Tócame, estoy enfermo

RCD Español 4 - At. Madrid 2

Cuando alguien contrae una enfermedad lo más importante es obtener, lo antes posible, un diagnóstico acertado. Una vez dado ese paso lo normal es aceptar la realidad, ponerse en manos de un especialista adecuado y asumir un tratamiento acorde. Nadie puede asegurar un éxito y mucho menos que sea inmediato pero, salvo que vivas muchos siglos atrás o pertenezcas a algún culto religioso de dudosa catadura, es la mejor y más lógica forma de afrontar problemas de salud. Por eso, estando la lógica y el buen hacer de por medio, en el Atleti hacen todo lo contrario. El Atleti no tiene síntomas de enfermedad. El Atleti está enfermo. El Atleti está enfermo y lleva enfermo demasiado tiempo como para que todavía nos sorprendamos cuando, de repente, salen granos que tienen muy mala pinta. El Atleti convive con su enfermedad desde hace décadas pero todos, unos más que otros, se dedican a poner tiritas (y malas) en cada una de las señales que van apareciendo como ratas ávidas de comida. Tiritas en forma de entrenador barato, tiritas en forma de charlatán sin discurso. Tiritas en forma de superestrella que se siente solo o tiritas en forma de maquetas que recuerdan al Castillo de Playmobil. En lugar de asumir el diagnóstico y planificar un tratamiento el Atleti se toma un paracetamol caducado para gritar a los cuatro vientos: tócame, estoy enfermo.

Comentar el partido en Sarria es un ejercicio tramposo. Hablar de fútbol es complicado estando el Atleti de Manzano de por medio. Hablar de táctica es todavía más complicado por las mismas razones pero con el añadido de ir perdiendo por dos goles cuando los jugadores del Atleti estaban todavía mirándose entre ellos para saber quiénes jugaban. Hablar de todo lo que no sea fútbol es todavía incluso más tramposo porque Manzano sería tan sólo el principio de una novela negrísima con personajes muy malos a los que es muy difícil ver a la luz del día. Centrémonos por tanto, de momento, en lo que pasó dentro del campo.

La “revolucionaria” fórmula futbolística, que el jienense nos vendía en verano, hace meses que se concretó en ese pastiche vulgar que usan todos los entrenadores vulgares. Ese sistema rupestre y miedoso construido en derredor a dos mediocentros defensivos y rodeados, por delante y por detrás, con jugadores con aptitudes para defender exclusivamente. Con esas premisas la alineación estaba clara: Mario, Gabi y Asunçao repartiéndose los dos puestos del corazón del equipo (Tiago está descartado por esa manía que tiene de intentar jugar al fútbol con el balón). Atrás la defensa que se pueda (por supuesto castigando a Domínguez sin razón aparente como le gusta hacer a Manzano) y adelante un único delantero (si pusiese dos no tendría excusa para quitar a Adrián que es lo que le pone) salvaguardado por tres futbolistas que pertenezcan a alguno de estos dos tipos de jugadores: los que saben crear fútbol pero a los que su entrenador se niega a poner en las zonas de creación (Diego, Arda, Koke,…) o pseudodelanteros que fundamentalmente sean obedientes y sepan defender (razones por las cuales Salvio es titular en detrimento de otros malos defensas como Adrián, Reyes, Pizzi,…).

Manzano dice no entender lo que le pasa fuera de casa pero es muy simple. Su forma de entender el fútbol es cobarde y rastrera. Juega siempre en función del rival y a expensas del mismo. En casa la grada no le deja hacerlo y tiene que salir a ganar los partidos (salvo que sea contra Madrid, Barça, etc… que entonces entiende que está justificado volver a sus orígenes). Fuera de casa no tiene limitaciones y plantea la verdadera esencia de su concepto de fútbol: que juegue el otro. Si a eso le unen unos jugadores desquiciados por los cambios (y probablemente hartos de las chorradas de su entrenador), una galopante falta de espíritu (probablemente provocada por una galopante falta de ambición en la institución) y un rival que también juega, es fácil entender lo que pasa. No es nuevo. La nefasta anterior etapa de Manzano fue exactamente igual. Manzano es el entrenador con peores números de entre los entrenadores que más partidos tienen en la liga española. No sólo le pasa aquí. El Atleti salió a ver qué pasaba y el Español a comerse al rival. El Atleti salió a esperar a ver que hacía el contrario juntándose atrás, sacando el balón a pelotazos y aturdido. El Español salió a presionar arriba y a jugar vertical en campo contrario. ¿Les suena todo esto? ¿Les sorprende lo que pasó?

