¿FELICIDAD? (Levante - At. Madrid)

Decía Giacomo Leopardi que para la felicidad son bastabte menos nefastos los males que el aburrimiento y es que este atlético de Aguirre no sólo aburre hasta empachar de sopor sino que ese juego vulgar y casposo que ejecuta (en el amplio sentido del concepto) es un potente antídoto contra la felicidad.

Lo cierto es que se me hace verdaderamente complicado intentar explicar porque estoy enfadado e indignado con mi equipo cuando hemos ganado un partido y estamos a 3 puntos del segundo clasificado. Puede que lo explique ligeramente el hecho de que en realidad no esté enfadado con mi equipo sino con el tipo que desgraciadamente dirige nuestros designios deportivos y que desde mi punto de vista, hoy por hoy, es el único culpable de que a pesar de los intentos denodados por alguno de sus jugadores por crear algo con sentido, este hombre nos siga manteniendo gracias a su tozudez en la fácil mediocridad dentro de la cual pretende hacernos vivir.

La lectura de mucha gente esta noche será la de que estamos en la pomada de la liga. Esa será la lectura fácil de todos aquellos que no sigan al atlético asiduamente y de los que no han visto el partido de hoy. Es decir, el 95% de los periodistas y una gran mayoría de aficionados. Los valientes que se deleiten con el tergiversado resumen de cualquiera de nuestras televisiones patrias se quedarán con la pegada de este atleti, con que Forlán sigue metiendo goles, que hemos tenido más ocasiones de gol, etc… Mentira. La realidad la puede decir cualquier martir que ha soportado el soporífero partido de esta tarde. Este y otro partido cualquiera como este de los que hemos tenido que sufrir durante temporada y pico.

El resumen del Levante-At. Madrid es muy fácil. El Levante, último clasificado y sumido en una crisis de juego y resultados, salen a juntar las líneas del equipo e intentar morder. Lógico. Es lo que tiene. Nosotros, como siempre, salimos a especular y ver que pasa. Ilógico con lo que tenemos. A partir de ahí ya saben: “Juego” tosco, espesura, miedo, lentitud, minar el centro del campo y la marca de la casa del estilo Aguirre, verdadero eje sobre el que gira su supuesto sistema: pases de 70 metros desde los centrales hacia la nada. En pases de ese tipo llegaron el 90% de nuestras ocasiones y después de uno de ellos, con un puntapié de Ze Castro desde su patria chica, apareció la habilidad de ese genio llamado Kun Agüero (habilidad que por cierto no valía el año pasado para el trilero de las excusas) para bajar el balón con el pecho y para que Forlán, ese otro jugadorazo que tenemos la suerte de tener en plantilla, metiera el balón en el fondo de la portería. Fin del partido para nuestro entrenador. Si antes no se podía hacer fútbol a partir de entonces no se puede ni jugar. Desde ese preciso momento lo de siempre: tontear con la pelota, parar el juego, hacer gili-faltas y seguir dando pelotazos convertidos en melón que el bueno del Kun transformaba de vez en vez en obras de arte. Así hasta el final del partido. Lo normal es que para aguantar al Levante valga. Lo normal también es que haciendo esto el 90% de equipo de primera división nos empate o nos gane. Es lo que ocurrió el año pasado, es lo que ocurre este y es lo que ocurrirá hasta que el mundo se acabe. Si no hubiese visto la misma película muchas veces (demasiadas) pensaría que simplemente ha sido un mal día. No lo es. No es casualidad. Es buscado.

