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Queda velada

El Atlético de Madrid terminó el año 2016 con la mirada perdida. Un fin de temporada traumático, un verano extraño, un nuevo ciclo cargado de incertidumbre, experimentos que no salían, fichajes que no tapaban los agujeros, la rodilla de Augusto, una afición que crecía en cantidad pero no en calidad, un estadio en ciernes, un presunto nuevo escudo que parece pergeñado en un local oriental de confección textil, analistas proclamando a los cuatro vientos que “ahora sí” se juega al fútbol, una creciente ola de histerismo en ese sector de la grada que ha trasladado sus aspiraciones a una elitista urbanización de lujo (cutre), el hombro de Oblak y ese permanente linóleo viciado que los Notarios de la Realidad usan para engrasar la máquina de crear problemas, terminaron por hacer que el equipo colchonero besase la lona. 

Pero sonó la campana y los de Simeone lograron levantarse antes de que el réferi descontase completamente el número diez. El combate no había terminado.

Esa parte de la familia rojiblanca que todavía piensa cerró las ventanas por navidad y entendió que la solución nunca iba a venir de fuera. Ni de esa dirigencia sospechosa que navega siempre entre los hilos de la verosimilitud, ni de esos pastores de la secta del fútbol moderno que escriben (o hablan) disfrazados de analistas, ni de esa parte histérica de la grada que ha adoptado los modos de la caverna carroñera. No. La solución, si existe, está dentro y no fuera. 

Se taparon las heridas con vaselina y se asumió el dolor sin dobleces. Los jugadores dejaron de soñar en alto, olvidaron los remedios de los vendedores de crecepelo, apretaron la mandíbula y se metieron en ese vagón del “partido a partido” que no deberían haber dejado nunca. La dirigencia cerró la boca y dejó de organizar saraos para el Establishment. Simeone dedicó las tardes de invierno a realizar tournées por los medios hostiles para sorprender a los rapsodas del mainstream con frases y mensajes que lleva cinco años repitiendo pero que esos mismos rapsodas del mainstream siguen sin escuchar. 

Y pasó el tiempo. 

El Atleti volvió ayer al cuadrilátero y lo hizo muy bien. Parapetado en esa guardia férrea y clásica que, insisto, nunca debió de haber abandonado. Contuvo a la Unión Deportiva Las Palmas (un equipo que hacía un año que no perdía en casa) en una primera parte cargada de intensidad, generosidad en el esfuerzo y concentración. Ajeno a las luces de candilejas y al Champagne Rosé. Probando a Juanfrán en el interior (experimento que a mí personalmente no me gustó) pero dando la oportunidad de lucirse a un Vrsaljko que crece en el equipo según pasan las horas. Adelantando la presión. Tirando de agresividad. Dedicándose a lo suyo. A jugar al fútbol. Sí, al fútbol. 

Saúl, con esa capacidad que tiene para arrollar al rival, robó un balón en la línea de tres cuartos que acabó con un mal pase lateral y un rechace en la frontal del área. Koke, otro de los renacidos, incrustó el balón con sutileza en la portería contraria. 0-1. Hubo algún momento de zozobra en los minutos previos al descanso pero el Atleti los solventó como mejor sabe hacer en estas circunstancias. Apretando los dientes. 

La segunda parte fue otra cosa. El Atleti se pareció al Atleti. No recuerdo una sola ocasión de los canarios (Moyá estuvo prácticamente inédito) pero si varias de los madrileños. Muchas de un Gameiro que sigue saturado de ansiedad y que necesita cambiar de dinámica cuanto antes si no quiere acabar en anécdota. Tengo la sensación de que está a punto de ocurrir. O empieza a meter goles (sí, goles, porque el resto de cosas las hace muy bien pero no hacen tanta falta) o habrá que empezar a barajar alternativas. 

Hubo otro gol. Una obra de orfebrería diseñada por el nuevo lateral derecho croata, pulida por ese mismo Gameiro que no ve puerta y ejecutada por otro francés, Griezmann, que volvía de esta forma a dormir con el gol. 0-2. Gran resultado. 

Los jugadores enfilaron el túnel de vestuarios empapados en sudor. Con la mirada al frente y el rostro serio. Parecían tranquilos frente a los micrófonos de la guapa periodista que les esperaba a ras de césped (por alguna razón siempre tiene que ser una guapa periodista la que esté ahí) pero no sonreían. Saben lo que hay. Decían que esto no había hecho más que comenzar. Que había que seguir trabajando. Que “partido a partido”. Bien. 

