Cualquier día estará bien

At. Madrid 0 - Albacete 1

Decía Charles Dickens que cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender. Yo creo que Dickens tiene razón pero alguno pensará que no es así o que si lo fuese, los dirigentes del Atlético de Madrid serían a estas alturas unos grandes genios de la dirección de un club de fútbol. Créanme, tiene una fácil explicación. Ustedes, como yo, entenderán que la humillante expulsión del Atleti de la Copa del Rey 2011/2012 es un rotundo fracaso. Ese es el problema. El actual dueño prescrito de nuestro bendito equipo, y sus floreados mamporreros, lo entienden de otra manera. Un contratiempo, mala suerte, un borrón, algo que puede pasar, cosas del fútbol,... todavía no habrán acordado la explicación pero ira por ahí. Bajar a segunda no fue un fracaso sino una búsqueda interior que reforzaba el sentimiento atlético que había ocurrido como consecuencia de una justicia justiciera que la tenía tomada con esa familia de intachable expediente como la de Gil y Gil. Quedarse otro año en segunda no fue un fracaso sino un contratiempo incomprensible. Contratar un entrenador de quinta línea y construir aquel año el equipo bajo las premisas de que en segunda se jugaba de forma diferente no fue un fracaso sino efecto de la mala suerte. Quedar el séptimo haciendo un juego horrible con Manzano en el banquillo no fue ningún fracaso sino en este caso un éxito. Un éxito rotundo ensuciado por la mala suerte de un gol en la última jornada que nos sacó de ese eufemismo de UEFA llamado Europa. Tampoco fueron fracasos los ridículos de Bianchi o Ferrando, ni la penosa eliminación contra el Bolton, ni salir de la Champions haciendo el ridículo y sin ganar un sólo partido (¿para eso la queremos jugar?), ni el no haber sido tercero en la liga desde hace décadas, ni las goleadas de Barça y Madrid, ni las ventas de Torres, o el Kun o Forlán o De Gea, o... Nada es un fracaso. Cuando no es directamente un éxito al menos todo tiene justificación y entra dentro de la cruel normalidad. Cualquier día estará bien. Hay que animar hasta reventar y divertirse sufriendo. Por eso no aprendemos. Por eso estamos igual que estábamos. Nosotros más viejos y asqueados, el club más pobre y MA Gil más rico. Piensen sobre esta última frase. Piensen quién es el único que gana con todo esto.

Pero aquí estamos. Eliminados de la Copa del Rey, con justicia, por un equipo de 2ªB (el Albacete) y hablando del entrenador o el tamaño de los genitales de los jugadores que este año han tenido la mala suerte de colocarse la casaca rojiblanca. Cientos de jugadores han pasado por ese lugar y esa situación con la misma camiseta. Docenas de entrenadores se han sentado en ese banquillo con similares resultados. Siempre acaba pasando lo mismo. Queramos verlo o no, ésta es más o menos la versión que conocemos del Atlético de Madrid desde que el heredero del patriarca Gil, un tipo apodado Calamidad, se hiciese con los mandos de la institución a finales de los 90. Ahí sigue. Ha cambiado todo menos él. Pero seguramente no tenga nada que ver y la culpa sea mía por escribir esto en lugar de irme a dormir o a escuchar las explicaciones de los gurús de la radio.

Si quieren hablamos algo de fútbol aunque, la verdad, no apetece. Manzano, ese señor soberbio y cínico que no ha pasado un día como integrante del Atlético de Madrid (ahora y antes) sin que mostrase su prepotencia y su desprecio por la afición del Atlético de Madrid, que también ha demostrado por activa y por pasiva su manifiesta incapacidad para hacer algo digno con este equipo, jamás debió haber venido por segunda vez al Atleti. Ahora es fácil decirlo pero yo ya lo dije en verano (está escrito) cuando muchos se me tiraron encima, abducidos por los periodistas galácticos, principales valedores del a figura del jienense. Una vez aquí, consumado el fracaso del proyecto (que venía siendo evidente mucho antes) en el coqueto estadio del Español no debió haber seguido dirigiendo a este equipo por el bien no sólo del Atleti sino de él mismo. Como aquí no existen los fracasos y la institución tiene más trampas que deudas, el tipo siguió llevando a la institución y sus protagonistas a un estado de histeria colectiva que no tenía muy buena pinta. Se vio en el Calderón contra el Betis cuando aturdido por su propia prepotencia insultó a la grada con sus cambios mientras el marcador se desangraba. Entonces eran sólo 3 puntos. Pero se ha visto de nuevo hoy. Esta vez dando un paso en falso que ya si, no tiene solución.

