Ni está ni se le espera

Admitámoslo, esto no es el Atlético de Madrid. Lo que desde hace una década se pasea por el césped del Vicente Calderón es un sucedáneo, una falsificación china mal elaborada, una carísima pieza de marroquinería cutre que se cuartea en cuanto le da la luz y que se rompe al menor meneo. Es una gran mentira pintada de colores que se evaporan cuando tienen que lucir o una eterna excusa maloliente y torpemente elaborada que como una nube negra todo lo cubre. Es lo que quieran que sea menos el Atlético de Madrid. El Atleti ha sido ultrajado, violado y raptado con nocturnidad y alevosía con la cruel intención de despedazarlo en pequeños trozos y repartirlo por lejanos confines para hacerlo desaparecer. El Atlético de Madrid hoy sólo existe en el subconsciente colectivo de un puñado menguante de románticos que se aferran a una idea que les ha dado y les da mucha alegría pero una idea que en noches como la de hoy parece ser más leyenda que realidad, más pasado que futuro, más mentira que verdad.

Recordaba esta mañana con un amigo cibernético eliminatorias europeas pasadas y se me ponía el pelo de punta y así, con el pelo de punta desde la mañana, he llegado al estadio Vicente Calderón, que sin estar lleno presentaba un aspecto espectacular. Los portugueses llenaban una gran parte del fondo norte con los colores blancos y azules de su camiseta y los minutos anteriores al inicio del partido se convertían en una preciosa lucha de cantos que acabó por ganar la grada colchonera con un emotivo atleti, atleti, que hacía tiempo no se escuchaba a la rivera del Manzanares. Si un jugador de fútbol no es capaz de emocionarse y subir un punto las revoluciones de su motor interno viviendo eso sobre un terreno de juego no es que no merezca vestir la elástica rojiblanca, es que no merece ser llamado futbolista. Creanme cuando digo que había hoy más de uno en el campo al que el ruido ensordecedor ya desde ese momento le molestaba.

Pero el partido comenzó eufórico como no podía ser de otra forma. Algo alocado y sin control pero bonito para la grada que veía como la pelota llegaba a una y otra portería sin pasar por el centro. Casi sin tiempo de sentarse (me consta que muchos socios estaban todavía entrando al estadio) una bonita jugada del atleti, trenzada en torno al balón para variar, acaba en los pies del Kun que habilita un pase a la derecha que llega a Maxi para que desvirgue el marcador. Minuto 3, 1-0 en el marcador y una noche apasionante por delante. ¿Alguien podía pedir más en ese momento? Desde luego que no, pero es que nadie podía pensar entonces el esperpento que se nos venía encima. A partir de ahí la pesadilla recurrente. El baño táctico que nos dio el Oporto durante la primera mitad solo es comparable en magnitud con la falta de conceptos defensivos de este equipo. Unidos los dos fenómenos a la vez el resultado fue la desastrosa calamidad que sufrimos desde entonces hasta el descanso. La famosa defensa adelantada de Abel no se correspondía con ningún tipo de presión ordenada a la salida de balón del Oporto lo que provocaba un constante martirio para los colchoneros simplemente con un Oporto moviendo el balón con velocidad y mandándolo a la espalda de nuestra defensa. Si a eso le sumamos la falta de colocación de Pablo, la falta de velocidad de Ufjalusi, la falta tensión de Antonio López y la falta de cerebro de Seitaridis la película toma ya tintes siniestros.

Todo era peligro para los colchoneros. Una falta desde el centro del campo es rematada tranquilamente desde el lateral del área por un jugador portugués que estaba allí sólo y que pone el balón en el área pequeña para que de nuevo otro jugador del Oporto, también sólo, marque un gol que el árbitro anula probablemente por un injusto fuera de juego. A partir de ahí la sucesión de robos de balón en el centro, desajustes de los madrileños, fallos escandalosos de la defensa y paradas in extremis de Leo Franco es interminable. En esa macedonia de errores tácticos y técnicos llega el justo empate del Oporto. un balón golpeado desde el centro nuevamente a la espalda de la defensa, un balón sin embargo que parece franco para Pablo que salta de cabeza marcando perfectamente los tres tiempos... pero sin llegar a dar al balón con lo que este cae a los pies de Lisandro que en un nuevo mano a mano con Leo no desaprovecha la ocasión. Los portugueses saltaban en la grada mientras los jugadores vestidos con la camiseta del atleti miraban a otra parte con cara de pocker. Los jugadores de elite se distinguen del resto de jugadores no por sus cualidades técnicas (que también) sino por la fuerza psicológica que les hace diferentes a los demás y les hacen ser considerados estrellas. Los jugadores del Atlético de Madrid algunos son buenos y otros malos pero es difícil encontrar jugadores de este tipo. Son simplemente buenos jugadores sobrevalorados, con sueldos que no tendrían en otro equipo y que son incapaces de asumir la presión, de echarse el equipo a la espalda en los momentos difíciles, incapaces de entender lo que la gente que les están viendo está sintiendo e incapaces de transmitir nada a sus compañeros. La fragilidad de esta plantilla se vio una vez más cuando a partir de ese momento todos se escondieron entrando en una vorágine vertiginosa hacia el fracaso y volviendo a hacer el ridículo una vez más delante de esos espectadores a los que tanto miedo tienen. Sólo el desacierto de los delanteros portugueses y un acertadísimo Leo Franco nos libraron de otra noche de humillación. Eso y San Neptuno que encima nos regaló un segundo gol cuando en las postrimerías del partido hizo que un tiro inocente de Forlán desde su casa se resbalase de las manos de Helton, portero del Oporto, un amigo.

