Escondido

No he visto el partido. Ni un sólo segundo, así que sería francamente estúpido por mi parte hacer como si lo hubiese hecho y ponerme aquí a describir cosas que no he vivido o sensaciones que no he sentido. El viernes por la tarde, por circunstancias de la vida y después de estrechar la mano de tres ilustres colchoneros como Miguel San Román (en el día de su cumpleaños), Isacio Calleja y Pepe Navarro, emprendí camino hacia las profundidades del norte castellano para desaparecer del mundo conocido durante dos días. En un lugar recóndito de la preciosa ribera del Duero, sin teléfono, sin internet y sin 3G, he pasado uno de los fines de semana más extraños, futbolísticamente hablando, que he de mi vida. Acumulando nervios. Escondido. Sin saber que es lo que pasaba en el otro lado. Haciendo que los sentidos disfrutaran de viandas y paisajes mientras mi cabeza no podía dejar de pensar en ese oso y ese madroño posados sobre las rayas rojiblancas que me quitan la vida.

Sin saber alineaciones, ni declaraciones previas, ni sensaciones destiladas a través de Twitter, sin llamadas a los amigos, sin estar presente de espíritu, servidor bajaba el recién engullido lechazo caminando por entre las piedras centenarias de un precioso rincón en la provincia de Burgos cuando el once de Simeone saltaba a Mestalla. Cuando Raúl García orientaba con su bendita cabeza el balón hacia el poste valenciano uno, sin saber lo que estaba pasando, emprendía el camino de vuelta hacia la capital del reino, entre vides renovadas para fabricar tinto y campos de verde intenso. Cuando el señor colegiado pitaba el final y daba tres puntos gloriosos al Atleti, faltaban todavía cinco minutos para que el que esto escribe no pudiese aguantar más los nervios y buscara ansioso una emisora cualquiera en la que poder comprobar la preciosa realidad. El Atleti había ganado y seguía líder.

Una final menos y un pasito más. Quedan tres partidos, tres finales, y faltan seis puntos. Cometeríamos un error si ahora empezáramos a cambiar de filosofía. Sé que no lo vamos a hacer. Por mi parte prometo no volver a huir. 

¡Vamos!   

5 comments

Anónimo 29 abr. 2014 9:27:00

Bendito descanso Don Ennio, aunque su espíritu luchase por huir de su cuerpo siquiera un segundo, para sobrevolar Mestalla.
Vaya cogiendo fuerzas ante este maravilloso final de viaje, espero que menos estresante que el que relata camino de la capital.

Un abrazo.

Jesus

Ricardo Alberto Antequera H 29 abr. 2014 12:07:00

Pues Ennio, valentía la tuya esa de escaparte el fin de semana. Te tomo la palabra y espero, ala distancia, verte pegado a la pantalla desde este miércoles hasta el final del final, quien sabe, con 1 regalo en cada mano.

julio ruiz 29 abr. 2014 16:26:00

más vale lechazo engullido que... lechazo (ése que llevan pronosticando los vendedores de estramonio desde septiembre) que nos hubiéramos metido en Mestalla...

CAR 29 abr. 2014 18:12:00

Me imagino que lo debio de pasar mal sin ver el partido. Y la alegria que se llevo cuando se entero del resultado no se la quita nadie.

Pero me equivoco o ya se olia que la victoria era segura con este equipo.

Final a Final Señores. No lo olviden. ESO ES LO QUE NOS HACE EL GRAN EQUIPO QUE SOMOS.

Saludos.

CAR. César.

Ricardo 1 may. 2014 0:15:00

Ya sí. Un gran abrazo Ennio