Pero hoy ha sido un día redondo para nuestro “entrenador”. Es lo que busca y le ha salido bien lo que a la postre significa un paso atrás en el camino hasta descubrir que esa filosofía no sólo es mezquina sino que no vale. Si dejas que el equipo contrario se venga arriba, te acribille a faltas y a corners (si, ese lance del juego que nuestro entrenador desprecia y con el que otros equipos ganan partidos) pero sobre todo que estén mucho tiempo cerca del área, lo más probable es que alguien en nuestro equipo tenga un fallo. Estoy harto de escuchar a este tipo llamado Aguirre decir que hemos perdido o empatado partidos que teníamos ganado por “un error de la defensa”. No, señor Aguirre. Tener un error es normal. Todo el mundo los tiene. Hasta el campeón de Europa los tiene. Lo que verdaderamente es un error (de concepto) es pensar que para ganar un partido basta con que una pedrada se convierta en ocasión de gol porque entonces si que por la misma razón un error significa perderlo. Según como transcurra el partido puede ser así de determinante pero plantear TODOS los partidos para que sean así, es decir que el resultado dependa de lo que ocurra de casualidad o por error en 15 segundos, más que de cobardes o de mediocres yo diría que es de ineptos. No sé si es el caso pero es lo que parece. Lo lleva pareciendo ya demasiado tiempo. ¿Usted de verdad piensa que los que ganan la liga lo hacen porque no tienen ningún fallo en defensa o quizás se deba a otras razones?

En un equipo con Agüero, Forlán, Luis Garcia, Maxi, Raul Garcia y Maniche en el campo es simplemente lamentable dos cosas: que el principal artífice para repartir juego sea Ze Castro y que a ninguno de los mencionados arriba se les permita crear fútbol. Veo que vamos a perder la oportunidad otra vez de ser felices pero esta vez, para variar, con una gran plantilla. No sé que terrible tragedia tiene que ocurrir para que mi equipo vuelva a ser un equipo. No sé que terrible tragedia tiene que ocurrir para que ver un partido de mi equipo, dentro y fuera del calderón, sea un motivo de felicidad y no un suplicio absurdo y soporífero, pero por favor que ocurra ya. Señor Aguirre, déjenos ser felices porque como decía Borges la única cosa sin misterio es la felicidad ya que se justifica sola.

COMPLEJO DE CHEMINOVA (Lokomotiv - At. Madrid)

Decía Canovas del Castillo que él nunca se enfadaba por lo que la gente le pedía sino por lo que la gente le negaba. Yo estoy muy enfadado con Aguirre porque me niega poder disfrutar de lo mío, de mi equipo, de aquello por lo que pago y por lo que sufro. Del Atlético de Madrid del que un día me convencí. Me negó poder disfrutar el año pasado del jugador que lleva dos meses seguidos demostrando lo tremendamente estúpido de esa cobarde decisión y sistemáticamente me niega poder disfrutar de la mejor plantilla que tenemos desde que volvimos a ser equipo de primera división.

El partido de hoy contra los rusos es otro ejemplo más de un aprendiz de entrenador disfrazado de incomprendido erudito que estropea cada vez que tiene ocasión hasta lo más difícil de estropear. Sólo gracias a las más absurdas genialidades de este trilero de la excusa era posible perder un partido como el de hoy. Sólo gracias a la patética fanfarronería de este ídolo de periodistas advenedizos, el equipo ruso tenía la oportunidad de crecerse y jugar de tú a tú a un club que le dobla en talento y presupuesto. Sólo gracias a la densísima cobardía de este sujeto un equipo como el ruso ha tenido el tiempo y la posibilidad de ganar el partido. Al final se ha cumplido el oráculo de nuestro Mesías y hemos empatado.

Y es que ya era bastante desalentador el discurso de nuestro querido personaje durante toda la semana: “un empate no es un mal resultado”. Ese es nuestro entrenador. Esa es la persona que tiene que convencer a nuestros jugadores de que somos un equipo ganador.

