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¡Un abrazo!

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Adonis

No hay cosa más absurda que ser el raro de la clase, enamorar a la chica más popular del instituto y creerte que lo has hecho por ser un Adonis. No eres un Adonis. El Atleti no es un Adonis. Sí, conseguiste, con todo merecimiento, enamorar a la chica más popular (es decir, ganar la liga) pero fue a base de encanto, personalidad, verosimilitud, humildad, autoconfianza y siendo diferente a todos los demás. Recuérdalo. Es ridículo pensar ahora que eres un Adonis y que la gente se acerca a ti por tu físico, tu coche o tu belleza estandarizada según el canon del Establishment. Y sí, es cierto que ahora hay gente que, arrastrada por la popularidad del éxito tangible, se acerca y dice estar contigo pero no son verdad. Son escenario. Ruido. Moda. Están por lo que no eres y se irán cuando dejes de regalar espectáculo fungible. 

Decía Platón que ningún asunto humano merece mucha ansiedad y tenía razón. Mucho menos un partido de fútbol y mucho menos todavía cuando, jugando al fútbol, se disfruta de ese lugar privilegiado llamado liderato. No sé si es una sensación subjetiva pero últimamente noto al Calderón cambiado. Lleno de personas (muchos extranjeros) que vienen buscando un nombre en la espalda en lugar de un escudo. Que esperan teatro en lugar de fútbol. Que sienten que lo que pasa en el terreno de juego es ajeno a ellos cuando en realidad no es así. 

El Atleti encaraba el partido contra el Levante jugándose la primera plaza y eso no sólo se palpaba en el ambiente (para mal) sino que supuso un condicionante demasiado exagerado. La ansiedad ocupaba todas las esquinas y constreñía el espíritu colchonero como una boa constrictor. El equipo de Simeone encaró bien el encuentro. Jugando rápido, buscando las bandas, dominado el tempo y mandando. El Levante presentaba una intensidad digna de la primera división y un rigor táctico propio de una liga como esta, con equipos muy bien entrenados. Los rojiblancos siempre tienen problemas contra defensas cerradas y contra el equipo valenciano no hubo excepción. El juego se topaba una y otra vez con el muro rival, provocando cierta desesperación en los locales, aunque todavía llevadera. Gabi hace lo que puede en esa función de 5 pero no se mueve del aprobado. Koke sigue en ese estado de letargo tan preocupante y Correa lo intentaba pero se perdía en esa posición de banda. Noté también como el equipo juega demasiado condicionado por la presencia de Jackson Martínez, algo que ocurre desde el principio de liga y no me gusta. El colombiano además sigue sin responder. Es bueno, no lo dudo, pero empiezo a sospechar que su adaptación a la filosofía de este equipo es un quimera. 

El 4-3-3 no funcionó y Simeone cambió al clásico 4-4-2 con Griezmann arriba. Llegó alguna ocasión más clara y un penalti clamoroso. Penalti que por supuesto el señor colegiado obvio. Si esa mentira llamada Madrid/Barça no existiera uno podría pensar que simplemente fue un error. No lo pienso así que no voy a ser tan hipócrita como para decir otra cosa. Desatascar un partido a la media hora nos hubiese llevado a un escenario bien distinto, lo sabemos bien porque es lo que les ocurre a los “grandes”, pero no fue así y pasamos al siguiente estadio, el de la ansiedad extrema. 

La segunda parte fue eso. Un mazacote de ansiedad que se podía respirar y hasta masticar en cada rincón del Vicente Calderón. El equipo se precipitaba en cada pase, en cada carrera y en cada protesta. El Levante tiró además de eso que los cronistas llaman oficio cuando quieren decir falta de FairPlay. El Atleti llegaba de forma desordenada pero llegaba. Nada, no había forma de hacer gol. Simeone, poseído también por la ansiedad, hizo un cambio raro, poniendo a Correa, Jackson y Carrasco en el tridente de ataque (ninguno especialmente recuperador) y casi se carga el partido. El equipo se rompió y el Levante tuvo dos o tres llegadas con mucho peligro. El Cholo arregló enseguida el entuerto quitando a un inoperante Jackson y poniendo a Thomas. La entrada del africano tenía la misión de volver a equilibrar el equipo, cosa que hizo, pero acabó siendo la salvación. Cogió un balón al borde del área, tuvo la personalidad de encarar la portería contraria con él, tiró a puerta y el balón consiguió traspasar llorando la línea de gol. Extasis en el coliseo rojiblanco. Ya lo dije el otro día y lo repito hoy: Thomas es un valor en alza. Un jugador distinto de esos que no tenemos. Ojo a los próximos días. 

El Atleti espera a los Reyes Magos en la primera posición de la tabla. Así de simple. Hay que ser muy estúpido para buscarse argumentos con los que sufrir en estas circunstancias pero allá cada uno. Yo pienso disfrutar y me da igual el runrún de tanto cenizo que me rodea, a un lado y a otro de los medios de comunicación. Insisto, allá cada uno. Sólo una cosa, recuerden que no son Adonis. Son (somos) el Atlético de Madrid y francamente no debería hacer falta nada más. 

@enniosotanaz

Realidad

El día en el que todos ganaban, el Atleti perdió. Mientras los políticos de este bendito país, todos, arrastraban delante de las cámaras esa sonrisa que llevan practicando toda la vida, en Málaga el conjunto colchonero fruncía el ceño. Mientras los ejes del poder se seguían sujetando con ardor a los lugares que nunca han abandonado (ni abandonarán), el frágil y minoritario poderío colchonero sufría una de esas tardes clarificadoras con las que inexorablemente nos topamos los que estamos sometidos a la humana costumbre de cometer errores. Mientras en la galaxia, a fuerza de sacrificar personajes y forzar el guión, volvían a decorar la realidad del color que más le gusta a “todo el mundo”, en la ribera del Manzanares escuchábamos con acento andaluz los insultos que genera el odio prefabricado. Sin querer, nos topábamos de repente con la verdadera realidad, esa que dice que ahí fuera hace frío y que cada día es una aventura distinta en la que puedes ganar o perder. Decía mi admirado Philip K. Dick que la realidad es eso que sigue existiendo a pesar de dejar de creer en ello y qué razón tenía. 

No pido a nadie que me siga en mi análisis pero para mí la derrota rojiblanca se basa en tres ejes: 

Atleti. 
El principal culpable de la derrota. El propio Atleti Saltó al campo sin brillo y lo abandonó secó y magullado. Ya frente al Athlétic de Bilbao el equipo había dado muestras de un inusitado cansancio, impropio de un equipo tan físico, pero en Málaga las muestras fueron mucho más evidentes. Vendrá bien el parón. Quizá esa escasez de fuelle lo condicione todo pero la preocupante falta de intensidad en un equipo que hace de ello su bandera no le va a la zaga. Fue particularmente significativa. Por ahí se empezó a perder. Lentos, imprecisos y sin ideas, los de Simeone se vieron siempre superados. Incapaces de recuperar el balón y, lo que es más grave, sin saber qué hacer con él cuando tenían la oportunidad de jugarlo, tuvieron que replegarse más de la cuenta, correr a rebufo y actuar siempre como personaje secundario. Gabi naufragó en su improvisada labor de 5 (el agujero dejado por Tiago es abismal) y quizá por ello (y por haber estado a los 8:00 de la mañana en un colegio electoral de Boadilla del Monte) se salió del partido en la segunda parte cometiendo dos errores de principiante que provocaron las dos tarjetas amarillas que probablemente costaron el partido a su equipo. Hasta su expulsión el Atleti no había jugado a nada y San Oblak había sacado dos manos prodigiosas pero todo estaba todavía por decidir. A partir de entonces el cansancio se hizo más presente y aunque Torres volvió a tener en sus botas la posibilidad de adelantarse en el marcador, los diez jugadores se notaron demasiado y el equipo se fue deshaciendo poco a poco hasta que, agotado, tuvo la mala suerte de encajar un gol. Fue con un rechace en la pierna de Godín después de un remate de cabeza malacitano en el segundo palo. Ni siquiera en eso se tuvo suerte. Un día para olvidar. No hay más análisis. Un muy mal partido del Atlético de Madrid

Málaga
Deportivamente saltó al campo mucho mejor que su rival, puso más intensidad, más ganas y fue sin duda el que más hizo para ganar un partido que mereció ganar. Antes de seguir, si usted es de los que se la coge con papel de fumar, es incapaz de separar paja de grano o le cuesta detectar la escala de matices entre el blanco y el negro, vuelva a leer la frase y quédese exclusivamente con lo que está marcado en negrita. O mejor, deje de leer. Lo digo porque, para mí, la hostilidad y falta de fairplay con la que se empleó el Málaga sobre el césped (y en la grada) fue tan sorprendente como evitable. No les hacía falta. Con un odio cuyo origen sinceramente desconozco, los andaluces provocaron constantemente el enfrentamiento personal y fabricaron una guerra púnica con cada encontronazo natural. Con la mirada inyectada en sangre acudieron a reclamar tarjeta amarilla cada vez que les quitaban el balón y tirando de esa suerte de arte dramático tan propia de equipos de otra época, encendieron la beligerancia de la grada y la duda en la cabeza del árbitro. ¿Por qué? Entiendo la situación desesperada del Málaga y la presión con la que deben jugar pero no entiendo (ni entenderé) el odio (sí, odio) que mostraron contra el equipo de Simeone. Tampoco lo olvidaré. 

Árbitro. 
No creo que haya influido en el resultado, así que fariseos, quédense de nuevo con la frase en negrita. La expulsión es técnicamente justa y no creo tampoco que tuviese errores de bulto (más allá de un penalti a Carrasco que yo sí vi en la segunda parte pero que es raro que se pite fuera del universo Madrid-Barça). Con todo me queda la sensación de que el colegiado fue parcial, que aceptó sólo las reglas de uno de los dos equipos y que nunca protegió al equipo visitante (más bien todo lo contrario). Nada nuevo bajo el sol y, si me apuran, nada verdaderamente grave. De hecho, si no hubiésemos tenido la mala suerte de ver lo que ocurrió en el Bernabéu un par de horas antes ni me acordaríamos ahora del árbitro. 

