Cuéntame... la verdad (Cuestión de Marca)

Hace unas semanas, en uno de los últimos capítulos emitidos del serial televisivo de calidad menguante en el que se ha convertido “Cuéntame”, ese personaje que expone su colchonerismo acérrimo de forma recurrente cada vez que tiene oportunidad (interpretado por Juan Echanove) puso de nuevo al Atleti en la narración. El hermano de Antonio Alcántara, que tenía entradas para un partido europeo del Atleti, rezumaba emoción y optimismo antes de acudir al Calderón pero tan solo dos horas después todo se transformaba, con precisión milimétrica, en amargura y tristeza. El Atleti había perdido y eso se enseñaba en la cara de un atribulado aficionado que expresaba no sólo tristeza sino sobre todo lo que en ese momento le hacía falta a la historia: sensación de resignación. Al llegar al hogar, su mujer, con aire de conocer la respuesta, le pregunta por el resultado del partido. “Hemos perdido…., cómo siempre” apostilla el menor de los Alcántara con aire taciturno. Jugando con los símbolos del imaginario colectivo, el guión describía así una familia incrustada en la más absoluta mediocridad que encaraba una suave pendiente hacia el fracaso. El guionista necesitaba un símbolo para reflejar la resignación en la insignificancia. Una alegoría que mostrase en una frase el amor irracional e infinito sobre lo que se sabe gris y vulgar. Un ejemplo de perdedor con ciertas dosis de romanticismo. El guionista eligió el Atlético de Madrid y el universo entero lo entendió a la primera, sin que a nadie pareciera molestarle y sin que nadie reparase demasiado en la anécdota o en la verdad con la que estaba construida.

Desconozco en que partido del Atleti está basado el episodio pero es más que probable que fuese cierta la derrota. Aquella temporada 79/80 no fue precisamente buena para el Atleti con un deshonroso puesto en liga y varios cambios de entrenador. Lo que es más difícil de tragar es el contexto, las caras, las sensaciones y la moralina de la escena. Esa edulcorada melaza cargada de intención. Esa patina de resignado perdedor que no se corresponde con un aficionado del Atlético de Madrid de 1979. ¿No me creen? Pónganse en contexto. El Atlético de Madrid de 1979 tenía ocho ligas en sus vitrinas. El todo poderoso FC Barcelona, que hoy da clases de historia y ética por medio mundo, tenía entonces la escalofriante cifra de… ¡¡nueve!! Solamente una liga más que los colchoneros, entonces y ahora, tercer equipo de España en ligas y trofeos totales. Dos años antes de aquel 1979 el Atleti obtenía su octavo campeonato nacional de liga. Tres años antes ganaba la copa del rey. Cuatro años antes ganaba la copa intercontinental y cinco años antes jugaba aquella fatídica final de la Copa de Europa contra el Bayern de Munich que la historia todavía nos debe. ¿Ustedes creen que ese es el bagaje de un resignado perdedor? ¿Ustedes creen que es creíble que con esas credenciales un aficionado al Atleti diga en 1979 que “ha perdido como siempre” y el respetable se crea su cara de desgraciado? Pues al parecer lo es. Lo colocan con estruendosa torpeza en un serial masivo, que además presume de rigor histórico, y el personal se lo traga sin rechistar. Nadie ha dicho ni mu. Es simplemente una cuestión de marca de club. Ese mantra que repite cada vez que tiene ocasión el auténtico ideólogo del Atleti moderno, el señor Miguel Angel Gil Marín.

En 1996 el Atleti de la era Gil y Gil alcanzó su cúspide deportiva con aquel memorable doblete. Poco después, el gran patriarca, ocupado ya por entonces a empresas de mayor calado, decidió dejar la dirección del club de sus “amores” a uno de sus hijos. Un tipo avinagrado y poco sociable al que no le gusta el fútbol, pero que presume de haber hecho algún cursillo de empresariado moderno. El equipo entra entonces en la época deportiva más oscura de su centenaria historia. Una época en la que mientras jugadores y entrenadores se suceden, la sección deportiva se diluye por el desagüe. Mientras el equipo es incapaz a partir de entonces de tan siquiera volver a alcanzar alguna vez la tercera posición en liga que presupuestariamente le corresponde, al nuevo mandamás se le llena constantemente la boca de términos pseudoempresariales que deslumbran al grueso de los complacientes periodistas. Se habla de ingresos atípicos, modernización empresarial, estructura profesional, eliminación de sentimientos en el organigrama, expansión hacia mercados emergentes…y de la consolidación del concepto de marca. De la marca Atlético de Madrid.

