Queridos Reyes Magos... (At. Madrid - Español)

Decía William James que no hay mayor mentira que la verdad mal entendida. Nuestra realidad, la realidad del atlético de Madrid, está delante de nuestros ojos pero parece que preferimos regodearnos y paladear la mentira. Esa mentira disfrazada convenientemente por aquellos que viven precisamente de ella y ensalzada con ese lazo falso que con pachuli apestoso distrae de la carcoma que vive debajo. Es estúpido e inútil detenerse en descifrar el eterno debate de ver el vaso medio lleno o medio vacío cuando, como en este caso, no hay ni siquiera vaso.

El domingo, víspera de noche buena, volvimos a perder en nuestro estadio y lo hicimos además de forma bochornosa frente a un equipo que nos podía pasar en la clasificación y claro está, nos pasó. El Atlético de Madrid ha perdido de forma vergonzosa contra todos los equipos que están por encima de nosotros: Real Madrid, Barcelona, Villareal y Español en lo que parece ser otra de esas grandes cualidades de nuestro entrenador ya que el año pasado ocurrió exactamente lo mismo. En la fatídica era Aguirre siempre que jugamos contra alguien que está cercano a nosotros (en puntos que no en presupuesto) ocurre exactamente lo mismo y por el mismo orden: salimos cagados de miedo a “aguirrear”, el equipo contrario juega mejor y perdemos. Siempre es así y siempre será así con este lamentable director deportivo.

Pero volviendo a lo que decía el señor James, parece que nuestro ilustre señor del chándal siempre tiene una excusa para hacer entender la verdad de forma capciosa y transformarla en mentira. Otras veces fueron que la plantilla era floja, el terreno de juego, que el contrario estaba en estado de gracia, que algo tradicionalmente malo parecía ser bueno, un misterioso virus alienígeno… esta vez fue el árbitro. Un árbitro lamentable y fanfarrón que por supuesto nos perjudicó de forma escandalosa interpretando el código futbolístico como lo interpretaría un chimpancé pasado de drogas. Es lamentable que un ser humano cobre una suculenta cantidad de dinero por hacer pésimamente su trabajo (y de paso el ridículo) pero es igual de lamentable que la lectura del partido contra el Español por parte de nuestra dirección deportiva fuese exclusivamente el árbitro. El Español fue mejor que el atlético con 11, con 10 y con 9. Lo fue no porque sea un equipo mejor que el nuestro, que aparentemente no lo es, sino porque es un equipo infinitamente mejor entrenado que el nuestro. Esa es la cruda realidad: ellos son un grupo de buenos jugadores convertidos en un gran equipo mientras que nosotros somos un grupo de buenos jugadores transformados en una especie de miedosa broma macabra gracias a la incompetente labor del que desgraciadamente se sienta en el banquillo. Lo demás es simplemente mentira.

Así acaba el año, con el equipo dejando las mismas dudas de siempre en una posición que no corresponde a su presupuesto (por mucho que el mejicano pretenda seguir adornando su mentira), con un juego, por decir algo, ramplón y cobardica y con una actitud, en los momentos clave en particular, indigna de nuestro escudo. Los estúpidos dirán que estamos a un punto de la champions y los pesimistas que estamos a 10 del Madrid. La realidad es que el equipo no es equipo, que ni juega ni quiere jugar al fútbol, que estamos muy mal entrenados, que los jugadores están encorsetados como muñecos de futbolín en una especie de sistema de juguete fácilmente vulnerable por cualquiera y que nuestro entrenador tiene más miedo que vergüenza, miedo que transmite a todos los estamentos posibles del club.

El mejor fichaje para este mercado de invierno sería que los reyes magos le trajeran a Aguirre dos cosas: la historia del atlético de Madrid, para que intente entender de una vez lo que tiene entre manos y una play station con un juego de fútbol para que juegue en la maquinita a ser entrenador y por el bien de la humanidad deje sus estupideces y miedos allí . No estaría mal tampoco un poco de reflexión interna por parte de todos porque al fin y al cabo es muy triste autoengañarse y es que ya lo decía Nietzsche, la mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a si mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano.

¿Efemérides Rojiblanca? (At. Madrid - Panathinaikos)

Decía Sófocles que la alegría más grande es la inesperada e inesperado fue el hecho de que bien entrado en el tiempo de descuento, un portugués conocido como Simao nos diese la victoria que a su vez nos daba la primera posición en nuestro grupo de la copa de la UEFA. Si inesperado fue que ocurriese a esas alturas de partido y con diez jugadores en nuestras filas, lo más inesperado de todo fue que el gol viniese a balón parado tras una ejecución magistral del susodicho portugués. No porque dude de la capacidad del jugador, que no lo hago, sino porque creo que es la primera vez que veo un gol de falta desde que Aguirre se sienta en nuestro banquillo. ¿Estará cambiando algo? En cualquier caso la alegría, por lo inesperado de ella, fue inmensa, claro está. Más de lo que realmente merecía porque hacer una lectura del partido por los últimos segundos de clamor popular sería injusto y no destacaría algunas lecturas del partido que deberían ser tenidas en cuenta por cualquier jugador, aficionado o entrenador que sea aficionado al fútbol.

