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¡Un abrazo!

Automatismos (At. Madrid 0 - R. Madrid 1)



“Frío e Insípido el consuelo cuando no va envuelto en algún remedio” (Platón)

Dicen que el éxito en el deporte y en la vida muchas veces es cuestión de automatismos. De asimilar de forma natural ciertas formas de actuación que te hacen no tener que pararte a reflexionar en el momento en el que son necesarias. Ya saben, como cambiar las marchas de un coche de forma inconsciente o cerrar los ojos cuando se desata una polvareda. En los deportes de equipo en general, y en el fútbol en particular, los automatismos son especialmente importantes porque tienen la responsabilidad de conformar en cierta forma el espíritu y la personalidad del equipo, de ese ente que está por encima de los miembros que lo componen. El Atlético de Madrid Contemporáneo (y creo que a partir de ahora utilizaré ese nuevo apellido para distinguirlo de una institución con la que no tiene nada que ver) tiene también automatismos como todo hijo de vecino. El problema es cuales son estos automatismos. No es lo mismo el mecanismo de soltar el codo cuando intuyes que te van a agredir a el mecanismo de relajar inconscientemente y placenteramente el cuerpo cuando notas que te están sodomizando en contra de tu voluntad.

Si un equipo está acostumbrado a salir al campo a ver qué es lo que pasa es muy difícil que de la noche a la mañana salga a ganar y parezca algo natural. Si un equipo está acostumbrado a renegar del balón es difícil que no sepa qué hacer con él cuando un día tiene que tenerlo. Si un equipo tiene automatizado el mecanismo de defender debajo de su portería es muy difícil que de repente salgan de allí a pesar de que necesiten meter tres goles. Si un equipo tiene automatizado que su forma de enfrentarse al rival es darle el balón al Kun Agüero o a Reyes de cualquier forma para que ellos se busquen la vida es complicado que sepan el qué hacer cuando el Kun o Reyes no están en el campo. Si un equipo está acostumbrado a que las derrotas sean cómodas es difícil que el hecho de volver a perder les suponga el más mínimo problema. Si un equipo está acostumbrado a recibir las derrotas más humillantes con el cariño cómplice de su afición es complicado que la siguiente, sea humillante o no, les duela lo más mínimo. Si un equipo está acostumbrado a colocar jugadores mediocres y carísimos cada seis meses sin que a nadie le sorprenda es difícil que alguien se sorprenda cuando viene el de todos los años. Si un equipo está acostumbrado a no tener referencias institucionales ni dentro ni fuera del campo es normal que luego no exista nadie, ni dentro ni fuera del campo, que se sienta herido en el orgullo colchonero. Si la “gran” afición de un equipo tiene automatizado que su ÚNICA labor para con el club es la de animar, se haga bien o mal con razón o sin ella, es francamente difícil que nadie se plantee dejar de cantar canciones infantiles y tratar de abrir los ojos. Personalmente el partido de ayer, el enésimo derby que perdemos, marca un antes y un después en mi relación con el Atlético de Madrid. Perdón, con el Atlético de Madrid Contemporáneo.

El análisis del partido en lo deportivo es casi incluso más triste que el sociológico pero no deja de ser inútil y se resumen en una sólo frase: el Real Madrid hizo exactamente lo que quiso. El Atlético de Madrid Contemporáneo es una broma construida sobre un error. Una broma que lejos de hacer gracia da pena. Mucha pena. Saltó al campo con brío y ganas pero insisto, es difícil cambiar todo de la noche a la mañana. Es inútil, y en cierto modo estúpido, tener que esperar a ir dos goles por debajo en la eliminatoria para plantearte ganar el partido. Y claro está, brío y ganas no son suficientes cuando enfrente tienes un equipo muy físico y muy bien entrenado y en tus filas falta tu principal referencia. El equipo dio buena sensación al principio pero lo cierto es que apenas llegó a inquietar la portería de Casillas. Solamente un error de este ante la presión de Reyes hizo que el Atleti dispusiese de una clara oportunidad que se desaprovecha.

El árbitro no tuvo una actuación determinante pero por supuesto cualquier duda siempre es a favor de los blancos. Las repetidas tarascadas de la defensa merengue a Reyes (tenían bien aprendida la lección de quién y quién no les podía hacer daño) dieron sus frutos y lesionaron al de Utrera mediada la primera parte. A partir de ahí se acabó el partido para los colchoneros. El Madrid empezó a tener el balón y a encerrar a un Atleti que se siente cómodo encerrándose y achicando agua. Aun teniendo que levantar dos goles. Como además los automatismos del equipo son los que son, cuando el Madrid no podía meter mano a nuestro muro de contención y reculaba nuestra defensa no salía y se quedaba colgada del larguero (¿miedo? ¿Instrucciones del banquillo?) con lo cual la nueva embestida de los merengues era más fácil. En ese ambiente llegó el gol de Cristiano Ronaldo, un jugador muy rápido, muy generoso en el esfuerzo, muy físico y que no puede ser más tonto.