Pero no pienso ponerme taciturno por un traspié ni justificar con atrezzo lo que ha sido principalmente un error propio. Ya dijo Simeone en rueda de prensa que el Málaga había ganado porque había jugado mejor. Fin de la cita. Tampoco pienso fustigarme. La vida es así. La realidad es así. Cuando te expones te pueden pegar. Cuando juegas puedes perder. Nadie es infalible, por mucho que los vendedores de fantasía de cartón piedra nos quieran hacer creer lo contrario con cada portada y con cada soflama. Toca recuperarse, apretar los dientes, entrenar más fuerte que antes y convertir la rabia en buen fútbol. Esto no ha hecho más que comenzar. Partido a partido. 

@enniosotanaz

Mirando al dedo


“Cuando el sabio señala al sol el tonto mira al dedo” (proverbio Chino)

No pienso hablar de fútbol. Me parece irrelevante. Secundario. Todo lo que pasó en Almería está tamizado por un filtro que lo hace no ser un partido de fútbol al uso. Está distorsionado. Es irreal. Mentira. No vale. No podemos juzgar los comportamientos poco elegantes de una persona que vive bajo el régimen de la esclavitud. Sería juzgar la mala educación de alguien que está recibiendo una buena somanta de latigazos. Las leyes de la física no aplican en una película de ciencia ficción precisamente por eso, porque es ciencia ficción. Podemos caer en el engaño de entrar a valorar la actitud de Costa (que es lamentable) o a desmenuzar los problemas de fútbol del Atleti (que los tiene, no lo discuto) pero sería caer en la trampa que con genuina diligencia nos ha plantado el rodillo mediático. Un grupo indefinido de personas que vive (algunos muy bien) de esa gran mentira que se han inventado en torno al fútbol. No es una cuestión de filias o fobias deportivas (aunque luego hay anormales que rebuznan con total impunidad, abrazados a su bufanda, creyéndose su papel a pie juntillas) sino de algo mucho menos prosaico: dinero. La Liga de Las Estrellas. El producto que hay que vender, dentro y fuera de las fronteras, a los comedores de alfalfa.

No me malinterpreten. No estoy hablando de errores arbitrales. De hecho yo no vi el sábado ningún error arbitral.

Y no creo en las casualidades tampoco.


Así que si quieren hablar de fútbol, si quieren subirse al carro y deambular por la carretera que han asfaltado los medios de comunicación describiendo cómo el Atleti pierde gas y no juega ni a la taba pongan Radio Marca, la SER, Onda Cero, la COPE, escuche cualquier boletín de noticias en cualquier sitio, vea TVE, Antena 3, a los cómicos soeces de Cuatro, los patéticos graciosetes de La Sexta o compren AS y MARCA, a ser posible con el forro polar firmado por Jesé o el cuaderno para colorear con purpurina los mejores peinados de Cristiano Ronaldo. Les auguro grandes momentos de entretenimiento y satisfacción. Acuérdense, eso sí, de desactivar el cerebro (si es que todavía estaba activado). Lo disfrutarán todavía más.

Yo paso.

Almería 2 - At. Madrid 0


Casualidad

At. Madrid 1 - Sevilla 1

La casualidad quiso que un señor colegiado, de esos llamados malos pero cuya pericia decide casualmente el destino del fútbol español, decidiese aplicar el reglamento, tal y como es, justo a 20 minutos del final del partido (y no antes ni después), con el equipo local agotado pero a punto de ponerse líder de una liga en la que ese mismo equipo, por el bien del espectáculo, no debería serlo y mientras el visitante no había sido capaz (ni lo sería después) de tirar un solo tiro a puerta. Decía Voltaire que lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido. Debe ser mi formación en ciencias puras o este cinismo emergente que me supura y que me hace dudar de las corrientes masivas pero yo, como Voltaire, tampoco creo en las casualidades.

Cualquiera que lea de vez en cuando esta humilde bitácora sabe que no suelo recrearme en exceso en los errores arbitrales. Me encantaría seguir en esa línea y así procuraré hacerlo en el futuro pero permítanme hacer hoy una excepción. Lo que ocurrió en el Atleti-Sevilla que inauguraba la segunda vuelta no entra además, según mi opinión, en la categoría de error arbitral. Es otra cosa. Otra cosa sin la que lamentablemente es imposible explicar el partido y menos el resultado. El reglamento que regula el fútbol es tan antiguo como ambiguo. Lo sabe todo el mundo. Está muy condicionado a la interpretación del colegiado, que tiene que juzgar en segundos cuestiones tan etéreas como la intención del jugador,  lo que provoca que sea una tarea francamente difícil. También lo sabe todo el mundo. Pero cualquiera que alguna vez haya estado en un terreno de juego sabe cómo funcionan estas cosas. El árbitro impone en cada partido unas reglas y un criterio y los jugadores se adaptan. Y no estoy hablando de cómo deberían ser las cosas sino de cómo son. Es decir, hay árbitros que permiten el diálogo e incluso que les griten y no pasa nada. Lo tienen controlado. Otros sin embargo al primer reproche te sacan tarjeta. En el primer caso todos los jugadores protestan, más o menos, dentro de los límites que el propio colegiado permite mientras que en el segundo no protesta ni Cristo. ¿Qué forma es la buena? Las dos. O ninguna. No depende de eso. El problema viene cuando, casualmente, el árbitro cambia el criterio en un momento dado, de forma puntual y sin razón aparente, para después volver al lugar en el que estaba. El Sevilla, sobre todo a partir del 1-0, planteó un partido bronco, de mucho contacto, mucho roce y mucha falta táctica. El árbitro lo permitió y los dos equipos, el Atleti también, jugaron a ello. Y se vieron agarrones y patadas y piques. Diego Costa, cansado de un marcaje que rallaba lo legal, se tiró repetidas veces al césped cuando sentía que lo tocaban o agarraban de la camiseta pero el colegiado no pitó nada para desesperación de la grada. Lógico, era su criterio. Los córners, todos, eran una constante ensalada de empujones, agarrones y desafíos, pero entraba también dentro de las reglas. En la dos áreas. Raúl García era abrazado en el área y empujado por el férreo defensor cuando quería rematar pero eso para el árbitro era parte del fútbol porque es lo que estaba pasando en el resto del campo. Y tenía razón. Gabi rascaba el tobillo rival cada vez que el Atleti perdía el balón con la misma precisión que lo hacían los mediocentros sevillanos en las mismas circunstancias. Fútbol. Nada más. Cualquiera de esos lances, en otro partido, con el reglamento en la mano, podrían haber sido castigadas con falta, tarjeta o penalti pero ayer no lo eran porque ese era el criterio que había impuesto el árbitro y todos lo sabían. Jugaban con ello. Hasta ahí todo perfecto. Pero entonces llega ese minuto fatídico en el que un balón bombeado al área se pierde por el fondo. Juanfran y Bacca pelean la posición exactamente igual que lo han estado haciendo todo el partido. El lateral colchonero en el fragor de la batalla agarra la camiseta del rival por puro instinto, como ha hecho todo el partido. Como han hecho también con él todo el partido. El buen delantero sevillano siente la mano y, como ha hecho Diego Costa unos minutos antes, decide tirarse al suelo. Casualmente, desafiando a la física newtoniana, cae en dirección contraria de aquella en la que Juanfrán está empujando pero eso no lo escucharán en alguno de esos medios que, directa o indirectamente, ustedes pagan por consumir. Una jugada entre un millón. Una jugada que nadie hubiese recordado nunca si el árbitro pita saque de puerta, que era lo lógico según la interpretación del código que él mismo estaba imponiendo. Pero no. En ese preciso momento, casualmente, el árbitro decide sacar esa jugada de contexto y aplicar “el reglamento”. Apoyados en las tesis de los periodistas del movimiento, que lógicamente están calentitos en su casa y no pasando frío en la grada, sacarán entre todos la jugada de su entorno para aplicar, ahí y sólo ahí, el rigor del catecismo ecuménico. El fariseísmo mediático, conscientes de la alegría que provocarán entre los hooligans de la galaxia, los verdaderos consumidores de su producto, nos explicarán en cámara superlenta y a través de esa superioridad moral que sacan a pasear cada vez que tienen ocasión, la lógica de lo ilógico y todos nos lo comeremos agachando la vista por riesgo a quedar como lloricas antisistema. Evidentemente el registro del Ministerio de la verdad archivará el caso como penalti claro y empate merecido y nadie lo rechistará. Ni siquiera los profesionales de orientación colchonera, que lógicamente mantendrán esa pose cool que les permite mantenerse vivos en territorio hostil. Lo admito, no tiene sentido que yo siga hablando de ello sin salir damnificado. Aquí lo dejo, lo prometo, pero tenía que decirlo. Afortunadamente yo no vivo de esto y todavía puedo decir tranquilamente lo que sinceramente pienso.

Hablemos ahora de fútbol. Poco, la verdad. El Atleti salió al campo muy bien. Sí, muy bien. Con el poderío marca de la casa y mandando en el campo. El Sevilla, dejando claro que estaban entrenados por Emery, se parapetaba cerca del área esperando al rival y viéndolas venir. Lo normal.  Rakitic era su jugador más adelantado con lo que renunciaban a su poder creador, dejando clara cuál era la intención del equipo. El Atleti movía rápido el balón y transmitía unas buenas sensaciones que cada vez eran mejor. Hasta que poco antes del minuto 20 un rechace tras la salida de un córner es aprovechado, por fin, por el Guaje Villa para abrir el marcador. 1-0. A partir de ahí comenzó otro partido.