Como no podía ser de otra forma el equipo salió con la actitud de que un empate no es mal resultado. No podía ser de otra forma. A los diez minutos ya acumulábamos 6 pelotazos, 10 despejes a la nada y ni una sola triangulación en ninguna parte del campo. Aguirre en estado puro. Por supuesto, ya que había un peligrosisismo jugador ruso, volvió a aparecer ese lamentable recurso táctico de colocar a Forlán en el centro del campo “para que eche una mano”. Un tipo capaz de meter en la portería todo lo que se queda sin dueño cerca del área es condenado al ostracismo de pelearse con los rocosos centrocampistas del equipo contrario. Ya lo hacía con Torres. Un tipo genial este Aguirre. 24 millones de euros dedicados a corretear, despejar de cabeza, presionar y dar patadas. A pesar de eso mete goles. Sin duda y a pesar de Aguirre Forlan es un gran fichaje y gran profesional. Como Torres también, que curioso.

Con todo, sin duda la mayor genialidad de nuestro supuesto director técnico ha sido viajar al frío para destrozar la línea más sensible del equipo, la defensa, apoyado en esa estupidez de las rotaciones. Ya he dejado claro en este blog lo que opino de las rotaciones y no lo voy a repetir. Hoy hemos asistido a otro gran ejemplo de este magnífico hallazgo para el fútbol. Una línea tentada y vilipendiada el año pasado que por fin parecía encontrar la solidez es destrozada con alevosía y sin anestesia por este aguerrido tipo. Debe ser que no le regalaron un cheminova cuando era pequeño y ahora tiene la necesidad de demostrar al mundo su habilidad con los experimentos. Lo triste es que a pesar de que no le sale bien ni uno solo de ellos, gracias a que sabe conjugar muchos verbos (cosa que por lo visto fascina a los señores que berrean por la radio) y a que tenemos una directiva que debe hacer mucho tiempo que no ve un partido de nuestro equipo, este aficionado al Wrestling sigue practicando con una plantilla que cuesta más que muchas ligas europeas. Empeñarse en sacar por enésima vez a ese tipo, que dice ser futbolista, llamado Eller el mismo día que se te ocurre poner a un zurdo cerrado como lateral derecho (justo en el momento cuyo estado de forma es el más bajo desde que inició la carrera deportiva) sólo tiene tres explicaciones: o quieres que te echen o te estas riendo de todo el mundo o pretendes ser más listo que nadie sin serlo. Por no hablar de poner de portero al protagonista negativo del anterior partido, a Jurado descolocado (como siempre), a Simao por la banda que no es la suya (y donde todavía no ha hecho nada, por cierto) y pedirle a un señor negro y fuerte que se ponga a calentar dentro del campo.

Pero gracias a Dios tenemos al Kun Agüero. Si, ese tipo que el año pasado pasaba las tardes de los domingos en el banquillo porque el señor estirado con acento mejicano que dice dirigir los designios deportivos de nuestro equipo decía tener que enseñarle a jugar al fútbol en Europa. Sólo por eso deberían retirarle las credenciales de entrenador. No sin antes darle el manual de todo aprendiz de entrenador: la pelota, esa gran desconocida.

Ni entiendo ni entenderé porque pase lo que pase seguimos teniendo que estar dirigidos por la misma persona sin que a nadie parezca importarle. No conozco a ningún profesional cuya empresa le perdone tantos errores. Ahora tendremos que escuchar el discurso afectado de siempre, la excusas baratas, las deducciones de fofito con el patético epígrafe de que ya decía que el empate no era un mal resultado. Lamentablemente ahora está de moda desviar la atención, echar la culpa al que pasaba por ahí, justificar lo injustificable y decir que lo que necesitamos es continuidad en el banquillo pero es que ya lo decía de la fontaine, todos los dioses del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.

MÁS CINE POR FAVOR (At. Madrid - Zaragoza)

Dice un proverbio persa que la mitad de la alegría reside en hablar de ella y es que da gusto pasar lo que queda del domingo hablando de fútbol después de salir del Calderón cantando los coros del himno en lugar de aturdido por el brutal volumen al que han puesto el mismo himno como forma de enmascarar las típicas pitadas post-partido.

