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¡Un abrazo!

¡Qué siga la fiesta!

At. Madrid 0 - FC Barcelona 0

Hace unos pocos años, ustedes lo recordarán bien, el Atlético de Madrid aparecía en el campo como un equipo del montón. De esos que pelean en mitad de la tabla todo el año, en muchos casos pasando sin pena ni gloria por la competición, hasta que en los últimos partidos no les queda más remedio que decidir si el club debe pelear por Europa, eufemismo que su usaba mucho y bien para referirse a la Europa League o la UEFA, o por el contrario se tenía que ver obligado a coquetear con la lucha por evitar el descenso. En esos tiempos, los entrenadores que llevaban la manija del equipo aparecían en rueda de prensa, con mejor o peor verbo, con mejor o peor sonrisa, para tirar de tópicos y frases manidas mientras escupían, menospreciaban y dilapidaban el legado histórico del Club Atlético de Madrid, algo que dudo que conocieran, con un discurso que además era tramposamente incoherente con la realidad que marcaba el presupuesto. Cuando entonces esos entrenadores del montón se encogían de hombros y dejaban caer que con lo que tenían entre manos no podían aspirar a más, se me encogía el estómago y me fermentaba el alma. Detesto recurrir al victimismo pero es lo que esta gente hacía, de forma además totalmente gratuita. Un equipo que tenía el tercer mejor presupuesto de la liga pero que se movía en la sexta posición de la tabla no podía vender que esa era su pelea y que, por ejemplo, acabar cuartos en la tabla tras una temporada lamentable era un éxito pluscuanperfecto. No lo era, aunque entonces me criticasen por decirlo. Hace unos minutos, el Cholo Simeone ha dicho en rueda de prensa que entre el Barcelona y el Atleti hay una "pequeña" diferencia de 400 millones de euros. Algún petulante salvador de la patria calificará la frase de victimista y desde esa premisa se llenara de estiercol alguna que otra tertulia de esas que están tan de moda, pero yo creo que no lo es. No sólo la frase refleja fielmente la realidad sino que además aparece después de un partido en el que su equipo, el Atleti, ha empatado con el primero de la liga, club con el que empata a puntos, en un partido que le ha jugado de tú a tú, mirando siempre a la cara y exigiendo el máximo del rival. Un partido que ha jugado para ganar y que además ha podido ganar. En ese escenario, con el resultado en tablas y ambos equipos sentados en el mismo lugar del Olimpo real, el que marcan los puntos, Simeone especifica cuál es la diferencia entre ambas escuadras y lo hace básicamente para contestar a toda esa cohorte de plumillas rapsoda que luego le achacarán haber planteado el partido de un modo defensivo y poco vistoso. Es una sutil y elegante forma de decir, señores, denme 400 millones más y después pidanme que un alguno de mis jugadores pueda ganar el solo el partido, que pueda dejar a mis dos mejores delanteros en el banquillo para que estén frescos en la segunda parte, que el delantero titular del equipo con el que me juego la liga sea precisamente un jugador que a mí me sobraba y en definitiva que juegue como el Barça. Pero si no lo hacen, dejenme al menos jugar como yo sé porque yo, con millones o sin ellos, quiero ganar todos los partidos y necesito otros 50 puntos a partir del domingo si quiero ganar la liga.

El partido, para mí, que lo vi en el Vicente Calderón enfundado a una elástica rojiblanca, fue precioso a pesar del 0-0 final. Entiendo que no piense lo mismo un aficionado al West Hamm que vive en Cornualles pero curiosamente, a diferencia que esa cohorte de rapsodas a la que me refería antes, estoy seguro de que él también lo habrá disfrutado. El Estadio presentaba un aspecto espectacular con un colorido, un sonido y un sabor digno de las grandes ocasiones. Uno de esos momentos que se guardan en la memoria para tirar de ellos cuando alguien hace cuestionarte tu afición a este deporte. El Atleti salió, para mi gusto, muy bien. Disipando las pequeñas dudas que había generado en los últimos partidos en los primeros segundos. Presión asfixiante, verticalidad, agresividad e intensidad extrema. La marca de la casa. El Tata Martino había dejado a Messi y Neymar en el banquillo en una decisión que asombró a todos pero que yo creo entender. El Barça necesitaba jugadores más físicos para trabajar las subidas de los laterales e interiores colchoneros y esa era una batalla, tan exigente físicamente gracias al ritmo que impone el Atleti, en la que dos estrellas como Messi y Neymar podían perderse. Los primeros 15 minutos fueron prácticamente un acoso y derribo de los del Cholo que tuvieron algunas ocasiones como una llegada por la línea de fondo de Oh rey Arda Turan y un remate flojo de Costa. Uno se frotaba los ojos para ver que se estaba jugando solamente en el campo del Barça y que aquello no era un sueño.