Primero porque los de Emery tenían que salir de la cueva y no se les ocurrió otra cosa para ello que recurrir al cuerpo a cuerpo. Rompiendo el ritmo del rival a base de faltas y llevando el juego a su vertiente más bronca. Les salió bien, pero mucho tuvo que ver en ello un Atleti que aceptando el reto levantó el pie del acelerador (lo lleva haciendo en los últimos partidos de forma preocupante), que abusó de forma excesiva (incuso para los estándares de este equipo) del pelotazo en largo  y que entró en ese juego atroz, con el estilo barriobajero del “y tú más”. Faltas, condazos, agarrones, protestas, provocaciones,… y nada de fútbol. Ni en el Sevilla ni en el Atleti. Así acabó la primera parte y continuó la segunda. Así hubiese seguido probablemente hasta el final del partido si no hubiese sido por la iluminación de un colegiado que poseído por un “espontaneo” espíritu regenerador de la labor arbitral, decidió explicarnos a la humanidad lo que es el fútbol. Ese minuto de gloria que tanto celebra el Establishment. Tras el penalti convertido por el croata Rakitic, el partido subió un grado más en eso que se llama “el otro fútbol” y que tanta pasión despierta en tipos como Emery. No se jugó nada, pero es que además el Atleti ya no era equipo ni tenía pinta de que lo pudiera ser. Probablemente cansado, los del Cholo fueron incapaces de crear juego, tal y como había ocurrido desde que Villa inaugurara el marcador. Balones colgados sin gracia y poco más, al tiempo que los sevillanos perdían tiempo con total impunidad, muy al estilo Emery.

1-1 que deja todo como estaba en la cabeza y al Real Madrid a un punto. Buena noticia para los inventores de portadas, que durante unos días no tendrán que recurrir a la ciencia ficción para vender su mercancía. Creo en cualquier caso que haber alcanzado el liderato en esta jornada hubiese entrado en la categoría de anécdota porque sigo pensando que el Atleti, por fútbol, plantilla y presupuesto, no es capaz de disputar esta liga. Pero lo anterior no es óbice para que no la pelee o para que servidor deje de estar cabreado y me parezca injusto. Tampoco cambia nada este empate sobre lo que pensaba a principio de liga o hace dos meses sobre la plantilla. El equipo es corto, está descompensado y es muy difícil que podamos mantener el nivel en las tres competiciones. Pero hay que intentarlo y ese es el objetivo de Simeone. Y yo estoy muy orgulloso de ello y de estar a este lado del mundo. Independientemente de la realidad. Partido a partido.


Mucho más orgulloso todavía

FC Barcelona 0 - At. Madrid 0 

Esta es la historia de un orgulloso y modesto estudiante empeñado en entrar en la Escuela de Dibujo de su barrio. Un sitio fascinante y precioso pero exclusivamente reservado desde hace años a los señoritos, los nobles, los hijos de los empresarios más avispados y en general a esa pequeña pandilla de poderosos engreídos que solamente ellos mismos son capaces de distinguirse entre sí. Aunque en teoría el acceso a la Escuela era mediante exámenes abiertos a todo el mundo la realidad es que las plazas eran limitadas y mientras que los señoritos acudían impolutos con excelentes juegos estilográficos, algunas preguntas chivadas, millones de reglas de primera calidad, varios compases de distintos tipos, colores por doquier y todo ello obtenido a base de influencia y mucho dinero, nuestro protagonista, cuyo padre era un millonario mafioso sin escrúpulos que explotaba al muchacho para sus oscuros negocios y consentía que todo el mundo se burlase de él, lo hacía con regla y lápiz estándar. Pero el muchacho, que resultaba simpático a los señoritos en las primeras rondas, aprendió a manejar sus modestos útiles con poca belleza pero insospechada destreza así que fue pasando exámenes discretamente. Mientras sus compañeros de pupitre, galácticos y saturados de supuestos valores, pasaban rondas sin esfuerzo cambiando de material o quitándoselo, legal o ilegalmente, a quién lo tuviera, nuestro héroe hacía lo mismo a base de esfuerzo, tesón, rigor académico y algo de suerte. Llegó la prueba final y los rectores de la Escuela entraron en pánico. ¿Qué podría ocurrir si un plebeyo como aquel conseguía entrar a merendar con ellos? A ensuciar. A romper el equilibrio sagrado. Un pobre sucio. Popular. Sin escuadra, sin cartabón y sin una patulea de medios de comunicación que pudiera disfrazar sus desaires. Se pusieron nerviosos. Lo más probable es que jamás hubiese podido superar ese último examen con las herramientas que tenía. Lo lógica sería que se quedara en el camino superado por el poderoso “compañero”, formado en las mejores academias del mundo, de traje caro y material repetido e imposible de mejorar, pero al menos quedaba esa última oportunidad. Estando tan cerca era ya cuestión de ir hasta el final y morir en el intento. Sería absurdo no hacerlo. Pero no pudo. Los rectores, presionados por la angustia, decidieron buscar entre la basura para cambiar las reglas a mitad de juego. Y no le dejaron probar. Le retiraron el examen aduciendo reglas peregrinas, de esas que sólo aplican cuando interesa, para dejarlo en la puerta con una palmada en la espalda y un diploma que ponía “gracias por concursar”. Herido pero orgulloso. Dolido pero muy tranquilo. 

Supongo que ustedes estarán ahora mismo desconcertados buscando una crónica futbolística y encontrándose con esto. Ahora me pongo a ello, sin demasiada gana para serles francos, pero ustedes me perdonarán la licencia. Por alguna razón que también entenderán necesitaba contar lo anterior. Por supuesto cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Si hablamos de fútbol la realidad es que el Barcelona, el todopoderoso Barcelona, no ha sido capaz de ganar al Atlético de Madrid ni en su campo ni en el del rival. En el partido disputado entre ayer y hoy salió al campo con algo más de intensidad en la presión, velocidad en el balón y ganas de ganar pero el equipo de Simeone, a estas alturas, está preparado para lo que venga. Para competir en cualquier condición. Pasados los primeros minutos de aparente peligro (que si lo piensan tampoco fue real) pasamos al guión habitual que ya vimos en el Calderón. Un Barça rígido, plano y previsible tenía el balón pero no sabía qué hacer con él. Enfrente una maquina de precisión a la hora de defender. Los blaugrana trataban de abrir el campo pero el despliegue táctico de los colchoneros impedía cualquier intento de hacer años. El partido se puso en un tramo bastante áspero. Gabi y Juanfran probablemente podrían haberse llevado alguna tarjeta por la reiteración en la faltas pero estas venían más por fruto de la brutal intensidad que por una orquestado plan de ser violento, como parecían describir los rostros de todos y cada uno de los jugadores del Barça en todos y cada uno de los minutos que duró la primera parte (y la segunda). Superada la fase de adaptación, apareció el Atleti y apareció Valdés, el culpable de que los de Messi, porque da la sensación de que Messi es onda y corpúsculo en este Barça descafeinado, se fuesen vivos al descanso. Sobre todo poniendo una mano milagrosa a un remate de ese Dios colchonero contemporáneo llamado Arda Turan, que tras una excelente jugada digna de cualquier Escuela de Dibujo apuntaba a la portería contraria.

La segunda parte pareció que transcurriría por los mismos derroteros pero no fue así. El Atleti, valiente, adelantó la presión y se fue a jugar en campo contrario. Y tocó. En vertical, sí, pero con peligro. Y se hizo dueño. Y metió el miedo en el cuerpo a súbditos y señoritos. Pero no consiguió marcar y ese fue el drama. Villa estuvo a punto pero Valdés volvió a sacar otra mano milagrosa. Llegado el minuto 60 el Atleti se desinfló acusando el esfuerzo físico. El Barça pareció dar un paso adelante en su monótono juego pero yo lo interpreto más como un paso atrás del rival. Pero Simeone es un ganado y pidió ganar e hizo cambios para ello. Sus jugadores, sacando fuerzas vete tú a saber de dónde, se cargaron las pilas para ese último esfuerzo. Faltaban 15 minutos y un gol les daba la Supercopa. Demasiado cerca como para despreciarlo. Pero entonces sí que aparecieron los nervios en el rectorado. Y el colegiado hizo lo que tenía que hacer: repartir "justicia". Eso sí, la versión capada, elitista y xenófoba de justicia que opera en el fútbol español. Un rifirrafe entre Filipe Luis y Dani Alves (ese jugador mundialmente conocido por su deportividad en el campo) acababa con la expulsión del brasileño rubio (ese jugador mundialmente conocido por su violencia). Una jugada que el línea, a 5 metros de la jugada, no vio y que tampoco vio el árbitro pero que sí ve la Reina de Saba (aka Messi) y eso es suficiente en la era de la globalización. La excusa oficial es que lo vio el línea del lado contrario. Todo muy lógico. A todo esto la jugada, para mí, no es nada y si lo es, el castigo hay que repartirlo a partes iguales.

Fin del partido. El rectorado respira tranquilo. Los señoritos se relajan. El aparato vuelve a circular. Mañana volverá a amanecer. El resto, incluido el penalti al larguero de Elseñormásenfadadodelmundo (aka Messi), es pura anécdota.


Me siento maltratado y no me apetece seguir hablando de esta pantomima pero personalmente estoy muy orgulloso de mi equipo. Mucho más orgulloso todavía.   