¿Qué ocurrió el domingo en el Calderón? ¿Resulta que ahora Aguirre es bueno?... Yo sigo pensando que no. ¿Resulta que ahora los jugadores son buenos?... Yo sigo pensando que antes también lo eran. Lo que de verdad creo (en realidad sigo creyendo) es que somos un gran equipo y que este año tenemos una gran plantilla. Una gran plantilla descompensada que cuando de alguna manera somos capaces de superar esa descompensación se torna en una escuadra muy peligrosa. Es evidente que un equipo en el que quitas a Simao y Reyes después de jugar con dignidad para poner a Luis Garcia y Maxi y meten tres goles entre los dos, no puede ser un equipo que simplemente pelee por “sacar más puntos que la temporada anterior”. Ese es el verdadero talón de Aquiles de este Atlético de Madrid: la mentalidad mediocre y el miedo. Hay que luchar por metas que realmente cuestan y son difíciles para valorar cual es la verdadera dimensión de cada uno. No conozco a ningún deportista verdaderamente importante que se conforme con sacar más puntos que la temporada anterior.

El Atlético de Madrid de este señor llamado Aguirre no sabe crear fútbol. En realidad, no sabemos si lo sabe hacer porque su entrenador no quiere crear fútbol sino que prefiere potenciar otro tipo de opciones para ganar los partidos. Prefiere hacer que el equipo contrario no juegue, prefiere afilar las uñas para clavarlas rápidamente cuando el contrario cometa un error, prefiere tener entrenados los mecanismos por los que se pueda aprovechar de forma letal los riesgos que imprudentemente tome el equipo contrario,… ese tipo de cosas. De esa forma es quien es. Por cierto, ¿quién es?

En este sentido un equipo entrenado por Victor Fernández es el contrincante soñado para alguien como Aguirre. Un equipo que quiere ser protagonista, que quiere el balón, que pretende crear juego y que además pretende hacerlo en todo momento con los jugadores disponibles que mejor juegan al fútbol (y no con los más fuertes, o los más brutos o los más disciplinados o los que más corren) es el rival soñado para el técnico mejicano. El Zaragoza por lo tanto lo es. Si además es este Zaragoza concreto, que desprende un tufo muy raro respecto a la relación entre sus jugadores, que transforma su personalidad en un juego espeso y aburrido, que se torna un sucedáneo de lo que quiere ser y que no asusta a nadie, donde Luccin y Gabi son titulares,… la empresa empieza a ser interesante para nuestro equipo. Si además a los 9 minutos te pones por delante con un soberbio gol tras un pase de tiralíneas del delantero centro (¡el mundo al revés!), con lo que ya no tienes la incómoda necesidad de tener que asumir la iniciativa en la creación del juego, el escenario resultante se transforma en el escenario perfecto. Esa fue la película. Eso fue lo que ocurrió.

Y claro la función fue precisa y preciosa. Pudimos disfrutar viendo la tremenda delantera que tenemos: el Kun, un tipo de esos que cada vez que tiene el balón crea un silencio en la grada y el miedo en el equipo contrario unido a Forlan, un tipo capaz de dar un pase entre líneas (digno de ese jugador que nuestro equipo no tiene) diez minutos antes de meter un gol haciendo una preciosa vaselina al portero contrario. Pero es que además pudimos comprobar que ese excelente jugador llamado Luis García no ha venido aquí a retirarse sino que está para disputar la titularidad a quien sea y para comprobar también con gozo que Maxi no está muy lejos de ser el magnífico, imprevisible y letal jugador que siempre ha sido. Supongo que así es muy difícil que Simao y Reyes se toquen las narices en los entrenamientos. Perea se sale, Pernía parece dopado y se acerca peligrosamente a parecerse al jugador que creímos haber fichado (en contra de los que muchos, como un servidor, creían que podía ocurrir). Pablo se parece a Pablo y no a ese miserable que desprecio nuestra institución, Maniche ha descubierto las maravillas de los pases hacia el otro lado del campo y Raul García avanza a pasos agigantados hacía ese jugador referencia que hace tantos y tantos años que no tenemos.

