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Rayo Vallecano 2 - At. Madrid 4

Hay uno de esos dichos castellanos que explican un montón de cosas sin necesidad de necesitar muchas palabras y que dice que aquí el que no se queja es porque no quiere. Verán por qué lo digo. Cuando el partido en el Nuevo Estadio de Vallecas trazaba ya su recta final, apenas quedaba un cuarto de hora, debo reconocerles que un servidor estaba nervioso. Parece difícil de creer porque el Atleti marchaba dos goles por encima, sí, pero el Rayo, enfundado en ese traje de Kamikaze tan elogiado por muchos que no son del Rayo, estaba totalmente volcado en el área rival y daba la sensación de que la plácida tranquilidad podía desbordarse en cualquier instante. Me daba miedo un final eufórico de ida y vuelta. En ese momento me acordé de tantos y tantos partidos durante la última década en los que, en la misma situación, hubiese estado seguramente mucho más tranquilo. ¿Por qué? Fácil. La diferencia es que entonces no teníamos nada que perder o como mucho, simplemente tres puntos que nos acercaría a las posiciones que dan acceso a Europa por la puerta de atrás. Parecía que mi salud prefería aquellos tiempos a estos, lo cual es ciertamente absurdo. Pero es que uno trataba de buscar consuelo echando un ojo a las redes sociales y el tema se ponía todavía peor. Quejas y más quejas por parte de las huestes colchoneras. Que si Manquillo, que si los centrales, que si el equipo se desangra, que si defendiendo muy atrás, que si Gabi, que si Koke, Que si Costa, que si Villa, que si qué hace el Cholo, que si la cagaba no sé quién, que si la cagaba no sé cuantos,... ¿Qué está pasando? ¿Estamos locos? Parece ser que sí. 54 puntos. Un único partido perdido en toda la temporada. 52 goles a favor y sólo 14 en contra. En Copa, el Champions, en Liga,... y las huestes colchoneras enfurruñadas con 2-4 en el marcador. insisto: ¿Qué está pasando?

El partido de hoy tenía trampa, sin duda. El Rayo es un equipo en posiciones de descenso pero es un equipo peculiar. Es un equipo con una plantilla muy justa pero que engaña en su rendimiento por la forma de jugar que tiene. Una forma de jugar atrevida, que se acerca al límite del suicidio, en la que puede llevar a que ocurra cualquier cosa, casi siempre imprevisible. Para el Atleti es una bendición jugar contra un equipo que deja espacios, que saca la pelota jugada y que tiene un sistema defensivo francamente mejorable pero por otro lado no está acostumbrado a defender a equipos que acumulan tantos jugadores en ataque, que juega tan bien la pelota entre líneas y que juega con ese espíritu combativo, independientemente de lo que ponga en el marcador. La cuestión era quién se llevaba el ascua a su sardina. Para variar, el ascua se la llevó el equipo que entrena Diego Pablo Simeone. Y puede que esto le aburra a más de uno pero a mí no.

Los primeros 20 minutos del Atleti, para mí, fueron bastante buenos. Conscientes del juego del rival, salieron muy intensos y muy arriba. Presionando la salida de balón de los vallecanos y metiendo un plus de tensión en la zona medular. El Rayo trataba de tener el balón pero era incapaz de superar la presión colchonera, que por otro lado aplicaba esa mentalidad vertical tan poderosa que le ha hecho llegar al lugar que está. A los 7 minutos esa presión asfixiante dio sus resultados. Villa roba un balón en la frontal del área, cede a Diego Costa que con tanta habilidad como generosidad devuelve la pelota al asturiano para que el Guaje inaugure el marcador. El partido entraba así en el escenario perfecto para los de Simeone, que sin recular demasiado acercó las filas, atrasó un poco la línea de presión y controló el partido como le gusta. El Rayo trataba de desperezarse y llevar el balón a la zona de tres cuartos, lugar en el que el equipo crece y se transforma en otra cosa, pero no era capaz. El centro del campo comandado por Gabi, buen partido del capitán otra vez, lo impedía. El Atleti robaba y salía, dando mayor sensación de peligro que su rival. Pero en una de las pocas llegadas de los franjirojos, jugada absurda, el árbitro pitó penalti de Manquillo. Para mí no es penalti, pero dada la sensibilidad a flor de piel que últimamente tienen los colegiados con todo lo que signifique Atlético de Madrid mejor no discutirlo porque hasta el Papa Francisco demostrará deportes Cuatro que por supuesto lo fue. Afortunadamente en la portería sigue estando uno de los mejores porteros que han vestido la camiseta de este club (sí, sé lo que acabo de escribir y lo creo de veras) para detener el lanzamiento de Jonathan Vieira. El Rayo quedó por este lance un poco noqueado anímicamente pero fue mucho peor después, cuando una diagonal que vuelve a ganar Diego Costa de forma prodigiosa (es impresionante esa faceta del hispano-brasileño) acaba con el balón dentro del área y en los pies del Principito Sosa. El argentino, mejor que otras veces pero para mí sin aportar nada relevante, decide amagar y ceder el balón a Turan que venía por la izquierda en lo que sería su mejor lance del partido. El Turco, a pesar del estado del campo, que provocó un extraño en el balón, puso el 0-2 en el marcador.

