Aquella enigmática sonrisa


El 2 de Mayo de 1986 era fiesta en Madrid así que uno, que entonces vestía pantalones cortos como los niños que salen en cuéntame, estaba con sus padres y unos amigos en un pueblo de Ávila donde normalmente pasaban los veranos. El Atleti jugaba la final de una cosa llamada recopa que entonces yo no entendía muy bien lo que era pero que a tenor de la expectación que había despertado en mi padre, mis tíos y los padres de mis amigos (todos ellos colchoneros) entendía que debía ser importante.

Uno de mis mejores amigos se había ido con su padre y una pequeña tribu de efusivos colchoneros camino de Lyon que era el lugar donde se disputaba la final. Yo les vi hacer los preparativos el día de antes y aquella sobredosis de colores rojos y blancos que lo inundaba todo, desde los gorros a los calcetines, hizo despertar la envidia sana que cualquier muchacho siente por las cosas que parecen emocionantes y divertidas. Con la ingenuidad de los años púberes y la inocencia del que vive protegido y feliz incapacitado para ver los males del mundo le pregunté a mi padre si podíamos unirnos a aquella caravana creciente de compañeros de religión en su peregrinación al odioso país vecino pero mi padre me dijo que no podíamos. No recuerdo las razones esgrimidas pero las debí asimilar con tranquilidad porque recuerdo la inmensa decepción que supuso y la terrible envidia que tenía de mi amigo pero no recuerdo odiar a mi padre por aquello. Hoy sé que las únicas razones eran económicas y que probablemente le dolió más a mi padre que a mí tener que hacerlo.

El caso es que aquel 2 de Mayo mi padre, un vecino vikingo, otro de esos vecinos que no es de ningún equipo pero que se hace del que toque cuando llega la ocasión de poder ganar (es decir, vikingo también) y yo estábamos delante de una televisión en blanco y negro dispuestos a ver la final. En la casa de Madrid en la que vivíamos teníamos una televisión en color desde el año 1978, que llegó para ver el mundial de argentina con mejor definición, pero en aquella casa de pueblo lo único que había era una televisión en blanco y negro con UHF. Podría decir ahora que notaba el peso de la historia cabalgando sobre el ambiente o que los nervios atenazaban mi esbelta figura pero no es verdad. No lo recuerdo. Recuerdo que para mí era simplemente un partido del Atleti pero raro. Muy raro. Lo que a mí me parecía raro era precisamente la grandeza que lo envolvía todo pero entonces yo era demasiado pequeño como para notarlo.

No había llegado el minuto 5 cuando un señor llamado Zavarov hizo el primer gol de los entonces soviéticos hoy ucranianos. No recuerdo muchas cosas de aquel partido así que las puedo poner aquí sin extenderme demasiado pero lo primero que recuerdo fue aquel gol y la cara de mi padre y sus vecinos. También recuerdo las caras de aquel equipo “ruso” que tanto asustaba, esos rostros serios y curtidos que aparecían siempre en todos los equipos de cualquier deporte que viniesen bajo el escudo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS o CCCP). Recuerdo también como aquellos “rusos” se colocaban en la misma línea de banda y se ponía a saltar para evitar los saques en banda largos de Tomas Reñones que por entonces era una de nuestras mejores armas y que nos sacó de quicio. Recuerdo también la imagen pensativa de Luis Aragonés en el banquillo y sobre todo recuerdo la sensación la impotencia que nos atenazaba ante la imposibilidad de ganar aquel partido frente a un equipo que era mejor que el nuestro.

Aun así, en un alarde de coraje y orgullo el equipo llegó a falta de cinco minutos con tan sólo un gol de desventaja momento en el que todos se fueron para arriba y que los jugadores del Dinamo aprovecharon para liquidar el partido con dos goles en cinco minutos. Especial recuerdo guarda en mis retinas el que anotó un tal Blokhin (que después desearía media europa) en el que los ucranianos tiraron un contraataque de libro de historia, pareciendo más la línea de tres cuartos del equipo nacional de Francia de Rugby que un equipo de fútbol.

El partido terminó (en mis recuerdos seguía siendo de día y con luz del sol pero no lo puedo asegurar) y mi vecino vikingo se puso a explicar lo que había ocurrido con ese característico y vacuo engreimiento de nuestros vecinos de enfrente mientras mi otro vecino asentía cuan diputado palmero del hemiciclo patrio. Mi padre no decía nada. Poco después, cuando apuraron la cerveza, mis vecinos se fueron y nos quedamos los dos solos pero mi padre seguía sin decir nada manteniendo la mirada perdida en algún punto infinito que le permitiese sujetar la cabeza y evitar que se le fuese frente al torrente de imágenes de ideas, conceptos y recuerdos que se le pasaban por allí dentro y que hoy si soy capaz de comprender. Entonces no. Yo no sentía eso. Para mí era perder un partido nada más y además todavía recordaba la celebración de la copa del rey del año anterior a la que no me dejaron ir por pequeño. No podía echar de menos las finales todavía. Ingenuo de mí, sólo se me ocurrió decir una cosa para animarle: “no te preocupes, la siguiente la ganamos seguro”. Él me miró a los ojos y me echó una sonrisa que no supe interpretar y que aunque olvide unos días después se quedó guardada en la memoria.