Mente sucia

At. Madrid 1 - FC Barcelona 2


El fútbol es ese espectáculo tan fascinante en el que tener diez veces más presupuesto que tu rival y los mejores jugadores del mundo no son suficiente para garantizar la victoria en una parcela de terreno en la que juegan once contra once. Si el fútbol se quedara ahí, en el terreno, la frase anterior no vendría cargada de cínica ironía. Desgraciadamente la cosa no se queda ahí. En el mismo terreno, correteando entre los 22 futbolistas aparece el único nexo de conexión que queda todavía entre el juego puro y duro y el subjetivo poder mediático. El señor colegiado. Ese ser humano, dicen, que con la excusa de estar en el césped para repartir justicia deportiva, en realidad se dedica a compensar los defectos que la suerte, el pundonor, un buen planteamiento o que la rabia puedan provocar en el terreno de juego. Otro tipo de justicia dirán algunos. Los árbitros no están para hacer justicia, como concepto puro (es evidente que no lo hacen), sino para llevar las cosas por dónde tienen que ir. Según el dogma de fe que se ha implantado. Para que los gordos sigan engordando. Para que los estúpidos sigan supurando estupidez. Para ganar todavía más dinero. Para que el circo del fútbol siga girando. Para que el cacique pueda esconder sus mierdas debajo de la alfombra sin que nadie se entere. Para que el señorito mate impunemente animales en vía de extinción. Para que la pelea de los ricos por ver quién la tiene más gorda no se marche de madre. Para hacer de antipartículas de Robin Hood o Curro Jiménez y robar al pobre para dárselo al rico. El sistema fluye solo pero a veces es necesario reconducir algún indeseado afluente que pretende salirse de la corriente.

Decir que el Atlético de Madrid (o el Rayo) han perdido por el árbitro podría parecer exagerado. Podría serlo. Lo es, de hecho. Siempre lo es cuando no hablamos de Real Madrid o Barça. Nunca lo es al contrario, lo diga el súper vitaminado director de MARCA o ese director de AS que pergeña fría táctica empresarial tras su disfraz de simpático corderito. Nadie lo va a decir en cualquier caso porque el Atlético de Madrid (o el Rayo Vallecano) no existen. Son esas entelequias impersonales e inanimadas que juegan contra Madrid o Barça. No pierde el Rayo, gana el Madrid. No pierde el Atleti, gana el Barça. Es así. ¿Un millón de aficionados? Bah, ¿qué es eso comparado con la suculenta megalomanía galáctica? La actuación arbitral no se juzga con ojos de seres objetivos porque eso sería prostituir el sistema. Se mira de forma relativa, en función de su eterno rival. ¿Pepe expulsado? También debería estar Alves. Compensado. ¿Penalti de Sergio Ramos? Por el de Busquets. Compensado. La prensa del sistema (la única) necesita su propia mierda para poder subsistir así que todo se recicla en un círculo obsceno y nauseabundo. Bazofia que apesta. Que ustedes se coman su mierda queridos ideólogos de regional. Madrid, Barça, sus aficionados lobotomizados, MARCA, As, COPE, SER, Onda Cero,… que ustedes se bañen hasta el hartazgo en ese putrefacto lodazal de mierda que entre todos están fabricando. Yo, como aficionado al fútbol que soy, seguiré viviendo en el otro lado.

Fútbol. Con un estadio lleno, ese ambiente que pocos estadios como el Calderón son capaces de imponer y la ilusión del nuevo Atleti apareció la primera duda respecto al Cholo. No lo tengo claro y ni siquiera a posteriori con la cabeza fría tengo claras las cosas pero el planteamiento de la primera parte colchonera me genera dudas. Bien plantado en los primeros minutos (defensa fuera del área y primera línea de presión a 20 metros) según avanzaba el partido el escenario recordaba sospechosamente a tiempos pasados. Adiós al balón y todos a rezar por recoger un pelotazo. Malo. No sé cuánto de esto es culpa del Barça y su sistema pluscuamperfecto o cuánto tiene de cierta cobardía atlética. No sé cuánto hay de atino del Barça y cuánto de la ausencia de calidad en el centro del campo atlético (ay Diego, cómo se te echa de menos). El caso es que el Barça practicaba su habitual monólogo y el Atleti repartía patadas. La línea entre agresividad y juego sucio es muy fina y no siempre está clara. Hasta el partido del Barça el Atleti era agresivo. Contra los catalanes, en la primera parte, fue directamente juego sucio. Robando en tu campo, perdiendo la pelota y regalándola para correr detrás del rival, me temo que no hay muchas opciones de ganar al Barça. Messi asustó primero llevándose el balón con la mano para marcar gol ilegal. Varios minutos después, ya sin utilizar la mano, hizo de nuevo una de esas jugadas que lo hacen ser el mejor jugador del mundo. Como un trazado de tiralíneas o un juego de Pin-ball, el balón acabó en los pies de Alves para que el brasileño lo empujase a la red. Entre medias, en dos contrataques a la desesperada, Falcao volvía a sembrar las dudas del respetable definiendo mal de cara al gol.

Uno a estas alturas ha visto ya muchos Atleti-Barça y algunos de ellos hasta se han ganado. Lo que no ha visto nunca es ganarle al Barça sin quitarle el balón en su campo. Es tan evidente que no sé como los entrenadores siguen insistiendo en opciones defensivas basadas en vivir alicatado en tu área. Nunca funcionan. Salvó aquel Inter de la suerte y el árbitro, nunca he visto a nadie que le saliera bien. Requiere mucho gasto físico, si. Es arriesgado, si. Pero es la única forma y estamos hablando de ganar el partido, ¿no? Así que por alguna razón (¡ay Cholo!) el Atleti se fue a por el Barça en la segunda parte y vimos otro partido. Más divertido, con más ocasiones, con menos patadas y más emoción. Irónicamente el mejor en esta fase fue el Atlético. Sólo la mala suerte (otra vez), la incomprensible ingenuidad de nuestra defensa colocando la barrera (otra vez) y el señor colegiado (otra vez) impidieron que el Atleti ganara el partido. Falcao empató la contienda al poco de empezar la segunda parte (excelente pase de Gabi a la derecha, cambio de balón al segundo palo y remate de delantero del colombiano) pero ya se habían visto las credenciales del nuevo Atleti. Presión arriba, robo en campo contrario y verticalidad. Así si. Así se vio la mejor versión de un Atleti que llegó veces suficientes como para ganar el partido y se vio la peor versión de un Barça al que le costaba mantener la pelota y su ritmo pausado.

Entonces llegó la jugada de Alves. Clave, más por lo que se deduce que por lo que fue. En clave de pura lógica las combinaciones que se pueden dar en una jugada así son: es falta y el árbitro lo ve: Roja. Es falta y el árbitro no lo ve: Nada. No es falta y el árbitro lo ve: Nada (o amarilla para el del Atleti). No es falta y el árbitro no lo ve: Nada. No existen más combinaciones. Lo que ocurre, tarjeta amarilla para Alves, sólo se explica cómo que el árbitro lo ve y no se atreve a expulsarlo. Una agresión sin balón no puede ser amarilla. O no es nada o es roja. Eso no es un error arbitral. Es un robo que sienta precedente. Es el estilo con el que el árbitro juzga TODO lo que pasa en el campo. En función de los protagonistas, el marcador y la camiseta que lleven en ese momento.

Y luego la picardía de Messi (o estupidez del Atleti). Nunca sabremos si pidieron barrera o no. Es gol y punto. Lo tengo tan claro como que en otro partido, con otros protagonistas, si un equipo mete un gol mientras el árbitro está colocando la barrera (la hubiesen o no pedido) el tiro se repite. Clarísimo. Aquí no. Claro. Estamos hablando del Barça y la posibilidad de ganar el partido. Quien dice el Barça dice el Madrid.

Pero incluso así se pudo empatar. Falcao, Juanfran y hasta un poderoso tiro de Gabi acabando el partido. En los tres casos lo impidió ese portero que el ínclito de Maradona dice, tras el último cambio de medicación, que es muy malo. Pero ojo, en el minuto 90 el árbitro, casualmente, tampoco vio una clarísima mano de Busquets. O si lo vio pero pensó que si lo pitaba lo mismo estaría viendo su nombre por toda la prensa catalana durante toda la semana y pensó que era mejor así. Que su asquerosa forma de repartir justicia se quedase en la intimidad del Calderón y la retina de los mamporreros del sistema que dicen llamarse periodistas pero no lo son.

En cualquier caso no me hagan caso. Sean felices. Sigan la luz. Disfruten de Matrix. No sean como yo un seguidor clásico del Atleti. Estudien la versión oficial y remen en la dirección correcta. Yo soy un ácrata que tiene la mente sucia.

The Pippettes – Dirty Mind


Casillas y Teixeira, tándem letal (At. Madrid 1 - R. Madrid 2)




La particular y conflictiva historia de nuestro país, los complejos patrios, la peculiar forma de entender el triunfo en el subconsciente colectivo unido al vergonzoso paso que ha practicado nuestro fútbol desde las competiciones de clubes al multimillonario mundo del fútbol televisado para toda la galaxia, han creado un tremendo monstruo llamado Real Madrid. Un monstruo al que ya va a ser muy difícil controlar y que probablemente en un futuro cercano suponga la bandera del último golpe mortal a una cada vez más decadente, insulsa y aburrida liga española que a este paso desaparecerá.

