ERROR HUMANO (At. Madrid - Sevilla)

Decía Séneca que vencer sin peligro sería ganar sin gloria y a fe que lo comprobamos ayer. Cuando encauzaba el camino de los vomitorios del Vicente Calderón lo hacía con la sensación de los viejos partidos de fútbol, esos que vivía cuando era pequeño, esos que estaban plagados de goles, jugadas, fuerza, lucha, emoción, polémica, érrores,… es decir, de lo que casi todos entendemos que es un partido de fútbol. 7 goles en un Atlético de Madrid – Sevilla es algo que atenta contra la línea de flotación del fútbol moderno pero gracias a Dios los jugadores, verdaderos protagonistas de este deporte, todavía son humanos (tiempo al tiempo) y a veces se les olvida lo que minutos antes se les ha ordenado en el vestuario.

El partido comenzó con chispa y velocidad, algo que no siempre práctica nuestro equipo. Supongo que esta vez lo hicimos porque enfrente estaba un equipo bien entrenado como el Sevilla que si te dedicas a especular te mete siempre un gol más que tú. Eso lo sabía Maxi, que cada día se parece más al Maxi pre-lesión, y por eso no dio por perdido un balón que la mayoría de jugadores hubiese dado por perdido. Apareció Forlán para disparar, Maxi entrando desde fuera del campo (y por tanto en claro fuera de juego) recibe un no menos claro penalti y Maniche mete gol. Árbitros, esos personajes…

Pero el atleti de Aguirre es el atleti de Aguirre y claro, como no podía ser de otra forma, en ese momentó mandó a todos sus jugadores a proteger la frontal del área. A partir de entonces el partido fue del Sevilla y claro el Sevilla no es el Levante por mucho que el señor Aguirre se empeñe en creer que si. A lo mejor es que él mira el fútbol por encima de las rodillas de los jugadores pero si mirase al césped, donde está el balón, vería lo que es un equipo bien entrenado donde da igual conocer los nombres de los jugadores ya que siempre intentan jugar al fútbol desde la posición correcta. Como no podía ser de otra forma nos empataron. El como es una anécdota.

Vuelta a empezar. Volvimos a la actitud del principio del partido, esa que no debería perder un equipo que se dice de champions pero esa que nuestro entrenador congela cada vez que metemos un gol. Tras un excelente remate de Luis García, esa estrella mundial que juega en nuestro club (a pesar de nuestro exquisito entrenador) decidió sumar un gol a su marcador particular. Sin dibujos animados, sin gambetas ni desmarques pero un valioso gol.

Y entonces, gracias a Dios, apareció la clave del partido: el error humano. Los jugadores de nuestro equipo decidieron probablemente de motu propio que estaban hartos de acobardarse con cualquier equipo que marche por detrás en el marcador y decidieron jugar de tú a tú. Sin brillantez ni gran fútbol (porque es difícil pasar del cero al infinito en segundos) pero de tú a tú. Es un gran avance. Sutil pero significativo. Lamentablemente, porque la vida es injusta, el Sevilla se fue al descanso empatando el partido gracias a un incomprensible error de Ze Castro, el cerebro en la creación de nuestro juego designado por Aguirre y jugador que todavía no está a la altura del resto de titulares (y varios suplentes).

He dicho más arriba y mantengo que el Sevilla es un gran equipo, muy peligroso, difícil de batir y sobre todo (lo que más envidia me da) muy bien entrenado. Da gusto verles moverse por el campo, presionar arriba, salir con rapidez, desmarcarse con elegancia, triangular con coherencia… que lejos parecen de nuestro particular engrudo diseñado por el mejicano. Parece que jugamos a cosas distintas. Que envidia me da ver ganar jugando al fútbol y no teniendo que apelar siempre a la épica. Pero también digo que el Sevilla es de los equipos que más antipatía me despiertan. Sucios sin razón, leñeros sin razón, pendencieros y lo peor de todos soberbios y arrogantes (también sin razón). Supongo que son el fiel reflejo del impresentable personaje que dice ser su presidente o de su esperpéntica extensión en el campo, ese pendenciero desequilibrado que responde al nombre de Palop. No recuerdo un Atleti-Sevilla en el Calderón donde los sevillanos no se dedicaran a dar patadas a diestro y siniestro provocando a todo aquel que pasase por allí. Todavía me acuerdo de aquel partido que se suspendió y se reanudó hace años donde nuestra afición fue injustamente tratada. Sin perdonar el arrojo de ninguna botella, que por supuesto merece el castigo preciso, el que los jugadores del Sevilla (y en especial su trastornado guardavallas) saliesen como héroes maltratados, atenta contra la inteligencia humana y la definición de justicia.

La segunda parte fue un precioso toma y daca con alternativas, poco juego (sobre todo por parte de nuestro equipo), pasión, faltas, tensión, emoción… y excelentes jugadores (sobre todo en nuestro equipo). La jugada del tercer gol no por aislada deja de ser una obra de arte. El pase del Kun es irreproducible ni en el pro evolution soccer 7. El remate de Maxi no tiene nada que envidiar a aquel que hace años metió en Sevilla contra el Betis ese gran profesional que nos dejó tirados este verano y que ahora se cura de su lesión el Liverpool. El cuarto gol es otra magnífica jugada de banda con pase de la muerte y remate letal. Otro fallo de Ze Castro provocó el 4-3 en el descuento pero por una vez las artimañas de Aguirre en cuanto a parar el partido y perder tiempo (debe ser lo único que entrenamos) sirvieron para volver felices a casa.

Viva el fútbol y viva la pasión. Si, hubo fallos, errores de bulto, pasión, dureza, momentos épicos y desajustes. Sé que a los entrenadores esto no les gusta pero tampoco sé que ellos no pagan ningún abono ni se van a ver partidos a las 10 de la noche bajo un frío intenso después de haberse levantado a las 6 de la mañana. Algo así sólo se entiende a través de un concepto tan poco cerebral como la pasión y ya lo dijo Ribot, la pasión es una emoción crónica. Hay entrenadores que deberían hacerse mirar su aversión hacía esos conceptos que son el motor del deporte que les da de comer.