.

Anónimo 2 oct. 2013 14:49:00

Completamente de acuerdo con tu crónica, Baptistao estuvo torpe y no encontro el sitio. Es increible como le salen las cosas de bien al cholo desde el banco, terminando sin referencias en punta y nos llevamos 3 puntos del campo mas dificil de nuestra fase de grupos.

Alfon