El Real Madrid no sólo es el equipo que tiene el privilegio de no tener que ser Sociedad Anónima a pesar de albergar una deuda más brutal que la que todos los que fueron obligados a convertirse juntos, el que recibe dinero público para hacer sus enjuagues económicos y ampliaciones de patrimonio sin oposición, el que maneja el presupuesto más alto (cuatriplicando el tercer presupuesto de la liga así da escalofríos pensar la diferencia con el resto), el que tiene a los jugadores más caros del mundo (alguno sin jugar) y el que paga los sueldos más altos de la vía láctea, sino que también es el que ha creado una red economico-mediática que llega a todos los poros de la piel de toro y que a modo de Ministerio de la Verdad crea o destruye la realidad a su conveniencia. Un ejercicio de especulación urbana vomitivo es transformado en una magistral operación empresarial, el despilfarro constante de millones en jugadores que van y vienen dejando más pufos que legado es una muestra de poderío, el tipo más elegante que se ha sentado en el banquillo vikingo es una suerte de delincuente mientras que el insultante y mohíno engreído generador constante de violencia que está ahora es el paradigma del señorío. El preciosista y espectacular juego del Barcelona “aburre” (Siro López Dixit) y el catenaccio tacticista posmoderno e industrial que práctica Mourinho (y que trata de imitar muy mal nuestro Quique Sánchez Flores) es para ese eufemismo llamado “opinión pública” muchas veces la transformación en fútbol de la Capilla Sixtina. En ese engrudo casi hasta pasa desapercibido que un genocida como Pepe, que en un país sensato estaría apartado del fútbol y probablemente internado en un centro especializado, pase como un tipo de “pundonor”. Mientras sus brotes psicóticos se diluyen en en la inmensidad de la actualidad un empujón al pobre de Cristiano Ronaldo ocupa las portadas de prensa y telediarios hasta el siguiente hito. No hablemos ya de un agarrón no pitado. El árbitro causante de no expulsar a Pepe no se sabe quien es pero el árbitro culpable de no expulsar a quien osó quitarle la gomina del pelo al señor Ronaldo es conocido más allá de la puerta de Tanhausen.

Y eso lo saben los árbitros.

Probablemente el Madrid hubiese ganado igual de haber en el campo un árbitro decente, digno y con un mínimo de vergüenza y escrúpulos pero la realidad es que ayer no lo hubo y la realidad es que, estando el madrid de por medio, es difícil que exista. En los últimos años el Madrid no ha necesitado al árbitro para ganar pero siempre que la cosa se ponía cercana a estar tensa ahí estaba el trencilla para recordar las reglas del juego. Es paradógico y repugnante sin embargo que quien más se queje de los árbitros sea precisamente el equipo que ha construido una gloriosa leyenda cimentado en ellos. Hoy no puedo estar más de acuerdo con Mourinho, los dos mejores jugadores de Real Madrid en el campo fueron Casillas y el árbitro (por ese orden).

El Atlético de Madrid no obstante perdió por enésima vez contra los madridistas por una concatenación de cosas y para ser justos lo hizo antes de que el árbitro pusiese su granito de arena. Para empezar normalmente los derbis de los últimos años enfrentan a un equipo que se lo juega todo (los blancos) con otro que no se juegan nada (ni la honra, porque a la mitad de los nuestros nadie les ha explicado lo que significa el Madrid para un colchonero). Ayer era otro de esos días y aunque el Atleti pareció salir enchufado el Madrid, que eso si que lo hace siempre y por eso están acostumbrados, salió más enchufado todavía. Si a una magnifica presión en el campo contrario (obra de Mourinho, hay que reconocerlo) se le une el canguelo que tradicionalmente tiene nuestra defensa cuanto enfrente está el Madrid, sobra dar más explicaciones para entender el fracaso. Es lamentable la falta de personalidad de nuestra defensa (no lo esperaba de Godín) pero es algo recurrente que no supera ningún entrenador, ni jugador. Alguien debería mirarlo porque lo mismo el problema está más arriba en lo que se transmite hacia abajo. Por eso, como viene siendo habitual en los derbis, a los diez minutos ya íbamos palmando (pase entre líneas, defensa de porcelana, Benzema que la para y gol). Eso si, el gol viene de un error lamentable de Elías, otro error lamentable de la dirección deportiva transformado en otro error lamentable del “listo” de nuestro entrenador que lo pone de titular para demostrarle al mundo que todos somos gilipollas menos él. Elias no ha hecho nada para jugar de titular en este equipo (y menos en una banda). Koke si. Juanfran no lo sabemos porque Quique no le deja. El marisabidillo de nuestro entrenador dio una ventaja estúpida al colocar a Elías en el once. Un Elías que más allá de los errores, la insultante lentitud y estar siempre fuera de sitio no hizo absolutamente nada.

Pero a pesar del gol el Atleti, con los 9 que tenía en el campo (Forlán y Elías no estaban) ser fueron a por el partido y más por orgullo del tridente Tiago-Kun-Reyes (y ojo, un Mario Suárez que realizó un gran partido) que por otra cosa si hicieron con el control del partido teniendo buenas ocasiones que como siempre Casillas (que tiene la mala costumbre de hacer su mejor partido del año en el Calderón) desbarató. ¿Ansiedad, obcecación, mala suerte? No lo sé pero es frustrante ver como pasa lo mismo año tras años con el portero de la selección.

Es entonces cuando apareció el árbitro. El Madrid de Mourinho es un equipo eminentemente físico que basa su éxito en un rigor táctico grande y derroche físico tremendo, especialmente en la presión. Esto hace que sus jugadores marchen al límite y en ocasiones como la de ayer, que tras el gol perdieron el control y los colchonero se fueron para arriba, el límite estaba más allá. Si fuese al revés, en el minuto 30 el Atleti hubiese tenido siete tarjetas amarillas que hubiesen condicionado su agresiva forma de jugar teniendo que encoger la pierna. En el caso del Madrid no es así sino todo lo contrario. Se crecen ante la impunidad. Ellos pueden jugar al límite (y más allá) sin miedo y sin problemas. Donde no llegaba la anticipación llegaba un empujón, un codazo, una falta,... Así mientras el Atleti se estrellaba con el reglamento virtual teniendo que jugar contra doce, el madrid se envalentonaba en su destrucción y contrataque. Hasta que llegó el segundo en otra lamentable acción defensiva colchonera. Marcelo deja sentado a su rival moviendo la cintura da el pase de la muerte, remata Ozil y marca. Injusto resultado para una partido en el que el Madrid era infinitamente superior... pero no lo había demostrado.

Aun así, en contra de lo que intuyo dirán las crónicas de los expertos, la segunda parte volvió a ser todavía más colchonera espoleado por la explosiva salida de Koke (lamentable que empezase en el banquillo) y la solidaria entrega de un Kun magistral y batallador que sin embargo, como le ocurría a Torres, está gafado con Casillas. Cuando a los diez minutos de la segunda parte marró un mano a mano clarísimo con Casillas la grada supo que no había nada que hacer. Las ocasiones siguieron llegando pero sólo a falta de cinco minutos Agüero consiguió a base de fuerza perforar la portería blanca. Demasiado poco tiempo para la remontada.

Hace tiempo que vivo al margen de la prensa deportiva oficial (y así pienso seguir) así que dudo que mi crónica tenga algo que ver con lo que salga en los papeles, esos que siempre está de alguna forma manchados de merengue. No vean sin embargo en mis palabras un ejercicio de victimismo o fanatismo porque no lo es (echen un vistazo al resto crónicas de derbis, las de este año sin ir más lejos, para comparar). Piensen que a diferencia de la prensa seria yo creo que Mourinho es un mal educado consentido, que el Barça juega infinitamente mejor, que Cristiano Ronaldo es un engreído estúpido y sin gracia, que Pellegrini es un señor y que Florentino es un listo que disfraza el concepto de mafioso. Puede sin embargo que esté equivocado.

Un tal Ramírez Domínguez (Villarreal 2 - At. Madrid 0)




Hace unas semanas escuché al bueno de Diego Costa decir que el objetivo del Atleti estaba en ganar en el Calderón y empatar fuera. No quise darle mucha importancia y pensé simplemente que el muchacho estaba desorientado después de pasar por tantos equipos en tan pocos años. El pasado viernes un amigo, conocedor de mi desafección por los la prensa deportiva de cámara, me mandó unas declaraciones de Quique publicadas en el diarios AS que decían, cito textualmente, “Ahora el objetivo es ganar en Villarreal, pero no perder tampoco sería malo, porque venimos de superar al Getafe”, “El Villarreal es un equipo que no pierde en casa. Lleva una buena racha allí. Parece imbatible en su campo. No caer sería bueno.” Mi amigo me mandaba estas declaraciones porque poco antes me las había comentado verbalmente y yo no las podía creer. Hasta ese preciso momento lo que más me había gustado de Quique desde que llego al banquillo había sido sin duda alguna su discurso frontal frente al “privilegiado” lugar que la prensa del régimen nos otorga. Ese discurso valiente, orgullo y (es mi opinión) acorde con la historia y esencia de este club que tanto bien nos ha hecho. ¿Me estaba equivocando?. Algo huele a podrido en Dinamarca.

Me he quejado muchas veces en este mismo sitio del juego de mi equipo, de la cobardía gratuita y absurda, de las tácticas escapistas, de la especulación... probablemente podría hablar hoy también de todo ello sin demasiado esfuerzo pero se me hace difícil hacerlo estando de por medio una tal Ramírez Domínguez. Lamentable personaje que hoy no se ha ganado honradamente el generoso sueldo que va a cobrar y que sólo tenía sentido ingresar en su cuenta esa cifra si se asumiese que responde a un salario mafioso, o mordida o compensación por los servicios prestados. Si el tal Ramírez Domínguez tuviese un poco más de dignidad, en lugar de esa chulería barata de barrio marginal que con tanta pomposidad ha mostrado a lo largo de los 90 minutos (desconfíen de los valientes que hablan desde el otro lado del cristal), el ta Ramírez Domínguez debería devolver el dinero, pedir perdón a la afición del Atleti y plantearse dejar de seguir engañando al genero humano abandonando el arbitraje. Si el tal Ramírez Domínguez es simplemente un árbitro penoso lo que debería hacer la competición es apartarlo para evitar carnicerías como la de hoy. Si el acto terrorista del tal Ramírez Domínguez responde a esa tendencia de ponerse a la cola de los mamporreros que satisfacen al “los dos grandes” (los únicos) y sacar chulería con los que pretenden ir detrás me temo que el trato a dispensar al tal Ramírez Domínguez se corresponde más con actos fuera de la ley, acordes con su actuación. Lamentable y pestilente. Me da asco esta competición regulada por manos de mafiosos, negligentes e inútiles.

