El golpe

Había pasado apenas medio día desde la noche anterior y todavía no estaba repuesto de la decepcionante última jornada del periodo de fichajes de este año. Un periodo de fichajes que como los de casi todos los años había estado cargado de rumores, oscuros chivatazos de la prensa o ambiguas promesas que culminaban en ese esperpéntico final que dejaba todo como al principio… o no. Estaba todavía aturdido por los estúpidos alardes de grandeza por parte de bufones y tropas imperiales de la directiva o abrumado con las kafkianas explicaciones de los propios cerebros de la operación que incluso pocas horas después de ser vapuleados con saña en el primer partido de liga seguían sacando pecho, cuando me topé de repente con la increíble noticia de que el Club Atlético de Madrid había vendido al Everton inglés al “bueno” de Heitinga, el pseudo-lateral derecho titular de un equipo sin laterales derechos, por un montante que era tres millones de euros menor de lo que había costado un año antes. En ese momento empezaron a sonar en mi cabeza los inmortales acordes de Marvin Hamlisch mientras componía la escena final de este drama por entregas que hemos sufrido en el que los protagonistas se levantaban de un suelo de mentira, se limpiaban la sangre falsa pegada al cuerpo y se reían a mandíbula batiente felicitándose por el golpe redondo que acababan de dar. Ahí estaba el anti-Robert Redford de Enrique Cerezo limpiándose el polvo de esos pequeños insultos que apenas ensuciaron su camisa estrechando la mano y felicitando al anti-Paul Newman y gran cerebro en la sombra que es MA Gil que en ese momento salía de su garita postiza en la que había estado (y siempre está) recluido. Mientras los allí presentes, palmeros y eunucos del tándem Gil/Cerezo con trajes de raya diplomática, se abrazaban con cariño y brindaban con champagne (probablemente robado) el aficionado al Atleti salía de aquel tugurio cabizbajo y renqueante siendo incapaz de entender nada. Una vez más había sido robado con nocturnidad y alevosía pero no podía decir ni hacer nada porque todo se había perpetrado con maestría y el mundo entendía que el único culpable si acaso era el propio aficionado colchonero. Chapeau!

La temporada anterior concluía con un cuarto puesto in-extremis que daba pie al fabuloso golpe que estaba por venir y mientras por el camino se tapaba con barniz maloliente las salidas por la puerta de atrás de Seitaridis y Maniche, lateral derecho y mediocentro internacionales que se habían reído del club, que se habían llevado unos cuantos millones de esos que no hay pero que dejaban también dos huecos importantes en la plantilla titular, los objetivos de los cabecillas que dirigen el club iban por otros derroteros que poco tienen que ver con cubrir huecos o con la plantilla (¿Plantilla? ¿Qué plantilla?) Bastaba completar el largo y cálido verano con rumores sabiamente filtrados y con valoraciones dinámicas que fluctuaban según la situación de la opinión pública (que no del mercado) tapizando siempre todo con el socorrido San Benito de la crisis mundial galopante que afectaba a todos los estamentos de la vida incluido el fútbol e incluido por supuesto el Atlético de Madrid. Mientras los vecinos demostraban que las crisis son para los que tienen nómina, pagan impuestos o están bajo el amparo de la ley, los dirigentes colchoneros se plantaban en la línea de salida, renovaban todos los abonos posible con cantos de sirena, hacían caja de forma indigna aprovechándose de los abonados en el momento más crítico del año y diseñaban con fervor la tramposa trama. Sin bajarse de la burra de la crisis y de la gran plantilla que estaba en Champions los jugadores recuperados que no contaban al principio (porque no contaban) pasaron de poder dejar unos dineros que gastar, a ser los “mejores” candidatos para apuntalar el equipo y acabar siendo los grandes fichajes del verano. Estamos hablando de gente como Valera, Cléber, Reyes, Jurado,… tipos que ya fueron rechazados una vez por malos y que nadie en el marcado quiere tener. El final de la película ya lo conocen ustedes y no hace falta repetirlo. Basta matizar que culmina con la huida de un jugador titular en un equipo que juega la Champions League a un equipo que no juega en la máxima competición europea y que está en la parte baja de la tabla. Por algo será.

¿La crisis lo explica todo? Yo creo que no. Es difícil de entender la operación de la peineta si a día de hoy no deja un duro para fichajes y seguimos teniendo una deuda reconocida de 150 millones de euros. Es difícil entender también como no tenemos dinero de la televisión, cuando además no se puede ver al equipo televisado gracias a un contrato leonino que se supone que el club ya ha cobrado, igual que es difícil de entender que el equipo tenga que jugar Champions, hacer una buena campaña en cuanto a ingresos y vender los 45000 abonos para que el balance sea cero. Es también difícil creer a Cerezo cuando dice que son ellos los que se juegan su dinero cuando nos están vendiendo cada vez que tienen oportunidad eso de que si no se ingresa no se gasta que es lo mismo que decir que no piensan apostar ni un duro de su propio patrimonio. No me creo lo de la crisis justificadora de todo pero me lo creo menos comparándonos con el resto de equipos (todos ellos reforzados con más inversión y mejor criterio que nosotros).

Aún estando como estoy acostumbrado a los desmanes de esta pareja de estafadores reconozco que este nuevo remake de El Golpe me ha dejado sin palabras por lo elaborado de su argumento, la desfachatez de sus protagonistas, el miedo que me produce el resultado y la insultante connivencia de los “notarios de la realidad”. Está claro que a estas alturas de película este que escribe ya tiene pagado su abono completo (incluido el eufemístico “abono total”) y que la sensación de gilipollas es tan grande como el cabreo que vive en mis entrañas pero me temo que todo ello no pasa de ser una mera anécdota cuando cada vez es más evidente que los días con vida de este club, definitivamente y por mucho que me niegue a reconocerlo, están contados.

Una lástima que el anti-Paul Newman de MA Gil no pueda decir lo mismo que su alter-ego, aquello de “mañana volveré a ser el hombre más buscado del país” pero eso es lo que tenemos.

2 comments

Adal 4 sept. 2009 10:08:00

Lo peor de todo lo que dices es que encima es verdad

pablo 4 sept. 2009 14:21:00

Estos dejarían a Al Capone como un simple aficionado. Cualquier día nos venden el oso y el madroño del escudo, "porque con las rayas de debajo hay de sobra para afrontar todas las competiciones".

No sé porqué me da, que todavía no hemos visto el último giro inesperado en esta hilarante comedia de enredo. Permanezcan atentos en sus butacas.

Un saludo.