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Ir pá ná




At. Madrid 1 - Galatasaray 1

Hace años que no entiendo esa obsesión en las inmediaciones del club y sus dirigentes que plantan los objetivos de la institución en eso que eufemísticamente denominan “Europa”. Jugar en Europa parece ser el bálsamo de Fierabrás que todo lo cura sin reparar en que una cosa es tener el derecho a jugar determinada competición y otra distinta jugarla. Porque sinceramente, para hacer el ridículo que estamos haciendo este año cada vez que salimos de las fronteras patrias es mejor quedarse en casita sin utilizar el nombre del Atlético de Madrid en vano.

La mediocridad de Atlético de Madrid 09/10 es tan inmensa que duele. Lo es por mucho que la final del Copa distraiga al respetable de la cruel realidad y lo es fundamentalmente porque somos un “equipo” en ruinas, mal apuntalado, penosamente construido, con más goteras que yeso y con más grietas que cimientos. Nada más empezar el partido, con el entorno triste y desolador de un estadio medio vacío, un gran puñado de turcos provocando desde la grada y un montón de señores vestidos de azul en el campo que decían ser árbitros (otra gilipollez a sumar a la lista de gilipolleces de la UEFA que si quisiese solucionar de verdad el problema de los goles fantasma obligaría a poner una cámara en cada línea de fondo y saldría todo más barato), vimos que sobre el campo estaba la versión Atlética de antes de navidad. Ese equipo sin laterales, sin centrocampistas con Forlán pensando en sus propias estupideces, con Agüero aislado peleando contra todos y con los interiores tratando de defender su banda para no quedarse fríos. Si lo piensan bien la diferencia con el partido del domingo pasado contra el Barcelona era mínima pero muy significativa y se llama Tiago (o Raúl García, como prefieran). La diferencia entre jugar con La Perla del Tajonar en la posición de mediocentro, llamémosle de creación, o hacerlo con un futbolista más o menos potable como Tiago es como jugar un partido de tenis con raqueta o sin raqueta. El navarro no sólo es inútil en la labor que lleva tres años intentando desarrollar, y jamás ha conseguido, sino que provoca la parálisis generalizada en el resto del equipo. Un equipo como el nuestro que basa su potencial en la verticalidad de sus delanteros y en la posibilidad de que los cuatro de arriba consigan un balón en condiciones con espacio se ve absolutamente anulado cuando en el centro del campo tiene un jugador que constantemente para el juego, sus pases certeros son siempre hacía atrás (en cualquier otra dirección acaban en el rival), es incapaz de colocarse bien sobre el terreno de juego, es incapaz de acompañar la jugada en ataque, incapaz de defender sin meterse con los centrales, incapaz de pausar o acelerar el juego, incapaz de hacer un cambio de juego sin tener que hacer un proyecto y visarlo en el colegio correspondiente antes de ejecutarlo,… en fin, una verdadera lástima.

Pero el Galatasaray es un equipo bastante flojo, con una defensa muy parecida a la peor versión de la nuestra y un resto del equipo que pelearía con nosotros por el duodécimo puesto en la liga española así que eso nos salvo de pasarlo mal en la primera parte y de hecho hizo que los que estábamos aburriéndonos en la grada pensásemos que la eliminatoria estaba ganada. Especialmente cuando una falta bien sacada por Reyes desde la derecha acaba en el fondo de la portería de Leo Franco, que recordando sus hazañas en esa misma portería decidió dar un pasito adelante y comerse una falta que 9 de cada 10 veces debería parar.

Con el marcador de cara el partido entró una fase todavía más plomiza y aburrida que concordaba con la lluvia que empezaba a caer, el gélido frío de las noches europeas en el Calderón y los incómodos turcos de la grada que decidieron ponerse a tirar objetos a diestro y siniestro. Muy simpáticos. No recuerdo ocasiones verdaderamente importantes en lo que quedó de primera parte. Una de Agüero en el área que para Leo y esos tiros sin sentido con los que Forlán nos acostumbra últimamente. Eso si, los turcos empezaban a ver que lo que tenían delante tampoco era nada del otro mundo y de vez en cuando llegaban arriba con peligro pero topándose siempre con un De Gea tremendamente seguro.

