Lord Jones no ha muerto

Decía Chesterton que el periodismo consiste en decir que Lord Jones ha muerto a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo pero también es verdad que Chesterton murió en 1936 y que no pudo ver como la evolución del periodismo viajaría años más tarde hasta esas cotas insospechadas en las que la noticia de la muerte de Lord Jones se publicaría incluso con el noble vivo y que la gente, incluso desconociendo su existencia previa, lo daría igualmente por muerto. Por mucho que el propio Jones hiciera escuerzos ímprobos por desmentirlo. Tal es el poder de los medios de comunicación en el siglo XXI. No los subestimen. 

Al igual que todos los colchoneros, el pasado domingo me invadió un incómodo enfado cuando el equipo empató en Getafe. Yo también vi el juego áspero de los colchoneros, la falta de tensión en defensa en esos momentos clave, la acuciante (y legendaria) falta de calidad en la construcción, el nulo acierto de Falcao cara al gol con su consiguiente estado de ansiedad,… Todo eso me provocó un cabreo lógico al ver como se escapaban dos puntos en nuestra esperanzadora búsqueda por las posiciones altas de la tabla. Posiciones, por cierto, en las que vivimos con placer desde el principio de liga y que al contrario de lo que podría parecer escuchando a ciertos gurús, hacía mucho tiempo que no disfrutábamos. ¿Alguien recuerda qué año fue el último en el que el Atleti estaba tercero a estas alturas? Y es que ese fue el contrapunto que me hizo poner los pies en la tierra. Acordarme de lo que éramos y de lo que somos. Entonces fui consciente de que el Atleti había saltado al campo esa tarde a ganar, que había dominado el partido, que el rival había estado a merced nuestra, que en las ruedas de prensa ya no se dice eso de que vamos a “intentar sacar algo positivo” sino el mucho más reconocible “vamos a ganar”. Ahora los fines no se pierden en los pliegues del eufemismo con aquello tan manido de decir que el objetivo era “Europa”. Ahora los jugadores dicen que quieren ser segundos. Ya no queremos “hacer una buena competición”. Ahora queremos ganarla. Así que reflexionando sobre todo ello, respiré, miré la clasificación y me fui a dormir. 

Pero no todos los colchoneros hacen lo mismo. Algunos necesitan seguir la actualidad periodística que protagonizan esos autodenominados analistas deportivos que, aupados en un cuestionable poder tan legítimo como el derecho de pernada, marcan a fuego la línea que debe seguir la “actualidad”. Y resulta que allí relacionan el bajón del equipo con la renovación de Simeone. Y se habla de fracaso y de hecatombe y de problemas y de nervios y de negligencias. Lo que es peor, se habla de incoherencias con el legado Atlético o el honor histórico de la institución. De vergüenza. De ridículo intolerable. Y el mensaje cala en el grueso del aficionado, ese con el que al día siguiente yo me topo en el café y me transmite su “desazón” hablando de “hacer el ridículo en Getafe” o de la “vergüenza” de perder dos puntos. Conceptos y discursos que obviamente no son suyos y que sospechosamente se parecen a tanto. 