Fue como disfrutar de una de esas amables películas se hacían en hollywood en los años 40 donde a pesar de saber que todo era amable y que no ibas a sufrir en toda la película, la trama era interesante, la ejecución sublime y el resultado ponía una desconocida sonrisa en tus labios. Eso fue lo que nos ocurrió a los colchoneros el domingo pasado y eso es lo que hacía mucho tiempo que no teníamos: una preciosa comedia romántica.

Espero que la siguiente vez que volvamos al cine no tengamos que volver a ver dramones escatológicos sobre el holocausto, densísimas y pretenciosas tramas oscuras de cine europeo que nadie entiende salvo el director o lo que es peor (y lamentablemente muy habitual): una de Pajares y Esteso. ¡Más cine (del bueno) por favor!

CONCLUSIONES DE KYLE XY (Barcelona - At. Madrid)

Decía George Orwell que la manera más rápida de terminar una guerra es perderla y eso es precisamente lo que habrá pensado el bueno de Aguirre en el descanso del Barça-At- Madrid. No sé cuales serán las sensaciones de la familia colchonera tras el partido de hoy pero las mías son que otra vez más vamos a perder la oportunidad de hacer algo digno de este club por razones ajenas a los tipos que se calzan las botas y saltan al césped. Creo que tenemos la mejor plantilla desde que volvimos a primera división pero desgraciadamente también creo que tenemos el peor entrenador.

El partido comenzó dando la sensación de que sería un gran partido. El Barcelona tiene (en mi modesta opinión) la mejor platilla de largo de toda la liga española con lo que perder en el Camp Nou evidentemente entra dentro de la lógica. Sin embargo, a diferencia del año pasado donde nos limitamos a jugar como un equipo recién ascendido, esta vez parecía que queríamos ganar el partido. ¡Bien por mi equipo! Probablemente empujado por la inercia de las últimas jornadas en las que los jugadores se sintieron por fin jugadores de fútbol en un equipo de fútbol (para variar) hicimos lo que hay que hacer para ganar al Barça: quitarle el balón, no dejarles jugar con comodidad cerca del área, ser rápido en los huecos a la espalda y jugar rápido el balón en vertical o hacia delante. Lamentablemente en nuestra portería estaba un señor italiano que no encontró peor día, ni peor momento, ni peor escenario para demostrarnos que no parece ser un gran fichaje.

Un error garrafal contra el Barça y 1-0 perdiendo. Eso no es culpa de Aguirre evidentemente. Tampoco lo es que el Barcelona tenga la suerte de contar con una delantera (y un centro del campo) que envidiaría cualquier equipo del mundo menos aquellos que, como el nuestro, tienen entrenadores que desprecian determinado tipo de jugadores. Yo no soy de esos y yo envidió un equipo donde tipos como Ronaldinho o Messi (este último en estado de gracia) se dedican a hacer paredes en una baldosa como si estuviesen bailando un chotis balompédico. La pared del segundo gol del Barça es una obra de arte sin duda alguna. Paredes, ese recurso obsoleto del que los entrenadores de la escuela Aguirre dicen estar pasado de moda. 2-0 perdiendo en el marcador haciendo las cosas bien. Irónico. Los resultaditas dirán que mira a lo que nos lleva el intentar ganar los partidos. Yo les pediría que miraran a donde nos ha llevado ni siquiera intentar ganarlos.

Estoy seguro de que esa era la sensación de los aficionados colchoneros al descanso: mala suerte y la certeza de que contra el Barça no se pueden hacer cagadas como la nuestra del primer gol sin pagarlas. Si hubiese acabado entonces el partido yo estaría apelando precisamente a eso, la mala suerte, para justificar la derrota abultada de nuestro equipo hoy pero desgraciadamente faltaba la charla en el descanso y las geniales acciones de estrategia de la segunda parte.

