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Desapacible

At. Madrid 2 - Académica de Coimbra 1

Salía del estadio, con el paraguas en la mano y la humedad de la noche metida hasta el esternón, con una sensación melancólica y extraña. El Atleti había ganado pero el partido había sido soporífero. Cierto que la “unidad B”, como estúpidamente algunos tratan de intelectualizar el discurso robando conceptos de sus compañeros del baloncesto, había conseguido una nueva victoria pero en mí se me había instalado la sensación de que algunos miembros de esa unidad (Asenjo, Pulido, Silvio, Cata,...) no están para la grandes citas. La melancolía, no obstante, venía de antes. Gracias a que la presencia de público en el Calderón fue ridícula, apenas pasaba de un cuarto de estadio, las conexiones en los teléfonos funcionaban medianamente bien y se podía consultar twitter. Algo que no es habitual en la grada y que estando el partido como estaba era muy de agradecer. Comprobar que la mayoría de los periodistas que comentaban el partido (por no decir todos) no estaban en el campo no me resultó un dato verdaderamente alentador. Por mucho que me quieran convencer de lo contrario las cosas se ven distintas en vivo. Esta percepción viene refrendada por el contraste entre lo que yo leía en twitter, escrito desde el calor del hogar, y lo que escuchaba a mi alrededor en la grada. Cada vez está más denostada la figura del aficionado al fútbol que se sienta en la grada. La figura en la que yo me reconozco. Insultada y agredida por los poderes fácticos que han decido que la forma de vender el maná es a través de la televisión, despreciada por unos dirigentes que piensan que al fútbol hay que ir a sufrir e ignorada por un periodismo de salón y cocktail que prefiere ver la repetición a escuchar el ambiente. El fútbol se muere y los cronistas lo contaran desde la distancia. 

Del partido poco que decir. Una “briosa” sin brío y con mucho miedo que ofreció campo y balón al rival desde antes del pitido inicial y que nunca se creyó que pudiera hacer algo en el coliseo rojiblanco. Enfrente un equipo asimétrico y espeso que dominando el partido de cabo a rabo no fue capaz de transmitir absolutamente nada. La primera parte fue un auténtico suplicio para el espectador con diez jugadores vestidos de negro alrededor de su área y diez jugadores vestidos de rojiblanco pasándose el balón con pereza, sin gracia, mordiente, ideas o intensidad. No recuerdo una sola ocasión de peligro más allá de un pase inicial desde la derecha que se paseo solitario por la portería portuguesa. No recuerdo nada más en realidad. 

La segunda parte, ya con una lluvia constante desde la grada, fue algo mejor para el espectador, gracias sobre todo al punto de intensidad que los jugadores se inyectaron en la caseta. Al poco de empezar, y ya con ánimo renovados, Diego Costa recoge con una volea un balón pasado al segundo palo y consigue meterlo en la red. Todos, dentro y fuera del campo tuvimos la sensación entonces de que el partido había concluido. El equipo de Coimbra trató de salir de su zona de confort, con más pereza que ganas, y se estiró tímidamente hacia áreas contrarias pero el esfuerzo fue tan estéril como inútil. El Atleti controlaba bien el partido con esa ensalada de mediocentros que poblaba en centro del campo (Tiago, Gabí, Koke y Emre) y los lusos apenas inquietaban. La entrada del Cebolla arranco los primeros, y merecidos, cánticos que dedicados a su persona suelta el Calderón y el uruguayo correspondió con una carrera de las suyas que, como el pasado domingo, acabó en falta al borde del área. El nuevo turco de la plantilla, Emre, utilizó la oportunidad para hacer el segundo gol y para demostrar al mundo la técnica tan depurada y soberbia que aglutina en sus botas. Con un toque elegante y sutil puso el balón en la escuadra de un metal rival que prefirió no aplaudir para no herir sensibilidades. 

Con el partido resuelto llegaron los comentarios “inteligentes” de mis compañeros de grada. Conclusiones del tipo: “a ver si nos dan los 18 kilos y te vas a la puta mierda ya, Adrián” o cosas similares con el mismo nivel de profundidad y calidad literaria. Conviene decir que eso lo decía además un tipo que pensaba que Koke era el Cebolla y no se dio cuenta del error hasta que lo cambiaron. Un tipo que cuando definitivamente salió el charrúa, y ante el comentario de su compañero “éste chico es bueno”, su respuesta fue: “si, si que lucha”. Los comentarios con criterio venían desde twitter pero la ironía me hacía pensar que el que se estaba mojando era el otro. Ese es el tipo de cosas que se instalan en mi cabeza y que me hacen tirar de sarcasmo cuando luego me topo con tanto iluminado que va repartiendo carnets de “colchonerismo". Peor fue todavía el recital anacrónico, xenófobo y ofensivo que nos ofrecieron los chicos del Frente. Un grupo que con cada vez menos talento e ironía (característica de la peña en otros tiempos) se dedican últimamente, y casi con exclusividad, a insultar al equipo rival atendiendo a cosas que nada tienen que ver con el fútbol. 

Para completar la noche el Cata Díaz decidió demostrar también al público que su suplencia hoy por hoy no es desde luego casual y culminó un partido de trámite, pero cargado de inseguridades en su juego, con una despiste notable que dejaba a un jugador del Académica completamente solo dentro del área para que de cabeza pusiese el 2-1 en el marcador. Con el gol llegó también la emoción en los que estaban “disfrutando” el partido en sus casas y el tímido acojone entre mis compañeros de grada y un servidor. Pero no, la sangre no llegó al río. No sé si por mérito o demérito del rival más que por otra cosa. 

Tres de tres. Nueve puntos y primeros de la clasificación estando el tercero a 8 puntos. Parece que la clasificación está en el bote y que el primer puesto se disputará en esas tierras checas dónde nació la cerveza pilsener. Disculpen mi evidente ironía, mi falta de emoción y ese punto de resquemor que me sale hoy. Debe ser lo desapacible del partido y que la lluvia todavía no se ha secado. Desapacible, si. Esa es la palabra.


1 comment

Anónimo 26 oct. 2012 13:21:00

Desapacible de cojones añadiría yo. Que noche más horrorosa para ver un partido, y más si éste no acompaña.
Perfectamente resumido el partido. En lo único que discrepo es en lo de la "unidad B". A mi Silvio no me disgusto del todo, si que es verdad que no subió mucho por su banda y que el rival no era de mucha calidad, pero creo que no lo hizo mal. Asenjo con su inseguridad de siempre pero hizo un par de paraditas de cierto merito. Pulido muy nervioso y dubitativo y el Cata sin comentarios ¡Vaya cante!. Lo que me parece un insulto a la inteligencia es ver en el campo a Raúl García por mucho que me quieran vender su "nueva" posición, su llegada y mas mierdas.
Por último, dices que es muy triste que los "periodistas" vean los partidos por la tele y no en el campo (completamente de acuerdo), pero creo que algunos ni lo ven, porque sino no es posible decir las gilipolleces que dicen.
Un placer como siempre. Borch.