Renuncio al premio



At. Madrid 0 - Oporto 2

Hace unos años, en una competición inglesa que no recuerdo, un jugador del Arsenal marcó un gol aprovechándose de que un contrario estaba en el suelo lesionado, sirviendo aquel gol para ganar el partido. El entrador del Arsenal dijo en rueda de prensa recién terminado el partido que renunciaba a aquella victoria y que le parecía indigno ganar un partido de esa manera. El Atlético de Madrid se ha clasificado esta noche para jugar ese sucedáneo de competición continental llamada “liga europea” pero yo como aficionado colchonero renuncio a ese premio que considero inmerecido y que debería ser para el Apoel de Nicosia, un equipo mucho más digno y competitivo que el nuestro, sobre todo por ser un premio al que hemos accedido de forma vergonzosa, lastimosa, paupérrima y humillante. Puede que esa cuadrilla de malos profesionales a los que se denomina comúnmente como jugadores, o sus entrenadores, o los sicarios que actúan en la dirección deportiva o los mafiosos que ostentan el poder estén acostumbrados a hacer el ridículo más espantoso a tenor de las caras, actitudes y declaraciones de este puñado de indeseables pero yo no me acostumbro y jamás me acostumbraré. Volver del Calderón en una noche gélida viendo lo que hoy he tenido que ver es verdaderamente doloroso y espero que todos estos culpables de hacerme sentir así puedan algún día sentir lo mismo en sus carnes por algo que verdaderamente quieran y que evidentemente en ningún caso puede ser el Atleti.

Esta noche se enfrentaban dos equipos con aspiraciones bien distintas: el Oporto, clasificado matemáticamente como segundo para la siguiente ronda de Champions, pasase lo que pasase, y el Atlético de Madrid que el único resultado que le valía para depender de si mismo era la victoria. En el minuto cuatro ya íbamos perdiendo 0-1 gracias al tradicional comienzo errático de los partidos en los que nos jugamos algo. El Atlético, un equipo muy deficiente salió con suficiencia y así le fue. Un balón colgado desde la izquierda acaba en un remate limpio, tan limpio como que estaba sólo, de Bruno Alves que inauguraba el marcador. Ese es el espíritu del Atleti. Diez minutos después un remate desde lejos del Oporto es rechazado al centro del área por Asenjo para que Falcao pelee con la defensa atlética en concentración y velocidad y por supuesto gane. Primer cuarto de hora y 0-2 en el marcador. A la mierda. Entre medias, eso si, pudimos ver la enésima estupidez del enésimo entrenador de pacotilla que se sienta en nuestro banquillo y que intenta volver a inventar el fútbol. En un alarde de entrador Quique decidió no sólo prescindir del esquema de equipo que las dos últimas jornadas había conseguido que el Atleti pareciese algo diferente a una verbena de tahúres y bailarinas sino que para hacerlo a lo grande quita del campo a los dos jugadores junto con Agüero más en forma de la plantilla: Jurado y Reyes. Resultado: exactamente el mismo esperpento de pseudo-equipo que hemos visto desde que comenzó la temporada 09/10. Un engendro plano, tosco, aspero, espeso, aburrido, desagradable, incapaz de atacar, incapaz de defender, alérgico al balón, alérgico a protestar, alérgico al carácter, sin personalidad, sin entrega, sin alma, sin calidad y sin futuro. Un desastre continuo que dio tantas facilidades como vergüenza que parecía tan acobardado como indiferente. Un desastre mayúsculo en el que todos se escondían pero aun así el balón les encontraba para dejarlos en evidencia.

