Forza Atleti (At. Madrid - R.Madrid)

Decía Oscar Wilde que lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas. Muchos pensarán que ser aficionado del atleti, amar lo que representa y seguir al equipo esté donde esté es una estupidez, pero creo que a estas alturas a quedado claro que no es mi caso. Soy consciente de que una gran mayoría de las personas, y lamentablemente es una tendencia cada vez más asumida y acusada, no quiere complicaciones y que su única vinculación emocional (o lo que ellos piensan que es emocional) sólo puede hacerse con aquello que no da problemas o con el éxito vacuo del poder fácil y gratuito. Al fin y al cabo es el cliché que se vende desde los medios pero aunque me parece una lástima que la masa se comporte como masa, en el fondo es una suerte para los que queremos vivir porque nos deja mucho más espacio. Se me hace muy difícil en cualquier caso explicar las razones de mi orgullo a personas que sólo entienden de números y que desprecian todo aquello que no se puede medir como el amor, la pasión, la empatía, la alegría o la felicidad. Personas en general infelices que creen vivir la felicidad ajena como propia y que esconden en un patético y dudoso poderío aparentemente galáctico sus habituales y reales miserias. Me es muy difícil explicar a esta gente que incluso en días como hoy me siento orgullo de ser del atlético de Madrid y no de otras opciones engañosamente más sencillas.

Mis razones no hay que buscarlas lógicamente en el resultado, o la concentración de mis jugadores, en su pasión desmedida, el juego desplegado, el genio táctico de nuestro entrenador, la suerte que tenemos o lo bien que nos tratan los árbitro, el destino y Dios. De hecho no sé donde buscar las razones porque cada vez son más difíciles de encontrar pero algo debe de haber cuando a cuatro minutos del final los 50000 atléticos que quedábamos en el estadio nos ha dado por cantar espontáneamente y orgullosos atleti, atleti,…

El Calderón es un estadio precioso y lo es más cuando está lleno de colchoneros dispuestos a gritar. El ambiente es inmejorable y los equipos contrarios lo acusan como queda patente cada vez que se le pregunta a uno de ellos por este tema. Si nuestro equipo fuese capaz de utilizar algo así como arma sería sin duda un punto adicional a nuestro favor pero no parece que los señores que llevan hoy por hoy la camiseta colchonera piensen de la misma manera. Los partidos de rivalidad ancestral suelen deambular ajenos a la realidad de cada equipo en la liga. Suelen ser microcosmos particulares donde rara vez se ve buen juego y donde la concentración, especialmente en los primeros minutos de partido, suele ser fundamental. En teoría es algo que todo sabemos pero no debe ser así cuando a los 30 segundos Raúl volvía a meter un gol al equipo que le enseñó a hablar. En 30 segundos a la mierda el factor campo, la táctica y el partido. La diferencia entre ser un jugador de primer nivel o simplemente un jugador que pretende jugar en un equipo de primer nivel está en la cabeza y en la mentalidad con la que se afrontan los retos. El atlético de Madrid lleva ya demasiados años jugando derbis con una proporción muy elevada de jugadores que no están preparados para defender los colores que defienden. Son buenos jugadores (en ocasiones ni eso) pero les falta lo que precisamente diferencia a los buenos jugadores de los jugadores de elite. Orgullo y personalidad. Un jugador del atlético de Madrid debería tener el carácter suficiente para no tener miedo de nadie ni de nada. Nuestro entrenador, por cierto, también.

Los partidos del atleti en estos dos últimos años sabemos que se acaban para el atleti cuando uno de los dos equipos mete gol. Hoy también, a pesar de que prácticamente quedaban 90 minutos por jugar. ¿Qué ocurrió en ese tiempo? Durante la primera parte el Madrid se limitó a defender y el atléti a intentar jugar con más corazón que cabeza. Sabemos que el atleti de Aguirre es un equipo que no sabe jugar con el balón ni llevar la iniciativa. Es una desgracia pero es así y solo a base de corazón o pelotazos llegamos muchas veces a la puerta de un Madrid inoperante (ese, señores es el primer clasificado de la liga) para que otra vez los palos, la maldita suerte y Casillas frenaran a nuestro equipo. A un minuto del final otro fallo de concentración de Pablo hizo que la segunda llegada del Madrid a puerta pusiese el 0-2 en el marcador.

La segunda parte fue una mera anécdota que sirvió sin embargo para sacar algunas conclusiones. Primero que Reyes no debe volver a vestir nuestra camiseta nunca más. Es un insulto ver a un farsante como él en nuestro equipo. Segundo que el reglamento futbolístico es SIEMPRE diferente cuando el partido lo juega el Real Madrid. Las faltas o decisiones disciplinarias son para el Madrid de una manera y para el resto de equipos de otra. La prensa lo sabe, lo asume y lo defiende. Tercero que Motta es a Cléber Santana lo que los Soprano a Escenas de Matrimonio. Cuarto que el Madrid juega tan mal al fútbol como nosotros y quinto que en este equipo los únicos que no tenemos miedo a nadie ni a nada, los únicos que parece que tenemos orgullo somos los aficionados.

Mañana llegará la vuelta a la oficina y la bromitas de esa plaga que nos asola compuesta por esos torpes advenedizos de costra en el pelo y halitosis, que vendrán con la mochila MARCA de la séptima al hombro y su tremendamente limitado y corrompido concepto del debate. Los buenos aficionados al Real Madrid (escasean pero doy fe de que los hay) se dedicarán a hablar de fútbol y a tomarnos el pelo con inteligencia. con estos discutiremos animosamente alrededor de un café que nos tocará pagar mientras que el resto de insufribles papagayos repetirán sin ningún talento las estupideces que habrán escuchado o leído en algún panfleto casposo. Estos últimos son los que menos me preocupan porque como decía Chateaubriand el desprecio hay que usarlo con economía debido al gran número de necesitados que existe.

Forza Atleti