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¡Un abrazo!

Culpable

“Se dice de la persona a quien se imputa una acción u omisión ilícitas por haberlas cometido de forma deliberada o con negligencia de sus deberes” (Definición de Culpable según el DRAE)

En el descanso del reciente partido contra el Zaragoza, cuando el aburrimiento todavía humeaba desde el césped y el húmedo y traicionero frío del río Manzanares empezaba a escarbar entre los huesos de los allí presentes, el que esto escribe presenció por los vetustos marcadores del estadio la enésima criatura humillante creada por las huestes dirigentes del Atleti moderno. Con la añeja y obvia música de los Hombres G de fondo, se proyectaba un sucedáneo de vídeo mal hecho, mal traído y peor editado que supongo pretendía elevar la moral de los allí presentes. “Voy a pasármelo bien” rezaba el mantra que escupía con torpeza el improvisado elixir. Después de un arranque de liga de una tristeza insultante y después de unas patéticas sesiones de fútbol que poco a poco transforman el Vicente Calderón en algo así como el Coliseo romano (otrora espectacular, hoy cementerio de piedras históricas que vive de la nostalgia) resultaba hilarante presenciar aquel engendro. Ante la indiferencia del indiferente respetable, el final de la música ni siquiera coincidió con el improvisado final del video. Una patética alegoría del ente seco, inanimado y ridículo en el que se ha convertido esto que seguimos llamando Club Atlético de Madrid.

Con un estadio real que se cae a cachos mientras algunos siguen viviendo de otro imaginario, cuyos cimientos se construyen sobre el éter y cuyas gradas llevan bailando en el mundo de los sueños tanto tiempo como el equipo real chapoteando entre las cloacas. Con el equipo a mil puntos de las posiciones que hace años conformaban la parta baja de lo que entonces se consideraban posiciones no humillantes. Con las estrellas rojiblancas de ayer correteando por la pérfida Albión y las estrellas rojiblancas de antes de ayer en paradero desconocido o viviendo bajo un puente, muy lejos del calor rojiblanco. Con la desidia de los nuevos protagonistas de la comedia anual, vestidos a rallas rojas y blancas, agachando la vista mientras el agradecido líder del vestuario vuelve a entonar la conocida canción de la negligente incompetencia. Con unos dirigentes de la nave jugando al escondite inglés o dando vueltas virtuales a la M-30. Con la prensa huyendo de la realidad y amplificando con fervor los detalles intrascendentes. Con los notarios de la realidad poniendo espacio de por medio ante cualquier posibilidad de crítica conceptual pero sacando el alfanje si se trata de apuntar al correveidile de este año. Con la triste certeza de que los abonados de número bajo y alta estima van dejando poco a poco sitio a nuevas huestes de “impredecible” comportamiento. Es ahora cuando, como cada otoño, llega la hora de buscar culpables.

Es ahora cuando la culpabilidad recae en un entrenador lamentable, en una prensa mafiosa, en un sistema injusto o directamente en el culpable favorito de muchos (¿todos?): los propios aficionados. Esos que nos tiramos los trastos unos a otros mientras intentamos sacar la cabeza en un mar de dudas que, por cierto, a nadie le interesa. Mientras los periodistas profesionales discuten sobre el color de las polainas del duopolio que todo lo domina o, en lo que respecta al Atleti, se dedican bromear sobre la parte del club que los responsables dejan ver, los aficionados nos acusamos unos a otros de ser los culpables de haber matado al Atlético de Madrid. Comepipas, talibanes, acomodados, abejas, muertos de hambre, utópicos… El qué habla de tácticas o de fútbol es un colaboracionista mientras que el que lleva al cuello la verde y oro es un radical descerebrado que humilla los colores rojiblancos. El que acude al estadio con la esperanza de ver ganar a su equipo es un gilista que merece el destierro mientras que el que con todo el dolor de su corazón no renueva su abono tras pagarlo durante 30 años es un desgraciado que quiere ver perder al Atleti.

¿Estamos locos?

Propongo reflexionar sobre las palabras de Michel E. de Montaigne cuando decía que a nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo sea el culpable. Sin entrar en análisis más complicados el que haga más de 20 años que el tercer presupuesto de la liga no sea capaz de quedar tercero en esa misma liga no puede ser ni casualidad ni mala suerte ni culpa de la afición, la prensa o del sistema. Es culpa del máximo responsable de la nave y está claro quién es ese máximo responsable. Legítimo o ilegítimo. Voluntario o involuntario. Verdadero o falso. Es algo tan obvio y evidente que resulta absurdo el que todavía represente motivo de debate. El único matiz que quizá si necesitaría cierto análisis para entender la trama, que creo que además se suele obviar, es la evidencia de que irle mal al Atlético de Madrid no es sinónimo de que le marche mal a su máximo responsable.

MA Gil (y sus circunstancias) está mejor que nunca. Se sube el sueldo, nadie se mete con él y poco a poco consolida ese proyecto de Atleti de perfil bajo, tan suyo, que es lo suficientemente “malo” para que no desequilibre las fuerzas vivas del fútbol pero lo suficientemente “bueno” como para que todos los años juegue un montón de partidos (da igual dónde, contra quién, con qué resultado o para qué) que justifiquen la renovación constante de una plantilla que nunca será otra cosa más que mercancía de valor fluctuante. Una entidad lo suficientemente dócil como para vivir a la sombra y de las sobras del monstruo de dos cabezas en el que se ha convertido el fútbol pero lo suficientemente potente, desde el punto de vista social, como para que se justifiquen los ingresos de televisión. Para lo primero basta con aceptar sin rechistar las reglas del nuevo periodismo agasajando por el camino a sus embajadores con agradecidos regalos virtuales de empresa. Para lo segundo basta con travestir la honorable idea de ser atlético y transformarla en ese básico y humillante concepto del emotivo y sacrificado perdedor que ha conquistado el subconsciente colectivo de este bendito país.

¿Quién es el diseñador de esta suerte de sucedáneo de Atleti que tan buenos réditos personales deja? ¿Quién se ha inventado esta cinematográfica idea de aficionado atlético que ríe y canta en las derrotas que tan bien sirve para hacer negocios? ¿La prensa? ¿Los aficionados? ¿Manzano? ¿Espinete? No. Busquen el epicentro en la familia Gil. Les caiga bien o les caiga mal ese apellido. Es así. Y no crean además que se trata de un diseño defectuoso, improvisado o ruinoso. No lo es. Es todo lo contrario. Un diseño perfecto, bien pensado y muy lucrativo. El problema es para quién. El problema es que no lo es para el Atleti, su idea, su legado o su marca. Lo es para MA Gil y su cohorte de advenedizos que mientras el club se desangra y pierde posiciones en la clasificación histórica a él lo premian y su sueldo sube en paralelo a su patrimonio.

Otro día si quieren hablamos de afectados, corresponsables, responsables de haber llegado a esta situación sin pararla, falta de líderes, falta de dinero, legitimidades o responsables de que esta situación no pueda revertirse pero por favor, tengamos todos claro quién es y dónde está el culpable. ¿O existe ahí fuera alguien que no lo tenga claro?

1 comment

Alfonso 2 nov. 2011 3:00:00

Grande Ennio, deberias de publicitar este post.