Cuando el jueves 29 de Abril de 2010 sonó el pitido final del partido de Anfield con el que el Atlético de Madrid se clasificaba para la final de la Europa League (competición que aúna las extintas Copa de la UEFA y Recopa de Europa) volví a recordar aquella enigmática sonrisa pero entonces y como dicen los argentinos, me cayó la ficha. 24 años después aquí estamos y aquella ingenua e inocente frase que nació en el corazón herido de un crío de poco más de 10 años era cierta y está vigente. 24 años después se puede cerrar el ciclo de una puerta que quedó entreabierta para mi padre, para mí amigo que volvió de Lyon destrozado y para las miles de historias parecidas que pululan por el imaginario colchonero con la sensación de que la historia nos debía algo.

Aportaré todo mi espíritu para que eso ocurra el próximo miércoles y se acabe así aquel fatídico 2 de Mayo de 1986.

¡¡Forza Atleti!!

(La foto ha sido tomada prestada del blog http://scarlettband.blogspot.com/)

8 comments

pablo 9 may. 2010 22:51:00

Emotiva historia. Después del partido del Valencia y el sufrimiento padecido durante los últimos minutos, según bajaba por los vomitorios dije eso mismo que cuentas al final. "Europa nos debe más de una, ya va siendo hora de ir cobrando las facturas".

Sería bueno que los niños colchoneros de hoy viesen a sus padres sonreírles... de felicidad por ver al Atléti campeón. Que por un día puedan ir a Neptuno, contagiarse del ambiente festivo y al día siguiente ser los "reyes del recreo". Esto también se lo debe la historia a estos chavales, incluso a los pre-adolescentes, colectivo que tampoco han visto un Atlético triunfante.

Un abrazo.

Anónimo 10 may. 2010 19:06:00

Seguro que al "perrus" le encanta y se emociona como yo, pero un pequeño matiz, en esa postal también habia un pequeñajo que casi no se acuerda ni se enteraba de nada del partido, pero que recuerda ese día.
Espero que no tengas que explicar a tu hija (os/as)por que estas triste viendo el "gol".
Un abrazo

Ennio Sotanaz 10 may. 2010 19:30:00

¿Sabes qué Anónimo? Que yo también me acuerdo de ese pequeñajo aquel día. Todavía más pequeño que yo y todavía más perdido. Me acuerdo que venía y se marchaba. Que se sentaba cinco minutos y marchaba y que tampoco entendió muy bien porque todos estábamos tan cabreados al final...
...como cambian las cosas.
Abrazos,

Anónimo 10 may. 2010 21:19:00

Ya tengo entrada y Ave para Barcelona...POR FÍN.

Yo no tengo esos recuerdos, pero tengo otros como cuando me soñaba campeónes de europa y cuando soñaba como seria el calderón, mi recuerdo mas feliz es el ascenso en Neptuno o entrar en Champions en el Calderon. Y el doblete que parece que le he sentido sin vivirlo.. Espero sumar unas semanas imborrables.
Me acordaré de muchas personas en Barcelona y de muchos momentos.

Aupa Atleti y a por ellos.

Alfonso.

Un abrazo

Anónimo 10 may. 2010 21:20:00

Ya tengo entrada y Ave para Barcelona...POR FÍN.

Yo no tengo esos recuerdos, pero tengo otros como cuando me soñaba campeónes de europa y cuando soñaba como seria el calderón, mi recuerdo mas feliz es el ascenso en Neptuno o entrar en Champions en el Calderon. Y el doblete que parece que le he sentido sin vivirlo.. Espero sumar unas semanas imborrables.
Me acordaré de muchas personas en Barcelona y de muchos momentos.

Aupa Atleti y a por ellos.

Alfonso.

Un abrazo

Anónimo 10 may. 2010 21:20:00

Ya tengo entrada y Ave para Barcelona...POR FÍN.

Yo no tengo esos recuerdos, pero tengo otros como cuando me soñaba campeónes de europa y cuando soñaba como seria el calderón, mi recuerdo mas feliz es el ascenso en Neptuno o entrar en Champions en el Calderon. Y el doblete que parece que le he sentido sin vivirlo.. Espero sumar unas semanas imborrables.
Me acordaré de muchas personas en Barcelona y de muchos momentos.

Aupa Atleti y a por ellos.

Alfonso.

Un abrazo

Anónimo 11 may. 2010 1:21:00

Perdona que no se que ha pasado que se a repetido 3 veces el comentario, borra dos de ellos si quieres.

Un abrazo
Alfonso

Ricardo 11 may. 2010 14:49:00

Los pelos de punta Ennio.
Espero que estas finales pero principalmente la de europa sea el comienzo de esa cosa a la que te refieres muchas veces que poco a poco se ha ido perdiendo, esa identidad, sentir que tan poquito queda del que era antes. Ojala esa/as copas sean el inicio de la recuperación.
saludos.

Ah anonimo 2 seguro estabas por ahi rompiendo el romanticismo de aquel momento padre e hijo mayor, jejeje