Se pueden hacer muchos análisis deportivos del partido de hoy (y hay que reconocer que el Atleti una vez más vuelve a salir no muy bien parado) pero es absurdo e inútil valorar algo tan desproporcionado, desequilibrado, capado y ficticio. Si nos ceñimos a los primeros diez minutos de partido, lo más parecido a un partido de fútbol como acto deportivo y sano que hemos vivido, el Atleti salió contenido pero eléctrico. Sin juego pero con actitud. No es mal comienzo pero es imposible ir más allá cuando la primera llegada del Atleti se transforma en un claro penalty que no se sanciona, la siguiente es un gol anulado por fuera de juego (tan justo que sigo sin tenerlo claro en la enésima repetición) y a la jugada siguiente el Villarreal se adelanta en el marcador.

Pero no todo van a ser disculpas. A estas alturas no soy sospechoso de decir las dudas y carencias que me provoca el juego del Atlético de Madrid. Una de las más evidentes (y de las que más me duelen) es la dependencia enfermiza y artificial del contrario. Esa lamentable opción de despreciar el balón como principio y de despreciar la creación como sistema. Esa cobarde forma de ver el fútbol en la que tu éxito sólo puede venir en base a un error del contrario. Esta opción tan limitada hace que cuando el Atleti se pone por detrás en el marcador (aunque sea en los primeros minutos o quizás especialmente si es en los primeros minutos) las posibilidades de triunfo se reducen de forma dramática. Echen un vistazo a las estadísticas. La razón es sencilla: si tu esencia es no tener el balón ni mostrar el mínimo interés por tratar de crear fútbol el momento en el que no te queda otro remedio que hacerlo no sabes que hacer. Ese es el Atleti cuando va perdiendo y eso es lo que vimos hoy. Un equipo voluntarioso pero plano. Entregado pero inútil. Bien colocado pero romo. El centro del campo ya no es que sea bueno o malo es que directamente no existe. Con esa pareja de mediocentros Asunçao es otro central y Raúl García es simplemente un medio estorbo. Los interiores se pierden en las puñeteras bandas y los de arriba se desesperan en guerras de guerrillas. Aun así, antes de terminar la primera parte el Kun es derribado de nuevo en el área en otro penalty meridiano que hubiese cambiado otra vez el escenario pero que el inefable trencilla vuelve a ignorar para cabreo mayúsculo de los jugadores y del propio Quique que acabará expulsado. Con todo ello la sangría del tal Ramírez Domínguez no había terminado.

La segunda parte fue exactamente igual en los primeros diez minutos hasta que Rossi mete el segundo de gran jugada personal. Fin del partido. El Atleti se desesperó a partir de entonces en una lucha infructuosa por levantar el partido con gran derroche físico y anímico pero escaso resultado. No recuerdo una sola ocasión de peligro ni un sólo momento en el que la sensación fuese la de que se podía remontar el partido. Vale que el tal Ramírez Domínguez volvió a demostrar su absoluta y necia inutilidad obviando por tercera vez en la noche un penalty clarísimo (esta vez al Kun de nuevo) pero el Atleti fue totalmente inoperante e inofensivo frente a un buen Villarreal. Vale que el Villarreal ha resultado favorecido, que jugar con todo a favor es más fácil, etc... pero el Villarreal es un ejemplo de lo que debería ser un club de fútbol. Algo así como la antítesis que de lo que sale de las oficinas del Atlético de Madrid. Un equipo sin un presupuesto deslumbrando, con una masa social pequeña y en parte ficticia y despreciado por la prensa es capaz de plantear un proyecto deportivo lúcido, profesional y atrevido que apuesta por la coherencia y el fútbol. A todos aquellos que presumen de decir que todos los equipos “menos el Barça” juegan igual les pide que se den una vuelta por el Madrigal. De camino deberían también reflexionar porque en el Atleti vienen entrenadores y cientos de fichajes de prestigio pero todos parecen marchitarse pero en Villarreal ocurre todo lo contrario cuando encima son los buenos jugadores y entrenadores los que se van.

Con árbitro o sin árbitro ahí está la realidad: Octavos a siete puntos del primero. Hemos jugado con cuatro de los seis primeros y hemos sacado un punto. Si este es el camino a seguir y en la cera de enfrente siguen dopados de euforia me temo que este año tendré que buscar nuevos horizontes para pasar los fines de semana.

El triunfo de la ruindad




“No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampas” (F. Mauriac)


En esta vida hay que saber ganar y saber perder así que aunque ese desagradable sujeto de lamentable figura y peor verso que hace las funciones de presidente del Sevilla no sepa de lo que estoy hablando y continúe insultando al buen gusto y la deportividad cada vez que tiene ocasión y decida seguir decorando todo lo que le rodea de venenosa y repugnante estulticia vaya por delante mi felicitación al equipo sevillano. A pesar de su esperpéntico y lamentable presidente y a pesar de su bochornosa y lamentable propuesta no ya futbolística sino deportiva. Felicidades por ganar una copa que evidentemente quería que ganase mi equipo pero que reconozco que como espectador hubiese querido que ganase cualquier equipo que hubiese estado esta noche delante de los andaluces por una sencilla razón que no tiene que ver con odios centenarios ni revanchas maquiavélicas (eso no va conmigo). La única razón es que esta noche ha triunfado la cobardía, la marrullería, la especulación, el “otro fútbol”, la vehemencia gratuita, la pillería y la búsqueda de la destrucción. El capricho del destino ha premiado está noche a un grupo de terroristas del fútbol como deporte y noble juego. Ha premiado al que espera, al que hace teatro, al que prefiere no jugar, al que va al límite de la legalidad pasándose al lado contrario siempre que no están mirando, el que nada y guarda la ropa, el que dispara y esconde la mano. El fútbol evidentemente nunca es justo y no tengo ningún motivo para decir que el Atlético de Madrid sea mejor equipo que el hispalense (el resultado final de hecho dice lo contrario y con eso hay que quedarse) pero sinceramente me quedo con mi equipo. Ganando y perdiendo. Si hay que hacer lo que ha hecho hoy el Sevilla para ganar prefiero sinceramente quedarme donde estoy. Yo no creo que el fin justifique los medios.

En este mismo sitio he criticado un millón de veces a mi equipo, su forma de jugar, su actitud y un montón de cosas más. Lo volveré a hacer siempre que así lo crea pero esta noche no. Esta noche estoy orgulloso de ser del Atlético de Madrid. Esta noche me acuesto tranquilo sabiendo el equipo que tengo y esperanzado por el futuro. El Atlético de Madrid de hoy es el equipo que yo quiero, un equipo valiente, entregado, queriendo jugar al fútbol, llevando la iniciativa y siendo generoso. Sin suerte pero honesto y orgulloso. Ese es el Atlético de Madrid. Espero que los demás alguna vez puedan decir lo mismo.

El partido comenzó con mucha intensidad, de forma muy vertical, toma y daca con mucha agresividad (de la sana) y con los dos equipos muy metidos en el partido. Los dos. Apuntaba una noche bonita de fútbol y emoción pero a los cinco minutos un doble rechace en el área es recogido por Capel que empala el balón con la izquierda sin que De Gea pueda llegar a tocarlo. 0-1 para el Sevilla y fin del partido de fútbol. A partir de ese minuto comenzó otro juego, otra cosa que difícilmente puede considerarse deporte y en la que es muy difícil hacer o construir nada, especialmente si el que arbitra es un señor que en el último partido de su carrera decide hacerse árbitro británico, malinterpretando el concepto del arbitraje británico. En la liga inglesa se permite jugar al fútbol pero jamás se premia la marrullería y la violencia al límite. La abierta actitud de Mejuto esta noche ha provocado exactamente lo contrario que pretendía y no se ha podido jugar nada. El Atleti tenía el balón y pretendía distribuirlo con criterio pero era imposible dar dos pases seguidos sin que algún esforzado destripaterrones con camiseta blanca parase el juego por lo civil o por lo criminal. Las estadísticas siempre suelen ser engañosas pero si ven el número de faltas de uno y otro equipo los guerrilleros hispalenses han cometido exactamente el doble. El doble.

El Atleti aun así tuvo sus ocasiones, algunas muy claras y el “bueno” de Palop, un muchacho que encaja perfectamente con la clase y el estilo de su presidente, hizo un algunas intervenciones de mucho mérito pero es difícil y hasta absurdo intentar hablar de fútbol esta noche. Los 85 minutos posteriores al primer gol sevillano se pueden resumir diciendo que sobre el terreno de juego había un equipo que por todos los medios intentaba jugar al fútbol y otro que por todos los medios (algunos de ellos verdaderamente lamentables) intentaba no hacerlo y que nadie lo hiciese. No merece la pena darle más vueltas al asunto. Algunos dirán que al fin y al cabo son ganadores de la Copa del Rey y tendrán razón. La gente encuentra alegría en cosas muy diferentes.

Lo único que podría comentarse con detalle son los numerosos episodios de interpretación circense (Capel tiene un futuro muy prometedor en el mundo del espectáculo casposo), macarrismo barriobajero y chulería desmedida con los que nos obsequiaban desde dentro y fuera del campo. Sobre todo desde el banquillo de Manolo Jiménez y ese otro personaje que habita allí desde hace años y que debería ser inhabilitado de por vida. Jamás he visto un equipo en el que palco y banquillo se compenetren tan bien. Especialmente destacable es el vodevil que han montado después de una entrada de Perea a Capel, que además no era ni falta, que es como para que se les caiga la cara de vergüenza, algo que conociendo la catadura moral de los personajes todos sabemos que no va a ocurrir. El arbitro por cierto ha entendido que esos minutos de navajazos y amenazas a lo “perros callejeros” eran parte del juego, fácil de entender viendo lo que estaba ocurriendo, y decidió no descontarlo después.