El Atleti tuvo entonces uno de esos momentos de desequilibrio y relajación, tan impropios del equipo del Cholo, pero tan reconocibles en las últimas fechas. Un par de pérdidas de balón absurdas en zona peligrosa (con Sosa de protagonista), acabaron con contrataques de los vallecanos y en uno de ellos, tras una toque de primera de Trashorras que es digno de genio, dejaba a Jonathan Vieira delante de Courtois para poner el 1-2 en el marcador. Pero cuando todo hacia pensar que el partido se pondría raro, que el Rayo ganaría en poder anímico y que al Atleti le costaría volver a la dinámica de la pelea, apareció la enésima jugada a balón parado que resuelve la papeleta a los rojiblancos. Balón al área, Saúl que forzada toca de cabeza, pelota que llega peinada al segundo palo y pierna de Turan que aparece para hacer el tercero.

El 1-3 dejaba mucho crédito al Atlético de Madrid para afrontar el segundo tiempo y pesó como una losa al Rayo Vallecano. Otra vez buenos primeros minutos de los del Cholo pero de duración mucho menor que en la primera parte. En seguida Paco Jémez dio salida a esa apuesta suicida de acumular jugadores arriba a la que no tiene ningún problema en recurrir, y en seguida el partido tomó el tinte que ya no abandonaría hasta el final. Todo previsible salvo la respuesta de un Atleti que especuló más de la cuenta, reculó más de lo esperado y sobre todo tuvo muy poco criterio a la hora de usar el balón las veces en las que caía a sus pies. Aun así, los de Simeone no sufrían y aunque la sensación era la de que los vallecanos jugaban demasiado cerca del área colchonera, la realidad es que no aparecieron demasiadas ocasiones. Lo que si llegó fue, por fin, un contrataque bien tirado por el Atleti que acababa con Filipe Luis ganando la línea de fondo y dando un pase de la muerte para que Diego Costa en semifallo junto a la bota de Saúl hicieran el cuarto de la noche. Faltaba quince minutos, así que el gol apuntaba a un final tranquilo de partido pero nada más lejos de la realidad. Los de Jémez, fieles a ese carácter indómito del que hacen gala, siguieron exactamente igual y dos minutos después, tras un buen balón colgado al área al que entraron varios jugadores a rematar, Larrivey hacía el segundo para los suyo. A partir de ahí asistimos a los mejores minutos del equipo local y los peores del visitante. El Atleti defendiendo muy abajo, con cierto desorden y muestras de cansancio frente a un Rayo volcado en ataque que movía el balón en la zona de tres cuartos como los ángeles. Pero no pasó nada más. Llegaron las ocasiones pero en la portería estaba Courtois para beneficio de la salud de muchos aficionados colchoneros. También tuvimos ocasión de ver algún otro buen contrataque del los del Cholo pero, probablemente por cansancio, generalmente bastante mal resuelto.


Tres puntos que mantienen al equipo en lo más alto de la tabla clasificatoria y que deja todo exactamente igual que estaba. Es evidente que existe toda una cohorte de analistas, de esos que escriben las crónicas antes de que ocurran, que están esperando desde hace meses el bajón de este equipo milagro pero “desgraciadamente” ese bajón no llega. No caigamos en ese espíritu cenizo prefabricado que parecen querernos imponer ni seamos tan inocentes de empezar a juzgar a nuestro equipo con las reglas, elementos y herramientas que gentilmente nos fabrican desde los poderosos medios de comunicación para que lo hagamos. Tiremos de personalidad. Disfrutemos del momento. Disfrutemos de ganar. Disfrutemos de las cosas buenas. Por favor.  