Y uno se estremece. ¿Ridículo? ¿Vergüenza? Uno que lleva décadas sentándose en el Calderón y que hace bien poco veía como salíamos a cualquier campo a encerrarnos en nuestra propia área, que vio como jugábamos contra el Bolton al patadón (y nos eliminaba, claro) o como una cuarta plaza (¡y hasta la quinta!) se celebraba por fervor por unos medios que vendían la gesta como éxito. Durante una década si hemos estado haciendo el ridículo en mitad de la tabla, jugando a la nada, faltos de personalidad, faltos de criterio, faltos de autoestima, faltos de ritmo y llegando al final de liga haciendo el esfuerzo de los malos estudiantes para entrar por la puerta de atrás a eso que genéricamente se llamaba Europa. Se asumía además como natural esa situación en la que siempre estábamos mirando la espalda a equipos que por historia y por presupuesto deberían estar generalmente detrás del Atleti. En esa tesitura yo recuerdo haber ido a Getafe a quedarnos en el área achicando agua (con Forlán y con Agüero y con Simao y con Maxi y…), habernos pasado por encima un rival que no nos guardaba ningún respeto y haber sacado un empate sin merecerlo. Pero entonces milagrosamente el punto resultaba ser oro entre los mismos “expertos” que hoy nos anuncian el día del juicio final. Los mismos periodistas que nos vendían como caviar esas soporíferas campañas dirigidas por entrenadores dóciles (y amigos) que nos dejaban en una “honrosa” cuarta (¡o quinta!) posición. Proyectos sin alma, sin fondo y sin futuro que se basaban en el especulativo humo de la mentira aparecían entonces, por parte de los mismos rapsodas de la pluma y las ondas, como el camino recto por el que seguir. ¿Se acuerdan? 

Que el Atleti no está como antes es evidente, pero no existe una única causa que lo explique y que se pueda imprimir en un titular. Es un cúmulo de varias circunstancias que se dan la mano ocurriendo a la vez. Plantilla cogida por los pelos y desequilibrada, falta de motivación por la situación, baja forma de jugadores clave, mala suerte en momentos en los que antes teníamos buena suerte y también, muy importante, motivación extra en un rival que ahora si entiende que ganarnos supone un hito reconocible. La diferencia con otros años es sin embargo que hoy conocemos los problemas y están acotados. Por primera vez durante décadas tenemos un plan, un diseño y una línea que seguir. Un futuro en el que creer. Sabemos que nos hemos desviado algo de la línea ideal pero sabemos dónde está esa línea y lo que es más importante, por donde se llega. Por eso no estoy preocupado por el equipo ni por Simeone. Por lo que estoy preocupado es porque esa impaciente afición “todo corazón”, alimentada ideológicamente por los eruditos del papel y las ondas, decida cualquier día linchar de repente a tipos que no lo merecen. Entonces si tendremos un problema. Suena exagerado pero piénsenlo dos veces y verán que no lo es tanto. Cualquier ídolo en el Atlético de Madrid es susceptible de ser echado a patadas por linchamiento público de la afición. Desgraciadamente la historia de este club está plagada de ejemplos que lo confirman. Los colchoneros tenemos una tendencia natural a exagerar y viajar hacia los extremos que a veces nos hace únicos pero que no siempre nos sienta del todo bien. No somos precisamente famosos por elegir bien los protagonistas de nuestras iras. 

Aficionados colchoneros, abran los ojos y tomen perspectiva de la realidad pero sobre todo, aunque vean publicada su esquela en los medios más “prestigiosos” del periodismo deportivo, sean conscientes de que Lord Jones no ha muerto. No preparemos su funeral antes de tiempo.

3 comments

Dami Fernández 12 abr. 2013 10:25:00

Estoy totalmente de acuerdo con usted. Yo en mis últimas crónicas transmito "conformismo" respecto a como está el Atleti ahora, porque es que parece hemos olvidado nuestra historia reciente. O Don Juan o Juanillo que se dice... Saludos

Jaime 13 abr. 2013 17:10:00

Es que la prensa deportiva en este país da mucha penita. Yo cada vez la leo menos.

Prefiero los foros y los blogs como el tuyo. Se hacen con menos medios, pero con más honestidad. Y a veces incluso con mucha más talento

Vicente 16 abr. 2013 15:18:00

Me alegra leer ahora tu articulo q refleja la mediocridad galopante q nos rodea. Esa innombrable legion de estómagos agradecidos y por agradecer causa un enorme perjuicio a todo lo q rodea a nuestro equipo. Pero hay q reconocer q tenemos lo q nos merecemos. Cada vez yo creo q pintan menos aunque aparecen mucho