La primera lectura que debería sacar la dirección técnica de nuestro equipo es que estando como está perfectamente demostrado, más que nada por los resultados, que en la liga es ridículo, patético y penoso saltar a un terreno de juego a “especular sin perder la posición” en Europa puede resultar, sin dejar de ser patético, tremendamente caro. Una competición europea menor como la UEFA está plagada de equipos de categoría muy inferior a cualquiera que juegue nuestra primera división pero en ese mismo grupo también aparecen, y a medida que queden menos equipos será todavía más patente, escuadras muy toreadas y con mucho oficio en estas lindes. Panathinaikos es un equipo aparentemente bastante inferior al nuestro pero ha jugado muchas veces en Europa y en la primera parte le dio una lección a nuestro particular aprendiz de entrenador de cómo se debe encarar una competición europea, sobre todo si te estás jugando la primera plaza de tu grupo. Especialmente en lo que a actitud respecta. Salieron mucho más enchufados, con mucho más dinamismo y sabiendo lo que tenían que hacer con los pocos recursos que tenían. Simplemente a base de actitud, marrullería, presión y muchas patadas consiguieron aplacar con facilidad esa versión de nuestro equipo que deja pasar los minutos sin que pase absolutamente nada y que tanto le gusta a nuestro entrenador. Una escuadra aparentemente demoledora en lo ofensivo como la nuestra no fue capaz de tirar entre los tres palos en toda la primera parte. Nosotros seguíamos en nuestra tradicional espesura, jugábamos a eso de estar “juntitos” sin poner mucho ritmo y ellos siempre llegaban primero. Una fórmula tan simple, unida a un gol inesperado de una jugada individual de un voluntarioso griego, sumado al concurso estelar de un árbitro sumamente horrible estuvo a punto de darnos un disgusto. El equipo tiró la primera parte, cosa que desgraciadamente es algo a lo que nos tiene acostumbrados nuestro sabio entrenador. No sé cual es el oscuro objetivo que hay detrás pero es algo que se empeña en utilizar como enigmático recurso. Recurso de Barrio Sésamo o Mr Bean pero ese el tipo de revolucionarios recursos que últimamente vemos desde nuestro banquillo.

Al iniciarse la segunda parte comenzó otro partido. Aun teniendo claro que ni la derrota ni el empate nos valía para nada dudaba de que nuestro entrenador hiciese algún movimiento táctico digno de mención pero me equivoqué, gracias a Dios, y la sorpresa aplacó por momentos el frío que se me colaba por el cogote en la solitaria grada del Calderón. Ante mis ojos Aguirre renunciaba al doble pivote de contención (¿tendremos que anotar la fecha en las efemérides rojiblancas?) y situaba a Maxi en esa digna posición. Sustituir la definición de intrascendencia disfrazada de jugador de color brasileño por un tipo como Maxi trae sus consecuencias y a los tres minutos el equipo había transmitido más juego y sensación de peligro que en toda la primera mitad.

Pero el gol no llegaba. En parte por las brutales patadas de los griegos, en parte por la inmensa negligencia y estulticia del colegiado y en parte (mucha parte) porque el nuestro es un equipo que no está acostumbrado a llevar la iniciativa de los partidos. No lo está por la exclusiva razón de que su entrenador no quiere. Con nuestra plantilla me parece un crimen pero es lo que tenemos. Sabemos que partidos en los que no marquemos primero van a ser muy complicados y ayer fue un claro ejemplo de ello. Aun así hay que felicitar a los jugadores. A pesar de las zacadillas que ponen desde el banquillo fueron a por el partido a base de pundonor y ganas, cosas que hacía tiempo que no veíamos por la ribera del manzanares y cosas que a veces son suficientes para ganar partidos y campeonatos.

Y así llegaron los goles, primero Luis García, ese magnífico jugador que siempre está ahí cuando se le necesita y después el toque magistral de Simao. Fin del partido y una gran sonrisa en todos los valientes que ayer desafiamos el húmedo frío pre navideño.

Veamos que nos depara el bombo.

