BUEN DESAYUNO, MALA CENA (Betis - At. Madrid)

Decía Nietzsche que la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte. Si durante muchas semanas la razón de seguir enganchado al incierto devenir de nuestro equipo estaba fundamentalmente basada en la suerte, en el partido de ayer, sin renunciar a la suerte ni los elementos particulares, conseguí esbozar por fin una leve dosis de esperanza. Esperanza en conseguir ver jugar al fútbol a mi equipo y esperanza en ver un atlético de Madrid que pretende ser digno del nombre que representa.

Aunque por supuesto ninguna alegría es completa o definitiva cuando existen oscuros personajes de por medio a los que se les ha asignado, vete a saber la razón, un papel estelar. En un equipo como el nuestro plagado de internacionales, magníficos jugadores y estrellas mundiales en potencia es sintomático que en el 90% de las crónicas del atlético del Madrid en cualquier sitio aparezca este curioso señor que dirige nuestros designios. Un señor por cierto que viene de un país tan determinante en el mundo del fútbol como lo es Luisi Toledo a la historia del Rock & Roll. No tengo nada en contra de Méjico (al contrario) pero escuchando hablar a Aguirre parece que el resto de la humanidad estamos varios pasos por detrás en cuanto a entender el fútbol se refiere.

Pero hoy no quiero hablar demasiado de Aguirre y prefiero centrarme en los destellos de luz que vislumbre ayer. Pequeñas píldoras de juicio que si bien puede ser motivo de la simple casualidad (o de los penosos momentos que está pasando una institución centenaria como la bética), yo prefiero creer que responden a que alguien dentro de ese vestuario ha decidido dejar de pensar en pequeño. El inicio del partido fue básicamente un espejismo. El Atlético de Madrid salía a morder y se hacía dueño del balón. Las lágrimas de emoción corrían a lo largo de toda mi cara ante el estupor de mi familia, allí presente, que no alcanzaba a comprender mi particular Nirvana, incapaces ellos de controlar los hipidos que convulsionaban mi cuerpo. No podía creerlo. Desde que ese señor de tradición Azteca reposa sus posaderas en el banquillo no ha parado de querer adoctrinar a todos los colchoneros sobre la esperpéntica teoría de que si jugar en tu propio estadio es motivo de miedo y respeto cuando lo hacemos fuera del manzanares el sentimiento debe transformarse en terror. Da igual que sea el Camp Nou en Barcelona o el Salto del Caballo en Toledo. Hay que salir cagados, con precauciones y buscando un sabroso empate. Debe ser una regla que desconocemos en la Europa Occidental que sólo conocen los sabios del distrito federal que como todos sabemos es donde está situado milanelo o la escuela de fútbol del Ajax. Fuera de nuestro estadio las estadísticas se congelan, el poco juego desaparece, la actitud se anula y los resultados se abrazan con la mediocridad. La razón no hay que buscarla en muñecos de vudú o intentando descifrar la ecuación de Schoredinger sino en algo tan simple como que saliendo a un combate de boxeo a que no te peguen es prácticamente imposible que pegues tú y de hecho, lo más probable es que en algún momento te acaben pegando.

Pero ayer no fue así. Ayer salimos como se le supone a un equipo que aspira a algo más que a salir en el Zapping de Antena 3. Tensión, intención, dominio y posesión de balón. El Betís no fue capaz en ningún momento de soportar la partitura que marcaba el atleti. Era cuestión de tiempo que llegase el gol y como suele ocurrir cuando las cosas se hacen bien el gol llegó. Soberbio pase del Kun, ese tipo que según nuestro entrenador tenía que aprender como se juega en europa, y soberbia definición de ese magnífico jugador que se llama Forlán. Somos muy afortunados de tener una delantera como esa. Para todos aquellos cenizos abducidos por la filosofía Azteca que enuncia que jugar la UEFA es un gran éxito para nuestro club les diría que mirasen cualquier delantera de nuestra liga (o de cualquier otra) y me dijese por cual de ellas se cambiaba.

Si todo fuese como hasta ayer lo normal es que en ese momento de explosión el compatriota de cantinflas hubiese salido a la banda cuan Orient Express a inculcar a nuestros jugadores su particular concepto de juego inteligente, es decir, olvidarse del balón, dedicarse a dar patadas y colocar los 10 jugadores de campo al borde del área…. pero milagrosamente no ocurrió así. Acabamos la primera parte con la dignidad de un equipo verdaderamente grande dominando todas las facetas del juego incluida la posesión del balón. Mis hipidos iniciales se transformaron en autenticas convulsiones que estuvieron a punto de hacerme perder el conocimiento. ¡La mitad de un partido ganando y pareciendo un equipo de fútbol!

Pero claro, no todo podía ser perfecto. Comenzó la segunda parte y los jugadores debieron escuchar en la caseta a Leonard Cohen cantando eso de no hay que ser pesimista ni tener esperanza porque el panorama cambió por completo. Eso o que Aguirre recupero la voz y/o lo que él entiende por juicio futbolístico. A partir de ese momento nuestro equipo fue lo que acostumbra fuera (y dentro) del Calderón cuanto tiene el marcador a favor: una escuadra gris, temerosa y violenta que desprecia el balón y el fútbol, al menos lo que entendemos en Europa por fútbol, para dedicarse a dejar pasar el tiempo. La segunda parte, en contra de lo que dirán hoy las habitualmente penosas crónicas deportivas, fue un espectáculo bochornoso que atenta contra los conceptos de espectáculo y deporte. Como casi siempre, por cierto. Gracias a que el Betis está inmerso en su particular via crucis, donde todo se complica sobre manera, y a que Leo Franco, el hombre sin sonrisa, es bastante mejor bajo los palos que cuando se dedica a dar puñetazos al aire, lo que hoy es un gran resultado no terminó siendo otro partido donde “nos dejamos remontar”. A pesar de que nuestro ínclito cuate sigue sin darse cuenta, es muy difícil estar 45 minutos (¡o más!) dando patadas al contrario, pelotazos al balón, y puntapiés a la psyque del espectador sin que te metan un gol.

Ahora me queda la duda. ¿Lo que vimos en la primera parte es motivo para tener fe en este equipo y esa es la tendencia que seguiremos o debería hacer caso al propio Nietzsche cuando dice que tener fe significa no querer saber la verdad?

Estamos en Champions y a 5 puntos del primero así que prefiero tener esperanza pero sin olvidar eso si lo que decía Francis Bacon, la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena.