Rebelión en la granja

Creo que hay pocos aficionados al Atlético de Madrid que no estén de acuerdo en pensar que la semana pasada ocurrió algo y con ese algo no me estoy refiriendo a que cesaran de su cargo a un pésimo entrenador. Me estoy refiriendo a algo ligeramente más significativo que ocurre cuando aparentemente la semana pasada, por fin, se movieron los cimientos de esa organización, otrora robusta y acorazada, liderada por el ínclito “calamidad” y su troupe. La protesta de los sufridos colchoneros hacia el palco fueron ciertamente significativa pero más que por la intensidad de la misma, que tampoco fue tan extrema como la prensa oficial quiere hacer entender (yo estaba allí), porque por alguna razón esta vez fue más efectiva que otras que la precedieron y que fueron enterradas entre papel de periódico. Aun así, lo que verdaderamente marco la diferencia en esta ocasión vino horas después con periodistas que hablaban de un descontento de la afición con la directiva, filtraciones sobre las chapuzas en las negociaciones, televisiones que hablaban de un problema institucional en el equipo colchonero, Jose Antonio Abellán llamando inútil a García Pitarch y dando cancha en su programa a un miembro de la oposición que habla sobre sentencias de apropiación indebida del club y hasta un José Ramón de la Morena que nos dice al pueblo que M. A. Gil Marín busca los réditos de la ciudad deportiva o el estadio y que tiene la cara torcida de las mentiras que suelta. Esa es la diferencia más significativa respecto a otras “crisis” recientes y no tan recientes. Esta vez la prensa “seria”, unos tipos que viven de apostar siempre por el caballo ganador, parece que decidieron cambiar de caballo. Si eso es así (rezo todos los días par que lo sea) me temo que estamos en los comienzos de la rebelión. De la buena.

En 1945 George Orwell escribió una inteligente sátira que criticaba las revoluciones comunistas pero que es extrapolable a muchas otras revoluciones justas. En la novela los animales de una granja deciden hacer frente a la injusticia que están sufriendo por parte de los humanos, unos seres desalmados a los que consiguen echar tras una rebelión popular, para implantar a continuación un régimen justo basado en los pilares que inspiraron esa misma revolución. De entre la masa enfervorecida y unida por un objetivo común aparecieron dos líderes naturales, Napoleón y Snowball, que aglutinan el sentir de la mayoría y que definen los mandamientos que regirán a partir de entonces la granja, a través de leyes del tipo: “ningún animal matará a otro animal” o “todos los animales son iguales”.

En el Atlético de Madrid se está gestando una revolución (iniciada tiempo atrás). Todos somos capaces de olerlo y todos los que hemos deseado alguna vez un Atlético de Madrid digno, patrimonio de sus aficionados, gestionado de forma honrada y orgullosa, que sea respetado por su idiosincrasia, su historia y su poderío deportivo empezamos a sentir un cierto optimismo que no sentíamos hace muy pocos días. La revolución parece en marcha y en ella tendrán que aparecer de forma natural cabezas visibles que aglutinarán y representaran el sentir de la gente. Una revolución justa y desde abajo que será capaz de echar a los delincuentes que por herencia todavía hoy tienen secuestrado el club y una revolución que propondrá un Atleti honesto con el que todos hemos soñado basado también en pilares justos y necesarios como: “Atleti somos nosotros” que se canta en el Vicente Calderón en momentos críticos o el “Por un Atleti digno” que reza delante de la puerta cero una pancarta aupada por un puñado de valientes que allí se dan cita.

Pero en la granja las cosas no fueron tan bien como pudiera parecer. No sólo ocurre que el poder corrompe o que la adoración rendida de las masas provoca extrañas reacciones químicas en los cerebros de los líderes sino que todo ello puede provocar también una radicalización del discurso y del debate, que lleva hacia la intolerancia teórica o incluso hasta fórmulas similares a aquellas contra las que se han estado luchando. Las divergencias de criterio entre Napoleón y Snowball se transformaron en odio irreconciliable hasta el punto de que Napoleón acaba echando su guardia pretoriana contra su “compañero” expulsando a Snowball de la granja y quedándose como máximo responsable de la misma. Los partidarios de Snowball se convierten desde ese momento en ciudadanos de segunda y las antiguas soflamas que antes todos seguían ahora se transforman, para adaptarse a la nueva “realidad”, convirtiéndose en cosas como “ningún animal matará a otro animal sin motivo” o la famosa “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