NI CON LA LÓGICA NI CON LOS RESULTADOS (R. Huelva - At. Madrid)

Decía un filósofo francés conocido como Alain que el aburrimiento es lo que queda con los pensamientos cuando las pasiones son eliminadas de ellos. El atlético de Madrid de ayer tarde, como otras tantas tardes antes de la de ayer, ha querido ser un equipo ordenado, dócil, solidario con el esfuerzo el rigor táctico y a moverse con espesura dentro del particular corsé que con ingenua candidez y escasa pericia ha tejido torpemente quien todos sabemos. El equipo, desposeído como otras tantas veces antes de sus pasiones, fue aburrido. En ese camino hemos perdido brillantez, gracia, fantasía, agresividad, superioridad…. Y dos puntos. También hemos perdido la ilusión de poder ganar la liga, algo que simplemente pensarlo parece provocar gastroenteritis en nuestro entrenador.

El partido comenzó como los últimos partidos, dominio del balón, juego, ganas y poderío. Sólo la mala suerte hizo que durante esos minutos no nos adelantáramos en el marcador. Vimos incluso cosas con las que soñar como los tres o cuatro detalles de futbolista de Cléber Santana. Sin ser Dirceu por momentos pareció que su fichaje al menos no es esa frivolidad estival con la que nuestra directiva suele “alegrarnos” todas las temporadas. Veremos. Digo esto como algo novedoso porque decir que Forlan es un pedazo de jugador no por cierto deja de ser recurrente. El único problema parecía ser que nuestro famoso poder ofensivo no era tan contundente como otras veces aunque las ocasiones llegaban, el juego estaba y parecía ser simplemente una cuestión de tiempo. Normalmente este momento mágico de buen juego se rompe con nuestro primer gol pero nuestro carismático entrenador no debió verlo de la misma manera puesto que poco a poco, y sin goles de por medio, el equipo volvió a esa imagen sin pretensiones, predecible, espesa y aparentemente ordenada que tanto le gusta al mejicano. Supongo que en esta fase todavía había gente que dudaba de si esa renuncia era cosa del banquillo o de los propios futbolistas que están en el campo pero esa duda es sencilla de resolver viendo e interpretando lo que ocurrió después.

La segunda parte comenzó como había terminado la primera, envuelta en una soporífera espesura. Lentitud, miedo, recelo,… sopor. A pesar de todo de vez en cuando aparecía una jugada de la nada que dejaba un jugador nuestro delante del portero pero que no conseguía materializar. Muchas de esas jugadas tuvieron como protagonista al Kun que no sé si afectado por el estúpido espectáculo de la grada onubense parecía algo fuera del partido. Lo de la afición del decano me parece por cierto una salida de tono absurda, exagerada y sin sentido. Que todavía a estas alturas estuviesen recordando el partido del año pasado y tuviesen desde el principio una actitud tan beligerante con nuestro equipo es tan exagerado como ridículo. No quiero ser mordaz pero una cosas así solo es comprensible cuando se juntan iluminados que pretender dirigir a una masa y una masa ávida de de ser dirigida por algún iluminado.
El caso es que el Kun parecía no tener su día de cara a puerta pero seguía siendo esa estrella mundial capaz de hacer jugadas de la nada y de irse de todos los rivales en el espacio que mi abuelo, madrileño él, utilizaba para bailar el chotis.

Pero entonces, como no, apareció Aguirre.

Cuando estás a un punto del segundo clasificado y a 5 del primero, cuando un partido perdido por parte de los de arriba te sitúa como legítimo aspirante a la liga, nuestro entrenador decide “reordenar” el equipo, dotarle de más “frecura”, recular… y cagarla. Ante el estupor del millón de colchoneros que dicen que somos, decide no sólo quitar un delantero para jugar con un sistema más defensivo que fija un único hombre arriba restando sorpresa o quitar la única imaginación que existía en el centro del campo (y que paradójicamente era Forlán) mientras sitúa en tierra de nadie a un jugador (magnífico jugador), que a pesar de no estar haciendo sus mejores partidos parecer tener derechos forales para Aguirre, sino que decide quitar a una estrella mundial en estado de gracia como el Kun Agüero, ese tipo de jugadores que sólo deberían irse del campo lesionados. Si tuviesemos que quitar del campo a cada jugador que falla dos veces, los partidos habría que jugarlos con muñecos de la Play Station.

Resultado de tan genial estratagema: ningún acercamiento al área rival, ninguna ocasión por nuestra parte (hasta casi el final) y las mejores ocasiones del equipo contrario. Enhorabuena señor Aguirre, otra de sus geniales ideas que no se entiende ni con la lógica ni con los resultados.