El absoluto error que es este atleti lo representa a la perfección el partido que se ha marcado un tipo afortunado y que debe estar agradecido al Dios de la religión Pitarchiana como Cléber Santana. Un jugador que jamás debería haber llegado al fútbol profesional y mucho menos a Europa al no tener nivel suficiente para las principales ligas europeas y que por no tener no tiene nada de nada y lo único que da es pena. En circunstancias extremas como las que atraviesa el Atleti actual el tema de esquemas o planteamientos tácticos debería estar superado por la cruel contundencia de la realidad y la realidad es la plantilla que tenemos. Asumiendo que es prácticamente imposible alinear once jugadores que den la talla de primera división deberíamos empezar por alinear lo menos malo que tengamos y después, sólo después, intentar colocarlos como buenamente se pueda dentro del campo. Situar en el puñetero doble pivote a dos tarugos como Asunçao y Cléber (Asunçao y Raúl García o Camacho y Cléber o la combinación que prefieran) es renunciar al fútbol, al deporte, a la salud mental, a parecer serio, a intentar ser un equipo de fútbol y por tanto renunciar a ganar el partido por méritos propios. Está muy bien eso de justificar un suicidio de tal calibre aduciendo razones de apuntalamiento de la defensa y la contención pero es que hasta eso es mentira. Siempre lo ha sido. El Atleti da pena en cualquier de sus facetas pero especialmente en defensa (defensa de todo el equipo no sólo de la defensa) y especialmente con el puñetero doble pivote con el que siempre acaba pareciendo un ente mucho peor de lo que ya en realidad es.

Describir la pesadilla que ha ocurrido después de ese 0-2 es tan doloroso y aburrido que prefiero dejárselo a los profesionales que comen gracias a ello. Yo mañana me levantaré a las 6:30 para ganarme el pan en otro sitio y a lo mejor por eso a mi no me duele en prenda decir lo que veo. Es una pena que el periodismo ya no lo hagan los periodistas pero yo no tengo la culpa. Lean es los tabloides oficiales el tercer gol tras el enésimo error garrafal de Perea, los tres o cuatro más que nos podían haber caído y las tonterias que rodearan esas noticias.

Tampoco es que exista mucho más que describir salvo que algún masoca tenga un cierto y oscuro interés en recrearse en la colección de fallos, falta de coraje, falta de entrega, falta de calidad y falta de prácticamente todo lo que puede faltar que tiene nuestra plantilla. Por avatares de la vida hoy me he sentado al lado de dos rusos que estaban por Madrid y han venido a ver el partido. En el minuto 20 me preguntaban sorprendidos si no existía algún jugador que fuese capaz de tirar del equipo en el campo. “Parece que no les duele” me decían en un perfecto inglés. Ni yo mismo lo hubiese dicho mejor.

Pero las declaraciones de mañana ya las conocen: hay que seguir luchando, lo único que podemos hacer es trabajar, confío en mi plantilla o incluso eso de estamos vivos en las tres competiciones, sin matizar que competiciones son ni que significa estar vivo. Es todo tan patético que no quedan ganas ni de protestar. Los Beatles decidieron retirarse cuando estaban en lo más alto y nosotros deberíamos haber hecho lo mismo. Nos hubiésemos ahorrado muchas pesadillas.

3 comments

Anónimo 9 dic. 2009 3:06:00

Por avatares de la vida hoy me he sentado al lado de dos rusos que estaban por Madrid y han venido a ver el partido. En el minuto 20 me preguntaban sorprendidos si no existía algún jugador que fuese capaz de tirar del equipo en el campo. “Parece que no les duele” me decían en un perfecto inglés.
Ni yo mismo lo hubiese dicho mejor.

Pùes eso...


Suscribo , otra vez, tu nuevo post, coma por coma.

Alfonso

pablo 9 dic. 2009 23:44:00

Yo también renuncio al premio y al actual Atlético de Madrid, un equipo que parece un circo de cuarta.

Por tanto, como el atléti nos trae por la calle de la amargura, mejor centrarse en el auténtico "atlético actual", aquel que va propagando un colchonero de verdad, Don Fernando Torres.

Hay que votar en el premio Puskas al mejor gol para que la niña de Madeira no salga aclamada en loor de multitudes. Vota aquí.

Un abrazo.

Pd: con conseguir que quede por delante de C3PO será suficiente.

India rojiverde 10 dic. 2009 2:58:00

Hombre, renunciar lo que se dice renunciar, no renuncio. Prefiero jugar la Europa League a no jugar nada. Es incomprensible, todo apunta a que nos iremos a casa con un ridículo estrepitoso, que nos darán ganas de no haber entrado nunca en esta competición. Pero tengo la curiosa manía de no darla por perdida hasta que no lo esté matemáticamente. Será porque soy de números.

Eso sí, lo de la vergüenza torera estos no saben lo qué es ni qué color tiene. Menuda humillación, menuda bufonada.