Chega de Saudade

El pasado martes, creo que al igual que otros muchos corazones colchoneros, el mío toco fondo. La caída puede que fuese similar a la de otras veces pero esta vez veníamos desde las alturas de la Champions para regocijo de toda Europa que pudo comprobar la quijotesca caricatura en la que se ha convertido ese club del que hace años escuchaban hablar y del que ahora se ríen. Puede que fuese algo más patente por el cambio tan brusco de humor que supone el estar maltratando las cuerdas vocales para gritar Atleti, atleti con una sobredosis de adrenalina corriendo por el cuerpo, sobredosis que se había gestado en los minutos previos a la entrada al estadio, para luego sufrir con cara de estúpido los olés de la afición portuguesa, el bochornoso espectáculo que ofreció esa plantilla carnavalesca que salió disfrazada de jugadores del Atlético de Madrid y el suplicio de ver como se desangraba un ser querido.

Esa noche me costó mucho dormir. De vuelta al estadio escuchaba al esperpéntico pseudo-presidente de este club decir que había sido un partido “duro”, que las “espadas estaban en todo lo alto”, que “podíamos haber ganado pero que habíamos empatado”, “que no había escuchado protestas porque estaba atento al juego” y demás estupideces todas ellas a la altura del personajes en cuestión. Cuando llegué a casa no tenía ganas de ver los resúmenes de una competición a la que ahora me da vergüenza mirar, ni quería leer el enfado de mis “hermanos” ni quería escuchar a los gurús de la noche despellejando a mi equipo. Lo que quería era irme a dormir para despertar de la pesadilla cuanto antes pero no tenía sueño y además mi compromiso de honor con esta web me obligaba a tener que pasar por la dolorosa catarsis de recordar en mi cerebro el partido para transformarlo en palabras. Me puse a ello pero el silencio de la noche era tan atronador que me estallaba en los oídos así que me levante hacia mi poblada colección de discos y por esas cosas que tiene el destino me tope con el disco y la canción perfecta para ese momento: “Chega de Saudade” una de mis canciones favoritas irónicamente cantada en portugués.

La Saudade es un concepto portugués (y brasileño y gallego) que tiene una difícil traducción o explicación en otras lenguas. Se suele traducir como nostalgia pero no se hace justicia al término con esa tradución. La mejor definición la encontré hace tiempo en internet y dice algo así como que es un proceso de sanación natural, similar a lo que los psicólogos llaman "duelo". Un proceso que se inicia con el lloriqueo por la pérdida de algo o alguien hasta sanar a través de un ejercicio interno que acaba por mandar todo al carajo, con el coraje de seguir adelante. De eso va la letra que en 1959 Vinicus de Morais puso a la preciosa composición de Antonio Carlos Jobim para que Joao Gilberto la cantase tocando su peculiar batida de guitarra y transformándose en lo que muchos (entre los que me incluyo) consideran el pistoletazo de salida de lo que se conocería como Bossanova, “Chega de Saudade”,” basta de nostalgia”.

Y así, mientras dejaba plasmada mi pesadumbre y mi ira en una hoja digital y mientras escuchaba los susurros de Joao Gilberto haciéndome recordar el Atleti que yo conocí y que ya no es, mientras me purgaba de los sentimientos del pasado y pasaba el síndrome de abstinencia que me provocan los nuevos me di cuenta de varias cosas:

Una, que el Atlético de Madrid no existe como realidad. Lo que hay es una mentira disfrazada de rojiblanco que no vale ni para tenerse en pie. Un Don Tancredo de cartón piedra que no vale nada por si mismo. Un club en ruina económica, deportiva y espiritual que se tambalea al menor soplido. Lo único que queda del Atlético de Madrid está en los cerebros de seres mortales que lo retienen como un tesoro único formando una masa amorfa, intangible, inconexa y heterogénea que es de muy difícil definición. El Atlético vive en una especie de Matrix donde todo es mentira desde los números a las declaraciones, desde el nombre de los jugadores hasta los periodistas que supuestamente informan del estado del equipo. Basta ya de píldoras azules, tomemos la roja de una vez por todas y empecemos a comer engrudo.

Dos, que el Atlético de Madrid probablemente sólo sea un equipo grande para los que somos del Atlético de Madrid. Para el resto del mundo del fútbol somos en el mejor de los casos un equipo imprevisible y en el peor una chirigota gaditana. Los periodistas tienen facilísimo incluir espacios de humor rupestre a costa de nuestro club y ni el Calderón, ni los colores, ni el escudo, ni la historia impone ya el más mínimo de los respetos a nadie. Tan triste como cierto.

Tres, la solución pasa por empezar de cero y armarse de paciencia. El día que el inefable “Calamidad” se marche con su cohorte de bufones (porque llegará un día en el que se marche y a ser posible arrastrado de las orejas) lo que encontraremos será un solar seco, áspero y duro. Un terreno baldío que habrá que abonar, una casa que habrá que construir, una reputación que ganar y en definitiva un club que construir casi por completo. Sin duda una misión de valientes.

Nada de lo que hay hoy vale. Nada de nada.

Así que basta ya de nostalgia. Empecemos a trabajar o abandonemos la obra.



“Ahí va mi tristeza y dile que sin ella no puede ser

Dile en una oración que regrese porque ya no puedo sufrir más

Basta de nostalgia

La realidad es que sin ella no hay paz, no hay belleza,

es sólo tristeza y la melancolía que no sale de mí, no sale de mí, no sale

pero si vuelve,…

si vuelve qué cosa linda, que cosa loca…”



Chega de Saudade
(Antonio Carlos Jobim / Vinicius de Moraes)