Observando los planetas

Celtic Glasgow 0 - At. Madrid 1

“oh, oh, oh observando cómo los planetas se alinean…”

Ver partidos del Atleti se ha convertido definitivamente en una actividad cuasi lúdica, en el amplio sentido de la definición. En el sentido de pasar el rato de forma absurda y estupefaciente al estilo de ese porcentaje aburrido de la población que apostados en un descampado, dedican sus días festivos a observar el paso de los trenes o los aviones. Trainspotting lo llaman los anglosajones. Observar los planetas lo llamo yo. Los colchoneros, en mayor o menor grado, hemos desarrollado una excelsa facultad para formatear el cerebro todas las veces que sean necesarias. Goleadas humillantes, aburrimiento tóxico, campañas enteras navegando por el ostracismo,…nada es suficiente para que nuestra memoria RAM, la única que tenemos por lo visto, se refresque con cada partido. Paradójicamente también hay una pequeña parte de esa afición que asumimos el que las cosas tendrán que cambiar en algún momento pero no se nos distingue demasiado de nuestros colegas. Nosotros nos tumbamos a ver los planetas con la esperanza de que éstos se alineen alguna vez por sí mismos. Esa es la diferencia. El resto simplemente se tumban a observar.

El partido de Glasgow que nos da matemáticamente la clasificación para la siguiente fase de la Europa League se puede analizar desde muchas perspectivas aunque todas ellas igual de inútiles en el fondo si, como digo, el aficionado general tiende a mantener esa envidiable capacidad para olvidarlo todo. Institucionalmente resulta patético que un resultado favorable frente a un equipo de nivel cuestionable en una cuestionable competición sirva para eclipsar una trayectoria que viaja hacia el fango siguiendo indefectiblemente la aceleración de la gravedad. Socialmente resulta bochornoso que un partido así sea suficiente para que esta afición apaleada, después de lo que llevamos tragado esta y anteriores temporadas, se vista con ese burdo y barato traje de optimismo que al parecer es inseparable del espíritu atlético (una mentira podrida que nuevamente es consecuencia de la habilidad para el Marketing fullero del heredero Gil y sus huestes). Pero quedémonos hoy con lo deportivo.

La frágil memoria colchonera ya lo ha olvidado pero en el inicio de temporada ese charlatán, que actúa como entrenador nuestro, propagaba a los cuatro vientos su idea de equipo abierto, alegre y atacante, reflejado en ese 4-3-3 del que chuleaba con los periodistas agradecidos. Semanas después vimos que toda aquella filfa era una nueva engañifa de un tipo que ya nos había timado muchas veces. A día de hoy parece consolidado, entre otras cosas, que el centro del campo para Manzano, aquello a lo que nunca va a renunciar, aquello que no resiste rotaciones ni probaturas es, como siempre ha sido, el eterno doble pivote de jugadores de corte defensivo y perfil advenedizo. Lo de siempre desde que Luis Aragonés abandonó este barco hace ya una década. Manzano no sabe hacer otra cosa que ese 4-2-3-1 que usan todos los entrenadores del montón pero incluso haciendo esa cosa, tampoco es de los mejores.

“oh, oh, oh, tengo razones para mentir. Si, si, si, matando el ego”.

El partido empezó con concentración, rigor táctico y ciertas ganas. Novedad, tratándose de un partido fuera del Calderón, dónde al parecer el equipo no tiene porque estar exigido. Buenas sensaciones en la línea de tres cuartos ofensiva pero espesura y lentitud en el juego colectivo. Si digo que Gabi y Mario Suarez llevaban la manija en la zona medular creo que no necesito explicar nada más para entender el resto. Enfrente un Celtic que a pesar de necesitar la victoria para seguir vivos en la competición mostraba desde el principio sus enormes carencias en todos los frentes. Pero incluso el Celtic puede complicarnos la vida. Bastó un empujón físico, adelantar la presión y encimar un poco al doble pivote. Gabi y Mario, Mario y Gabi son incapaces de llevar las riendas de un equipo con aspiraciones. Eso lo saben en Glasgow y en Sebastopol así que simplemente con eso en la cabeza nos pusieron en dificultades. Con Diego y Turan alejados de la zona de creación por indicación del banquillo (el primero en la mediapunta para no “estorbar” a Gabi y el segundo alejado a la banda que en su día ocupó Ibagaza o Jurado o…) el balón no salía de atrás. Volvimos a las andadas: cuestionando el juego de balón de los centrales (¡acabáramos!) y recurriendo a los pelotazos. El Atleti contemporáneo en estado puro.

Pero entre que el Celtic es un equipo que lo pasaría mal en la liga española, que apareció Turan y que apareció la suerte la cosa se arregló. El turco enganchó un rechace en la frontal del área y entre el capitán escocés que se agacha y el portero que no ve, el balón se fue adentro. Lo católicos de Glasgow acusaron el gol de forma radical. Probablemente conscientes de que el futuro se les complicaba de forma considerable a partir de ese gol bajaron el listón y descentrados en su rigor táctico propiciaron que Diego y Turan le quitaran el protagonismo a Gabi y Mario. Se hizo la luz. Sin demasiados aspavientos y sin crear realmente ocasiones claras de gol (uno de los principales dramas de este equipo) pero suficiente para tener el balón, tratarlo con criterio y controlar el partido. Así se llegó al descanso.

Y así prácticamente se llegó al final del partido. Fútbol control con algún detalle con el que soñar pensando en lo que podría ser este equipo con inteligencia y criterio en la dirección (Turan, Diego, Adrián,…) pero bastante mediocridad de esa que es suficiente para pasar la fase de grupos en la segunda división europea. Algún espejismo de Salvio en el que parecía que puede ser un jugador aprovechable pero que él mismo se encargaba de explicar cada vez que tenía ocasión de rematar. Salió también Falcao por Adrián lo que sirvió únicamente para seguir alimentando las dudas sobre el fichaje más caro de la historia rojiblanca. Mucho pundonor, mucho intento de remate,…pero poco más. El final del partido coincidió con un repunte de los escoceses pero fue más sensación que otra cosa. La suerte estaba echada.

Así que tras un nuevo éxito cosechado por las huestes rojiblancas nos disponemos a vivir un fin de semana tranquilo hasta que aparezca el Rayo el domingo por la mañana, momento en el cual podremos sellar, si el marcador lo quiere, las bases de un futuro tremendamente prometedor. Dado que todo es una inmensa balsa de aceite y no tenemos nada por lo que preocuparnos tumbémonos en el fresco césped y sin hacer ruido a observemos los planetas. ¿Ironía? ¡Por favor! ¿Qué es eso?


“oh, oh, oh, encontrando la respuesta. Encontrando que no hay respuesta que encontrar”


Watching the planets – The Flaming Lips
(Embryonic/2011)


2 comments

Anónimo 1 dic. 2011 20:47:00

Rober
Acabo de encontrar tu blog,enhorabuena por esas cronicas. La del hombre cabreado..increoble.
Pensaba q no existia nadie q pensara como yo..y si..y enzima sabe escrirlo bien.
Tu blog y twiter como favoritos

Ennio Sotanaz 1 dic. 2011 21:09:00

Glups! Me sacas los colores. ¡Muchas gracias!