Eso si, minutos más tarde Aguirre decía en rueda de prensa que estaba muy contento con el partido y con el resultado. O eran ganas de tocar las narices (que no lo descarto) o definitivamente tenemos un problema. Un equipo con esta actitud, con ese discurso y sobre todo con ese entrenador no puede ser aspirante al título de liga. De hecho dudo que pueda ser aspirante a nada (que alguien me explique como se puede ser aspirante al cuarto puesto). Los equipos grandes lo son porque tienen cosas que los hace únicos que los demás equipos añoran porque no pueden conseguirlo. Aguirre pretende devolvernos a la elite futbolística renunciando a lo que nos hace diferentes y potenciando aquello que todos los demás ya tienen mucho más barato. Tendriamos que preguntarle algún día que considera como elite este referente mundial de la dirección técnica en el fútbol.

CUANDO NOS DEJAN... (Granada 74 - At. Madrid)

Decía un refrán castellano que el oro hace soberbios y la soberbia necios. De necio debe catalogarse al culpable del lamentable estado en el que se encuentra una competición otrora emocionante y compleja como la copa del rey y a razones tan complejas como un torpe y fácil amor por el oro creo que debemos remitirnos para encontrar una justificación, por muy peregrina que esta sea. El oro que de la vida fácil del que vive del cuento y cuyo gran aporte a la humanidad fue precisamente el momento en el que ni hizo nada. El oro fácil que se lleva la inútil marioneta que da la cara risueña mientras los señores del puro mueven los hilos. Sólo a un anti-genio, de esos que pueblan la federación española de “furbol”, se le puede ocurrir desprestigiar, vejar, vilipendiar y ningunear una competición tan bonita como la copa del rey. La competición equivalente en otros países se ha ido reconvirtiendo con el tiempo para que mantenga el mismo interés que siempre tuvo mientras que aquí todas las medidas parecen ser tomadas para destrozar la competición. Doble partido que beneficia a los grandes y rebaja el interés, calendario pensado con los restos orgánicos que quedan adheridos al vello de la cavidad intergluteal (muy inteligente que coincida con la Champions) y premio ridículo para el que gana (seguro que se lo tomaba todo el mundo más en serio si se jugasen una plaza en Champions). Peor no se puede hacer.

Aun así, los atléticos somos fieles a nuestro equipo y siempre queremos verlo jugar…. cuando nos dejan. En contra de lo que alguna iletrada portera reconvertida en periodista cree, los colchoneros somos también un grupo de personas considerable incluso en número como bien sabe la gente que se dedica a eso del Marketing. Un nicho de mercado que dirían los entendidos. Un nicho de mercado que espero que alguna vez despierte y castigue como se merece a las marcas que apoyan a los medios que nos desprecian así como a los propios medios. Ayer no había forma humana de ver el partido del Atleti sin sucumbir al elitista y déspota régimen del Pay Per View, ese sospechoso engendro promovido y dirigido por un monopolio carpetovetónico que da síntomas de derrumbarse por momentos. Ayer ninguna televisión del mundo daba los partidos de la copa de Rey. Eso si, en La dos de RTVE podíamos seguir con avidez un interesantísimo encuentro de la Curling Cup (una especie de copa del rey inglesa). Supongo que la numerosísima comunidad protestante de Liverpool o del este de Londres que reside en nuestro país estaría encantada con ello. Me consta que las plazas de todos los pueblos de España se llenaron de aficionados del Everton que celebraban la victoria in extremis.

Por supuesto una competición donde está jugando el Atlético de Madrid y/o el Getafe es algo que a los directivos de TELEMADRID, engañoso nombre con el que se conoce a la vergonzosa televisión pública que en gran parte está pagada por los aficionados de Atlético y Getafe, por supuesto no le interesa. ¿Cómo podría interesar si su único mérito es ser equipos afincados en Madrid y que a diferencia del otro equipo supuestamente de la capital el 90% de sus aficionados en el mundo residen en Madrid? No hombre, a ellos sólo le interesa tener contentos a los señores que les dirigen (que no son precisamente los que les pagan su sueldo) mientras que mantienen perfectamente informado a los espectadores que registran un nivel intelectual a su altura. Es decir, esos tremendamente interesados en la posibilidad (o no) de encontrar restos de grasa entre las raíces del cuero cabelludo de Guti o si últimamente han salido humedades radioactivas en los nacionalistas vestuarios del Barça. Algo tan difícil de entender para alguien que supere ligeramente el umbral mínimo de inteligencia que se nos supone a los seres humanos es realmente fácil de explicar cuando tienes la desgracia de ver al repugnante tipo que dirige la sección de “deportes” (por decir algo) de esa santa casa.