Si Kyle XY hubiese aparecido en la tierra en el camp nou y en el mismo momento en el que empezaba la segunda parte, a los 15 minutos de partido hubiese sacado la siguiente conclusión: o el atlético de Madrid está ganando el partido o tiene tanto miedo del rival que haciendo caso a George Orwell prefiere terminar la batalla perdiendo. Lógicamente acertaría. Tras los 45 minutos de la segunda parte, viendo el planteamiento del equipo y los cambios, un tipo racional como Kyle XY llegaría a otra conclusión: o el entrenador del Atlético de Madrid le da igual sacar puntos o de verdad lo que quiere es que no le metan más goles en la portería. O eso o es que el entrenador del Atlético de Madrid no sabe que para ganar en este deporte hay que meter más goles que el contrario.

La segunda parte de nuestro equipo es todo un elogio al miedo y la mediocridad. Lejos de quitarle el balón al Barça se lo regalamos, lejos de presionar arriba reculamos y lejos de no dejarles jugar cómodos cerca de nuestro área les esperamos dentro de la misma aplaudiendo sus triangulaciones. Magnífico. ¡Todo eso perdiendo 2-0! El Barça, un equipo muy bueno, muy bien entrenado y que juega muchas competiciones de envergadura, se dedicó simplemente a dejar pasar el tiempo llegando de vez en cuando y metiéndonos otro mirlo cuando quisieron hacerlo. Como no sabemos jugar frente a un equipo parado atrás, porque nuestro genial entrenador reniega a jugar con ese tipo de jugadores y pase lo que pase morirá jugando con dos centrocampistas defensivos de exactamente las mismas características, lo único que tenían que hacer era tapar las bandas y cubrir a Agüero ya que Forlán (otro magnífico entrenador desaprovechado) se cubría sólo gracias a la genial directriz de Aguirre de bajar al medio campo “a echar una mano”. Me recuerda mucho a Torres de la temporada pasada.

Pero faltaba lo mejor: los cambios. Tal y como estaba el partido en la segunda parte sólo había una forma de hacer un gol al Barça y era haciendo una jugada imprevisible y genial o a balón parado. Si tenemos un jugador genial e imprevisible en esta plantilla este se llama Kun Agüero. Fuera del campo. Si hay alguien que sabe sacar las faltas y los saques de esquina en esta plantilla se llama Reyes pues bien, fuera también. No se puede hacer peor.

¿Por qué? Pensará la parroquia rojiblanca. Para mí sólo hay una explicación: miedo. Aunque ya lo decía un escritor francés llamado Henry Home Kames: la ignorancia es la madre del miedo.

Felicitaciones al Barça por un magnífico equipo que pretende siempre ganar jugando al fútbol. Algo tan simple me da mucha envidia.

ASI SI (Erciyesspor - At. Madrid)

Decía Séneca que vencer sin peligro es ganar sin gloria y eso es más o menos lo que nos ha ocurrido hoy frente al voluntarioso equipo turco conocido como Erciyesspor. No obstante hay muchas lecturas si no apasionadas si bastante positivas después de ver el partido.

La primera de ellas es comprobar lo importante que son las sensaciones en la vida y por tanto en el fútbol. Si, a pesar de que los entrenadores-pseudocientíficos nos quieren convencer de lo contrario con cada una de sus incomprensibles acciones y explicaciones correspondientes, las sensaciones que deja un equipo en su afición son de vital importancia para el devenir futuro del equipo. Es una realidad comprobable que una victoria que emite dudas genera dudas y que una victoria sólida y contundente genera solidez y contundencia. En la grada, en los jugadores y en los contrarios. El partido de ida contra el Erciyesspor fue simplemente bochornoso. Independientemente del resultado en el marcador el partido transmitió las dudas que acompañaron al equipo los días siguientes (que por cierto eran las mismas dudas que el equipo lleva arrastrando desde el primer partido de la temporada pasada). Fue tan intenso el poso que dejó aquel partido que probablemente por ello nuestro entrenador decidió dejar de una vez de jugar a los juegos de rol para convencerse de que lo que llena el vestuario todos los días son jugares de fútbol (algunos muy buenos, por cierto). También nuestros queridos jugadores probablemente decidieran dejar de pensar tan pronto en las plácidas vacaciones del 2008. Hoy, con un resultado muy similar, la sensación es completamente diferente.

