Traje de flamenca




Según estoy escribiendo esto estoy viendo la imagen de mi padre diciendo con una media sonrisa eso de que esto ha sido así siempre, desde que el mundo es mundo. Admitiendo que la frase tiene su poso de verdad, uno prefiere sin embargo recrearse en los matices y mostrar sus argumentos para discrepar en parte de tan manida frase. A estas alturas a uno ya le resulta complicado soportar callado por más tiempo este drama “de las estrellas”, millonario y exportable, en el que pretenden que actúe gratis y que resulta que se quiere vender como comedia. Estoy definitivamente saturado de esta competición contaminada por todas las grasientas manos que dirigen el volante mafioso y estoy saturado de que encima los mismos sicarios aparezcan ante la inmensidad de la opinión pública (esa que al parecer dirige el mundo pero en la que yo nunca estoy incluida) como los ecuánimes sabios que dan y quitan razón, que modulan la verdad y construyen la justicia.

 
Estoy harto de esta prensa manipuladora, zafia y barriobajera que está al servicio del movimiento de la forma menos sutil que nadie pueda imaginar. Una prensa que hace tiempo dejaron de ser los “notarios de la realidad” para pasar a ser protagonistas, directores y espectadores de la comedia. Especie de repúblicas bananeras donde la misma fuente, lo que comúnmente se conoce como “los medios”, controlan los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. De hecho hace tiempo que la frontera ficticia entre actores y críticos está tan difuminada que ha desaparecido para no existir. Decía Joaquín Vidal (un excelente cronista taurino que escribía en El País) aquello de “ellos en su sitio y yo en el mío”, refiriéndose a toreros, apoderados y demás protagonistas del toreo y atendiendo al viejo principio periodístico de que es imposible para un periodista hablar con sinceridad y objetividad de alguien con el que compartes mesa y mantel o eres amigo. Hoy en día unos y otros no es que compartan mantel o sean amigos sino que hasta se acuestan en la misma cama (y aunque la expresión literal vale como tal yo prefiero que la interpreten en el sentido figurado para así abarcar más campo).

 
Como todos ustedes uno está harto de estar años y años leyendo presuntas ofertas por Torres que aparte de todos los veranos también aparecían en vísperas de partidos importantes o inmediatamente después de algún inesperado traspié madridista. Quiten Torres y pongan Kun o De Gea y la frase vuelve a ser contemporánea. Harto de ver que las entradas de leñador de ese “pacifista” con cara de seminarista llamado Pepe o que las tarascadas entre “iguales” (tipo Gurpegi) son “lances del juego” y el pisotón de Ufjalusi algo así como un atentado contra el patrimonio de la humanidad que merece la horca en la plaza mayor. Harto de ver como la plana mayor de cualquier reputada tertulia audiovisual asegura que un soplido en la nuca de Raúl es “penalti claro” (porque así lo recoge el reglamento) pero dieciséis patadas en la espinilla al bueno del Kun Agüero en el área pequeña no sólo no son penalti sino que el propio argentino merece tarjeta roja indefinida por no quitar la espinilla y porque el único gol que como todos sabemos ha metido en su vida lo hizo con “la mano de Dios”. Harto de que según el criterio del sanedrín que dirige el mundo del fútbol patrio una tarjeta amarilla dudosa a Cristiano Ronaldo (o a Messi, que me da lo mismo) es suficiente no sólo para justificar la posterior “chiquillería” del Señor de los Tríceps sino para desestabilizar a todo la institución del Real Madrid incluida su sección de baloncesto pero tres penalis y un gol birlados jugándote el segundo puesto son “cosas que pasan”, que hay que saber “controlar” y para las que “hay que estar preparado”. Harto de que ponga “diario de información deportiva” en un panfleto en el que de lo único que te puedes informar el día después de que el Atlético de Madrid gane un trofeo “menor” como la supercopa de Europa es del número de tatuajes que tiene en el cuerpo un maleducado musculado que en un mundo sano sólo debería servir como modelo de conducta para películas del tipo “Perros Callejeros”. Harto de que la “información” de mi equipo salga en cuentagotas pero siempre empapada en desengrasante, vestida de chiste y de la boca de cualquier Bufón de la Corte gracioso y simpático creado exprofeso. Harto en definitiva de que el Atlético de Madrid sea en este circo mediático como una especie de cantante friki al que no se le conoce por ser cantante sino por ser histriónico. Incluso cuando canta bien y no lo es. Una especie de Sabrina Salerno que sólo interesa cuando se le escapan los pechos.

 
Cualquier de nosotros que pudiese tener un mínimo papel representativo en esta selva echaría espuma por la boca y probablemente no conseguiría ningún resultado (el enemigo es demasiado poderoso) pero desde luego que sería bastante molesto, impediría las afrentas estando delante y jamás de los jamases dejaría por lo menos que esa gentuza entrase de rositas en mi casa. ¿Qué hacen nuestros representantes? Me temo que todo lo contrario.

Hay quien cree sin embargo que las causas debemos buscarlas en la falta de capacidad o negligencia de los conductores del barco pero yo no soy de esa opinión. Me temo que el cerebro en la sombra es de una astucia mucho más complicada de lo que a mí me gustaría. El cerebro en la sombra, el heredero huraño, práctica el efecto parásito para nutrirse de la presa que lo está matando. Desde hace décadas, poco a poco y sutilmente, utiliza las ensañanzas Goebbls para tener un control consentido de los medios, que en realidad aparece a ojos de profano como “descontrol”.
A base de connivencia cómplice con ese fútbol-circo del Madrid Vs. Barça en el que todo lo demás es un simple decorado, desde hace décadas la prensa oficial (porque “no hay” otra) vende el concepto de Atlético de Madrid que este señor y sus palmeros quiere vender. Las radios y televisiones patrias practican el mismo ejercicio propagandista de equipo-decorado, simpático y sufrido, cuya labor fundamental dentro de la “liga de las estrellas” consiste en dar folklore y el punto de locura que tantas medias sonrisas ha despertado en nuestros entregados periodistas. ¿Qué sería una temporada sin las habituales desgracias del atleti? ¿A quién le interesa que los colchoneros o cualquier otro equipo ocupen posiciones en la rueda de la fortuna que no van a dar tanto dinero como sus vecinos del norte de la ciudad? El periodismo oficial se recrea mejor en la burla inherente al colchonerismo entendiendo sin crítica que las cosas son así porque así tienen que ser. ¿Cómo podría justificarse la “famosa” deuda que todo lo paraliza en un Atleti serio, coherente, competitivo, valiente y bien gestionado? ¿Cómo podría entonces entenderse que el club no se mueva hacia la sensatez?

¿No será que este "traje de flamenca" que nos han puesto es el precio que hay que pagar por ocultar la verdad?