En cuanto al partido poco se puede decir. El Granada 74 lo tenía muy difícil a doble partido y mucho más difícil si Forlán estaba en el campo. Al atleti le bastó deambular con espesura pero ordenadamente por el campo, no cometer errores de bulto y marcar un par de goles. Hasta el gol en contra puede verse como algo bueno y considerarse un homenaje a un ex-jugador nuestro que ayudó en los momentos peores de nuestro club. Luque pidió perdón tras el gol y los aficionados se lo agradecieron con aplausos. Nuestra afición siempre fue generosa con los jugadores que respetaron nuestro club en el momento de irse (o ser echados) pero implacable y violentos con los que nos despreciaron en ese mismo momento. Espero siga siendo así. Espero también que los "nuevos aficionados", esos que son seguidores de jugadores adolescentes de anuncio y no de equipos centenarios se queden en su casa viendo TELEMADRID y desistan de ir al estadio.

Como nota positiva cabe destacar el que saltasen al campo un par de canteranos (lo del tal Camacho promete). Otra de los grandes “aciertos” de Aguirre desde que se sienta en el banquillo, por cierto, ha sido no contar con nadie de la cantera….. hasta ayer.

Y lo mejor de todo: Miguel de las Cuevas debutó por fin con el Atlético de Madrid en partido oficial. ¡Suerte chaval!

EL CUARTETO DEL CALDERÓN (At. Madrid - Getafe)

Decía Borges que los españoles siempre están pensando en la envidia, que para decir que algo es bueno decimos que es “envidiable”. Pues bien, el Getafe me parece envidiable. Envidio su forma de entender este juego llamado fútbol, lo fácil que demuestran la evidente diferencia que existe entre el respeto y el miedo, lo claro que tienen que al fútbol se juega con un balón y sobre todo la filosofía con la que saltan a un campo de fútbol. Todo eso con un puñado de jugadores que hasta antes de ayer no sabíamos ni que existían y con un presupuesto a años luz del nuestro pero por abajo. Me temo que de todo lo anterior sin duda tiene mucha culpa ese tipo que era la definición de elegancia en un campo de fútbol y lo sigue siendo sentado en un banquillo pero también deberíamos señalar como culpable (o culpables) a ese presidente (o dirección deportiva) que a pesar de tener uno de los presupuestos más modestos de la primera división, de tener que recomponer la plantilla (y el banquillo) cada verano, de tener que apuntillar la plantilla con descartes de equipos grandes y jugadores jóvenes de carrera truncada, no tiene ningún reparo en apostar por jugar al fútbol por encima de otras opciones aparentemente más acordes con la mal entendida modestia. No es la primera temporada que ocurre y ahí está el equipo, dando un recital en la UEFA y tratando de ganar en el Calderón jugando al fútbol mejor que el atlético de Madrid durante la mayor parte del partido. Chapeau!

El atleti ha ganado hoy el partido (por llamar de alguna manera ese permanente circo en lo que parece que se tiene que convertir cualquier jornada en el Calderón) porque tenemos una enorme plantilla (probablemente entre las tres mejores de la liga), porque tuvimos suerte y porque al Getafe le faltan millones para rubricar su arriesgada y preciosa apuesta. Si la justicia existiese en el fútbol el atleti nunca debería haberse llevado los tres puntos hoy. El fútbol no es justo ni por asomo y probablemente ahí radique su encanto y es cierto que otras veces nos ha tocado a nosotros llorar la injusticia pero hoy no es precisamente un día de esos.

Los partidos en el Calderón últimamente están compuestos por diferentes fases que en teoría corresponden a un todo pero que individualmente se contradicen. Son como el Cuarteto de Alejandría de Durrell donde cada libro desmiente al anterior pero al final te queda el regusto de haber asistido a algo fascinante. Los primeros 20 minutos fueron un elogio al fútbol. Un partido precioso con dos equipos que querían ganar jugando como mejor sabían (y sabían muy bien), desplegando velocidad, coraje, ganas y fútbol. Una auténtica bendición para los ojos. El atleti en ese escenario tiene todas las de ganar contra el 90% de equipos que pueblan en planeta fútbol. Aguirre no lo quiere ver porque él se ve perdido en un mundo donde no es la víctima pero es tan sencillo como cierto. Tenemos calidad suficiente para dominar la mayoría de partidos y la prueba está en que normalmente acabamos marcando siempre primero.