Y es que por mucho que Aguirre se empeñe siempre en elogiar las sobrenaturales virtudes del equipo contrario (aunque éste juegue en la segunda división turca) y considerar a todos los rivales como “tremendamente peligrosos” hay formas y formas de ganar a un equipo tan sumamente inferior como el Erciyesspor. La ida es un ejemplo de cómo no se debe hacer. La vuelta es un gran ejemplo de todo lo contrario: eficacia, contundecia, solidez, riesgo cero e imagen poderosa.

Porque al fin y al cabo yo imagino al entrenador o a un futbolista de la Fiorentina o del Ajax o del Everton mirando la tabla de resultados de los partidos de UEFA y me puedo imaginar lo que piensa de mi equipo si ve que las hemos pasado “putas” con el Novi Sad-Vojvodina o lo que piensa si le hemos metido 9 goles a un equipo turco. Creo que la diferencia es tan obvia como la bien o mal que sentó la cena del partido de ida y como va a sentar la de hoy a todos los colchoneros.

Así si.

Hay que ser un equipo grande en todos los sentidos, en todos los campos y todos los días. Al menos intentarlo. Tenemos un escudo y una historia que pesa para lo bueno y para lo malo. Sin despreciar a nadie hay que salir a todos los campos con la actitud de hoy. Lo demás son pequeñeces que debería desaparecer para siempre de nuestro manual de estilo (igual que debería desaparecer el equipo de marketing de la Comunidad de Madrid, pagado por todos los madrileños, responsable del lamentable y vergonzoso spot que se han visto obligados a retirar hoy).

LO OTRO ES TONTERIA (At. Madrid - Osasuna)

Decía un autor de comedia anterior a cristo llamado Publio Terencio Afer que cuando no se puede lograr lo que se quiere es mejor cambiar de actitud. Es muy difícil que nuestro gentil entrenador cambie su forma de ver el no-fútbol y su planteamiento presuntamente táctico pero es evidente que teniendo la plantilla que tenemos un cambio de actitud era más que suficiente para empezar a parecernos un equipo de fútbol. Y es que es eso lo que ha cambiado desde el día del Racing de Santander: la actitud.

Soy una persona que busca y valora el significado de determinados detalles y ayer hubo uno concreto que hizo ponerme muy contento. Corría el minuto 40 de la segunda mitad y acabábamos de marcar el primer gol tras un soberbio golpeo de ese jugador que crece por momentos y que parece entender el significado de esta camiseta algo mejor que los troncos que la habían vestido hasta no hace mucho. Pocos minutos después el balón salió por fuera de banda y pertenecía al atlético de Madrid. Cualquier jugador del equipo de Aguirre, el de los últimos partidos, el de toda la temporada pasada, el que probablemente se corresponde con el imaginario de lo que debe ser una escuadra profesional sobre el césped para este “genuino” entrenador, hubiese marcado los tiempo, respirado profundamente y pensando sobre la fugacidad de la vida hubiese esperado pacientemente el balón suministrado por el inocente recogepelotas y viniendo este caminando con pereza desde el lejano ostracismo al que Aguirre suele mandar a este puñado de ilusionados jovenzuelos tras marcar un gol en casa. Ayer fue diferente. Ayer Simao fue corriendo a por el balón reprendiendo al chaval para que se lo diese enseguida. Ayer éramos otro equipo. Ayer queríamos, de nuevo, ganar el partido y lo queríamos hacer metiendo, de nuevo, más goles que el contrario.