Quedan todavía muchos asaltos y parece que la esquina le ha venido bien al púgil. Ojo. Sigan cerrando las ventanas y haciendo oídos sordos a los vendedores de chuches porque queda velada. 

@enniosotanaz

Decíamos ayer

Quince minutos después de comenzado el partido en el tramposamente remozado Vicente Calderón (todo fachada), tras esos primeros cinco minutos fulgurantes (había ganas de fútbol en el ambiente), cuatro tipos que se sentaban detrás de mí en la grada ya estaban diciendo que Jackson Martínez era una mentira. Que no corría, que no hacía nada, que sobraba. “Una mezcla entre Mandzukic y Raúl Jiménez”, llegó a decir uno de los aventajados analistas. Podría pasar por una anécdota pero no lo es. Me consta que escenas parecidas se repitieron por todo el estadio. Son los nuevos tiempos. Es el resultado de esa especie de inmediatez insolente, promovida desde los canales oficiales de comunicación, que tapona los poros de respiración del aficionado al fútbol. El estilo chiringuito. Los gritos. El “y tú más”. Los equipos siempre por detrás del repeinado jugador. Las frases hechas. El depurado código binario que cada año es más aterrador. Enterrar la tradicional búsqueda de la alegría de los colchoneros para concentrarse desesperadamente en la necesidad artificial del placer inmediato. Intuyo que eso es con lo que tendremos que lidiar de aquí en adelante los que no estemos infectados. Estén preparados. Sean fuertes. 

Decíamos ayer que el Atlético de Madrid es un equipo compacto. Sólido en defensa, solidario tácticamente. rocoso y muy competitivo en cualquier situación y en cualquier circunstancia. Decíamos ayer también, varias semanas antes de la bochornosa parade de titulares y mermelada de caspa en la que se han convertido los veranos mediáticos, que el Atleti necesitaba una vuelta de tuerca en la zona de creación. Hasta el propio Simeone lo dijo. Parece que fueron relatos de verano. Lectura ligera. Amores estivales que nacen y mueren como un suspiro. Afortunada o desgraciadamente, nunca se sabe, me temo que hoy, recién comenzada la temporada 2015/2016 con una tranquilizante victoria balsámica frente a la Unión Deportiva Las Palmas, podemos seguir diciendo básicamente lo mismo. 

El inicio de liga no ha sido más que un partido típicamente veraniego pero con puntos de por medio. Equipos estáticos, faltos de ritmo, todavía sin referentes emocionales, con jugadores recién llegados y aturdidos y probablemente también con carencias físicas. Los futbolistas ocupando su posición en el campo como muñecos de futbolín y jugando con un ritmo acorde a la temperatura de agosto. El Atleti era muy superior, y lo sabía, mientras que Las Palmas se frotaba los ojos viéndose en la máxima categoría y manteniéndose 90 minutos metidos en el partido, con la posibilidad incluso de aguar la fiesta a los colchoneros en cualquier momento. Bastó un gol de Griezmann (otra vez) de falta directa para sellar un pacto de no agresión que parecía beneficiar a todas las partes. 

Principal conclusión personal: el Atleti, ahora mismo, es el mismo equipo que la temporada pasada. Jackson juega de Mandzukic, Óliver Torres juega de Arda Turan (¡puaj!), Giménez juega de Miranda y Filipe Luis (¡gracias a Dios!) juega de Siqueira. Son jugadores diferentes que, evidentemente, aportaran características diferentes al juego pero el sistema es el mismo. Aquello de retrasar la línea de creación un poco más atrás con Koke ha terminado siendo un brindis al sol. Dejando al margen la significativa mejora que supone jugar con Filipe Luis, hasta que Óliver destape el tarro de las esencias, Jackson coja tono, Yannick Carrasco aparezca en escena y Vietto se quite la presión de encima, lo que tenemos es un prolongación de lo que teníamos. Ojo, no es una frase pesimista sino todo lo contrario. Lo que teníamos estaba bien pero tenía líneas de mejora. La simiente está plantada. Demos tiempo al tiempo. 

Dato para la ilusión: Correa. Basta verlo 5 minutos en el campo para notar que es un jugador diferente. Capaz incluso de hacer jugar a Simone con un emocionante 4-3-3 durante algunos minutos. Más allá de la calidad (ese recorte nada más salir…), la intuición o el desparpajo, es de esos jugadores que cambian el partido. De los que contiene el aliento de la grada sólo por si acaso. Tiene ángel. Y es del Atleti. 

Principal duda: ¿Adivinan? Efectivamente: el mediocentro. Pero esto, como decíamos ayer, es recurrente. 

Bienvenidos a todos. 

Un placer estar de vuelta. 

 @enniosotanaz