Eso si, a partir del gol fin del partido. Como siempre. Como siempre desde que Aguirre lleva nuestro escudo. A partir de ese momento a romper el partido como nosotros sabemos (da igual que faltaran 70 minutos para acabar). Lentitud, perdida de tiempo exagerada (lo de los saques de puerta lamentablemente eternos pensaba que era exclusividad de Leo Franco), vergonzosas directrices a los recoge pelotas, patadas, repliegue exagerado de líneas, gritos, protestas, histrionismo,… y nada de fútbol. En fin, lo de siempre. A ese caldo de cultivo se sumo ingenuamente el Getafe pero ellos siempre intentando tener el balón y el dominio del partido cosa que consiguieron sin dificultad ya que nosotros habíamos renunciado a todo ello desde que Abondazzieri recogió el balón de sus mallas. En esa espesa zarzuela apareció sin embargo un protagonista inesperado: el árbitro. Hacía tiempo que no aparecía por el Calderón uno de esos esperpentos vestidos de negro que se supone que están para impartir juicio y justicia pero lo que hacen es precisamente provocar violencia y crispación. La profesión de árbitro es muy complicada y por ello, y lo particular de la misma, debería estar restringida a personas sin afán de protagonismo, algo de personalidad (que no toneladas de soberbia) y sentido agudo de la justicia. El tipo que salió con el pito en el día de hoy desde luego no reunía esas características y era lo que faltaba para terminar de destrozar lo que al principio apuntaba ser un partido de fútbol. Independientemente de las jugadas puntuales (aunque digan lo que digan los “periolistos” la segunda tarjeta del Kun viene provocada por un penalti y el consiguiente desequilibrio) el árbitro no supo en ningún momento controlar el partido. Dejó sin castigo las salidas de tiesto de nuestro querido Maniche (brutal e imperdonable) así como de algunos otros que se sumaron a la fiesta para después no saber como parar la sangría. Los árbitros en general son tan malos que desgraciadamente ya no nos sorprenden estas demostraciones de negligencia.

El partido que había muerto en el minuto 20 siguió exactamente igual hasta el final en lo que a fútbol por parte del atleti se refiere. Entre medias la tradicional dosis de nervios y angustia y un par de demostraciones de que Abbiati es al menos tan buen portero bajo palos como lo es Leo Franco.

Y en estas nos acostamos consolidados en Champions y si no fuese por el miedo enfermizo y falta de valentía disfrazada de prudencia que destila nuestro entrenador incluso como alternativa sólida al Madrid para llevarnos la liga. Viendo los minutos del atleti antes de meter un gol en cada partido no me parece tan descabellado. Viendo los minutos de después me temo que si. ¿Llegará algún día en el que el responsable de elegir una u otra opción decida no poner barreras y dejar al atleti ser lo que puede ser? Quiero soñar que si aunque ya decía el propio Borges que soñar es la actividad estética más antigua del mundo. ¿Lo diría por comparación con la profesión más antigua del mundo?

LA SEXTA...MENTIRA (Copenhague - At. Madrid)

Decía Schopenhauer que las cosas no se le dan al que las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia. Probablemente Aguirre lea a Schopenhauer o probablemente no. El caso es que a base de insistencia va a acabar convenciendo al mundo de que su forma de entender un partido de fútbol es la forma de entender un partido de fútbol. Nunca los resultados le dieron la razón vistiendo el escudo del atleti pero a base de insistir parece que en algún momento los resultados vienen. En mi opinión vienen de casualidad o a pesar de ella pero es evidente que no deja de ser mi opinión. Triste pero cierto.

El partido de hoy es la historia de siempre con pequeños matices. El arranque del atlético fue, como en Sevilla, casi perfecto. Potencia, dominio, control, velocidad y calidad. Como en Sevilla era cuestión de tiempo que llegase el primer gol y como en Sevilla llegó de una excelente jugada entre los magníficos jugadores que tenemos. Esta vez apareció Simao para congraciarse con el Kun. El Kun, siempre el Kun. A partir de ese momento lo de siempre: desprecio por todo lo que antes valía y exhibición de abandono del balón, del dominio, del terreno, del juego y del fútbol. Como siempre el rival, un equipo muy modesto por cierto, se viene arriba gratis a jugar cerca de nuestra área. Aun equipos tan limitados como el Aberdeen o el Copenhague son capaces de hacerte alguna ocasión si se pasan el partido a cuatro metros de tu área. Si el equipo contrario es de tu mismo nivel o superior las posibilidades de error en nuestra defensa se disparan de forma imparable. Hoy no era este el caso.

Discutía esta semana con ilustres foreros colchoneros acerca del mal llamado sistema Aguirre y salía a relucir la opinión de que cuando marcas el equipo contrario se viene arriba y por eso hay que defender. Es evidente que yo no estoy de acuerdo con esa aseveración. Los equipos grandes generalmente se vienen arriba por el simple hecho de salir al campo. No necesitan sentirse heridos para que quieran ganar. No hace falta marcarles un gol. De la misma manera dudo que jugando frente a equipos más modestos como el Copenhague estos fuesen capaces de acercarse al área si jugásemos siempre de la misma forma, es decir como antes de meter el gol. Si en algún momento lo hicieran por casualidad probablemente su casillero estaría ya para entonces bien nutrido. Desde el primer gol nuestro hasta el segundo el partido no fue un partido de fútbol sino ese aburrido deporte al que juega el Atlético de Madrid. A partir de ahí todo fue paz y tranquilidad.