Sigo sin entender esta forma de estropear este precioso deporte conocida como fútbol moderno. Sigo sin entender que el centro del campo, el lugar desde donde este magnífico deporte ha visto nacer su mejor versión, tenga que ser un campo minado en el que el músculo está por encima de todo lo demás y por donde el balón apenas pasa rodando o cerca del piso. Sigo sin entender tampoco porque con este sujeto los buenos jugadores de banda zurdos tienen que jugar permanentemente por banda derecha y viceversa pero tenemos tan buenos jugadores que a poco que este hombre se olvide de inventar el fútbol durante unas semanas y se dedique, por ejemplo, descifrar porque en una prisión panameña conocida como Sona todos los presos hablan inglés, tendremos tardes de fútbol no sólo medianamente divertidas sino que para variar no ofenderán el concepto de la propia palabra fútbol.

Y es que independientemente de lo difícil que lo pone el sujeto del banquillo tenemos una gran plantilla. Descompensada, carente de fluidez a la hora de crear juego, carente de un jugador capaz de distribuir juego desde el centro del campo por delante de toda esa maraña de jugadores obsesionados por tapar huecos pero amigos, tenemos un montón de jugadores de esos que hacen sonreír. Forlán es muy bueno. Mucho más rápido de lo que yo sabía, dinámico, inteligente, fajador (por eso juega con Aguirre, claro), generoso y encima tiene gol. Un gran fichaje. No tiene comparación con ese otro chico, gran profesional él, que jugaba en esa posición los últimos años, porque básicamente son jugadores diferentes, pero no deja de ser un gran fichaje. Simao no ha cogido todavía el punto pero se ve que no quiere quedarse a la estela de nadie y hace por entrar. El peligro que aporta se impregna como perfume barato en la defensa contraria con lo que estos tienen que fijar marcas que aprovechan bien el resto del equipo. Reyes parece decido a convencernos de que de verdad le importa jugar en este equipo y lleva tres partidos donde su entrega esta siempre al nivel más alto aunque no siempre pueda por diferentes circunstancias desplegar la clase que todo el mundo sabe que tiene. Ya que este entrenador además desprecia el juego parado y prefiere no entrenar las faltas y los corners, está bien al menos tener un jugador que viene entrenado de casa y que ya sabía hacerlo cuando llegó. Pero es que además, comiendo pipas, tenemos a Luis García, ese magnífico jugador tan impredecible como eficaz que dará las mismas tardes de gloria que ha dado a todos sus equipos anteriores y Maxi, un jugador de primer orden mundial que todavía se está recuperando de su terrible lesión. Y luego está Agüero.

Si Agüero. Ese jugador despreciado, vilipendiado y ninguneado por nuestro súper entrenador la temporada pasada. Ese jugador al que según nuestro líder carismático de los banquillos había que cuidar el año pasado y al que él sólito se dedico a volver loco, descentrar y tirar a los leones durante toda la temporada. En esta temporada las cosas tornaban parecidas cuando en los primeros ensayos veraniegos nuestro ínclito pseudo-estratega colocaba a Maxi por detrás de Forlán dando “descanso” al Kun y para dar salida a tanto jugador de banda como teníamos. Afortunadamente el talento habla por si sólo y Agüero es puro talento. Viéndolo por la calle nadie diría que es jugador de fútbol. Viéndolo en una cancha de fútbol nadie diría que ese chico también pisa la calle. Tenemos la suerte de tener en nuestro equipo una estrella mundial de esas que son imposibles de entender para los sistemas defensivos contrarios, que son imposibles de parar desde la pizarra, que son imposibles de prever para los jugadores de laboratorio pero también de los que son imposibles de encajar en encorsetados sistemas tácticos mediocres diseñados por las mediocres mentes de entrenadores mediocres. Agüero es fútbol. Lo otro es tontería.

NO ME IMPORTA (Ath. Bilbao - At. Madrid)

Hoy no puedo hablar de mi atleti. Sé que hemos ganado con dos golazos en un partido cuyo resumen (lo único que he visto) sólo enseña infinitas ocasiones de gol de los leones. Sé que hemos dado un salto en la tabla y sé que eso probablemente provoque un asentamiento del equipo que permita mirar las cosas de otra forma. Aparte de eso no sé bien que más es lo que ha pasado pero no me importa.

Ayer nació mi hija y eso es algo que no ocurre todos los días.