Con el injusto 2-1 brillando en el marcador la segunda parte comenzó igual que la primera. Ni Abel vio que el centro del campo era un inexistente coladero, que los extremos no entraban a jugar, que el equipo estaba partido, ni la defensa se centró, ni nadie del atleti tomó el mando espiritual. El partido bajo el ritmo pero las ocasiones del Oporto seguían llegando y la sensación era de que el empate estaba más cerca que otra cosa. En esas aparece Abel para hacer un controvertido cambio que consistía quitar al Kun (siempre el Kun) para poner a Sinama. Hubiese entendido un cambio para reforzar un centro del campo que hacía aguas pero esto... supongo que son cosas de entrenadores. Eso si, cosas de entrenadores malos y cosas que no valen para nada porque el equipo lejos de mejorar lo que hizo fue tomar conciencia de que sin el Kun las posibilidades de que una jugada aislada de suerte que nos salvase (la única táctica reconocible del Atleti en los últimos años) se desvanecían. Y más que lo hicieron cuando Antonio López hace una jaimitada, sus compañeros de línea se solidarizan, sishoko mete un balón al área y Lisandro López lo remata a la red. Merecido empate de los portugueses que terminó por potenciar las aptitudes escapistas de nuestra plantilla, la indolencia de los desgraciados protagonistas de nuestro equipo y la cólera de una afición saturada de quina. Mención especial merece el fantasmagórico show de ese impresentable de pasaporte griego conocido como Seitaridis. Un jugador que no debería volver a vestir esa camiseta que le permite mantener el nivel de vida que injustamente ha conseguido. Si patético era ver la soberbia del griego cagándola una y otra vez no menos patético era ver al resto de compañeros paseándose por el césped como si se tratase de una romería. Era difícil ver a ningún jugador enfadado, dolido, rabioso o encolerizado y era difícil porque no había ninguno. El que no se escondía se quitaba de en medio. El que no se quitaba de en medio la cagaba sin escrúpulos. Ni un rechace, ni una anticipación, ni una protesta,... nada. Ni los cambios tardíos de Maniche (otro que está para otros menesteres pero no para este) o Miguel de las Cuevas (inédito) sirvieron más que para se llegase al final del partido.

Lo único positivo de una noche aciaga paradójicamente es el resultado que deja vivo al equipo, por llamarlo de alguna manera, para el partido de vuelta pero un equipo con este espíritu, incapaz de mirar a los ojos a nadie e incapaz de soportar el peso de la camiseta que visten es mejor que deje cuanto antes de hacer el ridículo. Calientes todavía las conmemoraciones del 23-F le viene como anillo al dedo la frase que se escuchó en la zarzuela aquella noche adaptada al momento. ¿El Atlético de Madrid?...ni está ni se le espera.

3 comments

pablo 25 feb. 2009 1:04:00

Una vergüenza el partido de hoy, el listón parecía difícil de superar, sin embargo hoy han meado sobre él.

No quiero volver a ver sobre el campo a Seitaridis, Maniche, López y Pernía. Este último hoy no jugó, pero me da igual, que suban a un chaval del filial que peor no lo hará, sino que prueben a jugar con 3 centrales... somos un p*** coladero. Encima Abel me ha dado la sensación de verse superado por los acontecimientos, sin saber reaccionar correctamente.

Un saludo.

Adal 25 feb. 2009 9:15:00

Lamentable el partido e indignante el cambio del Kun, un empujoncito más para que se vaya a otro equipo en junio, que vayan pensando en quien fichar con el dinero que saquen por su venta, si es que alguien quiere venir a un equipo que veo difícil que juegue la Champions el año que viene.

¿Cómo será el peor extremo griego si Seitaridis es internacional?

Anónimo 27 feb. 2009 9:43:00

Discurria 1965Pontevedra- Atletico de Madrid,es hasta donde me alcanza la memoria.
Zapatones, Collar Adelardo, Garate,etc... mi retina sigue impregnada de todos aquellos que nos hacían vibrar y sentirnos orgullosos.
Ahora a punto de cumplir los 50 no recuerdo un equipo tan perdido como el de la actualidad.
Creo que nos han robado entre todos al Atletí. Ojala tenga esto solución. Un saludo Ennio.