No con mi cerebro

Hay cosas que todos los años se repiten periódicamente llegado el momento adecuado: los anuncios de juguetes cuando las navidades acechan, los coleccionables por fascículos de cualquier cosa en septiembre, los hosteleros quejándose de que los meteorólogos pronostiquen mal tiempo en Semana Santa, La visitas de políticos a los mercados de ultramarinos en periodo de elecciones… y por supuesto los rumores de que el Atleti venderá a su estrella cada vez que hay un parón liguero. No por conocida la tradición deja de tocarme las narices pero mis narices no entran entre las prioridades de ningún colectivo con ánimo de lucro y es que todo tiene su explicación. El impulso consumista de los Reyes Magos provocan los anuncios de juguetes, el sentimiento de culpa post-estival explica los fascículos para aprender inglés, los hoteles vacíos con un sol radiante (o no) explica el enfado de los hosteleros, la necesidad imperiosa que esos seres endiosados y corruptos que manejan nuestros impuestos tienen de aparecer como cercanos y amables explica la catarsis del político en periodo de elecciones y la necesidad de encontrar noticias “agradables” para la mayoría de los consumidores habituales de noticias futbolísticas cuando no existen noticias futbolísticas explican la periódicas mini-tragedias atléticas.

Recordemos que desde hace muchos años los “periolistos” deportivos, con la connivencia de esa numerosa afición atlética amante de la alfalfa adulterada, decidieron unilateralmente que las supuestas noticias en torno al Atlético de Madrid deberían ser siempre además de simples implementadas desde la perspectiva del aficionado medio madridista, ese que ni piensa ni quiere pensar pero que es el que consume mayoritariamente esa bazofia indigesta que algunos llaman eufemísticamente periodismo deportivo. Desde hace cinco o seis años las noticias del Atlético de Madrid no hablan de la realidad del club (gestionado por apropiación indebida desde hace lustros y manejado con destreza a velocidad de vértigo hacia el pestilente abismo casi desde entonces) ni de la realidad de su plantilla (mala, cara y descompensada) sino que lo hacen de otro tipo cosas. Pueden ser por ejemplo detalles folclóricos como una misteriosa cena en china, viajes de nuestros rupestres gestores por paraísos exóticos como Qatar o estadísticas absurdas realizadas probablemente en la Universidad de las Islas Caimán que llegan a conclusiones asombrosas como que la luminosidad del Calderón es compatible con la diabetes o que la afición del Atlético de Madrid es la que más veces repite la palabra “transmigración” en los últimos diez años. Es muy probable que también veamos sospechosas justificaciones respecto a la verdadera actualidad reciente del atleti como un reportaje sobre los baratos que son los abonos del equipo el día después de que el club engañara a sus abonados haciéndoles pagar por un partido que les habían prometido, una entrevista mamporrera al atribulado mandamás días después de que el mismo veterinario en paro volviese a cagarla públicamente o un video reportaje trucado sobre las excelencias de esa entelequia llamada Estadio Olímpico (o peineta) días después de que se firme otro de esos acuerdos misteriosos en torno al Vicente Calderón. También podemos leer (el que tenga estómago para ello, claro) “sesudas” y profundas entrevistas con los iconos rojiblancos del momento como Sinama, Pernía, Cleber Santana… que perfectamente podían haber sido contestadas por la voz en off que retransmite los partidos jugando al Pro Evolucion Soccer en la Play Station pero eso si, indefectiblemente desde que volvimos a primera división cada verano, cada navidad, cada semana santa y cada vez que juega la selección aparece la novedosa noticia de que el Atleti va a vender a Torres antes, Kun ahora y el que toque mañana.

Si juntásemos en un documento los artículos y noticias al respecto de la venta de Torres desde que se enfundó la camiseta del Atleti en Albacete conseguiríamos probablemente un documento del tamaño de la Enciclopedia Británica pero la cruel realidad es que Fernando Torres dijo en una vez que la primera oferta concreta que llegó por él fue la del Liverpool el mismo año que se fue. Probablemente el Kun Agüero diga lo mismo desde el poderoso club europeo que él elija y no desde cualquiera de los miles de otros clubes que los periodistas proponen pero dará igual porque todo seguirá igual con el siguiente que venga. El periodismo ha estado presente desde que el mundo es mundo en la vida pública y ha tenido un importante papel a lo largo de la historia pero la diferencia entre el periodismo actual y el periodismo clásico se basa fundamentalmente en dos premisas: La primera es que ahora la noticia no tiene por qué ser verdad mientras sea creíble puesto que el objetivo no es informar sino vender. La segunda es que en contra del primer principio de la termodinámica la noticia se crea, se destruye y se transforma.

Pero de nuevo la excelsa afición colchonera tiene un papel estelar en otro episodio del proceso de desnaturalización y asesinato a su identidad en el que se encuentra inmerso nuestro equipo no ya sólo alimentado al monstruo directamente con su “eurito” para el AS y el MARCA o indirectamente sintonizando con abyecta regularidad los centros de poder fáctico en las ondas sino además dándoles motivos para su causa terrorista cuando decidimos entrar completamente al trapo cada vez que nos proponen jugar a su maquiavélico juego.

¿Ósea qué después de todo lo que ha llovido el principal debate en el Atlético de Madrid esta semana es si vendemos al Kun con la lotería de Navidad para construir una plantilla en “condiciones”? Claro, y yo soy lagarterana. ¿Qué oferta? ¿Qué plantilla? ¿En qué condiciones? ¿No era esa la excusa para vender a Fernando Torres? ¿Qué equipo se ha construido después? ¿Alguien piensa todavía que el Kun no se largará el mismo día que quiera largarse? ¡No señores, no! No con mi cerebro. Para debates absurdos sinceramente prefiero seguir los de Muchachada Nui. Tienen más gracia y no me distraen de la verdadera realidad.

“Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.” (Oscar Wilde)