El día que el Atleti perdió la Copa del Rey contra el Valencia yo aplaudía al equipo rival por ser un digno ganador. Lo mismo hice contra el Español. Hoy he quitado la tele indignado en un gesto del que no me siento orgulloso pero que no he podido evitar a pesar de tener buenos amigos sevillistas que son muy buena gente. Jamás puedo aplaudir algo así. Me daría vergüenza. Van en contra de mi religión. Eso si, que el señor Del Nido y su cohorte de tragaldabas se queden traquilos porque los colchoneros somos un equipo señor que sabe perder pero también ganar como demostramos hace una semana en Hamburgo (he quedado con varios aficionados al Fulham para que visiten el Calderón). Lástima que no todo el mundo pueda decir lo mismo.

Labor de bandolero



Sevilla 3 - At. Madrid 1

La víspera de este tipo de partidos es el caldo de cultivo perfecto para disfrutar de otro de los muchos tópicos del mundo del fútbol como es el que protagoniza el entrenador de turno diciendo que no conoce la forma de decirle a sus jugadores que salgan a perder y que por tanto sólo queda la opción de ganar. Bonita frase que queda de lujo de en el balcón de algún diario advenedizo pero que enmascara más cosas de las que enseña. El Atlético de Madrid hoy no se jugaba absolutamente nada pero una victoria suya podía incluso perjudicar a los colchoneros en su intención de jugar en Europa la temporada que viene suponiendo que las dos finales en ciernes se resolviesen de la forma menos querida lo que dejaba una situación extraña en jugadores y cuerpo técnico. Incluso como espectador se hace difícil afrontar este tipo de partidos en el que realmente te da igual lo que pase pero reconozco que aunque mi sensación inicial era así de pasota, según avanzaba el partido hubiese deseado ganarlo. Especialmente viendo la delictiva actuación del señor colegiado que ha sido como para ganarse el dar el pregón de las fiestas de algún pueblo del Aljarafe. Supongo que deslumbrado por el blanco nuclear de las camisetas del equipo sevillista y acostumbrado al efecto relajante que ese color tiene en el criterio arbitral de esta gente, el trencilla ha decidido castigar al los rojiblancos como si fuésemos culpables de algún inconfesable delito. Hasta a mí, que rara vez hablo de los árbitros, se me hace imposible obviar una labor tan lamentable. Si hubiese un tribunal para estas cosas lo mallorquines estarían en su derecho de denunciarlo.

En cualquier caso el partido tiene realmente poca historia. El Sevilla, jugándose los puestos de Champions, salió con la tensión y concentración necesaria para lo que se estaban jugando. El Atleti no lo hizo y ya la alineación dejaba a las claras que las intenciones desde el banquillo no parecía que fuesen las de hacerlo. Cabrera debutaba después de estar entrenando desde el verano, habiendo jugado Pernía antes que él, y aunque lento y sin destacar especialmente en nada tampoco estuvo especialmente desacertado el uruguayo. Incomprensible que el argentino fuese una mejor opción. Camacho, Salvio, Jurado, Valera,... tan sólo sorprendió la salida del Kun que sinceramente sobraba. Simplemente el empuje inicial y el típico error defensivo de los madrileños cuando no están metidos en el partido sirvieron para que los sevillistas se pusieran por delante en el partido mediante un rechace en el segundo palo a la salida de un córner que Luis Fabiano aprovechaba.

Tenía curiosidad por ver que personalidad es la que el bueno de Álvarez ha inculcado a este Sevilla tras la marcha de Jiménez pero si tengo que fiarme por lo que he visto en la tarde hoy me temo que a los sevillanos les espera más de lo mismo en las próximas fechas. No lo veo como un entrenador de futuro si lo que hace es intentar imitar a su predecesor. Mucho rigor defensivo, agresividad, tacticismo... y poco fútbol. Si con un Atleti blando y roto los del nervión deciden seguir olvidándose del balón, de controlar el juego y el partido o renunciar a la creación me temo que no lo van a hacer nunca y que están claras cuales serán las señas de identidad del equipo en el futuro. Cada uno es cada uno y todos los sistemas valen pero me da pena ver a determinados jugadores de la plantilla del Sevilla corriendo siempre detrás del balón. El caso es que con ese panorama enfrente y sin que los colchoneros se despeinasen demasiado se hicieron tímidamente con el juego y el ritmo del partido aunque el empate llegase a balón parada tras cabezazo de Camacho y remate de Tiago, que mientras le duro la gasolina fue el mejor de los rojiblancos.

El empate dejó durante unos minutos el escenario pre-gol del Atleti, un Sevilla concentrado, agresivo y esquivo con el juego y unos madrileños que poco a poco se quitaba la torrija a base de un poco de balón y briznas de criterio para distribuirlo... pero entonces apareció el árbitro para despejar dudas. Un balón dividido en la esquina del área al que Adriano y Valera entran con todo. Valera, que no es precisamente un jugador muy dotado en cuanto a inteligencia dentro del campo, lo hace con ampulosidad y probablemente haciendo juego peligroso pero ello, unido a la sentida actuación del sevillista, fue suficiente para el colegiado pitase una socorrida pena máxima que transformó Negredo. Suponiendo que sea penalty, es de esos penalties que sólo se pitan a favor de determinados equipos (y ni el Sevilla ni el Atleti suelen estar en ese grupo).

No cambió nada excesivamente tras el gol pero mientras los de blanco se aferraban al músculo y la tensión los madrileños poco a poco se olvidaban de la verticalidad que minutos antes se intuía y aunque daba la sensación de que en cualquier momento podían llegar a empatar el partido lo cierto es que no ocurría porque no llegaban. Tarde en el rechace, evitando meter la pierna, carentes de intensidad,... así es muy difícil ganar un partido pero lo es todavía más si el que arbitra es un tipo que sufre ataques psicóticos que le obligan a pitar el pito sin venir a cuento y que tiene visiones repentinas que provocan espejismos. Sólo se me ocurre esa explicación para entender el segundo penalty de la tarde. Si eso es penalty yo soy un enviado del planeta Saturno. Si ese señor ve penalty a los dos metros que estaba de la jugada me temo que este señor tiene un problema mayor que el de la vista. Cualquier otra opción de porque pitó penalty es incluso más sospechosa. Lamentable lo del colegiado que así se cargaba un partido que había ya nacido roto.

La segunda parte fue un soporífero paquete de fútbol pesado, absurdo e intranscendente en el que uno de los equipos no quería que pasase nada y el otro no tenía demasiadas ganas de contradecir al adversario. Durante unos minutos el empuje de los pesos pesados del equipo colchonero hizo albergar la mínima esperanza de que el partido pudiese acabar con algo de emoción pero el colegiado volvió a erigirse en el protagonista de la tarde cuando anuló, básicamente porque le dio la real gana, un gol legal del Kun Agüero. Dicen que lo anuló por fuera de juego pero podría poner en el acta que lo ha hecho por culpar al Kun de no saber recitar el Romancero Gitano que tendrá la misma verosimilitud.

El inútil de Pérez Burrul ponía así la puntilla a un partido que seguramente hubiese acabado de forma parecida sin tener que atentar contra varios mandamientos y que estoy seguro no tendrá nada que ver con la esperada final de copa. Eso si, espero que Quique deje de jugar a dar lustre, honor y categoría a una competición que no lo tiene (la liga española es lamentable desde todos los puntos de vista) y evite volver a poner a Agüero en el campo antes de las finales. No tiene ningún sentido.

Esposa orgullosa

En noches como la de hoy uno tiene dos opciones: llorar, maldecir y tirarse de los pelos lamentándose de perder la oportunidad de tu vida de humillar a tu rival de siempre o pensar en lo que ha ocurrido, de donde vienes, a donde vas,... y sacar pecho. Cualquiera de las dos opciones es lícita pero yo prefiero quedarme con la segunda. Llevaba tantos partidos siguiendo a un equipo que se avergonzaba de salir a jugar al césped, un equipo sin personalidad, temeroso y pesaroso que se movía entre el gol a favor o en contra, especulando con el tiempo, el juego o el resultado, tratando a todos los rivales como si fuesen el vigente campeó de Europa y además haciéndolo con 11 jugadores en el borde del área, que qué quieren que les diga, hoy (y el domingo frente al Barça) he sacado pecho. Me siento como el protagonista de esas películas antiguas en las que un hombre pobre y honrado sufre una tragedia tras otra, robos, ingratitudes, que tiene mala suerte pero que enfrentándose a enemigos y fantasmas con valentía y orgullo consigue acabar sobreponiéndose a todo. Entonces su esposa orgullosa sale a pasear por el pueblo del brazo de su sangrante, sucio, mal vestido pero orgullo marido. Esta noche yo soy esa esposa orgullosa. Hoy he vuelto a sentirme orgulloso de ser del atlético de Madrid.

