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¡Un abrazo!

Monólogo de doble vía

Racing Santander 0 - At. Madrid 0

Durante años y años me he dejado las pupilas y las yemas de los dedos tratando de explicar, convencer y convencerme de que hay distintas formas de perder. De que no todo es el resultado. De que hay derrotas que fabrican optimistas cimientos para el futuro y que hay victorias que dejan esa gélida sensación de que no hay nada que hacer. Uno se acuerda hoy de esos partidos con Ferrando o Aguirre o Manzano, esos discursos miedosos y con trampa, ese salir a no perder, esos objetivos rancios, esas dificultades prefabricadas a priori, esos empates aburridos, mediocres y casposos que se vendían adosados a la gloria. Uno se acuerda de aquel atentado institucional contra el corazón del sentimiento rojiblanco y le vuelve a salir urticaria. Aquello empequeñecía la historia y el nombre de este club. Lo hacía además a pasos agigantados y es precisamente esa miseria la que nos ha llevado, en parte, a dónde estamos. Entonces recibía críticas por no valorar lo que supuestamente estábamos haciendo pero yo lo que hacía era precisamente preguntarme, sin estupefacientes, qué era de verdad lo que estábamos haciendo. Aquel entrar en Europa por la puerta de atrás, aquellos cuartos puestos de casualidad conseguidos con colecciones irregulares de jugadores pero nunca con equipos. Aquello era, como dije entonces y se ha visto después, pan para hoy y hambre para mañana. Nada sólido sobre lo que poder construir. Humo.

El Atlético de Madrid ha empatado en Santander en, probablemente, uno de los mejores partidos del equipo en los últimos años. Es un empate ruin e injusto que nos frena en esa radical vuelta a las posiciones altas de la tabla, pero es también un empate que despeja más dudas de las que crea. Es un empate para estar orgulloso y es un empate que no puede entenderse igual que tanto y tanto empate cicatero que nos hemos comido en la última década. El Atlético de Madrid que se vio en Santander es un equipo rocoso y hormigonado contra el que es muy difícil jugar. Sí, pero además fue un equipo ambicioso, vertical, hambriento, valiente y cuando pudo jugón. Irónicamente, las estrellas del Atleti de Simeone, ese equipo que se suponía defensivo y táctico, no son los mediocentros defensivos ni los centrales ni el portero. Las estrellas de este equipo son las que todos entendemos. Diego, Adrián, Turan, Falcao. Da igual quien juegue de central porque el equipo no se pasa el partido defendiendo y porque además el equipo defiende como equipo y así es todo mucho más fácil. Perea puede jugar sin que nos tiremos de los pelos. Gabi asume una función concreta, que si que puede hacer, evitando desempeñar papeles estelares para los que no está preparado. Así podemos hablar de todos y cada uno de los jugadores. Es cierto que la plantilla está descompensada, es corta y los relevos arriba son de muy poca calidad (tengo serias dudas de que cualquier muchacho del filial no sea mejor opción que Salvio o Pizzi) pero todo eso no es culpa de Simeone, el artífice de esta resurrección. Es culpa de los de siempre, de los que probablemente volverán a cargarse este sueño que ahora comienza.

Un monólogo de doble vía. Eso es lo que fue el partido. Un monólogo sin guinda final, ofrecido por este renacido, brillante y empático Atlético de Madrid. Control del ritmo, del balón, del juego y del partido. Sin concesiones. Sin especulaciones. Con los mismos parámetros ofrecidos siempre hasta ahora desde que Simeone está a los mandos. Dentro y fuera de casa (¿Eh, señor Manzano?). Queriendo ganar desde el primer minuto pero sin perder la cabeza. Romo, denso, junto. Difícil de pasar. Ansioso por recuperar la pelota y recuperándola. Con esos continuos cambios de posición de Diego, Arda, Adrián,... Con un incansable Falcao. Con un Tiago que ha tomado el liderazgo en el centro del campo y lleva la manija del equilibrio pero al que no se le echó de menos cuando tuvo que dejar su sitio a Mario por lesión. El Atleti lo hizo todo bien en el partido...excepto lo más importante: meter gol. La falta de definición mostrada frente al Valencia se vio hoy con mucha mayor profundidad, si cabe. Un problema que ya no es de entrenador. Al equipo le falta el instinto letal. El tener en la cabeza que puede que esa oportunidad que tienes sea la única del partido. Falta esa combinación de suerte, concentración y talento que supone la definición y que hoy por hoy marca las diferencias en el fútbol. Falta, es evidente, pero soy optimista.

El equipo plasmaba su intensidad en campo contrario y anulaba al Racing de Santander. Los cántabros eran incapaces de dar dos pases y a veces no tenían tiempo ni de dar un patadón. La presión colchonera era tan asfixiante que anulaba cualquier posibilidad de juego del contrario. Eso fue la constante de todo el partido. El Atleti robaba y se iba directamente a la portería contraria cuando encontraba superioridad o esperaba la elaboración cuando el contrario estaba armado. Constantes cambios de posición, estudiadísimas incorporaciones de los laterales, movimientos inteligentes arriba y un Diego en estado de gracia. El brasileño hizo un partido completísimo demostrando lo excelente jugador que es y también que debe ser. Diego es, porque Simeone quiere que lo sea, la referencia creativa de este equipo. El partido fue una sucesión de ocasiones de los rojiblancos de toda clase y condición. Remates fallidos desde la frontal del área (¡ay Turan!), balones colgados desde los lados que Falcao no define (¡ay Falcao!), combinaciones vertiginosas que dejaban posibilidad de remate dentro del área (¡ay Diego y Adrián!). El Atleti tuvo docenas de ocasiones claras que unas veces la mala suerte (dos tiros al palo) o la falta de precisión y otras el estado de gracia de Toño, el portero del equipo cántabro, hacían que el marcador acabase como empezó. El Racing sólo tuvo un pequeño arreón digno de ser mencionado al inicio de la segunda parte que Courtois anuló con esa insultante suficiencia a la que ya estamos acostumbrados. El resto un monólogo de juego, poderío, carácter, velocidad, agresividad, entrega y ambición. Cuando el árbitro pito el final uno rezumaba cabreo por todos los lados pero era un cabreo que apestaba a orgullo. Ayer uno se sentía orgulloso de pasear su afición colchonera por delante de todo aquel que hubiese visto el partido.

Volviendo al principio, el empate me deja la clara evidencia de que así tiene que jugar este equipo. No es mi forma favorita de fútbol pero no me importa. No es el juego del Barça ni falta que hace. No es el juego del Madrid, ni del Villarreal ni del Valencia,...ni falta que hace. Es nuestro juego. Es el juego del Atlético de Madrid y en ese contexto si me siento identificado. Si me gusta. Habrá días que sea bonito y habrá días que no. Me da igual. Ahora sí. Creo en esta idea. Creo en Simeone.


Sondre Lerche - Two way monologue

2 comments

Astrobuzo 13 feb. 2012 11:49:00

Excelente crónica. El Atleti del Cholo ilusiona. A ver si los de siempre le dejan trabajar.

Por cierto, hablando de Sondre, te recomiendo si no la has visto "Como la vida misma", peli protagonizada por Steve Carell y con bso de Mr. Lerche. Una maravilla.

Ennio Sotanaz 13 feb. 2012 16:23:00

¡Gracias!

Lo tengo apuntado desde hace tiempo (ambas cosas, peli y BSO) pero es que no me da la vida...

Intentaré darle prioridad si encima me la recomiendas tú.

Un abrazo,