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“Cuando el dedo señala a la luna el bobo mira al dedo”

Los últimos días que estamos viviendo la torturada afición colchonera están siendo especialmente complicados. Siento como cada vez nos resulta más difícil limpiar ese pegajoso y bochornoso ridículo que parece que tenemos que llevar permanentemente marcado en la piel. La tradicional negligencia que normalmente pulula por los despachos, pasillos y campos de juego de la entidad parece que esta vez ha traspasado fronteras y lo que antes era comedia de vodevil para unos pocos elegidos de corazón atlético ahora ya es papilla digestiva a nivel nacional. Como no podía ser de otra forma, porque el actual periodismo es así, el Atlético de Madrid lleva una semana siendo protagonista de titulares en exclusivos y sabrosos minutos de los tradicionalmente vetados espacios deportivos. El espacio dedicado al “deporte” se ha llenado indefectiblemente con las tradicionales noticas desastrosas que acompañan al Atleti desde que algún ideólogo de la publicidad y sus fieles seguidores decidieron hacer de la desgracia una cuestión de marca comercial.

Pero es que la cadena de acontecimientos circenses que se sucede desde hace décadas parece haber pegado un acelerón en los últimos meses. Desde un verano absurdo fichando jubilados y chicos uruguayos que ya se querían vender casi según llegaban al aeropuerto, pasando por las generosas vacaciones del director deportivo y sus jefes justo en los meses en los que sus colegas suelen currar con mayor intensidad, la solvencia para desequilibrar la plantilla del equipo incluso más todavía, la incapacidad de colocar a nadie de ese inmenso saco de vagos y maleantes que tenemos gracias a las fichas de mega-estrella que nuestros dirigentes les firmaron, el insultante ejercicio de intentar vendernos los mismos vagos y maleantes como los grandes fichajes del verano, la insolente tropelía de vender un jugador en una plantilla cogida con pinzas un día después de cerrar el plazo, lo mal que se asumió la realidad desde el momento en que se puso a rodar el balón tratando de adulterar todavía más la gran mentira de la “gran plantilla”, la lamentable carta de MA Gil, las lamentables entrevistas a Don Tancredo o el esperpéntico entremés de la destitución de Abel, más propio de una comedia de arte y ensayo amateur que de otra cosa además de la culminación temporal del chiste con la performance de MA Gil diciendo que se retira de la parcela deportiva (es imposible llevar la cuenta de las mentiras de este sujeto), la insultante bajada de bragas frente a un grupúsculo del Frente Atlético o la penúltima mentira disfrazada de leyenda que dice que MA Gil deja la parcela deportiva para que Cerezo se convierta en salvador de la patria.

Estamos muy mal. Que los despachos están ocupados por usurpadores fríos que buscan el beneficio propio a costa de lo mucho o poco que quede de valor en el Atlético de Madrid ya lo sabemos. Llevan 20 años. Que los trabajadores de esa santa casa están repartidos entre los pelotas redomados, los inútiles que ponen el cazo a cambio de callar, los mamporreros incapaces de encontrar otro lugar más honroso para vivir así como otras formas de vida no precisamente inteligente también lo sabemos. Sabemos que los periodistas “serios” están mirando, como siempre, a la luna de Valencia y también hemos tomado conciencia desde hace tiempo del estado de guerra civil que reina en la afición entre los antiguos atléticos que todavía no han renunciado, los que ya desprecian la parte deportiva y viven únicamente obsesionados con derrotar a MA Gil por las buenas o por las malas, los que entiende el leal sentimiento atlético como una cuestión exclusivamente de animar en las buenas y en las malas, los que se conforman con un “honroso” cuarto puesto, los que añoran viejas glorias que algunos dudan que fuese alguna vez verdad, los que simplemente van al campo a intentar ver fútbol, los que se dejan la vida gritando educadamente en la puerta cero, los que eligen acciones algo más beligerantes, los que abrazan la violencia como medio, las asociaciones proscritas que se miran el ombligo, las webs de intelectuales que aburren a la mayoría, los que critican todo y no hacen nada, las asociaciones vendidas por un bocadillo, los exjugadores que tragan la sopa, los apóstatas, los notables salvadores del club que están escondidos como cobardes esperando a que alguien les haga el trabajo sucio… hay tantas facciones diferentes, son tan infinitesimales y tan inoperantes que hoy por hoy la afición del Atleti, la mejor afición del mundo, es como si simplemente no existiese.

A todo esto hay que añadir como colofón la reciente constatación de lo podrida que está también la parcela deportiva que al fin y al cabo es de quien todos vivimos. El equipo es un absoluto desastre desde todos los puntos de vista: físico, técnico, anímico, táctico, psicológico y deportivo. No tiene recursos, ni equilibrio, ni tiene personalidad, ni agallas, ni suerte, ni empatía, ni carácter, ni dibujo, ni rabia, ni juego, ni sueños, ni dolor, ni futuro, ni juventud, ni madurez, ni esquema, ni comunión, ni sentimiento de culpa, ni ambición, ni ganas, ni talento, ni fútbol, ni rigor, ni crédito, ni esperanza,.. ni sentimiento atlético.

El panorama no es que lo pinte apocalíptico, es que es apocalíptico porque además ninguno de los protagonistas anteriores parece que tenga intención de cambiar en su actitud. MA Gil y Cerezo siguen viviendo cómodamente y no tienen intención de largarse, los trabajadores del club no van a levantar la voz, los periodistas van a seguir coloreando la idea de Atlético de Madrid que nos venden y la afición, que cada vez está más dividida y concentrada en su infinitesimal corralito, no tiene pinta tampoco de cambiar. Los jugadores son lo que son y los que son y tampoco van a cambiar así que cada uno deberá aguantar su vela. Eso si, mientras el Atleti se desangra a chorros todos buscamos la solución en un ser humano al que otorgamos poderes sobrenaturales que sabemos que no tiene y lo elevamos a un Olimpo en el que nadie quiere estar para bajarlo después a pedradas cuando los milagros no aparezcan. Conozco la historia.

Bienvenido al infierno Quique Sánchez Flores.