Y en esas llega el descenso, hecho que aprovecha el moderno empresario para explotar con criterio publicitario ese punto suicida de amor irracional a unos colores, que es algo que si ha tenido el aficionado colchonero desde siempre. Casi sin querer y de forma inexplicable (para algunos), el equipo se llena de abonados. El mundo entero viene a investigar el fenómeno inexplicable de que un equipo de segunda rompa el record de asistencia y llene el estadio cada domingo. Los Atléticos nos agarramos en los momentos más difíciles a nuestro sentimiento orgulloso como única tabla de salvación, convencidos de la temporalidad de lo excepcional. Pero el equipo vuelve a fracasar deportivamente tras la enésima planificación catastrófica de un equipo que ya para entonces tiene extirpados el cerebro y el corazón. Es entonces, con ese extraño caldo de cultivo de nuevos y viejos colchoneros en la grada repleta, con una prensa que se simplifica y vulgariza oliendo ya el dinero de las televisiones y que sólo pone los focos en la segunda división para iluminar excentricidades, con los venerables colchoneros que sujetaban los pilares de la institución en paradero desconocido, cuando MA Gil tiene la genial de idea de “pulir” la Marca Atlético de Madrid. Es entonces cuando nos convertimos en el equipo perdedor. Perdedor pero contento. Un equipo que no está obligado a tener éxitos deportivos porque su éxito no es ese. Está en otro sitio mucho más etéreo. No estamos en este mundo para ganar. Estamos solamente para ser del Atleti sin razón aparente. Su afición lo aguanta todo hasta el punto de reconocerse en el fracaso. En la derrota. Perder al parecer reafirma nuestro carácter. La leyenda del Pupas vuelve a escena extirpada de una final de Copa de Europa y plantada en un estéril desierto de mediocridad. ¿Papá por qué somos del Atleti? se pregunta entonces un niño inocente en una excelente campaña para el nuevo Marketing pero lamentable y tremendamente tóxica para la verdadera historia de este club.

La idea cuaja. En apenas una década se borra de un plumazo la tradicional esencia del equipo del Metropolitano (orgullosa, incómoda, imprevisible, honorable, inconformista, interesante…) por una caricatura sencilla y travestida (perdedor, gracioso, resignado, inquebrantable al desaliento, conformista, friki,…) que la sociedad absorbe por osmosis sin apenas dolor. Esta es la idea que triunfa social y comercialmente. En el año 2011 un guionista sin recursos dice Atlético de Madrid y todo el mundo entiende a lo qué se refiere. Si un personaje de telenovela es colchonero todo el mundo entiendo como es. Torrente tiene que ser indiscutiblemente del Atleti. Si un periodista radiofónico sin talento tiene que narrar un partido de los madrileños utilizará repetidas veces latiguillos por y para el Atleti que el ilustrado oyente entenderá a la perfección. Al final MA Gil tenía razón. Todo era una cuestión de Marca.

7 comments

J. Ordás 15 nov. 2011 13:19:00

Brillante exposición de lo que somos/tenemos con un ejemplo entendible a la perfección.
En 1979, pocos habrían usado la coletilla "como siempre" después de decir que habíamos perdido.
Es lo que tiene este aparato propagandístico, que no solo calla quien hace un mínimo recuerdo a lo que fue el Atleti, sino que también ejerce un efecto amnésico en una gran mayoría.

Mis felicitaciones, Ennio.

Álvaro Lamela (xeneizes) 15 nov. 2011 13:33:00

Las licencias que se toman en la serie dan lugar a situaciones como esta.

No soy aficionado del Atleti, pero sí le profeso gran simpatía y la verdad es que nunca lo he considerado ni un perdedor ni un 'pupas'. Las vitrinas muestran que es un equipo campeón y el único pero que encuentro es que no tenga ninguna Copa de Europa, que debería tenerla por trayectoria y por historia.

Carlos Fuentes 15 nov. 2011 16:11:00

la triste realidad, una vez más contada y, posiblemente, una vez más ignorada
gracias

vafe 15 nov. 2011 19:36:00

Gracias por recordar que nuestro equipo nunca hasta la llegada del cáncer de los gil era un equipo perdedor, éllos y una masa sin sentido qué hoy llena el Calderón y no exige responsabilidades son los culpables de este descenso a los infiernos que solo se detendrá con la salida de los estafadoresd de "nuestro" club.

jesusez 15 nov. 2011 20:26:00

Don Ennio, una vez más dando en el clavo y sacando a la luz lo que muchos no quieren reconocer. Gracias.

Ennio Sotanaz 15 nov. 2011 21:52:00

Jorge, Álvaro, Carlos, Vafe, Jesús, muchas gracias. Es así y aunque somos bastante los que lo vemos desgraciadamente parece que son muchos más los que no lo ven. El día que nos apaguemos nosotros se acabó todo. Nadie recordará nada.

Un abrazo,

Nónimo 15 nov. 2011 23:14:00

No eramos un equipo perdedor, pero la etiqueta no viene solo de las campañas de márqueting, viene de una realidad. Y esa realidad dice que no somos terceros desde 1996. Y que hacemos el ridiculo cada mes.

Y ahora sí somos un equipo de resignados, frikis y perdedores. Y la culpa de todo eso la tienen los Gil.