El partido no merece más comentarios más allá de que ya estamos clasificados para la siguiente ronda de la UEFA, esa competición que las televisiones y medios de comunicación desprecian de forma repugnante. ¿O debería decir que es la excusa para que los medios de comunicación desprecien de forma repugnante al atlético de Madrid?

El partido no fue transmitido íntegramente por ninguna televisión nacional. Ninguna. La Sexta se dedicó a simultanearlo con el partido del Villarreal. Es decir, no dejó ver ninguno. La cosa podría tener sentido pensando en la respetable afición castellonense pero el derecho se transforma en esperpento teniendo en cuenta que el partido del Villarreal se retransmitía íntegramente por su televisión autonómica. ¿Cuántos aficionados al Villarreal habrán sintonizado el engendro de La Sexta dentro de la comunidad valenciana? Supongo que entonces habrá que justificarlo buscando en la inmensa cantidad de peñas del Villarreal que existen fuera de su comunidad. Los señores de La Sexta no hacen más que unirse también al tren que pasa por el fútbol-negocio y la politizada historia oficial con sus propias leyes una de las cuales dice que los equipos que lleven en su nombre la palabra Madrid, por su peligrosa capacidad de distraer de la verdad “pura”, no interesan. Señores de La Sexta, ustedes si que no me interesan. Apestan a la misma mierda de la que pretenden huir y pecan de los mismos pecados que con esa pegajosa y elitista soberbia pretenden criticar. Afortunadamente la era de Internet poco a poco acabara con ególatras y líderes del monopolio barato. Afortunadamente estaba Direct8 (un canal francés) para ver en directo, gratis e íntegramente todo el partido.

Lo de La Sexta no es más que el reflejo en imágenes de la patética estulticia que asola el periodismo deportivo en este país. Los resúmenes de noticias deportivas de ayer y hoy en COPE, SER y ONDA CERO pasaban de puntillas por el partido de UEFA de nuestro equipo mientras todos se recreaban sin excepción en fenómenos tan vitales para la historia del fútbol como el enésimo debate sobre el estado de forma de Raúl, El homenaje a Gento, el cabreo de Shuster, lo tonto o tontísimo que es Calderón o el apasionante trofeo Bernabeu. Tanto los de difusión nacional como los que se suponen que se ocupan de la comunidad de Madrid, lo que sin duda llega a ser nauseabundo. Los compañeros audiovisuales no mejoran la situación sino que la empeoran considerablemente o en algunos casos como el de TELEMADRID (con ese tremendamente lamentable y con pinta de poco aseado personaje que dirige su sección de deportes) la llevan hasta cotas muy cercanas a la bazofia.

Decía Sócrates que las almas ruines solo se dejan conquistar con presentes y me temo que hay que ser muy ruin para, por presentes, destrozar, malear y pervertir cosas tan bonitas como la afición fútbol o el periodismo deportivo pero ya lo dijo Albert Einstein también, el mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.

BUEN DESAYUNO, MALA CENA (Betis - At. Madrid)

Decía Nietzsche que la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte. Si durante muchas semanas la razón de seguir enganchado al incierto devenir de nuestro equipo estaba fundamentalmente basada en la suerte, en el partido de ayer, sin renunciar a la suerte ni los elementos particulares, conseguí esbozar por fin una leve dosis de esperanza. Esperanza en conseguir ver jugar al fútbol a mi equipo y esperanza en ver un atlético de Madrid que pretende ser digno del nombre que representa.

Aunque por supuesto ninguna alegría es completa o definitiva cuando existen oscuros personajes de por medio a los que se les ha asignado, vete a saber la razón, un papel estelar. En un equipo como el nuestro plagado de internacionales, magníficos jugadores y estrellas mundiales en potencia es sintomático que en el 90% de las crónicas del atlético del Madrid en cualquier sitio aparezca este curioso señor que dirige nuestros designios. Un señor por cierto que viene de un país tan determinante en el mundo del fútbol como lo es Luisi Toledo a la historia del Rock & Roll. No tengo nada en contra de Méjico (al contrario) pero escuchando hablar a Aguirre parece que el resto de la humanidad estamos varios pasos por detrás en cuanto a entender el fútbol se refiere.