El gol del Madrid puso virtualmente el fin del partido. El resto del tiempo deberá quedar enmarcado en el nivel de la anécdota. Los blancos levantaron el pie del acelerador, taparon tácticamente cualquier tímido intento de los colchoneros de hacer algo y se dedicaron a dejar pasar el tiempo sin sufrir nada. Los del Atleti bajaron los brazos, volvieron perfil de actitud taciturna y escasez de magia con la que conviven y se dedicaron a corretear con el balón en una desesperada batalla por evitar el ridículo. Quique haciendo de Quique. Mourinho haciendo de Mourinho. La grada cantando Pipi Calzaslargas. Un retrato costumbrista y real de lo que es el Atlético de Madrid Contemporáneo.

El primer tiro a puerta del Atleti llego en la segunda parte, la primera patada a destiempo por aquello del herido orgullo la hizo Juanfran, un jugador que como alguien decía en la grada todavía le queda algo de Camachismo pero que se le irá “curando” en este equipo poco a poco. El primer y único calentón lo tuvo Diego Costa, un jugador tan torpón y fallón como entregado a la causa. Juanfran y Diego Costa, dos pilares de gran tradición colchonera fueron las únicas notas de colchonerismo herido. Significativo.

No hay nada que hacer. Las opciones son intentar hacerse aficionado al Atlético de Madrid Contemporáneo, un equipo de mitad de tabla, simpático, sencillo, fácil, cutre, fiel al Gran Hermano, aburrido y previsible o dejar definitivamente de sufrir.

No hay más.

4 comments

pablo 21 ene. 2011 14:11:00

¡Chapeau! Suscribo el post de cabo a rabo.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO 21 ene. 2011 16:14:00

Uno que se va. No vuelvo más al campo. Adiós para siempre. Un abrazo Ennio

Cex 21 ene. 2011 18:16:00

La segunda parte del segundo párrafo es la reflexión que hizo Miguel Ángel Gil Marín hace más de una década y la que le llevó a bajar el nivel de exigencia hasta un lugar que le permitiera forrarse sin que le exijan responsabilidades. Además cuenta con la complicidad de la prensa y la increíble aquiescencia de la afición.

Hay dos maneras de crear un sistema de ataque: trabajarlo en los entrenamientos para lograr los automatismos o dejarlo a la inspiración de los jugadores.

Quique apuesta por la segunda opción, la más cómoda si tienes jugadores creativos, jugadores técnicos y con visión de juego. El Atleti no los tiene así que la improvisación no es una buena táctica. Y aunque los tuviera hay que trabajar el equipo, que para algo le pagan.

Es verdad, que la plantilla del Atleti no da facilidades ni por su categoría ni por sus condiciones. Por ejemplo, Forlán no pisa jamás el área para rematar de cabeza (no sabe, si es el delantero centro y saca los córneres) por lo que los extremos no tienen claro hacia dónde ir cuando tienen el balón.

Anónimo 21 ene. 2011 23:18:00

Una nueva noche gélida perdiendo el tiempo, y son demasiadas. Creo que me queda poco para estar con Fernando y no volver nunca más.
No se si me jode mas aburrirme como un condenado o soportar la pasividad de "esta afición", mucho decir la frase ehar huevos y al minuto casi la ola. Como vamos a pedir compromiso con la camiseta si a esta afición se la suda todo. Yo recuerdo en el Calderon (y no soy tan viejo) pedir cabezas por mucho menos. Claro que siempre nos quedará echar la culpa a la prensa, la directiva, entrenador, jugadores y más papanatas.
En fin somos un mero reflejo de esta mierda de sociedad que han conseguido los del poder. Siempre con la puta dicotomia: trabajar o en el paro, que te den por el culo o cobrar menos, jugar a algo parecido al fútbol o bajar a segunda, aburrirte como una mierda o dejar de ir a ver a tu equipo...).
Adios a la UEFA, a la Copa del rey y al Atletico de Madrid. Todavía no se si hola al Ateletico de Madrid Contemporáneo.
Magnífico como siempre Ennio.