El Atleti ha salido está noche perdido, sonado y con miedo. Como no queriendo estar allí. Con la figura del entrenador en forma de cadaver, la plantilla quedaba a su suerte y hoy se ha visto cual es. Sin líderes naturales ni artificiales, sin referencias, sin proyecto, sin futuro, sin identidad, sin empatía,... los jugadores han demostrado sus carencias en esa materia con la que se debe construir la elite. Escondidos, asustados y cobardes la plantilla nunca ha estado a la altura de su sueldo. No digo ya de la historia de este club. Enfrente un equipo construido alrededor del balón a pesar de estar en 2ªB (algo que no ocurre en el Atleti desde que el ínclito veterinario está al frente) y con el frasco de ilusión hasta arriba salió a comerse el mundo. Y lo hicieron. A los 20s ya iban ganando.

El Atleti intentó entonces tomar el mando del balón y del partido. Lo hizo, pero con esa pasividad marca de la casa y esa incapacidad para hacer peligro que ha hecho ya famoso al equipo. Circulación barata, espesura, lentitud y balón a la olla. Ninguna ocasión. De hecho las mejores fueron del Albacete que gracias a su desacierto de cara al gol y a Asenjo no tuvieron mejor renta al descanso.

Manzano entonces decidió morir matando. Quitó a Diego por Pirri. No busquen explicación. No la hay salvo que se recurra al rencor. En la primera parte hubo balón y dominio pero faltaron las ocasiones. En la segunda faltaron las ocasiones, el dominio y el balón. Infinitamente más espeso y superado con creces el punto en el que ya se hace el ridículo, el Atleti se dedicó a chapotear en su mediocridad mientras veía como el Alba estaba mucho más cerca que ellos de hacer gol. Fin del partido sin apenas tirar a puerta.

Según escribo esto ni he escuchado a Manzano ni a los jugadores ni a los dirigentes ni francamente me importa lo que puedan decir. Ya me lo sé. Tampoco me importa si viene Simeone (jugador que adoro pero entrenador que no me gusta nada) o su prima. Me da igual. En el mejor de los casos serán apósitos que cortarán momentáneamente la hemorragia (o no), pero nunca puede ser la solución. La solución está más arriba. En ese tipo que siempre se esconde y que nunca ve fracasos. Ese tipo intocable para la prensa y del que nunca se acuerda mayoritariamente la afición. Esa afición que dice ser la mejor del mundo pero que como su equipo está en proceso de descomposición. Una fachada opaca y pasada de moda que ya no engaña a nadie salvo a si misma.

Mojave 3 - Any day will be fine

3 comments

Ricardo 22 dic. 2011 13:32:00

Precisamente estaba yo escribiendo pensando en Dickens cuando te he leído...

En el Atlético estamos viviendo nuestro particular Cuento de Navidad dickensiano: de la mano de Manzano, el Fantasma del Presente -envenenado presente el que nos deejó-; Simeone, el Fantasma que vuelve del Pasado -peligran los bellos recuerdos, véase el caso Caminero, y el paso a la clandestinidad de la JLPC Appreciation Society-. Y por último se nso aparece el Fantasma del Futuro, la eterna, qué digo eterna, ¡etérea Peineta!. Un futuro dorado, dorado como el latón, y como él, falso de pies a cabeza. Y en medio de todos el único que no es una ilusión irreal, el Señor Scrooge Marín. Solo cambia el final, ya que nuestro avaro miserable particular no muestra intención alguna de redención. Es más, hizo coincidir la junta de accionistas con el esperable fracaso deportivo, para que se hable de lo segundo, como si no fuese un mero reflejo -sombras de sombras- de lo primero. Yo ya ni creo en la acción de la justicia ni en la de la afición: solo creo en las escaleras, y ni siquiera estas consiguen mejorar sustancialmente la situación.

Ennio Sotanaz 22 dic. 2011 13:58:00

Ricardo, ese cuento que imaginas ya lo escribí yo en esta web hace años...

Te dejo el enlace por si tienes curiosidad:

http://www.enniosotanaz.blogspot.com/2009/12/cuento-de-navidad-actualizado.html

Es que yo soy muy de Dickens ;-)

Saludos,

Ricardo 22 dic. 2011 14:12:00

Dos años después es perfectamente aplicable a la actualidad. Gilmarín ha logrado que la teoría del eterno retorno se materialice en una sociedad anónima deportiva.

Pero el círculo se va estrechando: cada vez quedan menos iconos que ensuciar, menos patrimonio y menos ilusos (por aquello de la ilusión).

Felices fiestas, y que los reyes (o en su defecto el paje Urdangarín, que es más espabilado) nos traigan un Atleti sin giles.