Leyendas colchoneras (2ª Parte)




La leyenda del Jeque.

Por alguna razón se extiende como la pólvora desde hace tiempo esa leyenda del jeque multimillonario que va a venir con numerosos petrodólares ganados en mercados de dudosa reputación para “invertirlos” en nuestro equipo. Por alguna razón entendemos que tal personaje no sólo traerá dinero sino criterio y cordura.

Es decir, no utilizará nuestro equipo para escrupuloso beneficio propio o para especular o para jugar a ser entrenador o para atomizarlo y venderlo por piezas,… no, eso no, el Jeque será de marcado acento colchonero y entenderá la idiosincrasia atlética, esa tan fácil de entender que ni entre nosotros nos ponemos de acuerdo. Entenderá nuestras cuitas o simplemente pondrá la pasta a fondo perdido para que nosotros, en plural mayestático, la gestionemos correctamente y como marca la historia. ¿Quién me asegura a mí que no aparecerá un Piterman o los americanos del Liverpool? ¿Qué haría Pitarch o MA Gil con el dinero de un jeque árabe? Ojo con lo que se desea porque como decían los Rolling Stones a veces se puede hacer realidad. El Jeque no tiene pinta de venir pero si viene lo mismo tenemos que atenernos a las consecuencias.

La leyenda de que todo lo que ocurre en el césped es irrelevante.

Prohibido hablar de fútbol en el Atleti. Cuántas veces me han echado en cara que con lo que tenemos al frente del equipo, con los ladrones que nos gobiernan y con las tropelías que se cometen a diario, uno tenga la desfachatez de hablar de fútbol, de sistemas de juego, de jugadores y de entrenadores. Entiendo el fondo pero no lo comparto. Si olvidamos que estamos hablando de fútbol (una cosa que pasa en el césped en torno a un balón) me temo que estamos perdidos. Estamos confundiendo el contenido por el continente. Estamos olvidando que la inmensa mayoría que es aficionada al Atlético de Madrid (yo incluido) lo que quiere fundamentalmente es ver partidos de fútbol en los que a ser posible su equipo gane. A pesar de que todo está en algún punto relacionado toda mente humana que sobrepasa el umbral de la inteligencia es capaz de distinguir lo que es un balón de lo que es un contrato. Lo que es una tropelía contable de lo que es un fuera de juego. Lo que es un delito fiscal de lo que es un pase mal dado. ¿Por qué no se pueden distinguir las cosas? Me parece bien responsabilizar a la cúpula dirigente de un proyecto deportivo inexistente y una gestión de fichajes bochornosa pero el que trae a Eller o Cléber Santana es Garcia Pitarch y el que sale a empatar en Tesalónica es Quique Sánches Flores y el que dice que esto “no es un grande” es Forlán. ¿Por qué no se va a poder debatir sobre el sistema de juego del equipo o si es mejor jugar con 4-3-3 o 4-4-2? El día que deje de importarme lo último será el día en el que definitivamente me olvide del Atlético de Madrid.

La leyenda de que la solución es no renovar el abono.

Me temo que desgraciadamente no es tan fácil. La loable y respetable decisión de no renovar el abono para no dar dinero a la dualidad gilista me temo que tiene tanto efecto como mis artículos de internet. Ninguno. Hubo un tiempo en el que el motor de la máquina del fútbol estaba radicado en la masa de gente que acudía a los estadios. Ése era el consumidor tipo. Socios que tenían voz y voto en las decisiones de la institución y cuyo plebiscito dominical era de vital importancia. Entonces un plantón de la afición que pagaba tenía consecuencias dramáticas. Pero entonces llegaron las televisiones con su dinero y todo se fue a la mierda. Hoy el principal consumidor de fútbol no es el ingenuo como yo que se muere de frío en el estadio a las diez de la noche en un gélido miércoles de invierno junto a otro nutrido puñado de ingenuos. No, hoy el consumidor tipo, el motor del circo, son los miles de personas que lo ven cómodamente en sus casas (o bares) con una cerveza y ataviados con su camiseta de Cristiano Ronaldo. En Madrid o en Al-Khobar. Los aficionados que van al campo somos algo así como el Atrezzo de la obra de teatro, algo que da colorido y calor al supuesto espectáculo pero que en ningún momento es determinante (¿Cuántos partidos se han puesto a una hora criminal gracias a las televisiones aun a sabiendas que ello repercutiría en el aforo?). Tampoco pueden permitirse el lujo de que sean un elemento hostil o incómodo. De hecho ya no lo es. La dirección pone alfombra roja a todo aquel nostálgico revenido que va al campo a protestar. ¿Cuánto descontento con la actual marcha del equipo pretende hoy hacerse abonado del Atleti? No creo que muchos pero sin embargo el número de abonados está a tope y todavía queda una lista de espera para felices nuevos atléticos deseosos de venir para “animar hasta reventar” que es lo que “hay que hacer”. Desde hace cinco años tengo una lista creciente de desencantados que han abandonado la grada pero sigo sin ver calvas significativas en el cemento. Si todos los lectores de este artículo se dieran de baja (es mi opinión y puedo estar equivocado) me temo que en el club ni se enterarían y si lo hicieran lejos de lamentarse estarían agradecidos a la divinidad por ello.

La leyenda de que la solución está en que la prensa decida denunciar la situación.

O dicho de otra forma cuando la prensa no esté compuesta por forofos vikingos que van en contra del Atleti. Me temo que no. Es mucho más triste que todo eso. La prensa es parte del entramado empresarial, son arte y parte de la pantomima y por ello se dedican básicamente a adoran al santo por la peana. Son la sección de marketing de un negocio redondo, el del fútbol profesional. En un mundo donde existiesen periodistas y periodismo Florentino Pérez estaría acojonado de la prensa pero en este circo ocurre todo lo contrario, son los supuestos periodistas los que se acojonan de que el tal Florentino dé una tos. No es que el periodismo esté en contra del Atleti, es que directamente lo desprecia. No entra en los esquemas del nuevo mundo. El Atleti es un elemento incómodo en su lucha empresarial por hacer mucho dinero rápido a costa de marketing empresarial disfrazado de afición al fútbol. El problema que tienen con el Atleti es que está muy próximo al epicentro mediático y que encima y “desgraciadamente” todavía somos demasiados.

Por eso lo mejor es oscurecer su presencia todo lo posible, adaptarla a la “cruel realidad” que dicta las nuevas reglas del fútbol y tratar de convencer a los pocos ingenuos colchoneros que van quedando de que acepten lo que se les ofrece y estén contentos siendo comparsa. Como todos los demás. La prensa nunca puede ser la solución porque son parte del problema. Es como pretender que el presidente de McDonalds denuncié los perjuicios del consumo de comida rápida y solucione la obesidad norteamericana. Podrá ganar tiempo, engañarnos con esquivas palabras esdrújulas y falsas promesas de redención pero jamás ocurrirá. Sería como tirar piedras contra su propio tejado. La prensa se ha transformado en propaganda y si algún valiente trabajador dice algo que pueda interpretarse como contrario a los intereses de la multinacional o del negocio se le aparta, se le echa o se le hace jefe de la sección de Snooker del periódico.