Lo de menos casi es como llegaron los goles. El primero con un Courtois que inusualmente decidió sumarse al lamentable nivel del equipo. Regala un balón al rival sacando el balón que lógicamente aprovechan los pericos en pies de Verdú. El segundo es mucho más lamentable y provoca hilaridad. Si tienen oportunidad de verlo repetido verán como el mismo Verdú conduce el balón metros y metros ante la atenta mirada de Mario Suárez que lo jalea desde atrás y entre los dos centrales atléticos que miran con interés cuan palmeros rocieros. 2-0, minuto 8 de partido. ¿La reacción del Atleti? La misma que su entrenador en su banquillo. Impasibles. Como preocupados por sus cosas, que son otras. Diego y Arda trataba de apartar a codazos a Gabi y Mario para tener el balón y Falcao se peleaba con todo el mundo pero estaban en inferioridad numérica contra los once del español, los picapedreros del Atleti y su propio entrenador. El Español juntó filas, redujo exposición y jugó inteligentemente (que no significa, como cree Manzano, dejar de jugar) mientras el Atleti seguía con sus pelotazos y esas carreras de Gabi que recuerdan a las de los dibujos animados que mueven las piernas pero no se desplazan. Así llegó el tercero en pies de Sergio Garcia. El 3-1 de Falcao de cabeza a pase de Salvio fue un espejismo que recompensaba el derroche del colombiano. Nadie pensó sin embargo en la remontada.

Y lógicamente no ocurrió. La segunda parte fue un intento alocado, asimétrico y malo de intentar hacer algo por parte del Atleti (sin conseguir hacer nada) frente a un equipo que si es consciente de quién es, dónde está y hacia dónde va. El último gol del Español de Sergio Garcia (con suerte, todo hay que decirlo, llevándose varios rechaces) y el de Turan desde fuera del área que dejaba el definitivo 4-2 entran dentro de la categoría de anécdota. Sobre todo cuando las intervenciones de Courtois en esta segunda hicieron que el resultado no fuese de escándalo. Aun así, ojo a los movimientos de Manzano para arreglar la situación. Asunçao como baluarte para la remontada (por Mario Suaréz, supongo que para reforzar el aspecto defensivo del centro del campo y no recibir más goles que acelerarían su destitución) y Koke por Turan justo cuando acababa de meter un gol (supongo que por lo osado del turco de dejar su marca e irse al ataque “a lo loco”).

Bochorno, es lo que ofrece este Atlético de Madrid. Un bochorno, vergonzoso y repugnante que no por habitual (desgraciadamente lo es) deja de ser lamentable. Manzano debe desaparecer de la disciplina Atlética de inmediato. Jamás debió volver en realidad. Pero eso no sería más que el inicio de la solución. Arreglar el salpullido pero no la enfermedad. La enfermedad sigue ahí y ni la afición, ni la prensa ni los líderes de opinión quieren asumirlo. Esta institución necesita renunciar a su actual dinámica (lícita o ilícita no funciona ni funcionará), asumir la realidad y ponerse en manos de especialistas. Dejarse de espejismos y aires de grandeza y respetar la medicación que le receten. Por mala que sea. Por desagradable que pueda llegar a ser.


Mudhoney-Touch me I’m sick
(7”/1998)


2 comments

Paco 12 dic. 2011 12:37:00

Que bueno touch me i`m sick de los Mudhoney, que tiempos... RATM, Nirvana,Soundgarden... Esos tiempo eran buenos y estos del Atleti son 24 años de malos momentos. Espero que el secuestro del Atleti tenga un fin, malo o bueno pero un fin.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO 14 dic. 2011 22:24:00

En septiembre y agosto, me machacaron por decir que este Atleti no iba a hacer nada ....