La segunda parte fue incluso peor. Un sopor horrible e insoportable. Si jugar en Europa significa hacer el ridículo y aburrirse como una ostra pasando frío un jueves a las 10 de la noche yo de verdad que dimito. No me gusta ver el fútbol a través del profiláctico de la televisión pero esto no hay quien lo aguante y me pensaré muy mucho lo de volver al campo entre semana porque vuelvo siempre con cara de gilipollas. La segunda parte fue un constante despropósito continuado envuelto en fútbol ramplón y trote cochinero sin nada que reseñar hasta que la desgracia vino a la portería del fondo sur cuando David De Gea se quejó de su pierna y tuvo que abandonar el césped. Una verdadera desgracia para el equipo y para un jugador que crecía enteros con cada partido. Espero que todo quede nada más que en un susto.

La salido de Asenjo, muy emotiva, no auguraba nada bueno. El chico está nervioso y se nota. Hace los gestos que hacen la gente que está nerviosa pero que quiere aparentar que no lo está y además la confianza que puede tener alguien en su posición, sea quien sea, debe ser ninguna. Me recuerda demasiado a Toni, aquel prometedor portero que vino al Atleti a “morir”. Aun así, para mí el verdadero y único culpable de lo que le está pasando al bueno de Asenjo es el inútil redomado de Pitarch. La primera intervención del portero supone una salida en falso, torpe y a destiempo, que bien podría haber acabado en penalti si el árbitro estuviese mirando. La segunda supone una salida que no es y una penosa colocación debajo de la portería que regala el balón y el hueco a un tal Keita para que haga el gol del empate. Fin del partido y probablemente de la eliminatoria.

El Galatasary es un equipo perfectamente batible en su propio campo y en cualquier campo pero este Atleti, especialmente sin Tiago, es una sombra de equipo que necesita de noches muy inspiradas de varios de sus componentes para tan siquiera empezar a parecer un equipo. ¿Ocurrirá la semana que viene en Estambul? No lo sé pero francamente para seguir haciendo el ridículo mejor que no ocurra. Es engordar para morir. Si hay que ir se va pero… ¿ir pá ná?

4 comments

Bocha 19 feb. 2010 13:44:00

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Bocha 19 feb. 2010 13:44:00
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
India rojiverde 19 feb. 2010 13:49:00

No sé exactamente cuál es la situación de Tiago (las enrevesadas y absurdas directrices de la UEFA no siempre están al alcance de mi entendimiento) pero por lo que he oído podría participar en la competición a partir de una hipotética semifinal. Lo cual significa que son tres las eliminatorias que tenemos que superar sin él, dos de ellas ante un Galatasaray que es una banda de amigos y presumiblemente un Everton que deambula por tierra de nadie en la clasificación de la liga inglesa (sí, igual que nosotros en la española, es verdad) y que, por lo poco que pude ver de su partido de dieciseisavos, tiene un centro del campo tan útil como el de un futbolín. No debería ser ninguna hazaña conseguir que nuestro portugués nos ayudara a llegar a otra final. Y oiga, una final europea, por mucho que se trate de una pequeñita, siempre es algo importante. No hay más que ver hasta dónde han llevado estas finales al Sevilla, y qué grupo tan majo le tocó en la Champions.

Pues eso, que dudo mucho que esto sea ir pa ná. La Europa League es, probablemente, la competición más importante que tenemos este año (sin dejar de mirar la liga de reojo, claro, no vaya a ser que nos llevemos un disgusto). Y si tantas ganas teníamos de jugar en Europa, juguemos, ¿no?

Un saludo.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO 19 feb. 2010 14:59:00

Ni fui ni vi el partido. Los jueves entreno y es mucho mejor que ver a este Atleti. un abrazo.