Todos los atléticos sentimos unos incómodos gusanos paseándose por el fondo del estómago cada vez que nos enfrentamos al Madrid. Es así y el que lo niegue miente. Lo que más teme un colchonero frente al equipo merengue es no dar la cara, sentirse humillado, parecer débil o menor. Mucho más que el resultado. Los últimos partidos contra el eterno rival siempre se caracterizaban por un estúpido gol madridista en los primeros cinco minutos. Es una maldita tradición desde hace años que gracias a Dios hoy se ha roto. Por eso cuando he visto el minuto 5 en la esquina derecha del televisor y en la izquierda el resultado de 0-0 he pensado que hoy podía ser el partido. A partir de ese minuto he tomado conciencia de que el equipo, mi equipo, había salido al campo como debería de salir siempre en todas las competiciones que juega, a ganar el partido. Espero que no sea un espejismo pero parece que este Abel va a resultar que entiende bastante de esto del fútbol. A lo mejor es que veníamos de un periodo negro y nefasto y por eso cualquier acción táctica nos parece un alarde pero lo cierto es que en el día de hoy tácticamente el atleti ha estado fantástico. Sacando la línea defensiva del área (no hacerlo hubiese sido un suicidio frente al madrid como bien debería saber Aguirre pero nunca terminó de aprender), creando un entramado físico en el centro del campo que impedía al madrid jugar y saliendo en vertical cada vez que robábamos el balón en posiciones adelantadas. Con este equipo no se me ocurre una forma mejor de jugarle al Madrid en su Bernaneu y aunque parece fácil no debe serlo. Asunçao, un futbolista que crece en este equipo con los partidos, dominaba la zona ancha escudado por un Camacho al que le falta un poco más de creatividad para ser un jugador muy interesante. Maxi, Simao y Forlán hacían un generoso esfuerzo en la contención que impedía aparecer al Madrid (lo del urguayo es prácticamente de ciencia ficción, ¡qué jugador Dios mío!) y el Kun era letal en cada balón. El Real Madrid no hizo nada como conjunto en toda la primera parte y sus pocas llegadas fueron a través del fútbol directo al área o jugadas a balón parado. Por el contrario el Atleti se encontraba más cómodo según pasaban los minutos y cada vez que se estiraba soltaba el codo. Ya avisó el Kun cuando un excelente balón que le llega de volea es parado en el área y que solamente los felinos reflejos de Casillas (siempre Casillas) impidieron inaugurar marcador. Pero casi mejor que fuese en la siguiente jugada porque fue una maravilla. Un córner mal sacado por los “blancos” lo recoge Ufalusi que se da a Kun a la banda este se lo devuelve de primer toque y el checo vuelve a meter un buen balón a la banda para que la recoja el Kun. Era un contra ataque de 3 contra 2 pero la pelota que mete el Kun a Forlán para dejar sólo al uruguayo no está al alcance de todo el mundo. El rubio charrúa, omnipresente en todas la jugadas todo el partido, define como los ángeles alegrando la noche a la afición rojiblanca. Así acababa la primera parte.

En tiempos no tan lejanos cuando el equipo estaba por encima del marcador (y no hacía falta que fuese en el Bernabeu) lo que veíamos los aficionados al atlético de madrid era un equipo temeroso que renunciaba al balón o a jugar y que se jugaba el resultado a saber defenderlo con patadas y artificios paradeportivos. Hoy lo que hemos visto es todo lo contrario. Hoy lo que hemos visto es un equipo valiente, con personalidad, generoso en el esfuerzo, que seguía manteniendo los parámetros que lo había llevado hasta ahí y que tenía en la cabeza la portería contraria y no la propia. Hoy lo que hemos vistos después de mucho tiempo es, por fin, el Atlético de Madrid.

La segunda parte (como todo el partido) ha sido preciosa, más parecido a un partido de toma y daca donde todos querían ganar que a otra cosa. Eso sí, el único que mereció hacerlo fue el que iba de vestido con los colores rojo y blanco. La pocas llegadas merengues fueron a base de pundonor, juego parado y balones colgados al área. Las del atleti venían a base de robar el balón en el centro del campo y llegando a la portería contraria a toda velocidad en jugadas de tiralíneas. Pero por esas cosas que tiene la vida el Madrid empató y lo hizo de la forma en la que históricamente mejor sabe hacer, con un gol ilegal. Esta vez por CLARÍSIMO fuera de juego, otras veces por penalty injusto y casi siempre con algo que esconder. Es así. Ni siquiera los periodistas “serios” se sorprenden y lo asumen como parte de las reglas de juego. Los árbitros se equivocan, si, pero cuando juegan estos dos equipos los errores son siempre para el mismo sitio y eso es estadísticamente imposible. Yo, que soy de ciencias, tengo que buscar la explicación en algo más. Si tiras diez veces el dado y las diez veces sale 6 podemos deducir sin equivocarnos que el dado está trucado.

Pero lo cierto es que Forlán, Sinama y sobre todo el Kun estuvieron delante de Casillas con la claridad suficiente como para perforar la portería rival sin demasiada dificultad pero no ocurrió. Unas veces por el propio Casillas, otras por la mala suerte y casi siempre por enfrentarnos a nuestro destino con más ansiedad que sangre fría. También hubo unos agarrones. manotazos de Sergio Ramos al Kun Agüero que no significaron nada para el árbitro y que pasarán desapercibidos para la prensa “seria”. Para el que no lo ha visto podríamos definirlo como el típico penalty que le pitan al Madrid (y al Barça) pero a ningún equipo más. Que se le va a hacer.

Nos vamos con la sensación de perder dos puntos y la oportunidad de callar a todo un Bernabeu pero lo hacemos con la cabeza muy alta, lo cual es algo que también hace muchos años que no hacíamos. Sinceramente, yo que el día del partido del Oporto había pregonado el fin de este equipo, afronto la vuelta de Champions con más ilusión que nunca. Este si es mi atlético de madrid.

Más Platón y menos alfalfa (Zaragoza - At. Madrid)

Decía Baudelaire que el más irreprochable de los vicios es hacer el mal por pura necedad. Javier Aguirre ha demostrado ya reiteradamente en el Atlético de Madrid que como entrenador de fútbol es sumamente malo. Malo de solemnidad. Penoso. Tan malo que ha transformado su natural soberbia y prepotencia en necedad y con esa necedad capciosa y demagógica está haciendo también mucho mal. Soy aficionado del atlético de Madrid desde que con horas de vida mi abuelo me hizo socio de este equipo. No creo que sea por tanto dudoso de infidelidad después de más de 30 años de vicisitudes. Por eso, si la única posibilidad para que Aguirre se marche bien lejos a hacer daño en otro sitio es que no quedemos entre los seis primeros (habría que decapitar a quien pusiese un objetivo tan lamentable, por cierto) rezaré para que a partir de ahora perdamos los partidos suficientes como para quedar séptimos. A veces hay que perder para ganar así que haciendo de tripas corazón agradeceré nuestras derrotas. Ni quiero seguir viviendo este esperpento, ni quiero seguir haciendo el ridículo y mucho menos lo quiero hacer en Europa.

Y el caso es que el partido empezó bien. Con poco más que ganas, presión, algo de velocidad, evitar pasar el balón a Cléber y una pizca del talento que (a pesar de nuestro entrenador) atesora nuestro equipo, se hizo una buena primera media hora en la que teníamos el partido. Sin mucho más, el Zaragoza parecía un equipo nervioso que está peleando por el descenso (lo que es) y el atlético un equipo que debería estar más arriba (lo que no es gracias al vértigo crónico de su entrenador). Todo iba bien hasta que se dieron tres detalles que lo cambiaron todo. Uno: se lesiona Valera y Aguirre, haciendo gala una vez más de su estulticia superlativa, cambia a Antonio López, zurdo cerrado, de banda para dar salida a un mal jugador en peor forma. Otra vez. Dos: ese jugador de efímero y babeante pasado madridista, que insultó a nuestro equipo y a su afición con la misma cara de pan duro con la que sale al campo, volvió a demostrar por enésima vez esta temporada su falta de concentración y natural torpeza metiendo gol en su propia portería. Tres: lo peor. Tras el empate pero una primera parte decente Aguirre tiene que aportar su toque “de la casa”. Aparte de enquistar a los jugadores en su posición y dar protagonismo a ese sucedáneo de jugador de fútbol llamado Cléber, consultando el código de su galopante mediocridad que dice que un empate fuera "no está mal" hizo lo que hace siempre, independientemente de que siempre le da mal resultado, que es dar seis pasos hacia atrás y colocar a nueve futbolistas en el borde del área. Tener a Forlán, Maxí o Simao permanentemente achicando balones en su propia área teniendo que recorrer 100 metros en solitario para tirar un contraataque debería estar penado en el código civil.

La segunda parte, paradójicamente hasta el segundo gol rival, fue un monólogo gratuito del Zaragoza donde ellos eran dueño de todos y nosotros volvíamos a agarrar con fuerza la bandera de la mediocridad, el miedo y la estupidez. Por supuesto llegó el segundo gol. El como es anecdótico. Hubiera llegado de cualquier otra manera.

Aun así podríamos haber ganado si Forlán o Agüero hubiesen estado ligeramente más acertados pero si se hubiese dado el caso, como tantas otras veces, simplemente hubiese sido la confirmación de los magníficos jugadores tan lamentablemente entrenados que tenemos.

Mención especial tiene ese tipejo vestido de negro que se levanta un suculento sobresueldo por vibrar sus lorzas por el césped mientras toca el pito a destiempo y hace una perfecta demostración, ¡en tan solo 90 minutos!, de vergonzosa parcialidad, incapacidad para aplicar el reglamento, apología de la violencia y soberbia estupidez. Independientemente de los miles de errores que ha tenido a lo largo del partido dejar indemne la patada que recibe Agüero es como para que pruebe los efectos de un puntapié similar en su aparato testicular cada vez que se vista de corto. Podría irse de la mano con Aguirre a buscarse un futuro como estibador en la isla de Martinica aunque lo siento por los pobre Martinicos que tendrían que soportar a dos tipos tan arrogantes como incompetentes.

Estoy harto de tener que vivir esta ópera absurda cada siete días. Estoy harto de tener que poner cara de póquer como si no pasase nada porque los “periolistos” siguen vendiendo todos los días alfalfa para ovejas mientras se niegan a describir la verdadera situación de mi equipo guardando silencio pero riendo las gracias de Cerezo y del compatriota de Cantinflas. Estoy harto de Aguirre y sobre todo estoy harto de la burla constante en la que se ha convertido mi equipo y de hacer el ridículo. Los atléticos deberíamos fiarnos más de los clásicos y hacer caso a Platón cuando dice que la burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan.