Tiago

Tiago Mendes aterrizó en la rivera del Manzanares 48 horas después del día de reyes de 2010. Sí, en el mercado de invierno. La tradición de mediocentros en el Club Atlético de Madrid era tan sumamente catastrófica que su llegada no despertó demasiada expectación. “Otro más”, rezaba por entonces mi anónimo (y cenizo) compañero de grada. No podía jugar la Europa League (competición que acabamos ganando ese año) y encima venía cedido por la Juventus, equipo en el que había pasado sin pena ni gloria. “Si allí no lo quieren…”, confesaba también entonces mi vecino, con ese optimismo tan valiente del que hacen gala los que nunca se equivocan. Contra todo pronóstico, el portugués se hizo con el puesto y acabó completando una gran campaña que nos llevó a ganar ese año la segunda competición europea (aunque él no la jugara) y a la final de la Copa del Rey, tras muchos años sin títulos. El Atleti perdió aquella final de Copa en Barcelona frente al Sevilla pero Tiago, que no había podido jugar en Hamburgo, entendió aquel día lo que era este bendito equipo. Aquella noche, con lágrimas en los ojos, parado en el césped del Camp Nou y viendo a la nutrida afición colchonera, apenas diez minutos después de haber perdido la final, cantando con el pulmón en la garganta su amor por los colores, Tiago entendió el espíritu rojiblanco y se le quedó clavado en el tuétano. 

Casi seis años después Tiago lo ha ganado todo con la camiseta rojiblanca. Liga, Copa, Supercopa de España, Supercopa de Europa, Europa League y le falta la Champions por aquel maldito minuto 93 de Lisboa. Por el camino dejó de ser ese jugador prometedor pero errático, confuso y falto de confianza para transformarse en el mejor mediocentro del Atleti en varias décadas y uno de los mejores de Europa. Es hoy la referencia de este equipo, dentro y fuera del campo, como así se lo reconocen compañeros y cuerpo técnico. Hoy, casi 6 años después de aquella llegada por la puerta de atrás y en el mejor momento de su carrera, Tiago acaba de romperse la tibia en el Calderón. Una grave lesión que, a sus 34 años, no parece fácil de superar. No sé lo que ocurrirá, cómo y cuando conseguirá volver a ser jugador de fútbol pero no creo que ahora mismo sea el momento de hacer cuentas, pronósticos ni promesas. Tiago merece el aplauso cerrado que se ha llevado hoy del Calderón y, más allá de aquel episodio oscuro de su retiro en el Chelsea, creo que es un jugador que ha hecho al Atleti estar donde está y al que por tanto le debemos mucho. Sólo por eso merece nuestro apoyo y nuestro cariño, aunque me consta que esto último es tan obvio que huelga decirlo. Sea cuando sea, esté como esté, Tiago será siempre bienvenido. 

El Atleti acaba de ganar al RCD Espanyol pero es una victoria que, sin dejar de ser importante, queda ensombrecida por la desgraciada lesión. Los de Simeone, aún volviendo al tradicional 4-4-2, encararon el partido muy bien y se pusuieron por encima en el marcador muy pronto. Buena jugada de Óliver Torres por la derecha (por fin un buen partido del canterano con la camiseta rojiblanca), pase al área y el de siempre, Griezmann, que mete la puntita para, no sé si él o el defensa, desviar el balón a la portería. El 1-0 daba alas a un equipo, el colchonero, que siguió jugando muy bien al fútbol. Hasta la lesión las sensaciones eran muy buenas. Buen toque, buen ritmo, buena presión, buena salida de balón y buen fútbol. Tras la lesión, un balón absurdo al que Tiago ataca de mala forma, el estadio entero se quedó aturdido. Helado. Jugadores y espectadores se quedaron sin referencia y el frío, que nadie había notado hasta entonces, se hizo de repente muy presente. 

La grada buscaba en el teléfono alguna noticia tranquilizadora durante el descanso pero ésta no llegaba. No es rodilla, decían, es una lesión ósea, como si eso hiciese el drama algo distinto. Los jugadores volvieron al campo con otro ímpetu y, más o menos, lograron sobreponerse a la situación. Saúl, como concienciado de repente de un rol del que no va a poder escapar, empezó a centrarse y a enderezar una actuación que en la primera parte no había sido tan buena. El Atleti siguió jugando y llegando, pero este equipo sigue sumido en una galopante y preocupante carencia de gol. 

Tampoco ayudó mucho Vietto que había sido agraciado con la titularidad pero que no ha estado a la altura en ningún momento. Lento, tímido, errático, eligiendo mal y fallándolo todo. Mala pinta tiene un jugador que está pidiendo a gritos una cesión. El propio Vietto, Griezmann, Godin, Carrasco, Óliver, Torres,… ninguno fue capaz de colocar el segundo gol en el marcador. Pero el partido llegó a su fin, con un equipo rival (el Español) que no existió en 90 minutos y con un equipo, el colchonero, que pasará el fin de semana jodido a pesar de seguir en la segunda posición de la tabla liguera. 

La lesión de Tiago es una desgracia, sin paños calientes, pero es irremediable y sería inútil (y absurdo) recrearnos en la desgracia o perder energías en buscar culpables y motivos. También en buscar remedios mágicos. Tenemos lo que tenemos y habrá que reinventarse. Dice la gente que sabe de esto que la mejor forma de encarar los problemas es no tomarlos como tales sino como oportunidades. Un nuevo escenario que pueda ofrecer alegrías con las que no contábamos. Héroes que no estaban llamados a serlo. Caminos y escenarios que antes no existían. Brindo por ello.

@enniosotanaz

2 comments

Ismael 29 nov. 2015 3:22:00

Tiago se hizo del Atleti en la final de copa del 2010 y nosotros nos hicimos de Tiago ese mismo día. Animo y esperamos verte pronto de vuelta.

Anónimo 29 nov. 2015 15:06:00

Solo queria recalcar las palabras que le dijo el anoche a Cerezo,no hay porque preocuparse ahora van a tener su oportunidad la gente joven y como dices bien Ismael nunca nunca olvidaré esa imagen de Barcelona llorando desconsoladamente se me quedó grabada fijate bien mas que si ganaramos la Champions.Aupa Atelti.