6 comments

CAR 27 ene. 2014 8:42:00

Enhorabuena.
Totalmente de acuerdo con usted.
Hay que disfrutar por completo de nuestro equipo.
Que poca memoria tenemos.
Yo cada día que pasa, disfruto más con mi equipo. Y eso es lo que hay que hacer disfrutar.
Disfruten Señores, Disfruten.

Un saludo.

cdelrui 27 ene. 2014 11:16:00

Disfrutamos, D. Ennio, disfrutamos. Como hace mucho que no lo hacíamos. Y que siga la fiesta.

Buenos dias.

magerit 28 ene. 2014 2:00:00

Una vez más lo has clavado Don Ennio.

Disfrutemos de nuestro equipo y disfrutemos de crónicas como las de este blog.

Saludos

Ennio Sotanaz 28 ene. 2014 9:27:00

Muchas gracias a los tres por estar siempre ahí. Un fuerte abrazo.

Joaquín 28 ene. 2014 10:45:00

"Carpe diem, carpe diem". ¡Qué difícil es para los atléticos, rabiosamente inconformistas por naturaleza, cumplir este aserto! Lleva Ennio varios artículos reflexionando por este asunto, se le nota mosqueado ante los comentarios que lee y lo que escucha en el campo. Buen conocedor del paño, sabe que los atléticos vivimos en una noria permanente y que de un plumazo podemos pasar de la exaltación sin freno al griterio descalificador. Este trajín a mi también me mosquea, pero como dice mi hijo "es lo que hay" y no podemos desprendernos de esta desazón. El fatalismo nos persigue, algunos quieren que quede como marca de la casa. Lo peor no es que tengamos que sopertar a los agoreros de fuera, ajenos a a nuestro sentir, lo peor es que algunos, muchos de nosotros, se dejan arrastrar... Pero, en fin, esto es lo que hay. Yo me las he tenido durante cinco temporadas tiesas con más de uno por el "caso García". Ahora le reverencian. No me fío, un par de mamos partidos y "vuelta la burra al trigo". Dentro de poco Diego Costa. Al tiempo... Saludos a todos.

Anónimo 28 ene. 2014 19:31:00

Solo hay que disfrutar!. Yo cada vez que voy al Calderón trato de hacerlo, ser grandes en la victoría también consiste en esto, en no dejarse camelar por los nuevos gurús del pensamiento único.el tribunero
Ennio, como siempre, magníficas crónicas. En relación a esa manía de elevar a las nubes a jugadores que luego mandas a la hogera a las primeras de cambio me he acordado de este artículo:

Una persona puede ir al fútbol Domingo tras Domingo, durante 50 años, y seguir sin tener ni idea de lo que está viendo. Para entendernos, el tribunero es ese aficionado que cuando un jugador tiene el balón cerca del área, le grita: “pero ¡Tira! ¡Tiraaaa! ¡Tiraaaaaaa!”, y acto seguido, cuando el balón se va alto, le espeta un “¡Pero para qué tiras!”. O también a la inversa, claro; 89 minutos criticando a un jugador de su equipo, y cuando marca el gol de la victoria, lo celebra diciendo “¡si ya os lo decía yo!” El tribunerismo existe también en la vida extradeportiva. Hace unos años el tribunero de la calle era ese que te decía: “pero no seas tonto, vete a por la hipoteca, que pierdes dinero”, y hoy no se le caen los anillos en decir: “y si no pueden pagarlo para qué se meten, ¿eh?” Hoy se ha reciclado, y siguiendo el ruido de los medios una vez más, te da la solución: “pero no seas tonto, ¡pide un crédito y emprende!”.

El tribunero se distingue por su falta de análisis, por su ceguera. Él solo ve lo que tiene delante, lo que sucede en el césped. No le hables de las SADs (“el dueño es el que pone el dinero, haberlo puesto tú”), de la mala planificación deportiva (“si es que no le echan huevos”), ni de las deudas o sueldos millonarios (“si cobran eso será que lo generan”). Si el balón entra, bien, y si no entra, solo puede ser porque “los artistas” no luchan. De igual forma, si desde el parlamento nos joden con sus decisiones impopulares, no es porque les sobornen las grandes empresas para ello, es porque tienen demasiados coches oficiales y asesores.

Cuando su vecino (de grada o de piso, da igual) señala al dirigente corrupto, el tribunero le dice que no, que no sea tonto, que eso no es la luna, que es su dedo. Que te lo digo yo que llevo mucho en esto" IÑIGO ARZA / Periódico Diagonal

Un abrazote

Alfon