Plastilina



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El otro día hacía un día de perros en Madrid y gracias a la genialidad de los dirigentes del fútbol patrio y su avidez por improvisar sobre la improvisación con tal de sacarse unos buenos duros de donde sea, el partido del Atleti contra el Xerez se fijó a una hora bastante rara como para asistir viviendo en una ciudad que se tarda bastante tiempo en atravesar en hora punta. A nadie parece importarle demasiado sin embargo nada de estas cosas. El Atleti juega los lunes a las 21:00, los jueves a las 22:00,... más que nadie en esta liga y desde luego mucho más que los dos “únicos” protagonistas de esta descafeinada competición donde al parecer sólo existen dos protagonistas y 18 muñecos de atrezzo pero a tenor del espíritu que se respira lo anterior no parece ser un problema entre la afición colchonera…

El otro día apareció una notica en los periódicos cibernéticos (seguramente también en los de papel pero soy alérgico a los mismos y no pude comprobarlo) sobre el inminente inicio de las obras de las magnífica y magnánima ciudad deportiva del Atlético de Madrid. Hace 20 años escuché algo parecido en labios de aquel controvertido personaje de oronda cintura y particular verborrea que desgraciadamente marcó un antes y un después en la historia rojiblanca. Entonces recuerdo imaginar un precioso futuro en el que la unida familia colchonera retozaba por esos verdes campos de Dios pasando un agradable fin de semana entre sus compañeros de fe. “El fin a una injusticia histórica” rezaba el hiper-presidente de entonces (y de ahora) frente a los obnubilados micrófonos de la prensa. La afición colchonera esbozaba entonces una enorme y sana sonrisa. Hace 10 años, con el dueño de imperioso lamentablemente ya fallecido, escuché algo parecido en los labios de su insulso y escalofriante vástago. Con un verbo mucho menos “ostentoreo” que su progenitor y un cuestionable concepto de la alegría más propio de un convento de clausura que de un empresario “vendedor de sueños”, el licenciado en veterinaria desglosaba en tono monocorde todas las veleidades de las que disfrutaríamos los abonados y familia una vez que se terminaran las obras de la ciudad deportiva de “inminente inicio”. En la reposición de ayer, diez años después de la segunda, me entretuve un rato leyendo los comentarios cibernéticos de la sufrida afición colchonera y por alguna extraña razón me dio la sensación de que no habían pasado 20 años…

Hace cuatro años el atlético de Madrid ya tenía el tercer presupuesto de la ligar pero por alguna razón también el escurridizo “objetivo” del equipo (cambiaba con las estaciones del año) se marcaba en quedar dentro de los seis primeros. Europa lo llamaban eufemísticamente. El Sevilla, compañeros de infierno pocos años antes, vivía sus mejores años desde su fundación pero la afición colchonera entendía que “lógicamente” no podíamos comparar y que cada uno tiene que llevar su ritmo. Quedamos séptimos y se renovó a los protagonistas de la hazaña por haber cumplido el “objetivo”. La afición lo volvió a entender en un nuevo ejercicio de responsabilidad institucional.

La misma afición colchonera vuelve ahora a dar una lección de orgullo y dignidad cuando entiende como un mal menor, consecuencia probablemente del cambio climático, la dualidad onda-corpúsculo o del tríceps de Cristiano Ronaldo, el estar en la liga a 40 puntos de su rival histórico (prácticamente el doble) y se agarra al planificado éxito de jugar una bendita final de copa después de diez años y de disputar las semifinales de una competición que si todo hubiese ido de forma normal, si el equipo hubiese estado a la altura de las circunstancias, jamás tendríamos que haber disputado. La afición vuelve a dar una clase magistral de “coherencia” y abnegada responsabilidad al no realizar una sola mueca que pueda interpretarse como inconformismo.

El viernes 9 de Abril fue la mañana siguiente de la histórica clasificación del Atlético de Madrid para disputar las semifinales de la Europa League en un disputado partido que acabó con empate a cero. Pedro, un conocido colchonero del bar donde estaba desayunando acababa de comprar el MARCA y venía con el diario debajo del brazo. La portada de ese divulgativo, ecuánime y sabio ejercicio de periodismo moderno rezaba a toda página lo siguiente: “Parar a Messi”. Detrás aparecía el esculpido torso de ese “noble” jugador, madridista de toda la vida, conocido como Sergio Ramos con cara de pundonor y agarrando su venerable camiseta blanca en la mano. En un tamaño más modesto, debajo del gigantesco titular, aprecia también el cariacontecido y mundialmente popular artista anteriormente conocido como Cristiano Ronaldo poniendo imagen a sus palabras del día anterior: “Vamos a ganar seguro”. En la esquina inferior izquierda de la portada, en un tamaño mucho más modesto, aparecía sobreimpresionada la publicidad del bote del Euromillón: “15 millones de Euros”. La esquina inferior derecha, con similar tamaño, era el espacio reservado en portada para la hazaña colchonera. En sus páginas interiores, nunca mejor dicho lo de interiores, las crónicas del partido se centraban básicamente en el injusto penalti birlado a los valencianistas y la conclusión a la que se llegaba tras leer el profundísimo análisis realizado por el diario era la de que básicamente los atléticos teníamos que pedir perdón por haber pasado la ronda. El bueno de Pedro se quedó con ese concepto y trató de aguantar como pudo el chaparrón de sus correligionarios de establecimiento que sospechosamente usaban el mismo argumento. Yo le pregunté a Pedro que por qué seguía comprando el MARCA y su respuesta fue que el AS era igual o peor. Supongo que una gran mayoría de buenos aficionados colchoneros como Pedro no se plantean dejar de colaborar con el Gran Hermano y entienden con diligencia que todo lo que se salga del binomio MARCA/AS no es de fiar…

Y me vienen a la memoria también miles de frases y momentos míticos a los que la afición colchonera se adaptó en los últimos años con esa diligencia y buen criterio que tanto se premia desde el poder bipolar y las instituciones del Establishment como esa mítica sentencia judicial que demuestra la ilegalidad en la toma de posesión del club por parte de nuestros paladines, no sólo el pasearse con vergüenza por los bulevares del infierno sino el volver a hacerlo al año siguiente sin un solo disturbio, el misterioso traslado del estadio que ayer sería la salvación a nuestros males y hoy tenemos que dar gracias a Dios por pagar sólo un poquito, el famoso “si no viene Rosicky vendrá otro mejor” o el todavía más significativo “estamos muy contentos de que Fernando Torres pueda jugar en un equipo grande como el Liverpool”, los fichajes que se difuminan cuando se cierra el cupo de renovación de abonos, los jugadores que se venden un día después de cerrar el plazo para comprar, la sistemática caza de brujas a los conceptos fundacionales del club desde los medios de comunicación que no sólo quedan indemnes sino que se aplauden desde la cúpula directiva y se compensan en la base con la “vajilla colchonera”,… en fin.

La definición de plastilina que aparece en la Real Academia de la Lengua es la siguiente: “Sustancia moldeable, de diversos colores, que se utiliza en escultura y como material educativo”.