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¡Un abrazo!

Grot



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En estos días de “vino y rosas” en los que el Atlético de Madrid parece resurgir de sus cenizas cual ave Phoenix publicitario, la maltrecha sociedad colchonera tiende a esbozar una sana sonrisa placebo con la que calmar tantas calamidades pasadas.

Es natural y a tenor de la tendencia sociológica contemporánea parece que hasta terapéutico. No sólo gracias a los éxitos recientes sino también aupado sobre esas campañas de rabiosa actualidad tan en boga en ámbitos más "serios" del tipo: “vamos a estar todos contentos sin tener razón para ello”, uno sin duda se arma de argumentos para espantar esa estirpe de cenizos (como el que suscribe) que permanentemente pone los focos sobre los socavones, esos socavones que si no se enseñan parece que no están. Cada uno es muy libre de pensar en lo que quiera y como quiera, pero a mí reconozco que no se me pueden ir ciertas imágenes de la cabeza.

Cuando más de diez años atrás el ínclito de MA Gil decidió, con esta pedante discreción de la que este huraño sujeto siempre ha hecho gala, vender a los cuatro vientos la idea de que había comenzado la profesionalización del club para convertir una vetusta y morriñosa institución deportiva en una moderna y engrasada maquina empresarial basada en las más modernas técnicas de gestión y marketing que darían con la futura salida a bolsa de una renovada institución, a este que escribe (por alguna estúpida razón fundada probablemente en la ingenua juventud) se le vino a la cabeza la imagen de un futuro escudo colchonero sano y glorioso plagado de éxitos y títulos.

Hoy, casi quince años después de aquel brindis al sol, la imagen que se me aparece es curiosamente otra que también me impactó en mi más tierna infancia como fue la de “Grot”, la exitosa empresa de ese genial personaje televisivo llamado Reginald Perrin. En la segunda temporada de esta fantástica comedia británica (Caída y Auge de Reginald Perrin) el personaje de Reginald decide crear una empresa de la nada con la que subsistir tras ser despedido de Sunshine Desserts, la empresa a la que había dedicado la vida (y la muerte). La peculiar idea de un tipo en permanente crisis existencial era la de fundar una tienda en la que ofrecer productos basura con la simple y sorprendente premisa de vender a precios muy elevados productos inútiles que no sirvan para nada a gente que no les encuentren ninguna utilidad.

En el escaparate de Grot aparecen de esta manera: dados redondos, pelotas cuadradas, guitarras sin cuerdas, discos silenciosos, ratonera hechas de queso, supositorios insolubles, regaderas sin agujeros,… y un sinfín de absurdos objetos imposibles. En contra de toda ley basada en la lógica y también en contra de las propias pretensiones de Reginald Perrin la idea de Grot es un absoluto éxito empresarial que desborda todas las previsiones.

La mítica serie de la BBC servía de atinada crítica para apuntar con el dedo esa tendencia a vender humo tan propia de la era moderna (el propio Perrin dice en un capítulo que está tan harto de ver vender basura bajo falsas apariencias que por eso decide hacerlo honestamente) pero puede que el ínclito de MA Gil lo tomase por el lado que no es (o sí) y de forma sutil le sirviese como inspiración para su revolucionario y vanguardista proyecto deportivo. De otra manera es imposible entender cómo después de más de una década en la que el club se encuentra a los mandos de tan magno ideólogo, el Atlético de Madrid como institución siga manteniendo un devaluado pero significativo lugar entre los clubes deportivos, con un número de abonados permanentemente al máximo de capacidad, contratos televisivos al alza y productos de merchandising devorados por la masa social que dejan suculentos beneficios a pesar de los inexistentes logros de la "marca".

¿Qué es lo que ha vendido la exitosa empresa vanguardista diseñada por MA Gil? Me temo que la respuesta es sencilla: basura. Cambien cualquiera de los objetos imposibles de Grot por descensos de categoría que se vendían como éxitos del corazón, fracasos en segunda que se vendían como engrandecimiento del espíritu colectivo, derrotas que servían para ilustrar lo fascinante que es perder, espacios publicitarios psicodélicos que hacían de la anécdota virtud, carísimos jugadores revelación que se revelaban como carísimos errores propios de la mala suerte, carísimos entrenadores revelación que se revelaban como negligentes ideólogos perdonavidas que nos devolvían siempre a la línea de salida, desastrosas planificaciones deportivas que se transformaban en elocuentes odas a la improvisación, sorprendentes clasificaciones para competiciones menores que se vendían como éxitos superlativos, clasificación para competiciones mayores que posteriormente se despreciaban potenciando hacer el ridículo en las mismas, directores deportivos que ni eran directores ni eran deportivos,… en una palabra: basura.

Así que Dios quiera que este año ganemos la Copa del Rey después de 15 años y que ganemos la Europe League y que ganemos todos los partidos hasta el final de temporada porque un servidor será el hombre más feliz del mundo si ocurre pero cuando llegue el día siguiente uno no tendrá más remedio que volver a olvidar los árboles y percibir el bosque, ya que la realidad seguirá siendo un bolígrafo que escribe de verdad en mitad de un puñado de bolígrafos sin tinta, réplicas rectas de la torre de Pisa, presuntas obras de arte fabricadas por el perro, cuchillas de afeitar de goma para gente nerviosa, sacapuntas sin cuchilla y latas de nieve derretida.

1 comment

Anónimo 5 mar. 2010 4:56:00

Un placer leerte.



Alfonso