Pero pasados los primeros minutos el Atleti bajó el pistón y el Barcelona aprovechó para recuperar la pelota y quedarse con ella. Moviéndola, durmiéndola y pausando el vertiginoso ritmo de su rival hasta ese nivel de pulsaciones estable y lento en el que se manejan mejor. Pero fueron incapaces de hincar el diente a un rival que tácticamente volvió a dar una lección de defender fuera de su área. El Barça era incapaz de tirar a puerta y, también hay que decirlo, aparecían síntomas de juego especulativo y falto de ambición. Pero los robos del Atleti no conseguían tampoco fructificar, debido fundamentalmente a la incapacidad de un Villa que no está. Cumple en defensa, lo entrega todo físicamente pero en ataque es absolutamente nulo. Hoy, me duele decirlo, ha sido una rémora y desgraciadamente no es la primera vez. Aun así, antes del descanso, Costa casi logró conectar un balón al segundo palo que hubiese podido ser gol.

La segunda parte puso a Messi en el terreno de juego pero el argentino seguía prácticamente inédito cuando 45 minutos después el árbitro pitaba el final. El Atleti no cambia el esquema ni por Messi ni por nadie así que el crack blaugrana, que dejó sólo algún apunte de lo que es, se estrelló, como sus compañeros, en la tupida defensa rojiblanca (aunque suya fue también la mejor ocasión con un mal remate de cabeza). Pero no se crean que los del Cholo se dedicaron simplemente a defender. Nada de eso. Se quitó la presión de encima rápidamente y gracias a un Arda Turan sobrenatural, comenzó también a tener el balón y crear peligro. El partido que ha realizado el jugador turco es de los de enmarcar. Demostrado ya que es imposible quitarle la pelota, ha dado todo un recital de parar el balón, esconderlo, tocarlo en corto y en largo. De ver el pase, de jugar con el cuerpo y aprovechar la inteligencia para moverse por un campo de fútbol. Arda Turan es un crack mundial pero no de los que marca la moda histriónica de gomina y soberbia sino de los que no necesitan decirlo. Un jugador excelente, que proyecta una forma de entender la vida y el fútbol con la que un nutrido grupo de aficionados, entre los que me yo me incluyo, se sienten identificados. El Atleti tuvo dos o tres periodos de arreón, espoleados además por una grada que hoy ha vuelto a ser esa temida afición de la que hablan los libros, en los que ha podido marcar. Sobre todo en una de las típicas diagonales de Diego Costa que remató mal con la izquierda y otro remate desde la frontal de Arda Turan que paró Valdés sin dificultad. Los últimos minutos, con los dos equipos exhaustos, prueba de la exigencia que había provocado en el Barça los de Simeone, fueron sobre todo para los blaugranas que entonces sí, dieron la sensación de peligro aunque se quedó exclusivamente en eso, en una sensación.


El partido pone fin a una primera vuelta de ensueño, casi milagrosa, que deja al Atleti en lo más alto de la tabla con 50 puntos. Algo tan difícil de creer, tan difícil de conseguir y tan difícil de repetir que no pienso caer en esos cantos de sirena que resuenan desde las rotativas o las redacciones deportivas y que nos quieren endiñar una presión absurda que no estoy dispuesto a soportar. Esto, para mí, es una fiesta y nadie me la va a estropear. ¡Qué siga la fiesta!

2 comments

CAR 13 ene. 2014 7:41:00

Excelente. Como de costumbre.

Tan solo un detalle que me gustaría mencionar. No me gusto la labor arbitral. Perjudico claramente a nuestro equipo, no siendo equitativa con las tarjetas y decantándose claramente por el Barsa. En la primera parte pito un fuera de juego inexistente en un clara ocasión que hubiera sido Gol. La falta de Neimar por detrás a Arda Turan es merecedora de roja directa.

El Vicente Calderón cuando ruge, ruge de verdad.

Un saludo.

Mario García 13 ene. 2014 16:31:00

Lo de Arda fue, sencillamente, magnífico. Es un fuera de serie. Además, Tiago y Gabi estuvieron implacables en el centro del campo.

Sobre Villa, se dejó la piel, pero sigue muy desaparecido en los metros finales.

Un saludo desde Paseo Melancólicos - Arda Turan se luce contra el Barça.