Pero hoy no quiero hablar demasiado de Aguirre y prefiero centrarme en los destellos de luz que vislumbre ayer. Pequeñas píldoras de juicio que si bien puede ser motivo de la simple casualidad (o de los penosos momentos que está pasando una institución centenaria como la bética), yo prefiero creer que responden a que alguien dentro de ese vestuario ha decidido dejar de pensar en pequeño. El inicio del partido fue básicamente un espejismo. El Atlético de Madrid salía a morder y se hacía dueño del balón. Las lágrimas de emoción corrían a lo largo de toda mi cara ante el estupor de mi familia, allí presente, que no alcanzaba a comprender mi particular Nirvana, incapaces ellos de controlar los hipidos que convulsionaban mi cuerpo. No podía creerlo. Desde que ese señor de tradición Azteca reposa sus posaderas en el banquillo no ha parado de querer adoctrinar a todos los colchoneros sobre la esperpéntica teoría de que si jugar en tu propio estadio es motivo de miedo y respeto cuando lo hacemos fuera del manzanares el sentimiento debe transformarse en terror. Da igual que sea el Camp Nou en Barcelona o el Salto del Caballo en Toledo. Hay que salir cagados, con precauciones y buscando un sabroso empate. Debe ser una regla que desconocemos en la Europa Occidental que sólo conocen los sabios del distrito federal que como todos sabemos es donde está situado milanelo o la escuela de fútbol del Ajax. Fuera de nuestro estadio las estadísticas se congelan, el poco juego desaparece, la actitud se anula y los resultados se abrazan con la mediocridad. La razón no hay que buscarla en muñecos de vudú o intentando descifrar la ecuación de Schoredinger sino en algo tan simple como que saliendo a un combate de boxeo a que no te peguen es prácticamente imposible que pegues tú y de hecho, lo más probable es que en algún momento te acaben pegando.

Pero ayer no fue así. Ayer salimos como se le supone a un equipo que aspira a algo más que a salir en el Zapping de Antena 3. Tensión, intención, dominio y posesión de balón. El Betís no fue capaz en ningún momento de soportar la partitura que marcaba el atleti. Era cuestión de tiempo que llegase el gol y como suele ocurrir cuando las cosas se hacen bien el gol llegó. Soberbio pase del Kun, ese tipo que según nuestro entrenador tenía que aprender como se juega en europa, y soberbia definición de ese magnífico jugador que se llama Forlán. Somos muy afortunados de tener una delantera como esa. Para todos aquellos cenizos abducidos por la filosofía Azteca que enuncia que jugar la UEFA es un gran éxito para nuestro club les diría que mirasen cualquier delantera de nuestra liga (o de cualquier otra) y me dijese por cual de ellas se cambiaba.

Si todo fuese como hasta ayer lo normal es que en ese momento de explosión el compatriota de cantinflas hubiese salido a la banda cuan Orient Express a inculcar a nuestros jugadores su particular concepto de juego inteligente, es decir, olvidarse del balón, dedicarse a dar patadas y colocar los 10 jugadores de campo al borde del área…. pero milagrosamente no ocurrió así. Acabamos la primera parte con la dignidad de un equipo verdaderamente grande dominando todas las facetas del juego incluida la posesión del balón. Mis hipidos iniciales se transformaron en autenticas convulsiones que estuvieron a punto de hacerme perder el conocimiento. ¡La mitad de un partido ganando y pareciendo un equipo de fútbol!

Pero claro, no todo podía ser perfecto. Comenzó la segunda parte y los jugadores debieron escuchar en la caseta a Leonard Cohen cantando eso de no hay que ser pesimista ni tener esperanza porque el panorama cambió por completo. Eso o que Aguirre recupero la voz y/o lo que él entiende por juicio futbolístico. A partir de ese momento nuestro equipo fue lo que acostumbra fuera (y dentro) del Calderón cuanto tiene el marcador a favor: una escuadra gris, temerosa y violenta que desprecia el balón y el fútbol, al menos lo que entendemos en Europa por fútbol, para dedicarse a dejar pasar el tiempo. La segunda parte, en contra de lo que dirán hoy las habitualmente penosas crónicas deportivas, fue un espectáculo bochornoso que atenta contra los conceptos de espectáculo y deporte. Como casi siempre, por cierto. Gracias a que el Betis está inmerso en su particular via crucis, donde todo se complica sobre manera, y a que Leo Franco, el hombre sin sonrisa, es bastante mejor bajo los palos que cuando se dedica a dar puñetazos al aire, lo que hoy es un gran resultado no terminó siendo otro partido donde “nos dejamos remontar”. A pesar de que nuestro ínclito cuate sigue sin darse cuenta, es muy difícil estar 45 minutos (¡o más!) dando patadas al contrario, pelotazos al balón, y puntapiés a la psyque del espectador sin que te metan un gol.

Ahora me queda la duda. ¿Lo que vimos en la primera parte es motivo para tener fe en este equipo y esa es la tendencia que seguiremos o debería hacer caso al propio Nietzsche cuando dice que tener fe significa no querer saber la verdad?

Estamos en Champions y a 5 puntos del primero así que prefiero tener esperanza pero sin olvidar eso si lo que decía Francis Bacon, la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena.