Duérmete Niño



En cualquier lugar donde vendan libros el lector podrá encontrar casi con toda seguridad un controvertido ensayo titulado “Duérmete niño”. Se trata de un best-seller que despierta tanta admiración como repulsa en la comunidad paterno-pediátrica. La leyenda popular asume que en su interior lo que uno encuentra es un método severo, pseudonazi (dicen algunos), inhumano (dicen otros), pero también infalible (dicen muchos) para conseguir que la preciosa criatura en cuestión se dedique a dormir por la noche de una puñetera vez. Sin embargo lo que mucha gente no sabe es que ese infalible método radical se explica en el último capítulo del libro. Los capítulos anteriores son un ensayo (acertado o no, que no tengo ni idea) sobre cómo funciona el complicado sueño del bebe para así evitar durante su educación llegar al punto en el que todo se convierta en una pesadilla y tener que aplicar tratamiento de choque. Es decir, sólo en casos de una mala educación asentada y enquistada son necesarios los métodos radicales que se proponen. Un bebe puede ser guapo e inteligente pero también mal educado. No tiene nada que ver. Un bebe puede ser perfectamente capaz de comer fruta pero no darle la real gana de hacerlo. Es todo una cuestión de educación. Diego Forlán no es un bebé ni creo que tenga problemas de sueño pero sin embargo si me parece un buen ejemplo para ilustrar las enseñanzas y consecuencias de todo esto.

A pesar de las banderas de Peñarol que hay por el Calderón desde que Forlán está en el Atleti el Charrúa se hizo realmente futbolista profesional al otro lado del Río de la Planta y más allá del Riachuelo en la cancha de Independiente donde recaló con apenas 18 años desde su Uruguay natal. Allí jugó desde 1997 hasta enero de 2002 pero estos no fueron “afortunadamente” buenos años para los rojos (lo siento pero el que escribe es hincha de La Academia) y aunque Forlán destacaba, el equipo no fue capaz de ganar un sólo título en ese periodo. Forlán ya supo entonces lo que era estar en un equipo grande que no gana títulos. ¿O Independiente no es grande? Pregúntenselo a cualquier argentino.

Diego Forlán ficha entonces por el todopoderoso Manchester United por unos 11 millones de Euros y por petición expresa de Sir Alex Fergusson pero el uruguayo no termina de asentarse nunca en el equipo durante las dos temporadas y media que estuvo en Inglaterra, periodo en el que marcó apenas 17 goles. En esos años el Manchester gana liga y copa pero el uruguayo tiene una participación menor que paraliza significativamente la progresión de un jugador que prometía bastante. A nadie sorprendió su salida de Inglaterra por 3 millones de Euros para recalar en el verano de 2oo4 en un modesto pero emergente Villarreal. En Castellón, con un equipo bien construido y un Riquelme en estado de gracia, el jugador vuelve por sus fueros a demostrar lo gran delantero que es (consiguiendo por primera vez la Bota de Oro europea) pero la limitada repercusión mediática del Villarreal hace que su éxito sea básicamente local.

El verano de 2007 es el de la llegada de Diego Forlán al Atleti. Un traspaso de 23 millones de euros (el más alto de su carrera) y un sueldo galáctico aúpan al Charrúa de nuevo a las alturas del mercado futbolístico. Todo el mundo lo entiende como un salto. Forlan se adapta perfectamente a un equipo permanentemente desestructurado ganándose a la tradicionalmente fiel afición atlética que enseguida le adjudica como suyo el canto de “uruguayo, uruguayo” que anteriormente lució sin esplendor el ya olvidado petete Correa. Forlán se gana la admiración de todos los colchoneros haciendo grandes campañas, dando evidentes muestras de entrega, creciendo como futbolista al jugar en posiciones distintas en el campo, luciéndose en liga y Champions y alcanzando el climax en una temporada 2008/09 ejemplar en la que vuelve a ganar la Bota de Oro. Forlán está en lo más alto aupado a lomos de un Atlético de Madrid que a pesar del áspero mutismo del rubio lo quiere y lo respeta. Pero el Uruguayo, como cualquier bebe, es ambicioso y egoísta.

Querer más es siempre lícito y puede ser positivo. La diferencia la marca los métodos que se empleen para conseguir ese más. No es lo mismo berrear que pedir por favor. No es lo mismo tratar de hacerlo mejor con lo que tienes a mano que envidiar con rabia lo que tienen los demás. No es lo mismo prosperar siendo fiel y respetuoso con tu familia que cagándote en ella. Ni el dinero ni los goles lo justifican todo pero eso es algo con lo que no todo el mundo está de acuerdo. Forlán, como cualquier jugador que destaca, empezó a recibir cantos de sirena fuera de las oficinas del Calderón pero por alguna razón estas no se atendieron (para alegría del aficionado atlético, por cierto). Nada punible que ocurra algo así con un contrato de por medio. Probablemente pasarían también otra serie de cosas desagradables que no sabremos nunca entre directiva y jugador pero nada de ello puede justificar lo que ocurrió después.

La siguiente temporada comenzó con un jugador muy bajo de forma (perdonable), muy limitado en compromiso (cosa que nunca había faltado y por lo tanto sorprendente) y permanentemente enfurruñado (caprichoso). Es la época en la que Forlán empieza a hacer declaraciones enigmáticas al principio, explícitas después. Es especialmente la época en la que empieza a hablar de un equipo que no es “grande”. Es la época en la que Forlán empieza a hacer desprecios al Atlético de Madrid y hasta ahí podíamos llegar.

Si un niño te falta al respeto o te tira la comida a la cabeza cada vez que no le gusta y no pasa nada es difícil que después de muchos años haciéndolo entienda la reprimenda el día que uno se harta e intenta ponerle freno. Con Forlán ha pasado lo mismo. Una salida de tono perdonable si se hubiese "aclarado" a tiempo creció hasta ser el principio de la decadencia. Independientemente de sus razones para estar enfadado no se puede permitir que un jugador del Atleti desprecie la entidad que le paga y que además le quiere. Entonces no pasó nada gracias a los “padres” tan pésimos que tenemos, más preocupados de sus chanchullos negros que de dirigir con dignidad esta familia. Ante la permisividad de sus padrinos, Forlán nunca ha sabido dónde estaban los límites. Probablemente porque nadie se los puso la cosa ha terminado como ha terminado, como un problema incómodo y con unos pitos en el Calderón a un excelente jugador que jamás debería haber recibido tal premio (yo por supuesto no pité) pero que a nadie sorprendieron.

Forlán, al que estaré siempre agradecido por sus primeras dos temporadas y esos goles que nos hicieron ganar la Europa League, es hoy un problema enquistado de triste pero inevitable solución. Un niño malcriado (puede que también maltratado, no lo sé), que viaja con tapones de espaldas a los que le han querido y que no ha sabido reconocer ni corresponder el amor que le dieron en esta casa. Un niño que ni sabe ni quiere dormir porque probablemente no le enseñaron nunca a hacerlo.

1 comment

Perico 19 may. 2011 11:28:00

Ennio, no se puede explicar mejor. Él sólo hizo los méritos para ser un héroe y él sólo ha derrumbado su mito.