El pasado domingo 1 de Febrero minutos antes de acabar el partido mucha gente abandonó el estadio. No sé si eran japoneses aburridos, aficionados al fútbol que pasaban por allí, tipos obsesionados con no pillar atasco o gente preocupada por llegar a ver el partido del Barça. No sé si eran verdaderos colchoneros porque no puedo saberlo. Lo que sí que sé es que otros muchos nos quedamos hasta el final para pitar al tipo que estaba sentado en el centro del palco. Probablemente cada uno tenía una parte distinta de su ser herida pero todos mostraban su descontento. Allí estaba el que no puede ver a Cerezo pisando el palco del Calderón en calidad de presidente por su nefasta labor desde que lo es, el que a través de Cerezo ve a MA Gil y recuerda también cuando su padre subió los abonos y siendo un niño tuvo que dejar de poder ver a su equipo, el que conoce todos los agujeros legales de los giles y cerezos y hasta lo que ocurre en el campo ha pasado a un segundo plano, el señor que no entiende de leyes, juicios o política pero está harto de aburrirse en su estadio, el que lleva años peleando por echar a ese par de siniestros personajes y el que se acaba de dar cuenta de la realidad. El que no puede soportar escuchar a Cerezo hablar como el presidente de un equipo pequeño, el que no perdona que lleven 10 años protegiendo proyectos deportivos rácanos, mal hechos y destinados a fracasar, el que no perdona a Cerezo ser el crush-test-dummy del ilocalizable “calamidad”, el que no perdona esa gerencia mafiosa que vendiesen a Fernando Torres con sospechosa limpieza o el que simplemente quiere ver de una vez por todas un equipo que juegue al fútbol y con el que sentirse identificado. Todos quieren lo mismo, unos dueños distintos, pero lo quieren por diferentes razones. La rebelión estaba dando un paso importante en ese momento con un buen puñado de personas gritando a un asustado Enrique Cerezo en representación de los “humanos” y estoy seguro que entre esa gente estaban también gritando nuestros futuros Napoleón y Snowball.

Desgraciadamente a día de hoy la revuelta no ha terminado y los “humanos” siguen ejerciendo el tirano poder que ejercían pero basta darse una vuelta por los foros, webs o blogs de internet dedicados al atleti para notar los diferentes matices (de superficie más que de fondo) que existen entre los que componen la revuelta. Diferentes matices que deberían sumar, aportar credibilidad, dar color y licitar algo tan necesario que además basa su éxito precisamente en aunar mayorías bajo un sentimiento común pero me temo que incluso antes de conseguir nada está provocando también “matizaciones” excluyentes sobre los cimientos de la revolución y enfrentamientos entre nuestros propios Napoleones y Snowballs. Talibanes, comepipas, interesados, gilistas,… Si tras ganar 0-4 fuera de casa sigues recordando al respetable que el club está en manos de delincuentes gracias a que el juzgado no ejecutó una resolución (entre otras cosas) eres un talibán interesado sólo en política y no en el atleti. Si criticas con todas tus fuerzas a Aguirre porque no puedes soportar ver a tu equipo arrastrarse haciendo el ridículo eres un Gilista empedernido que se despreocupa del verdadero problema. En cualquier caso a los dos se les tacha de no querer al Atlético de Madrid que seguramente es lo que más le duele escuchar a cada uno. ¿Es esa la fórmula?

Me temo que tenemos que reflexionar, aprender a convivir con el que tiene otra interpretación distinta y pensar que estamos todos en el mismo barco. Los que conocen la historia y la intra-historia de este club y ejercen un activismo desaforado desde todos los frentes, los que hace lo mismo por otras razones y los que “simplemente” pagan su abono desde hace 30 años para ver jugar a su equipo y no les gusta lo que ven. Todos los que de alguna forma somos críticos en definitiva. De otra forma me temo que acabaremos sembrando lindes y haciendo lo mismo que Napoleón hasta acabar modificando los eslóganes a cosas del tipo: “Atléti somos nosotros pero vosotros no” o “Por un Atleti digno pero sin comepipas”.

1 comment

Anónimo 10 feb. 2009 16:34:00

Muy Bueno. Sin mas
Salud

Alfonso