La hoguera de las vanidades

El escritor americano Tom Wolfe escribió hace mucho tiempo una interesantísima novela en la que sacando punta y jugando probablemente al límite retrataba de forma muy graciosa pero demoledora la sociedad hipócrita en la que vivimos. Ese sistema en el que lo que parece es más importante que lo que es y donde lo que se cuenta es más importante que lo que ha pasado. Tom Wolfe es periodista así que es lógico pensar que sabía de lo que hablaba.

En la novela (película también años más tarde) un error del protagonista al tomar la salida de la autopista provoca que acabe en un barrio de tenebroso aspecto donde está a punto de sufrir un desagradable atraco. En la huida desesperada parece rozar a su atracador, de etnia afroamericana él, lo que provoca que incomprensiblemente (sin que tenga nada que ver) el chico acabe en el hospital. De forma disparatada las rendijas de un sistema plagado de burócratas corruptos y el poder de la publicidad provoca que un delincuente iletrado pase a ser un héroe de su raza con un futuro coartado mientras que el pobre conductor sufre una campaña publicitaria de acoso y derribo que acaba con su carrera.

Es exactamente lo que ha ocurrido hoy. El Atlético de Madrid ha sido hoy la víctima propicia para que las aristas del decrépito y corrupto sistema que maneja la UEFA lave sus culpas, adoctrine al mundo y mantenga contento al que hoy es el jefe de la tribu. La decisión de la UEFA en el día de hoy es algo imposible de explicar con sensatez que no merece ser tratada con las reglas de la lógica sino interpretada a través de la mentira, el odio, la desfachatez, la desvergüenza y el miedo.

Tras una decisión sin precedentes acaban premiado a un gremio de delincuentes de tinte fascista y penalizado a quien a instancias de la propia UEFA trataba de combatir precisamente aquello que ahora se les achaca. Yo estuve en el campo desde mucho tiempo antes como para ver con mis propios ojos lo que pasó. Creo que era la primera vez en mi vida que veía en directo como unos animales que hablan francés arrancaban los asientos para arrojarlos grada abajo mientras que los aficionados allí sentados tenían que huir de sus asientos. Hasta los propios jugadores estaban impactados sobre el césped.

Me duele todavía más las etiquetas racistas que de repente aparecen por doquier. Llevo más de 30 años viendo fútbol en directo en el Calderón y jamás había visto actitudes racistas. He visto insultar y hacerlo de muchas formas (supongo que como en todos los estadios de fútbol del mundo). Al gordo se le llama gordo, al gafas gafotas, al que es guapo marión y al Sevillista sevillano. El famoso uh, uh... que la prensa ha puesto de moda y que es verdad que cuatro anormales rebuznan de vez en cuando últimamente, es algo que nunca había escuchado hasta hace pocos años. Una persona con cerebro no le daría más importancia a eso que a los cientos de “hijos de puta” que todos los domingos reciben los árbitros. Racismo es lo que ocurre en algunos estadios de Inglaterra, Italia o la pagada de si misma Francia donde algunos aficionados insultan a jugadores de su propio equipo por el color de su piel. Eso si es Xenofobia pero parece que la mejor forma de resolver un problema interno es siempre buscar problemas en el exterior. Me repugna que Inglaterra y más todavía que Francia vengan a dar lecciones de tolerancia con las razas.

Hoy me siento sólo y desamparado y creo además que ese es el sentimiento de muchos atléticos. Estamos sólos frente a otro atentado flagrante de la banda mafiosa de la UEFA. Ardo en deseos por ver cual va a ser la implicación del gobierno, la federación españolas o el mundo del fútbol para con el atlético de Madrid pero no soy muy optimista al respecto. Del mundo del fútbol fuera de España todavía espero menos.

Se me plantea sobre todo el debate de fondo de si realmente merece la pena seguir metido en esta pantomima donde caraduras corruptos sin escrúpulos juegan impunemente con los sentimientos de quienes realmente pagan el circo del fútbol. Si es esto lo que nos espera es mejor buscar el espíritu del fútbol en otro sitio pero nunca en una competición fantasma, apañada, corrupta, mentirosa y repugnante que asesinó con frialdad un torneo tan bonito como la Copa de Europa. Maldita Champions.

Que alguien salve el fútbol por favor.

1 comment

Billie 15 oct. 2008 20:31:00

Lo del racismo se ha convertido en una palabra que se sirve para arrojarla contra cualquiera y ante la cual no puedes hacer nada porque es imposible demostrar lo que no eres. Es como acercarse a alguien y decirle:

-¿demuéstrame que no eres un nazi?
-¿cómo quieres que te lo demuestre?
-¿Ah? ¿qué no puedes? ves cómo lo eres

Absurdo.

Sólo espero que nunca haya un árbitro de fútbol negro porque irá cerrando campos allá donde arbitre. Todo insulto dirigido a él se tomará como de corte racista y xenófobo y a ver quién demuestra que no... lo dicho, absurdo, todo absurdo. Bueno, absurdo no, en filosofía a estos argumentos se los conoce como falacias y están tipificadas pero eso, al ciudadano medio y las instituciones se la trae al pairo.

Al menos han levantado la sanción temporalmente. Saludos.