De vuelta en la vieja casa

Real Zaragoza 1 - At. Madrid 0

Si ustedes van a leer un poco más abajo, hace muy pocas entradas, el que escribe dejaba claro su total alejamiento de las tesis resultadistas tan en boga en este mundo de velocidad hacía no se sabe dónde y de rabiosa actualidad. Entonces, y ahora, me posicionaba claramente a favor de una opción que abogue por un equipo con esencia. Especialmente este año echado a perder desde el principio. Me dan igual los resultados. Prefiero apostar por el futuro. Por una idea de institución que salga al campo con todo el rigor que se quiera pero con la idea de valentía y orgullo que hace tantos años desapareció del concepto Atlético de Madrid. El barrizal deportivo, emocional y de resultados en que se ha convertido esta temporada deja claro que esto no puede ser base de ningún futuro. Ni la forma en la que se diseñó el equipo, ni los Don Tancredos que actúan de director deportivo, ni los fichajes con premio y comisión, ni recuperar a entrenadores mediocres, charlatanes y engreídos sirve para intentar reconstruir una institución resquebrajada y podrida secuestrada por esa especia de proxenetas que tienen al Atlético de Madrid prostituyéndose en una esquina virtual a la que cualquiera puede acercarse y escupir. Dejando lo anterior claro, tampoco valen ejercicios de prestidigitación ni de fuegos artificiales. La opción de Simeone parecía deportivamente otra cosa. Una posibilidad de respirar en una atmósfera asfixiante. Una posibilidad para creer que al menos desde el punto de vista deportivo las cosas podían ser diferentes. Menos humillantes. Más coherentes con lo que muchos entendemos que es este equipo.

Hoy las dudas se agolpan en mi cabeza y no lo tengo tan claro. El equipo que con el agua en los talones y sintiendo el aliento de la catástrofe saltó a San Sebastián, Pamplona, Gijón o Santander era un equipo orgulloso, valiente y del que yo me sentía orgulloso. El equipo que saltó en Mallorca y ha saltado esta mañana en Zaragoza me da vergüenza y me recuerda a todas esas versiones rácanas y cobardes de Atlético de Madrid que he visto durante la última década. Si Simeone ha decidido volverse especulador, cobarde y renunciar al fútbol estando en mitad de la tabla y con una posición tan clara de colarse en Champions es que Simeone va a recurrir a esa solución tan lamentable de forma recurrente y gratuita en cuanto tenga la ocasión de perder algo. Si es así estamos dónde siempre. De vuelta en la vieja casa.

No tengo muchas ganas de hablar del partido pero es que tampoco hay nada que contar. El Atleti salió al campo como tantas veces lo hizo antes con Manzano, Ferrando, Aguirre, Abel, Quique, etc.. Más preocupado por “no perder” que por ganar. Muerto de miedo a moverse y no salir en la foto. Dudando de su propia capacidad y confiando en la suerte, el tiempo atmosférico y el error del contrario. Lo de tantas veces. Lo de siempre. Una variante de la cobardía que muchos disfrazan en retorcidas tácticas o presuntas vanguardias del mundo del fútbol. Paparruchas. Miedo. Vértigo a volar. La actitud ruin del que reniega a encontrar la felicidad por miedo a perder las migas que ha conseguido. Seguimos siendo ese cobarde que jugando al juego del pañuelo espera a que se mueva el otro aun sabiendo que uno es mucho más rápido.

Si le quitan las patadas, las circulaciones pesadas, lentas y absurdas de balón, el aburrimiento, el sopor y los patadones al campo contrario el partido se resume en dos jugadas:

La primera, llegada puntual y de elaboración confusa al área maña que aprovecha Adrián para lanzar el balón al larguero. El rechace, a escasos cinco metros de la línea de gol, lo recoge Falcao que se emborracha de balón para empotrarlo en el poste. Es el tipo de cosas por las que un delantero de 40 millones de euros que sustituye al Kun Agüero es criticado por algún impaciente en el Calderón. Eso si, los jugadores que marcan la diferencia en el fútbol son los que meten ese balón. Los que no lo hacen no pasan a la historia. Falcao tendrá que decidir.

La segunda ocurre en el último minuto del partido. Tras mucha mediocridad, nada de juego y toda las reservas del mundo para tratar de ir a por el partido el Atleti se vio a falta de quince minutos con la necesidad de intentar hacer algo. Lo que no había hecho antes. Lógicamente no salió y en el camino se perdió en un atropellado ejemplo de precipitación e incapacidad. Llegado el punto en el que el empate era la evidencia Helder Postiga se interna en el área algo forzado junto a Godín que en lugar de cerrar el tiro decide lanzarse a estirpar el páncreas del aragonés, cometiendo así uno de los penaltis más estúpidos y más claros que he visto en mi vida. Gol. Tres puntos para el necesitado Zaragoza.

Creo que no hace falta decir nada más. Me limitaré a reproducir aquí los dos Tweets que escribí al finalizar el partido:

“Por aclarar: el gilismo es una enfermedad. Demostrado. No se puede poner en duda cada domingo ni cada temporada. Al margen de ganar o perder”

“Dicho esto, me molesta que se reduzca todo a una cuestión de cara o cruz sin matices. ¿Criticar el planteamiento Simeone es ser gilista? No.”


The Smiths - Back to the old house

2 comments

Anónimo 26 mar. 2012 8:22:00

Gran artículo como siempre,de acuerdo en todo, salvo que Falcao ya ha decidido no pasar a la historia.
Saludos Alberu.

Ennio Sotanaz 28 mar. 2012 10:23:00

Gracias por el comentario Alberu,

De todas formas, por aclarar, yo no digo que Falcao "ha decidido" nada. Trato de decir que ese tipo de jugadas son las que van a llevar al jugador hacia un lado o hacia otro.

Saludos,